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La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Época / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Diris Basto

Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.

NovelToon tiene autorización de Diris Basto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El origen de la marca

—Adelante, muchachos, pueden pasar —dijo don Guillermo desde su cama, haciendo un gesto para que entraran.

Camilo y Sergio avanzaron con cautela hacia la habitación.

—¿Cómo se siente, señor Guillermo? —preguntó Sergio con sincera preocupación.

—Mucho mejor, hijo, gracias —respondió el hombre con una leve sonrisa—. Aunque debo admitir que me inquieta un poco el motivo de su espera. Discúlpenme… hay cosas que no se planean. Espero no haber arruinado nada importante.

—No se preocupe, señor Guillermo —respondió Sergio con amabilidad.

Camilo se acercó un poco más a la cama.

—Papá, ahora que estás más tranquilo quiero contarte algo. Sergio y yo hemos creado una sociedad independiente a la fábrica.

Guillermo levantó las cejas con curiosidad.

—Ah… siempre he confiado en tu habilidad para los negocios. Me agrada escuchar ideas nuevas. Cuéntenme, ¿de qué se trata?

Camilo se sentó frente a él.

—Verás, papá. Como sabes, Sergio y su familia se han dedicado durante años a la importación y exportación de distintos productos. Él es muy hábil estudiando aranceles y consiguiendo precios bajos en materia prima.

Sergio continuó la explicación.

—Nuestra idea es traer cuero de alta calidad desde el extranjero. Cuero excelente, que permitirá mejorar aún más los productos de su fábrica.

Guillermo asintió con interés.

—Eso me parece muy bien. El cuero de calidad siempre ha sido el sello de mis zapatos.

—Exactamente —respondió Sergio—. Y esta mañana cerramos un acuerdo de exportación hacia Medio Oriente. Allí el calzado de cuero es muy apreciado. Creemos que la marca tendrá gran reconocimiento… y que sus productos serán muy bien pagados.

Guillermo sonrió con orgullo.

—Los felicito, muchachos.

Luego levantó su vaso de jugo.

—Por favor, acompáñenme a brindar. Tendrá que ser con jugo de frutas… entenderán que el médico me ha prohibido el whisky.

Los tres levantaron sus vasos.

—Hijo —continuó Guillermo con voz reflexiva—, siempre te he admirado por tu talento para los negocios. Pero nunca te he contado cómo empezó realmente esta empresa. Creo que es momento de hacerlo.

Miró a Laura.

—Cariño… ¿me ayudas a contar la historia?

Laura asintió con una sonrisa suave.

—Claro.

Se acomodó en la silla junto a la cama y comenzó a hablar.

—Verás, hijo. Cuando conocí a tu padre, yo aún estudiaba diseño de modas. Él venía a ayudarme con algunos trabajos de la universidad… con el permiso de mi papá, claro.

Camilo escuchaba con atención.

—En ese tiempo tu padre estaba pasando por una situación muy difícil —continuó Laura—. Yo no lo sabía, pero estaba a punto de quedarse sin un lugar donde vivir.

Guillermo bajó la mirada con modestia.

—Un día —prosiguió Laura— llegó con un par de zapatos de cuero que él mismo había hecho. Un diseño clásico, pero muy elegante. Se los mostró a mi padre.

Camilo frunció el ceño.

—¿Mi abuelo?

—Sí —respondió Laura—. Tu abuelo, Don Ernesto López.

Sergio escuchaba fascinado.

—Mi padre examinó los zapatos con atención —continuó Laura—. Notó la calidad del trabajo y preguntó cuánto costaban.

Guillermo recordó aquel momento con una pequeña sonrisa.

—Yo le respondí: “No sabría decirle, señor… es el primer par que hago”.

Sergio soltó una leve risa.

—¿En serio?

—Así fue —continuó Guillermo—. Entonces tu abuelo dijo: “Muchacho, tienes mucha habilidad. Creo que son de mi número. Te daré cincuenta dólares por ellos”.

Camilo abrió los ojos sorprendido.

—¿Cincuenta?

—Yo también me sorprendí —dijo Guillermo—. Pensaba venderlos por veinte.

Laura continuó la historia.

—Pero mi padre sabía reconocer la calidad. Él administraba varios almacenes de ropa y calzado. Así que le dijo a tu padre que, si podía producir más pares como esos, él lo ayudaría a venderlos.

Guillermo asintió.

—Yo apenas tenía un par de máquinas viejas que habían sido de mi padre… un libro de diseños antiguos y ese único par de zapatos. Pero acepté.

—Entonces —continuó Laura— mi padre le ayudó a conseguir un préstamo del banco y se convirtió en el primer distribuidor de su marca.

Guillermo sonrió con orgullo.

—Así nació CASADIEGO.

Camilo escuchaba en silencio.

—Después me casé con tu madre —continuó Guillermo— y ella comenzó a ayudar con los diseños. Tenía mucho talento.

Laura bajó un poco la mirada.

—Pero nuestra vida también tuvo momentos difíciles —dijo suavemente—. Antes de que nacieras, perdimos dos bebés.

El silencio llenó la habitación.

—Después de tu nacimiento —continuó Guillermo— tu madre tuvo complicaciones médicas. Los doctores tuvieron que practicarle una histerectomía completa.

Camilo los miró con sorpresa.

—Nunca me lo habían contado.

—No queríamos preocuparte —respondió Laura—. Pero por eso eres tan importante para nosotros.

Camilo guardó silencio, comprendiendo por primera vez por qué su madre insistía tanto en que formara una familia.

Sergio se levantó y abrazó a Guillermo con respeto.

—Lo admiro mucho, señor.

—Gracias, muchacho —respondió Guillermo—. Y gracias por ayudar a mi hijo con esos negocios. Eres bienvenido en esta familia.

Sergio sonrió.

—Se lo agradezco mucho, señor Guillermo. De hecho… ya que somos socios, me gustaría compartir una noticia.

Guillermo lo miró con interés.

—Estoy planeando casarme.

—¡Enhorabuena! —exclamó Laura.

—¿Cuándo será la boda? —preguntó Guillermo.

Sergio dudó un momento.

—Aún no tenemos fecha. Tal vez en un par de meses. Cuando todo esté listo, por supuesto que recibirán la invitación.

Luego miró el reloj.

—Debo irme. Ha sido un placer escuchar su historia. Es realmente inspiradora. Espero que se recupere pronto, señor Guillermo.

Camilo se levantó.

—Te acompaño.

—No hace falta —respondió Sergio—. Quédate con tus padres. Conozco la salida. Te llamaré luego.

Camilo asintió mientras lo veía salir por el pasillo.

La habitación volvió a quedar en silencio.

Pero en la mente de Camilo todavía resonaban las palabras de su padre… y la responsabilidad que ahora pesaba sobre él.

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