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Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Sangre De Dragones Y Corona De Guerra

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Amor-odio / Dragones
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Uma campo

un libro con personajes de ficción, dragones, ogros, un enemies to lovers y demás. ¿será que conseguirán enamorarse mutuamente? o solo seguirán en guerra. quién sabe depende de como ellos se traten a sí mismos

NovelToon tiene autorización de Uma campo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

XXII. El Pergamino de Oro y el Cáliz de Hiel

El silencio que siguió a mi última respuesta fue tan denso que podía escuchar el crepitar de la antorcha más cercana. La maestra Vyx mantuvo su pluma suspendida en el aire, sus ojos amarillos fijos en los míos, como si estuviera buscando una grieta, un rastro de duda o la fatiga de mi noche en vela.

Lentamente, bajó la pluma y realizó un trazo firme y elegante en un pergamino nuevo, uno que tenía el sello de cera dorada de la excelencia académica. Lo enrolló con parsimonia y se puso en pie, extendiéndomelo con una solemnidad que rara vez mostraba.

—Zhaeryntha Vaelkríass —dijo Vyx, y por primera vez su voz no cortaba, sino que reconocía—. Su exposición ha sido impecable. No solo ha demostrado un dominio absoluto de la teoría, sino una comprensión visceral de lo que significa estar unida a una criatura de clase Tormenta. Esta es la calificación más alta que he otorgado en este trimestre... y en los últimos tres años de esta Academia.

Un murmullo de asombro recorrió la biblioteca. Sentí el peso del pergamino en mi mano; debería haberme sentido eufórica, debería haber sido el triunfo que me devolviera el orgullo frente a los ojos de mi padre, pero en mi pecho solo había una calma fría y cansada.

—Gracias, Maestra —respondí, haciendo una breve inclinación de cabeza.

Me dispuse a dar media vuelta para regresar a mi asiento, pero la voz de Vyx me detuvo.

—Un momento, cadete. No he terminado.

Me giré, intrigada. Vyx rodeó su escritorio y se acercó a mí, bajando la voz lo suficiente para que la conversación adquiriera un matiz privado, aunque sabía que Kaelthoryn estaba lo suficientemente cerca como para aguzar el oído.

—Como sabe, la excelencia conlleva responsabilidades —comenzó ella, entornando los ojos—. Tenemos un problema grave de rendimiento en este curso. Específicamente con el cadete Dravenkael. Kaelthoryn posee una de las monturas más poderosas de su generación, pero su teoría es un desastre absoluto. Está desaprobando casi todas las materias técnicas y estratégicas.

Miré de reojo hacia donde estaba el chico. Su mandíbula estaba tensa y sus ojos fijos en la mesa, como si de repente el grano de la madera fuera lo más interesante del mundo.

—Si no aprueba este trimestre y el próximo con notas sobresalientes —continuó Vyx con severidad—, el Consejo de Jinetes procederá a la desvinculación forzosa. Le quitarán a Rhyx por considerarlo un riesgo táctico. Un dragón de ese calibre no puede estar en manos de alguien que no entiende las leyes que lo gobiernan.

Sentí una punzada de algo extraño. No era alegría, aunque debería haberlo sido. Era el conocimiento de lo que significaba perder a un dragón. Era la muerte en vida.

—¿Qué tiene eso que ver conmigo, Maestra? —pregunté, endureciendo el gesto.

—Quiero pedirle un favor, Vaelkríass. Casi una orden encubierta —Vyx me miró con una intensidad asfixiante—. Quiero que sea su tutora. Enséñele las reglas básicas, la anatomía, las leyes de vuelo... todo lo que él ignora por su arrogancia. Usted es la única con la capacidad intelectual para poner orden en esa mente caótica. Ayúdelo a aprobar. No lo haga por él, hágalo por el reino; no podemos permitirnos perder un dragón de clase Ceniza porque su jinete es un inepto.

El silencio volvió a caer sobre mí, pero esta vez era un silencio amargo. Miré el pergamino de oro en mi mano y luego miré a Kaelthoryn. Él, mi enemigo, el hombre que me había deshonrado, el que había provocado el silencio de mi padre... ahora mi futuro académico estaba ligado a su salvación. El destino tenía un sentido del humor retorcido: para mantener mi propia luz, tenía que salvar la oscuridad del hombre que me había roto.

—¿Trato hecho, Vaelkríass? —presionó Vyx.

Suspiré, sintiendo cómo el hilo de mi paciencia se estiraba una vez más.

—Trato hecho, Maestra —murmuré, sintiendo que cada palabra era un trago de hiel.

