Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Circe 1
Al principio, no entendía absolutamente nada.
Había muerto.
Eso era lo único que tenía claro.
Recordaba perfectamente la prisión, el intento de fuga, el dolor, la ambulancia y aquella oscuridad que había llegado después.
Y ahora estaba allí.
En el cuerpo de una muchacha.
En una habitación desconocida.
En un mundo que, por lo que había visto en sus recuerdos, parecía tener magia.
Se sentó lentamente sobre la cama.
Esta vez no intentó levantarse de inmediato.
Necesitaba pensar.
Y pensar con calma no era precisamente su mayor virtud.
[De acuerdo.]
[Primero: estoy muerta.]
[Al parecer.]
[Segundo: desperté en el cuerpo de otra persona.]
[Tercero: tengo recuerdos que no son míos.]
[Cuarto: existe la magia.]
Se quedó unos segundos en silencio.
[Quinto: aparentemente fui reencarnada.]
Entrecerró los ojos.
[Qué situación tan absurda.]
Había sido policía.
Había muerto haciendo su trabajo.
Y, por alguna razón que no comprendía, había terminado viviendo una segunda vida.
Pero no como ella misma.
Ahora era Circe.
Una muchacha que había sido abandonada por su familia y criada en un templo junto a otros niños con magia.
Circe.
Ese era su nuevo nombre.
Y también era, aparentemente, una maga.
Ella levantó lentamente una mano.
Observó sus dedos.
Delgados.
Pequeños.
Sin ninguna herida.
Intentó recordar las sensaciones de los recuerdos que había visto.
La magia.
Cómo funcionaba.
Cómo se sentía.
Movió ligeramente los dedos.
Al principio no ocurrió nada.
Ella frunció el ceño.
[¿Y ahora qué?]
Concentró su atención.
Intentó recordar cómo Circe utilizaba su poder.
Entonces...
Pequeños destellos blancos aparecieron alrededor de sus dedos.
Ella se quedó inmóvil.
Los brillos flotaron suavemente sobre su mano.
Eran pequeños.
Blancos.
Parecían diminutas estrellas.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
Después sonrió.
Una sonrisa completamente diferente a la que habría mostrado Circe.
Era una sonrisa confiada.
Casi peligrosa.
[Oh.]
Movió los dedos nuevamente.
Los destellos aumentaron.
[Esto me gusta.]
Observó la luz con fascinación.
[Una pistola era una buena arma.]
[Una espada también.]
[Pero magia...]
La sonrisa se hizo más grande.
[La magia puede ser mucho mejor.]
Ella había pasado años entrenando para manejar armas.
Había aprendido a mantener la calma bajo presión.
Había aprendido a observar.
A anticiparse.
A reaccionar.
Y ahora tenía algo que nunca había tenido en su antigua vida.
Poder.
Poder real.
[Entonces será sencillo.]
Miró los destellos blancos.
[La magia será mi nueva arma.]
Cerró la mano.
La luz desapareció.
Entonces recordó a las personas que había visto en los recuerdos de Circe.
La primera fue Roun.
La maga Roun.
La mujer que había cuidado de ella y de los demás niños del templo.
No era su madre biológica.
Pero había sido lo más parecido a una figura maternal que Circe había conocido.
La mujer de cuerpo grande y sonrisa amable que le había dado comida cuando era pequeña.
La que había cuidado de los huérfanos.
La que había estado allí durante años.
Ella la recordaba perfectamente.
[Así que Roun era mi familia.]
Aquella conclusión apareció con una naturalidad extraña.
No sabía si era porque los recuerdos de Circe todavía permanecían dentro de ella o porque, de alguna manera, comenzaba a aceptar esa nueva vida.
Pero había cariño.
Un cariño profundo.
Y eso era suficiente.
Sin embargo...
Roun no estaba allí.
Había viajado hasta la mansión de un conde.
Había ido a visitar a otra persona.
Megara.
La muchacha de cabello blanco.
Su única amiga.
La persona con la que Circe había construido una relación cercana durante todos aquellos años en el templo.
Megara había partido en una misión.
Y ahora vivía en la mansión del conde.
Roun había viajado hasta allí para comprobar cómo estaba.
Ella se quedó pensativa.
[Así que las dos personas que me importan están fuera.]
