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Las Tierras Vívas

Las Tierras Vívas

Status: En proceso
Genre:Terror / Aventura / Apocalipsis / Completas
Popularitas:428
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Medina

El Refugio de las Ciudades Muertas,

El apocalipsis zombi no fue el fin del mundo, sino su reorganización.

Décadas después del brote, la civilización humana ha resurgido, no en la superficie infestada, sino bajo tierra.

Los sobrevivientes han adaptado las redes de metro, túneles de servicio y viejas minas para crear vastas ciudades subterráneas, a salvo de los zombis que merodean en la superficie.

La superficie, conocida como "Las Tierras Vivas", está repleta de los no-muertos, mientras que el subsuelo es un laberinto de civilización.

NovelToon tiene autorización de Anthony Medina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Aislamiento

El refugio se había convertido en un reloj de precisión, frío y exacto. Bajo el mando de Alexia, la ciencia no era ya una búsqueda de conocimiento, sino una armadura. La vida en el subsuelo se estabilizó, pero a un precio que nadie se atrevía a nombrar en voz alta: la pérdida total de la espontaneidad. Cada paso, cada aliento y cada gramo de comida estaban medidos por protocolos que no dejaban espacio al error.

Elías, que ya no recordaba lo que era vestir ropa de civil, pasaba sus días en los niveles de entrenamiento. Había transformado a los antiguos guardias en unidades de respuesta rápida. Los entrenaba en la penumbra, simulando ataques de la Fase 4 con luces estroboscópicas y ruidos ensordecedores.

— ¡No busquen el cuerpo, busquen las articulaciones!

—rugía Elías mientras sus hombres sudaban bajo los trajes de combate

— La Fase 4 es rápida, pero si le quitan el equilibrio, solo es un trozo de carne endurecida. Si dudan un segundo, el hongo usará vuestros huesos como andamios.

Mientras Elías forjaba el brazo armado del refugio, Alexia tomó la decisión más difícil de su carrera: el aislamiento total. La entrada principal, aquella por la que Marco había salido tantas veces, fue sellada con capas de hormigón reforzado y planchas de acero recuperadas de los niveles industriales. Ya no era una puerta; era un muro. El refugio se preparó para el peor de los escenarios, convirtiéndose en una isla de luz rodeada por un océano de muerte silenciosa. La civilización era fuerte, sí, pero estaba terriblemente sola.

Un año pasó bajo este régimen de hierro. Un año en el que el mundo exterior se convirtió en una leyenda distante para los niños del refugio, un lugar de monstruos que la luz UV de la doctora Alexia mantenía a raya. La paz era una manta pesada que los asfixiaba lentamente, hasta que un día, la estructura misma del refugio vibró.

No fue el rasguño de una garra ni el silbido de una espora. Fue el rugido de motores de combustión interna, potentes y pesados, resonando a través de las capas de tierra sobre la entrada principal.

— Doctora, tenemos lecturas térmicas masivas en la superficie

—informó Hugo, con las manos temblando sobre la consola

—No son firmas biológicas desordenadas. Es una formación. Vehículos pesados, blindaje... son humanos.

Alexia llegó al centro de mando justo cuando los altavoces exteriores, instalados por Kael décadas atrás y ahora hackeados desde fuera, empezaron a emitir una voz que cortó el aire reciclado con la frialdad del acero. No había diplomacia, no había preguntas sobre su bienestar. Era la voz de "La Ciudadela".

— Habitantes del refugio

—la voz retumbaba en las ruinas de arriba, filtrándose por los conductos de ventilación como un trueno

— Habéis prosperado en las sombras con una tecnología que no os pertenece. El musgo es el futuro de la especie, y no permitiremos que se desperdicie en un agujero de hormigón.

Elías entró en la sala, con el rifle ya en la mano y el rostro endurecido.

— Son ellos, Alexia. Los hombres de metal que mencionó Kael.

El ultimátum final cayó como una losa sobre el corazón de la civilización:

— Entreguen sus recursos, entreguen sus datos de investigación y su tecnología de musgo de inmediato. Tienen una hora para abrir la esclusa de emergencia. Si no lo hacen, tomaremos todo por la fuerza. La Ciudadela no negocia con reliquias.

Alexia miró la pantalla que mostraba la entrada sellada. Había pasado un año protegiéndolos de los monstruos, solo para descubrir que el verdadero peligro vestía uniformes y hablaba su mismo idioma. La ironía era amarga: habían perfeccionado sus defensas contra el virus, pero no estaban preparados para la ambición humana.

— ¿Qué hacemos, Alexia?

—preguntó Serena, con los ojos llenos de lágrimas

— Si abrimos, nos convertirán en esclavos. Si nos quedamos, nos enterrarán vivos.

Alexia se giró hacia la zona de celdas, pensando en Kael. Él sabía que esto pasaría. Bajó la mirada hacia las placas de Marco, que brillaban con una luz serena en medio del pánico general.

— No hemos sobrevivido a la extinción para rendirnos ante unos matones con uniformes limpios

—sentenció Alexia, y su voz recuperó la fuerza de los días de la hambruna

— Elías, activa los protocolos de defensa humana. Serena, prepara los filtros UV para una sobrecarga masiva. Si quieren nuestro musgo, tendrán que venir a buscarlo a través de un infierno de luz.

La guerra había cambiado de rostro. Ya no luchaban por la biología; luchaban por su alma. Otros humanos habían llegado, y traían consigo una oscuridad que ningún diario de su madre había podido predecir.

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T.gaitán
me encanta me parece súper, la trama el suspenso
T.gaitán
me encanta la historia ya quiero saber cómo termina
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