Caminé de regreso al banco con el pergamino dorado apretado en el puño, sintiendo que cada paso era una traición a mi propio orgullo. Me senté a su lado con un movimiento brusco, ocupando el mismo espacio que él intentaba reclamar. Kaelthoryn, lejos de parecer humillado por su casi descalificación, pasaba las yemas de los dedos por las grietas del banco con una indiferencia fingida.

—Vaya, el material de este pupitre es realmente rústico, ¿no crees, Vaelkríass? —murmuró con esa voz arrastrada que me ponía los pelos de punta—. Casi tan duro como tu corazón.

No lo dejé terminar. Con un movimiento rápido, le di un golpe seco en la parte posterior de la cabeza. El sonido del impacto resonó levemente en la madera.

—Cierra la boca y abre el libro —le siseé al oído, con una frialdad que ocultaba mi fatiga—. Vas a empezar a estudiar ahora mismo, o te juro que yo misma le cortaré las correas a tu silla de montar.

Kaelthoryn se frotó la cabeza, soltando una risita ronca y ladeando la cara hacia mí. Sus ojos brillaron con esa chispa de malicia pícara que lo caracterizaba.

—¿Y desde cuándo las mujeres dan órdenes en el estudio? —murmuró, inclinándose tanto que pude oler el rastro de humo en su ropa—. Deberías estar en casa bordando estandartes para los verdaderos guerreros, no intentando meter leyes en una cabeza que está hecha para el mando, no para los libros. Deja que los hombres nos encarguemos de la estrategia; tú solo asegúrate de estar guapa para el próximo banquete.

—Para ser un "verdadero guerrero", eres bastante imbécil —le respondí, sin despegar la vista del manual—. Pero bueno, supongo que la falta de cerebro es proporcional al tamaño de lo que llevas entre las piernas. Con ese pene chiquito que tienes, no me sorprende que intentes compensarlo con tanta prepotencia.

Kaelthoryn no se inmutó. Al contrario, una sonrisa depredadora y cargada de maldad se dibujó en sus labios. Se acercó aún más, hasta que su aliento rozó mi oreja en un murmullo que me heló la sangre.

—Si la tuviera tan chiquita como dices, preciosa... —soltó con una voz cargada de veneno y picardía—, no me habrías montado con tantas ganas aquella noche. Se me habría salido de tu interior al primer movimiento, y ambos sabemos que estuviste bien sujeta a mí hasta el final. ¿O es que tu memoria es tan corta como tu paciencia?

Sentí un fuego repentino trepando por mi cuello hasta mis mejillas. Un sonrojo violento e involuntario me traicionó, pintando mi rostro de un rojo furioso que odié con toda mi alma. Le propiné otro golpe, esta vez mucho más fuerte, que le hizo echar la cabeza hacia adelante.

—¡Cállate! —exclamé en un susurro desesperado, cerrando el libro de golpe para cambiar de tema antes de que alguien más escuchara su asquerosidad—. Escucha bien, pedazo de animal. La maestra Vyx me ha obligado a ser tu tutora porque vas camino al fracaso absoluto. Te ha dado dos días más de gracia. Dos días para que metas toda esta teoría en tu cráneo hueco y apruebes el examen tú solo.

Él se enderezó, recuperando la compostura con un gesto petulante, aunque se seguía sobando la cabeza.

—¿Dos días a solas contigo? —arqueó una ceja, volviendo a su tono machista y confiado—. Ten cuidado, Vaelkríass. A este paso, vas a terminar pidiéndome que te "enseñe" algo más que leyes de vuelo. Al final, todas las de tu clase terminan rindiéndose ante un Dravenkael.

—Estudia —le ordené, ignorando las punzadas de mi corazón y el ardor en mi cara—. Porque si pierdes a Rhyx por no saber distinguir un ala de una cola, no habrá rincón en este reino donde puedas esconder tu vergüenza. Empecemos por la anatomía de los Jinetes Errantes, y más te vale que tu memoria sea mejor que tu sentido del humor.

(horas despues...)

Las velas que iluminaban las mesas de la biblioteca habían mermado considerablemente, dejando caer lágrimas de cera sobre los candelabros de bronce. El aire estaba viciado, oliendo a pergamino viejo y al sudor frío de los estudiantes que aún quedaban en los rincones. Yo me encontraba recostada en mi silla, con la espalda arqueada y la cabeza apoyada en el respaldo de madera, observando el techo abovedado con una mezcla de cansancio extremo y ganas de gritar.

