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Las Tierras Vívas

Las Tierras Vívas

Status: En proceso
Genre:Terror / Aventura / Apocalipsis / Completas
Popularitas:534
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Medina

El Refugio de las Ciudades Muertas,

El apocalipsis zombi no fue el fin del mundo, sino su reorganización.

Décadas después del brote, la civilización humana ha resurgido, no en la superficie infestada, sino bajo tierra.

Los sobrevivientes han adaptado las redes de metro, túneles de servicio y viejas minas para crear vastas ciudades subterráneas, a salvo de los zombis que merodean en la superficie.

La superficie, conocida como "Las Tierras Vivas", está repleta de los no-muertos, mientras que el subsuelo es un laberinto de civilización.

NovelToon tiene autorización de Anthony Medina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El Desgaste del Acero

El campamento de La Ciudadela, que una vez fue un símbolo de orden y poderío tecnológico sobre las ruinas, se había transformado en un nido de nervios rotos y susurros cargados de miedo. Ya no se escuchaban las marchas militares ni el sonido rítmico de los ejercicios; ahora, el silencio solo era interrumpido por el goteo de la lluvia ácida y el crujido del metal frío. El ejército más grande de las Tierras Vivas se estaba desmoronando, no por un ataque frontal, sino por la lenta erosión de la incertidumbre.

La paranoia se extendía por las filas como una infección biológica. Los soldados, hombres y mujeres que habían sido entrenados para aplastar cualquier resistencia, ahora miraban las sombras de los edificios derruidos con un terror que no podían ocultar. No sabían cuándo atacarían las sombras, ni desde dónde vendría el siguiente sabotaje. Para ellos, Alexia y sus hombres ya no eran simples topos ocultos en un agujero; eran fantasmas que controlaban el viento y a los muertos.

— Anoche perdimos a otros dos centinelas en el puesto avanzado cuatro

—susurró un sargento mientras compartía una ración fría con su unidad

—No hubo disparos. No hubo lucha. Simplemente, cuando llegó el relevo, solo quedaban sus cascos y un rastro de musgo fosforescente en el suelo.

— Dicen que las sombras no son humanas

—respondió otro soldado, apretando su rifle con nudillos blancos

—Dicen que la mujer que manda ahí abajo ha encontrado la forma de convertir a los zombis en sus propios soldados. Que nos están pastoreando como si fuéramos ganado hacia un matadero que no podemos ver.

En el centro del campamento, dentro de un centro de mando móvil blindado que vibraba con el zumbido de los filtros de aire, el General de La Ciudadela observaba los informes de bajas y suministros. Se llamaba Valerius, un hombre cuya piel parecía hecha de cuero viejo y cuyos ojos habían visto desaparecer ciudades enteras. No era un fanático como Kael, ni un idealista como Alexia; era un profesional de la guerra, un hombre curtido en mil batallas que entendía el lenguaje de la fuerza.

Pero lo que estaba ocurriendo aquí no seguía las reglas de la guerra que él conocía.

— General, los niveles de combustible han caído por debajo del punto crítico para una retirada organizada

—informó su segundo al mando, un oficial joven que intentaba, sin éxito, mantener la compostura

—Las patrullas se niegan a salir del perímetro iluminado. Dicen que el aire les habla, que escuchan frecuencias que les hacen sangrar los oídos.

Valerius se levantó de su asiento, caminó hacia el mapa táctico digital y observó los puntos rojos que representaban a su propio ejército. Estaban rodeados por un vacío negro.

— No estamos tratando con supervivientes asustados, teniente

—dijo el General, y su voz era un trueno sordo que llenó la cabina

—Cometes un error al pensar que son ratas de laboratorio protegiendo sus tubos de ensayo. Ese enemigo es inteligente. Es escurridizo. Y lo que es peor, nos conocen mejor de lo que nosotros nos conocemos a nosotros mismos.

Valerius salió al exterior, sintiendo el aire metálico de la superficie golpear su rostro. Miró hacia las ruinas que ocultaban la entrada al refugio. Sabía que Alexia lo estaba observando a través de alguna cámara oculta o algún sensor de musgo. Podía sentir su mirada, una mezcla de desafío y pragmatismo científico.

— Han usado nuestra propia logística en nuestra contra

—continuó Valerius, hablando más para sí mismo que para sus oficiales

—Han convertido el entorno en un arma. Nos están robando la voluntad de lucha antes de que hayamos disparado la primera bala pesada.

El General sabía que el tiempo de la diplomacia por altavoces había terminado. Su ejército se estaba desmoralizando; si no lograba una victoria clara pronto, el miedo se convertiría en motín. Pero también comprendía que Alexia le estaba tendiendo una trampa. Ella quería que él perdiera los estribos, que lanzara un ataque desesperado hacia los túneles donde ella tenía todas las ventajas.

— No vamos a bajar a su terreno

—sentenció Valerius, volviéndose hacia sus oficiales con una mirada que les devolvió parte de la disciplina perdida

—Si ellos quieren jugar a ser sombras, nosotros nos convertiremos en el sol. Preparen las cargas de demolición sísmica. Si no podemos entrar en su refugio, lo aplastaremos desde arriba. Vamos a ver cuánto aguanta su ciencia cuando el techo del mundo se les caiga encima.

En las profundidades del refugio, Alexia vio el cambio en los movimientos del enemigo a través de los monitores. El General ya no estaba a la defensiva. La "victoria" del sabotaje había forzado a la bestia a actuar con una violencia ciega que el refugio quizá no podría soportar.

— Se ha dado cuenta, Serena

—dijo Alexia, sintiendo un nudo en el estómago

—El General ha dejado de tenernos miedo y ha empezado a odiarnos. Y el odio es mucho más difícil de sabotear que un generador de gasolina.

1
T.gaitán
me encanta me parece súper, la trama el suspenso
T.gaitán
me encanta la historia ya quiero saber cómo termina
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