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La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

La Venganza De Alelí, Prohibido Enamorarse.

Status: En proceso
Genre:Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El encuentro.

La noche había terminado, pero la inquietud no.

Alelí caminaba junto a Anita por la acera casi vacía, iluminada apenas por faroles antiguos que parpadeaban con cansancio. El silencio era extraño después del ruido constante del club. Anita hablaba, intentaba bromear, quitarle peso a lo ocurrido, pero Alelí apenas la escuchaba. Su mente estaba en otro lugar.

En una habitación equivocada.

En unos ojos que no debía recordar.

—¿Estás bien "Melisa"? —preguntó Anita, mirándola de reojo—. Estás más callada de lo habitual.

—Sí —respondió Alelí, demasiado rápido—. Solo estoy cansada. Fue una noche muy pesada.

No era mentira. Pero tampoco era toda la verdad.

Cuando se despidieron, Alelí siguió sola hasta su pequeño departamento. Cerró la puerta, apoyó la espalda contra ella y soltó el aire que había estado conteniendo desde hacía horas. Cerró los ojos… y la imagen volvió.

El hombre.

Su cuerpo firme.

Su mirada intensa.

La forma en que la había observado, no como cualquier cliente molesto, sino como alguien que analiza, que mide, que recuerda.

—Concéntrate —se dijo en voz baja.

Caminó hasta el baño, se lavó el rostro con agua fría, mirándose al espejo como si fuera una enemiga más.

—No puedes bajar la guardia —se reprochó—. Tomaste una decisión hace años. Nada debe distraerte.

Nada!!

La venganza era su norte. Su motor. Su razón de seguir respirando.

El amor, la atracción, el deseo… todo eso era debilidad. Y la debilidad mataba.

Se acostó, pero el sueño no llegó. Pasaron horas antes de que lograra cerrar los ojos, y aun así, su descanso fue ligero, fragmentado, inquieto.

En otra parte de la ciudad, muy lejos de un pequeño departamento silencioso, Maykol Zurita servía una copa de licor caro en un vaso de cristal. Su penthouse estaba en lo alto de uno de los edificios más exclusivos. Desde allí, la ciudad parecía pequeña.

Maykol tenía 29 años, una presencia imponente y un apellido que abría puertas… o las cerraba para siempre. Era el hijo de uno de los jefes más poderosos de la mafia. Había nacido rodeado de dinero, peligro y poder. Nada le había sido negado jamás.

Por eso, aquella sensación le resultaba tan extraña.

Desde hacía años frecuentaba el club nocturno. No por necesidad, sino por diversión. Cada noche pedía una compañía distinta. Sin nombres. Sin preguntas. Sin vínculos. Todo era rápido, vacío y olvidable.

Hasta esa noche.

Desde el instante en que aquella mujer abrió la puerta equivocada, algo se había desordenado dentro de él. No fue solo su belleza —aunque era evidente—, fue su mirada. Firme. Directa. Sin miedo. Sin interés.

Eso era lo que lo había atrapado.

No lo había mirado como a un hombre poderoso.

Ni como a un cliente.

Ni como a alguien importante.

Lo había mirado como a un error.

Y nadie lo miraba así.

—Melisa Sánchez… —murmuró para sí.

Ese era el nombre que había conseguido. Nada más. Nadie en el club sabía mucho de ella. No hablaba de su vida. No coqueteaba. No se involucraba. Trabajaba, observaba y desaparecía.

Demasiado discreta para un lugar así.

Maykol volvió al club la noche siguiente. Y la siguiente. Y la siguiente.

Pero ya no pidió compañía.

Se sentaba, bebía, observaba. Buscaba entre las sombras.

Cuando finalmente la vio, sintió una satisfacción peligrosa.

Ahí estaba.

Por su parte Melisa, atendía mesas con eficiencia, sin sonrisas innecesarias, sin gestos provocadores. Parecía fuera de lugar, y al mismo tiempo, perfectamente integrada. Maykol la siguió con la mirada toda la noche, sin acercarse.

Quería entenderla.

Quería saber qué escondía.

Alelí notó la mirada.

Siempre notaba las miradas.

Pero esta era distinta.

No era vulgar. No era invasiva. No era desesperada. Era persistente. Calculadora. Como la de un depredador paciente.