A mi lado, el "gran guerrero" de los Dravenkael era un desastre andante.

—La... la Ley de Conser... ¿Conservación? —tartamudeó Kaelthoryn, pasando el dedo índice por el texto como si fuera un niño aprendiendo a leer—. Dice que... que el dragón debe... debe expulsar el humo por las... ¿fosas sublinguales? No, espera... por las glándulas de... ¿esmeralda?

—Glotis, Kaelthoryn. Por la glotis —le corregí sin siquiera mover un músculo, cerrando los ojos con pesadez—. Llevamos dos horas en este párrafo. Es una estructura básica de la anatomía de un clase Ceniza. Si no sabes por dónde sale el fuego de tu propio dragón, me sorprende que no te hayas quemado los pies todavía.

Él soltó un bufido de frustración y golpeó el libro con el dorso de la mano.

—¡Es que estas palabras no tienen sentido! —protestó, aunque su voz sonaba más insegura de lo habitual—. En el aire no necesito saber el nombre de la glándula. Siento el calor, tiro de las riendas y Rhyx escupe. Es instinto, Vaelkríass. Las mujeres se pierden en los nombres de las cosas porque no tienen la fuerza para dominarlas por puro instinto. Esto es relleno para bibliotecarios.

—Ese "relleno" es lo que evita que tu dragón sufra una embolia pirofórica —dije, incorporándome lentamente para mirarlo con desprecio—. Pero claro, para un Dravenkael es más fácil ser un bruto con suerte que un jinete con cerebro. Sigue leyendo. Si te equivocas otra vez en la sección de Vectores de Ascenso, te juro que te dejo aquí solo.

—Vale, vale... —murmuró, volviendo a fijar la vista en el papel—. Los vectores de... as-ascenso se calculan... multiplicando la envergadura por la... la... ¿densidad del alma?

—¡Del aire! ¡Densidad del aire! —exclamé, esta vez dándole un manotazo al manual—. ¿Cómo vas a multiplicar la envergadura por la densidad del alma? ¡Esto no es una clase de teología, imbécil!

Kaelthoryn se pasó la mano por el cabello, visiblemente tenso. Sus mejillas estaban encendidas, pero no por la pasión, sino por la humillación de estar fallando frente a mí. Su fachada de macho alfa se estaba agrietando bajo la presión de las letras.

—Es que me distraes —soltó, intentando recuperar su tono pícaro, aunque su voz flaqueó—. Estás ahí, mirándome con esos ojos de suficiencia, esperando que falle. Un hombre necesita silencio y respeto para concentrarse, no a una mujer susurrándole correcciones como si fuera su madre. Deberías estar agradecida de que permito que me ayudes. Muchos pagarían por estar así de cerca de mí.

—Pagarían para que te callaras, probablemente —respondí, cruzándome de brazos—. Continúa. Migración de los Dragones de Escarcha.

—La migración se produce en el... ¿equinoccio de verano? No, de invierno. Los dragones viajan hacia el norte para... para buscar... ¿pasto marino?

—¡Son carnívoros, Kaelthoryn! —me llevé las manos a la cara, frotándome las sienes—. ¡Buscan corrientes de aire frío para aparearse! No son vacas aladas. Por los dioses, Rhyx debe de estar avergonzado de tenerte como jinete. ¿Cómo has llegado al segundo trimestre sin saber que los dragones no comen pasto?

—¡Fue un error de lengua! —rugió él en un susurro, mirando alrededor para asegurarse de que nadie lo escuchaba—. Sé que comen carne. He visto a Rhyx despedazar una cabra en segundos. Pero leerlo aquí... es diferente. Estas leyes parecen escritas para confundir al hombre de acción. "La parábola del descenso debe ser tangente al eje de la columna...". ¿Quién habla así? Yo solo me inclino y el mundo se vuelve pequeño.

—Habla así la gente que no quiere estrellarse contra una montaña porque no calculó bien la resistencia del viento —le dije, acercándome a él y señalando una ilustración en el libro—. Mira esto. Si no entiendes la relación entre la presión del aire y las membranas, un día tu dragón hará un giro brusco y le romperás un ala. ¿Eso es lo que quieres? ¿Dejar a Rhyx lisiado por tu ego?

Él guardó silencio un momento, mirando el dibujo de la estructura ósea del ala. Por un segundo, vi un rastro de miedo real en sus ojos. Él amaba a su dragón, a su manera retorcida y posesiva, pero lo amaba.

—No... no quiero eso —murmuró, perdiendo por fin el ritmo de su arrogancia—. Pero es que... las letras se mueven. No puedo... no puedo hacer que se queden quietas.

