Diego Román siempre fue un hombre demasiado consciente de su belleza. Coqueto, encantador y famoso entre las mujeres, disfrutaba de la atención como si hubiera nacido para recibirla. Nunca tuvo novia fija porque prefería divertirse, hablar bonito y robar sonrisas donde fuera.
Pero toda su vida termina absurdamente cuando el teleférico en el que viajaba se desploma hacia el vacío.
Y la muerte… no fue el final.
Cuando despierta otra vez, ya no está en su mundo ni en su cuerpo.
Ahora es Liana Duar, la hija de una familia noble humana destinada a convertirse en la esposa del temido Rey de los Insectos, una criatura mitológica que gobierna un reino oculto lleno de seres venenosos, mariposas gigantes y monstruos alados.
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Capitulo 8 — Insulto a la prometida.
Dormir junto a Aster seguía siendo una experiencia extraña.
No incómoda exactamente.
Extraña.
Especialmente porque Liana jamás había compartido cama con alguien de esa manera. Bueno… no así. Antes de reencarnar, Diego Román era el tipo de hombre que desaparecía después de coquetear toda la noche. Dormir abrazado, compartir silencios o despertar junto a alguien no formaba parte de su rutina.
Ahora literalmente dormía todas las noches junto a un rey insecto posesivo y absurdamente atractivo.
Excelente evolución de vida.
Aquella noche no era diferente.
O bueno… sí tenía una diferencia importante.
Liana estaba completamente atravesada sobre la cama ocupando más espacio del necesario mientras roncaba sin la menor vergüenza.
Aster seguía despierto.
Como casi siempre.
Los insectos nobles dormían muy poco y el rey en particular rara vez descansaba más de unas horas. La mayoría de noches simplemente observaba el techo o leía documentos mientras Liana dormía profundamente.
Y sinceramente, le parecía entretenido verla dormir.
Porque despierta hablaba demasiado, discutía, se sonrojaba y fingía seguridad aunque claramente se ponía nerviosa cada vez que él se acercaba demasiado.
Dormida era distinta.
Más relajada.
Aunque también tenía hábitos cuestionables.
Liana se movió otra vez en la cama hasta quedar prácticamente encima de él.
Aster bajó la mirada hacia ella.
—Increíble.
La joven seguía profundamente dormida con una mano apoyada sobre el pecho del rey.
Y todavía roncaba.
Aster había intentado entender cómo alguien tan pequeña podía hacer tanto ruido al dormir.
No encontró respuesta.
Una de las alas negras del rey se movió lentamente cubriendo apenas parte del cuerpo de Liana cuando la temperatura nocturna bajó un poco más.
Ella ni siquiera despertó.
Solo se acomodó inconscientemente más cerca de él.
Aster observó unos segundos el rostro relajado de su prometida antes de apartar un mechón pelirrojo de su frente.
Extrañamente…
Le gustaba demasiado esa tranquilidad.
La mañana siguiente comenzó con caos.
Porque Liana despertó tarde.
Otra vez.
Abrió los ojos lentamente y se quedó mirando el techo unos segundos antes de recordar dónde estaba.
Giró apenas la cabeza.
Aster ya estaba despierto y leyendo unos documentos sentado cerca de la ventana.
Liana bostezó estirándose sin elegancia alguna.
—¿Qué hora es?
—Tarde.
Ella se incorporó rápidamente.
—¿TARDE?
Aster levantó apenas la mirada.
—Relájese.
—¡No puedo relajarme! ¡Soy futura reina! ¡Tengo responsabilidades!
—Anoche roncó durante cuatro horas seguidas. Creo que sus responsabilidades están sobreviviendo perfectamente.
Liana quedó callada.
—…¿Ronqué mucho?
—Parecía un soldado moribundo.
Ella agarró una almohada y se la lanzó inmediatamente.
Aster la atrapó con una mano sin esfuerzo.
Liana se levantó rápidamente mientras varias sirvientas entraban para prepararla.
Las mujeres insecto ya parecían completamente acostumbradas a ella.
Bueno… más o menos.
Una de las sirvientas comenzó a peinarle el cabello mientras otra preparaba ropa.
—Lady Liana, esta noche habrá una cena oficial con representantes de varios clanes nobles.
Liana soltó un suspiro cansado.
—Otra vez nobles mirándome como si fuera un animal raro.
La mujer dudó unos segundos antes de responder:
—Algunos todavía están confundidos con su presencia aquí.
—Qué forma elegante de decir que me odian.
Ninguna respondió.
Eso ya era respuesta suficiente.
Liana empezó a entender que los rumores crecían cada día más. Muchos nobles insecto seguían sin aceptar que una humana estuviera comprometida con Aster Vhalzair.
Y sinceramente, parte de ella lo entendía.
Aquella noche el gran salón estaba lleno.
Nobles insecto de distintas especies conversaban mientras músicos tocaban al fondo. Algunos poseían alas enormes, otros marcas brillantes sobre la piel y varios observaban a Liana con demasiada curiosidad.
O demasiado desprecio.
Aster caminaba junto a ella como si nada.
Y eso empeoraba todo.
Porque el rey no ocultaba absolutamente nada.
Cada vez que alguien miraba demasiado a Liana, él simplemente dirigía la vista hacia esa persona hasta hacerla apartar los ojos.
Muy sencillo.
