Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.
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Capítulo 1: La noche en que desaparecí
—Nica, baja de una vez. Todos te están esperando.
La voz de su madre atravesó la puerta de la habitación.
Nica Beaumont permaneció inmóvil frente al enorme ventanal. Desde el tercer piso de la mansión podía ver cientos de luces iluminando los jardines. Decenas de autos de lujo entraban por la reja principal mientras periodistas y fotógrafos intentaban captar la llegada de los invitados.
Aquella no era una simple fiesta.
Era la noche en que su vida dejaría de pertenecerle.
Suspiró profundamente.
Sobre la cama descansaba un vestido de alta costura color marfil, diseñado exclusivamente para ella. Junto a él había un estuche de terciopelo con un collar de diamantes y unos pendientes que costaban más que una casa.
No sintió emoción.
Solo sintió que todo aquello era una jaula.
—Señorita Nica... —dijo una empleada entrando con cautela—. Su madre pidió que la ayudara a prepararse.
—No hace falta.
—Pero...
—Dije que no hace falta.
La mujer asintió con nerviosismo y salió de la habitación.
Nica volvió a mirar el jardín.
Desde pequeña había vivido rodeada de lujo, choferes, escoltas y empleados que cumplían cada una de sus órdenes. Sin embargo, nunca había podido decidir algo tan simple como qué quería hacer con su propia vida.
Todos esperaban que algún día dirigiera el Grupo Beaumont, uno de los conglomerados empresariales más importantes del mundo.
Todos menos ella.
Un golpe suave volvió a escucharse en la puerta.
Esta vez era diferente.
—¿Puedo pasar?
Nica sonrió apenas.
—Solo vos.
La puerta se abrió y apareció Lucas Beaumont, su hermano menor entre los varones. Llevaba el saco del traje desabrochado y una expresión que mezclaba preocupación con resignación.
—Mamá está como loca.
—¿Y papá?
—Convencido de que esta noche será perfecta.
Nica soltó una risa irónica.
—Perfecta para él.
Lucas caminó hasta quedar a su lado.
—Todavía podés hablar con ellos.
—Lo intenté durante años.
Silencio.
—¿Vas a hacerlo?
Ella no respondió.
Solo abrió lentamente el cajón de su escritorio.
Dentro había una mochila negra.
Lucas la observó unos segundos antes de entender.
—No...
Nica comenzó a guardar ropa doblada cuidadosamente.
—Sí.
—¿Desde cuándo planeás esto?
—Desde el día en que escuché a papá decir que mi matrimonio sería la alianza empresarial más importante de la década.
Lucas pasó una mano por su cabello.
—Nica... si te vas, no habrá vuelta atrás.
Ella cerró la mochila.
—Eso es exactamente lo que quiero.
Los ojos de Lucas se humedecieron.
Siempre había sido el único que realmente entendía a su hermana.
—¿Sabés qué es lo peor? —preguntó Nica.
—¿Qué?
—Ni siquiera sé cómo se llama el hombre con el que quieren casarme.
Lucas bajó la mirada.
No tenía forma de defender a sus padres.
Porque ella decía la verdad.
Un reloj antiguo anunció las ocho de la noche.
La fiesta comenzaba.
—Tengo que bajar —dijo Lucas.
Nica asintió.
Antes de salir, él se dio vuelta.
—Si algún día necesitás ayuda... buscame.
Ella sonrió con tristeza.
—Gracias.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, respiró profundamente.
Era el momento.
Se puso el vestido.
No porque quisiera.
Sino porque nadie sospecharía lo que estaba a punto de hacer.
El salón principal de la Mansión Beaumont brillaba bajo las enormes arañas de cristal.
Empresarios, políticos, artistas y miembros de las familias más influyentes del país conversaban mientras una orquesta tocaba música en vivo.
Richard Beaumont levantó su copa.
El silencio fue inmediato.
—Gracias por acompañarnos en una noche tan importante para nuestra familia.
Los aplausos llenaron el salón.
Nica descendió lentamente por la escalera principal.
Las cámaras comenzaron a disparar una fotografía tras otra.
Era imposible negar que era hermosa.
Pero nadie podía ver el miedo escondido detrás de aquella sonrisa.
Su madre tomó su mano.
—Todo saldrá bien.
Nica no respondió.
Richard continuó hablando.
—Esta noche también celebraremos una alianza que marcará el futuro de dos grandes familias.
El corazón de Nica comenzó a latir con fuerza.
Sabía exactamente lo que significaban esas palabras.
—Ha llegado el momento de presentar al futuro esposo de mi hija.
Las enormes puertas del salón comenzaron a abrirse.
Todos giraron la cabeza.
Nica también.
Pero antes de distinguir el rostro del hombre que entraba, retiró lentamente su mano de la de su madre.
Dio un paso hacia atrás.
Luego otro.
Respiró hondo.
Y habló con una seguridad que nadie esperaba.
—Lo siento...
Todo el salón quedó en silencio.
—...pero mi vida no está en venta.
Richard abrió los ojos con sorpresa.
—¡Nica!
Ella negó con la cabeza.
—No voy a casarme con alguien solo porque firmaron un acuerdo.
Sin esperar respuesta, giró sobre sus talones y salió corriendo del salón.
Los murmullos invadieron la mansión.
Su madre intentó seguirla.
Richard ordenó a los guardias que la detuvieran.
Pero ya era tarde.
Nica subió las escaleras, tomó la mochila que llevaba meses preparando, abrió la ventana de su habitación y descendió por el viejo árbol que había trepado cuando era niña.
Al tocar el suelo, respiró por primera vez sintiendo que el aire realmente le pertenecía.
No llevaba millones.
No llevaba joyas.
Solo una mochila, algo de dinero, documentos básicos y un pequeño collar que su abuela le había regalado años atrás.
Corrió hacia la oscuridad.
Sin mirar atrás.
Sin imaginar que esa noche no solo estaba escapando de su familia.
También estaba corriendo hacia un destino que cambiaría su vida para siempre.