Suspiró.
—Fantástico.
Se dejó caer un poco hacia atrás sobre la cama.
Por lo menos no estaba completamente sola.
Tenía a Roun.
Tenía a Megara.
Y, aunque todavía no sabía qué clase de relación tendría con ellas después de despertar en el cuerpo de Circe...
No pensaba abandonarlas.
Después de todo, eran las personas que Circe había considerado su familia.
Y ahora...
Eran su familia también.
Pero entonces recordó algo más.
Los Root.
Su expresión cambió.
La sonrisa desapareció.
Lord Root.
Lady Root.
Los soldados.
El veneno.
Las manos de Circe.
La risa.
La forma en que la habían asesinado.
Apretó los puños.
En esta nueva vida, todavía no había ocurrido.
Circe aún no había ido a buscarlos.
Todavía no había entrado en la mansión Root.
Todavía no había sido envenenada.
Todavía tenía sus manos.
Todavía tenía su magia.
Y, sobre todo...
Tenía conocimiento de lo que iba a suceder.
Se quedó mirando fijamente el suelo.
[Entonces ellos todavía no saben que voy a buscarlos.]
Sus labios comenzaron a curvarse lentamente.
[Interesante.]
Había algo que su antigua personalidad tenía muy claro.
Nunca había sido una mujer especialmente amable.
Era intimidante.
Tenía carácter.
Podía ser agresiva cuando era necesario.
Y jamás había tenido problemas en enfrentarse a alguien que considerara una amenaza.
En su antigua vida había aprendido una regla muy sencilla..
Si alguien intentaba hacerte daño, debías detenerlo antes de que pudiera hacerlo nuevamente.
Y ahora...
Tenía una situación mucho más personal.
Ese hombre había abandonado a la mujer que estaba embarazada de él.
La había obligado a sobrevivir en las calles.
Después había ignorado a la hija que nació de aquella relación.
Y cuando finalmente esa hija fue a buscarlo...
La había asesinado.
Por ser ilegítima.
Ella permaneció en silencio.
Luego levantó lentamente la cabeza.
[Así que ese hombre tuvo una amante.]
[Mi madre]
[La dejó embarazada.]
[La echó.]
[La dejó sola.]
[Y cuando nació su hija, también la abandonó.]
Su mirada se volvió fría.
[Y años después, cuando descubrió que su hija era una maga talentosa...]
[Decidió utilizarla.]
[Para después matarla.]
Apretó los dientes.
Eso ya no era simplemente una historia triste.
Era una deuda.
Una deuda que Circe había dejado atrás.
Y ahora ella estaba allí para cobrarla.
—No.
Su voz salió baja.
Pero firme.
Ella miró sus propias manos.
Las abrió y cerró lentamente.
[En esta vida no voy a esperar a que ellos hagan el primer movimiento.]
Una sonrisa ladina apareció en su rostro.
[¿Querían matar a Circe?]
[Entonces tendrán que enfrentarse a mí.]
Se levantó de la cama.
Esta vez consiguió mantenerse de pie.
Caminó hasta el espejo.
La muchacha del cabello azul ceniza, la observó desde el otro lado.
Ya no parecía perdida.
Ya no parecía una niña abandonada.
Sus ojos tenían una determinación completamente diferente.
Ella apoyó una mano sobre el espejo.
—Los voy a encontrar.
Su sonrisa se volvió más peligrosa.
—Y voy a hacer que paguen.
Por primera vez desde que había despertado en aquel extraño mundo...
Se rio.
Una risa breve.
Pero genuina.
—Ja...
Después volvió a reír.
—¡Jajajaja!
La antigua policía había muerto.
Circe había muerto.
Pero ninguna de las dos iba a desaparecer completamente.
Porque ahora había una mujer nueva.
Una maga.
Una mujer que conocía su futuro.
Una mujer que tenía magia.
Y, sobre todo...
Una mujer que no tenía intención alguna de morir obedientemente por segunda vez.
[Primero voy a encontrar a Roun.]
[Después voy a encontrar a Megara.]
[Y cuando termine de asegurarme de que las dos están bien...]
Su sonrisa se ensanchó.
[Entonces iremos a visitar a los Root.]
Sus ojos brillaron.
[Espero que esos malditos sepan recibir visitas.]