Cuando tomaron asiento en la enorme mesa principal, Liana sintió inmediatamente las miradas encima suyo.
Especialmente la de una mujer sentada cerca del extremo derecho.
Alta, elegante y con marcas oscuras similares a caparazón alrededor del cuello.
Clan Escarabajo.
Y claramente no parecía feliz.
La mujer observó a Liana varios segundos antes de sonreír apenas.
—Debo admitir que esperaba alguien diferente.
Liana tomó tranquilamente una copa.
—Eso suele pasar mucho conmigo.
Algunos nobles soltaron pequeñas risas.
La mujer continuó:
—Aunque entiendo el atractivo. Los humanos son criaturas bastante decorativas.
Liana levantó lentamente la mirada.
Ah.
Entonces iba por ahí.
Aster seguía tranquilo a su lado, aunque una de sus alas se movió apenas.
La mujer del Clan Escarabajo continuó hablando elegantemente.
—Supongo que Su Majestad simplemente deseaba una mascota bonita para entretenerse.
Varios nobles quedaron tensos inmediatamente.
Liana apoyó lentamente la copa sobre la mesa.
Y sonrió.
—Qué comentario tan triste.
La mujer frunció ligeramente el ceño.
—¿Disculpe?
—Debe ser agotador vivir tan desesperada por atención.
Silencio absoluto.
Aster giró lentamente la cabeza hacia Liana.
Claramente interesado.
La mujer del Clan Escarabajo soltó una pequeña risa fría.
—¿Está intentando insultarme?
Liana se acomodó tranquilamente en la silla.
—No, estoy intentando entenderla. Porque si yo tuviera que presentarme diciendo “soy del Clan Escarabajo”, probablemente también estaría de mal humor.
Uno de los nobles casi escupió bebida.
La mujer endureció el rostro inmediatamente.
—Qué irrespetuosa.
—Usted me llamó mascota hace treinta segundos.
—Porque eso parece.
Liana inclinó apenas la cabeza.
—Parece molesta porque el rey nunca la miró como me mira a mí.
El salón entero quedó en silencio.
Completo.
Varios nobles abrieron los ojos sorprendidos.
Y la mujer literalmente perdió palabras unos segundos.
Aster seguía observando a Liana con una expresión extrañamente entretenida.
La mujer apretó la mandíbula.
—Una humana jamás será aceptada como reina.
Liana soltó una pequeña risa.
—Entonces qué problema tan grande tienen ustedes, porque aun así aquí estoy.
Incluso algunas sirvientas estaban intentando esconder la risa.
La mujer del Clan Escarabajo se levantó de golpe.
Y en ese momento las motas moradas de las alas de Aster comenzaron a brillar intensamente.
El ambiente cambió inmediatamente.
Todos quedaron tensos.
El rey apoyó lentamente una mano sobre la mesa.
—Siéntese.
La voz salió tranquila. Pero peligrosa.
La mujer obedeció inmediatamente. Liana observó las alas negras detrás de él.
Definitivamente estaba molesto. Mucho. Aster giró lentamente hacia la noble insecto.
—Ha olvidado dónde está.
La mujer bajó la cabeza apenas.
—Su Majestad, solo expresé preocupación por el reino.
—No.
Las alas brillaron todavía más.
—Intentó humillar a mi prometida frente a mí.
Silencio absoluto.
Liana tragó saliva apenas.
Porque aunque Aster jamás levantaba la voz, daba muchísimo miedo cuando se enojaba.
La mujer intentó hablar otra vez.
—Los otros clanes también piensan igual. Muchos consideran peligroso unir el trono con una humana.
Eso hizo que varios nobles bajaran la mirada incómodos.
Ahí estaba el verdadero problema.
No era solo ella.
Había más.
Muchos más.
Después de la cena, mientras varios nobles abandonaban el salón, Liana escuchó fragmentos de conversaciones.
“Los clanes avispa y mantis tampoco están de acuerdo.”
“Dicen que deberían cancelar el compromiso.”
“Algunos nobles quieren presionar antes de la boda.”
Liana sintió el estómago tensarse.
Así que realmente estaban intentando separarlos.
Y sinceramente eso la preocupó más de lo que quería admitir.
Cuando salió del salón buscando un poco de aire, escuchó pasos detrás suyo.
Aster.
Liana suspiró lentamente.
—Creo que tu reino me odia.
El rey se acercó tranquilamente.
—Mi reino odia muchas cosas.
—Qué reconfortante.
Aster la observó unos segundos.
Luego se acercó todavía más. Sin preocuparse por quién pudiera mirar.
Y la abrazó frente a todos los nobles que todavía seguían cerca del salón.
El ambiente entero quedó congelado.
Porque el rey jamás hacía demostraciones públicas tan directas.
Las enormes alas negras rodearon parcialmente a Liana mientras Aster levantaba la mirada hacia todos los presentes.
Su voz salió tranquila. Fría y autoritaria.
—Escuchen bien.
Nadie se movió.
—Cualquier insulto hacia mi prometida será tratado como traición al trono. El clan escarabajo estará suspendido por su ofensa. Aprenden a respetar o le enseñaré por las malas.
Silencio absoluto.
Liana sintió el brazo del rey rodeando firmemente su cintura.
Y mientras observaba los rostros tensos de todos los nobles insecto. Entendió que Aster acababa de declarar guerra política por ella.
Mejor quedate calladita