—Se mueven porque estás aterrado, Dravenkael —sentencié, bajando un poco el tono—. Estás aterrado de que la Maestra Vyx cumpla su palabra y te quite lo único que te hace sentir poderoso. Pero las bravuconadas machistas no te van a salvar aquí. Solo el estudio lo hará. Así que, trágate tu orgullo, deja de decir estupideces sobre lo que las mujeres deben hacer y repite conmigo: La presión hidrodinámica es inversamente proporcional a...

—La presión... hidro... ¿dinámica? —repitió, tartamudeando de nuevo—. Es... inversamente... ¿proporcional a la velocidad del fluido?

—Milagro —susurré—. Casi parece que tienes una neurona funcionando. Sigamos. Protocolo de comunicación con jinetes aliados durante tormentas de arena.

—Se deben usar las... las bengalas de... ¿magnesio? No, las señales de... ¿humo de colores?

—¡En una tormenta de arena no se ve el humo! —volví a recostarme en la silla, desesperada—. ¡Se usan señales acústicas! ¡El cuerno de aire, Kaelthoryn! ¡El cuerno!

—¡Ah, claro! ¡El cuerno! —dijo, intentando sonar como si lo hubiera sabido todo el tiempo—. Estaba probándote, Vaelkríass. Quería ver si estabas atenta. Una mujer tan inteligente no debería dejar pasar esos detalles. Me gusta que seas tan... meticulosa. Te hace ver casi atractiva cuando te enfadas.

—No intentes flirtear para ocultar que eres un ignorante —le corté en seco, sintiendo de nuevo ese calor molesto en mis mejillas—. No funciona conmigo. No después de lo que hiciste.

El ambiente se volvió pesado de repente. El nombre de Kaelthoryn seguía en el aire, pero la mención de nuestra noche prohibida actuó como un ancla de plomo. Él bajó la vista al libro, jugueteando con una esquina de la página.

—Lo que hice... —murmuró, y por un momento su voz no tenía rastros de picardía—. Lo que hicimos fue lo único real que ha pasado en esta academia de mentiras, Zhaeryntha. Aunque ahora te escondas tras estos libros y me trates como a un perro sarnoso.

—Te trato como te mereces —dije, sintiendo que el hilo que me unía a la cordura se tensaba—. Ahora, deja de hablar de "lo real" y vuelve a los Dragones Mitológicos. Dime las cinco debilidades del Leviatán de las Nubes.

—Uno... la falta de... ¿párpados? Dos... el... el vientre blando... —continuó, volviendo a tropezar con cada sílaba, perdiendo el ritmo, tartamudeando de nuevo mientras la frustración volvía a nublar su rostro.

Pasamos otra hora así. Yo, corrigiendo cada palabra, sintiendo cómo el cansancio me cerraba los ojos, y él, debatiéndose entre su necesidad de parecer un hombre superior y la realidad de que, sin mi ayuda, estaba acabado. Cada vez que se equivocaba, lanzaba un comentario mordaz sobre cómo mi voz le distraía o sobre cómo las mujeres tenían mentes hechas para los detalles insignificantes, pero yo ya no le escuchaba. Solo veía a un chico asustado que intentaba sujetar un imperio con las manos vacías.

—Eres un caso perdido, Dravenkael —dije finalmente, cuando el reloj de la torre dio la medianoche—. Pero mañana seguiremos. Porque no voy a dejar que Rhyx pague por tu estupidez.

Él no respondió con una burla esta vez. Solo cerró el libro con un golpe sordo, me miró un segundo con una mezcla de odio y algo que no supe identificar, y asintió. El estudio había terminado por hoy, pero la verdadera batalla apenas comenzaba.

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Cliente anónimo
hay pobreeee😔😭🥺
Cliente anónimo
🥺😔😭
Cliente anónimo
no, 🥺 😔 ese no es cansancio, niño... eso se llama dolor pero tú terquedad y orgullo no lo haces que se deje ver 🥺🥺🥺
Cliente anónimo
pobres! 🥹😭 sufren muchísimo 🥺
Cliente anónimo
me encantó /Drool//Drool/
Adeilis
Me fascina, más capítulo por favor
Adeilis
La historia es muy interesante
Uma campo
🤣🤣🤣🤣 AMO A LA NARRADORA
Cliente anónimo
me va encantando. donde narra la narradora me hizo reir mucho 🥹💗🐉 además, me encanta como se desarrolla la historia
Uma campo
😂😂😂😂
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