Y eso la puso en alerta.

Durante varias noches sintió la misma presencia. El mismo hombre. Siempre en el mismo lugar. Siempre observando. Nunca pidiendo nada. Nunca acercándose.

—No es normal —pensó.

Investigó como siempre hacía. Preguntó sin preguntar. Escuchó conversaciones sueltas. Ató cabos.

Y entonces lo supo.

Maykol Zurita.

El apellido cayó sobre ella como un golpe silencioso.

Zurita.

Ese nombre… lo había escuchado antes. No directamente de su padre, pero sí en sus investigaciones posteriores. Un apellido ligado a negocios turbios, empresas fachada, tráfico de información.

No era el jefe.

Pero estaba cerca.

Muy cerca.

—Ten cuidado Melisa —le dijo Anita una noche—. Ese tipo te mira demasiado.

—Lo sé —respondió Alelí, sin apartar la vista de la barra.

Por primera vez en años, su plan tembló.

No porque tuviera miedo.

Sino porque el destino parecía adelantarse.

Maykol, por su parte, no tardó en actuar. No estaba acostumbrado a esperar indefinidamente. Tenía recursos, contactos y una paciencia limitada.

Ordenó investigar.

Pero Melisa Sánchez era un fantasma.

No había pasado claro. No redes sociales. No familia visible. No escándalos. Solo universidad, trabajo y silencio.

Eso solo aumentó su interés.

—Nada es inalcanzable —se dijo, con una sonrisa lenta.

La noche que decidió acercarse, Alelí lo sintió antes de verlo. Su cuerpo reaccionó de forma automática. Tensión en los músculos. Y mostró una atención total.

Maykol se sentó en una mesa cercana.

—¿Melisa, verdad? —dijo con voz tranquila.

Ella lo miró. Lo suficiente. No más.

—Sí.

—Maykol.

El silencio invadió por unos segundos el club.

—No voy a pedirte nada —continuó él—. Solo quería conocerte.

Alelí sostuvo su mirada. Midió cada gesto. Cada palabra.

—¿Eso es todo?

Maykol sonrió.

—Por ahora.

Algo pasó en ese instante. Una chispa. Un choque invisible.

Dos personas acostumbradas a controlar… enfrentándose.

Alelí se alejó sin decir nada más.

Maykol la observó irse, con una certeza creciendo en su interior.

No sabía quién era realmente esa mujer.

Pero iba a descubrirlo.

Y Alelí, caminando hacia la oscuridad del pasillo, supo algo que la inquietó más que cualquier enemigo:

Por primera vez, su mayor peligro no era la mafia…

sino alguien que podía acercarse demasiado.

1
Omaira Sanchez
😭 Quiero seguir 😭 leyendo,
Omaira Sanchez
Excelente, me tiene Atrapada,
Mariscal Morin
Que 💩 💩 💩 de padres
Mariscal Morin
😟😟😟😟😟😟😟😟
Mariscal Morin
A la mad @***
Mariscal Morin
Estoy hasta sudando, 😅 😅 no manches 😅😅😅
Mariscal Morin
Tanto misterio 😊😊😊😊
Mariscal Morin
A la mamá, como que sintieron ñañaras 😊😊aber en que terminan
Mariscal Morin
Esta saliendo bien chingona 🌷🌷
Mariscal Morin
Que bella historia 🌷🌷🌷🌷🌷🌷
Mariscal Morin
Todo fríamente calculado, para vengar a sus padres 😟😟😟
Mariscal Morin
Me esta gustando mucho esta historia 😊😊
Mariscal Morin
No es bueno crecer con tanto odio 😟😟😟
Mariscal Morin
Pobresita niña 😟😟😟
Amelia Mirta Fernández
me encanta como se está relatando la trama. muy sutil.
Amelia Mirta Fernández
Me gusta hasta ahora..recién empiezo su lectura..
Amelia Mirta Fernández
Interesante comienzo. 👏👏👏👏👏🥰
Beatriz Elsa Ponzo
tienen que dejar de cortar la historia asi
Beatriz Elsa Ponzo
no tienen que cortar así
Beatriz Elsa Ponzo
hoy ya es 19 y como sigue. qye injusto cortar así
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