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Entre Sombras Y Piel

Entre Sombras Y Piel

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / Suspenso / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Elara es una arquitecta brillante, reservada, que ha vivido siempre bajo reglas y control. Todo cambia cuando acepta restaurar la antigua mansión de la familia Varela y conoce a Dante Varela: un hombre misterioso, intenso, que despierta en ella un fuego que creyó no tener. Entre paredes que guardan secretos, noches de pasión arrolladora y un pasado que amenaza con separarlos, descubrirán que el deseo no se puede controlar… y que a veces, amar es el único riesgo que vale la pena correr.

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Capítulo 10 — Ojos que todo lo ven

Desde ese amanecer junto al roble, nada volvió a ser igual. El secreto ya no era solo el amor que compartían en la penumbra: ahora era también una verdad peligrosa, pesada como el plomo, que llevaban escondida entre las paredes de la mansión. Dante guardó la caja de metal en el lugar más recóndito de su armario, tras una caja de sombreros viejos y una maleta que nadie abría en décadas, pero ambos sentían que estaba a la vista de todos, como si brillara con luz propia, como si gritara su existencia desde cualquier rincón de la habitación.

Durante el día, la mansión se les antojó diferente. Cada puerta entreabierta, cada crujido del suelo, cada sombra que se movía al final del pasillo… todo les parecía una mirada vigilante, una presencia acechante. Ya no solo temían que descubrieran su amor: ahora temían que alguien supiera que conocían la verdad.

Una tarde, Elara subía las escaleras con un manojo de planos bajo el brazo cuando se cruzó con la señora Clara en el rellano. La mujer estaba de pie, inmóvil, como si la estuviera esperando. Su mirada, siempre atenta y serena, ahora era más aguda, más escrutadora, recorriendo su rostro, sus manos, la forma en que se mantenía de pie, como si buscara algún rastro, algún indicio de lo que habían encontrado bajo el árbol.

—Arquitecta —dijo, con voz suave pero cargada de una intención que heló la sangre de Elara—. Anda usted muy madrugadora últimamente. La vi ayer, al amanecer, caminando hacia el jardín con el señor Varela. Hacía frío para estar fuera tan temprano, ¿no le parece?

Elara sintió que el corazón se le detenía, pero obligó a sus labios a formar una sonrisa tranquila, aunque por dentro temblaba.

—Sí, señora. Queríamos revisar el estado de los árboles antiguos. Algunos tienen raíces muy profundas que pueden dañar los cimientos de la casa. Es parte del trabajo.

La señora Clara no se movió. Siguió mirándola, sin parpadear, como si estuviera sopesando cada palabra, buscando la mentira detrás de la respuesta.

—Ya veo. Los árboles antiguos guardan muchos secretos, dicen. Cosas que ven, cosas que escuchan… y que nunca olvidan. A veces es mejor dejarlos en paz, ¿no cree? Remover la tierra puede traer cosas a la luz que debieron quedar enterradas para siempre.

—Solo buscamos proteger la casa —insistió Elara, con más firmeza de la que sentía—. Nada más.

—Espero que sea así —respondió la mujer, y una sombra de advertencia cruzó su rostro—. Aquí hay cosas que no conviene desenterrar. Hay gente que prefiere que las cosas sigan como están. Y esa gente… puede ser muy peligrosa. Tenga cuidado, arquitecta. No todo lo que brilla es oro. Y no todos los que sonríen son amigos.

Se apartó del escalón y dejó paso a Elara, pero antes de seguir su camino, añadió, casi en un susurro que solo ella pudo oír:

—Valeria también creía que estaba haciendo lo correcto. También creía que el amor lo podía todo. Mire dónde terminó.

Elara se quedó petrificada en el sitio, con el aire congelado en los pulmones. La señora Clara sabía. No lo sospechaba: lo sabía. Había mencionado el nombre sin que ella lo dijera. Había conectado todo. Y con esas palabras, le había enviado un mensaje claro, directo, innegable: sé lo que hicieron, sé lo que encontraron, y tened cuidado, porque yo no soy la única que lo sabe.

Subió corriendo las escaleras y entró en la habitación de Dante, cerrando la puerta con llave tras de sí, con el corazón golpeándole tan fuerte que dolía. Él estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia el jardín, y al verla entrar pálida y temblando, se acercó de inmediato.

—¿Qué pasa? ¿Te ha pasado algo? Estás temblando.

—Es la señora Clara —dijo ella, sin aliento, apoyándose en la puerta—. Sabe, Dante. Sabe que fuimos al jardín. Sabe lo que encontramos. Me habló de Valeria. Me dijo que tuviera cuidado. Que hay gente peligrosa que no quiere que se sepa la verdad.

Dante apretó los puños con fuerza, la mandíbula tensa por la rabia y la alarma.

—Ella estaba allí cuando todo ocurrió. Era ama de llaves desde antes de que mi madre muriera. Vio lo que pasó. Pero ¿por qué no dijo nada? ¿Por qué calló durante veinticinco años?

—Porque tenía miedo —respondió Elara, comprendiéndolo de golpe—. Porque sigue teniendo miedo. No nos ha amenazado, Dante. Nos ha avisado. Nos ha dicho que nos cuidemos. Ella no es nuestra enemiga… pero hay alguien más. Alguien que sigue aquí, que tiene poder, que no dudó en hacer desaparecer a Valeria… y que no dudaría en hacernos lo mismo a nosotros.

Dante la tomó de los hombros, mirándola a los ojos con una intensidad feroz, protectora.

—Desde este instante no te mueves sola por la casa. No sales al jardín sin mí. No hablas con nadie de lo que encontramos, ni de lo que hablamos, ni de nada que no sea estrictamente trabajo. Si alguien se acerca demasiado, si alguien te mira de forma extraña… me avisas de inmediato. ¿Entendido? No dejaré que te pase nada. No dejaré que seas la segunda.

—No me dejaré asustar —dijo ella, aunque las manos aún le temblaban—. Pero tenemos que saber contra quién luchamos. Si la señora Clara no nos dice todo, no sabemos en quién confiar. Cada persona que entra en esta casa podría ser… él. Ella. Quienquiera que fuera.

—Lo averiguaremos —prometió él, besándola en la frente, con desesperación y ternura a la vez—. Pero con calma. Con prudencia. Porque ahora que saben que sabemos, el juego ha cambiado. Ya no es solo descubrir la verdad. Es sobrevivir hasta poder contarla.

Esa noche, mientras la casa dormía, se quedaron despiertos, abrazados, escuchando cada crujido, cada paso lejano, cada soplo de viento contra los cristales. La caja de metal seguía escondida en el armario, pero ahora parecía arder, una llama fría que atraía el peligro hacia ellos. Y Elara comprendió que ya no podían volver atrás. Habían abierto una puerta que no se podía cerrar, y al otro lado no solo había respuestas… había alguien esperando, en la oscuridad, dispuesto a todo para que la verdad nunca saliera a la luz.

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Eliana Angulo
interesante
Eliana Angulo
desde que se conocieron hubo una química entre los protagonistas, que me gustó 🤭
Eliana Angulo
el paso de deja quieto, por estar de hosiosa que les pasara
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
yo no recostruiria nada, dejaría esa casa asi
Eliana Angulo
esa Clara guarda algo
Eliana Angulo
jajaja es Dante no era que se reprimia🤣🤣
Eliana Angulo
interesante tu obra
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: me alegra que te guste, te invito a seguir leyendo la y a qué le mis otras historias, te encantarán ☺️
total 3 replies
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