Aurora, una joven de campo marcada por el miedo, huye hacia Londres junto a su pequeño hermano Charles, escapando de un pasado oscuro y de un padrastro que amenaza con destruirlo todo. En medio de una ciudad desconocida y desafiante, su dulzura e inocencia se convierten en su única fortaleza.
Su vida cambia cuando conoce a Christian Potter, un hombre que ella cree un simple chofer, sin imaginar que en realidad es un poderoso y frío CEO multimillonario. Acostumbrado al éxito, pero atrapado en una vida de soledad y amargura, Christian encuentra en Aurora una luz inesperada.
NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 2
En lo alto de las Torres Potter, el edificio más imponente del centro financiero de Londres, la junta mensual de la Potter Enterprises estaba llegando a su fin. La sala de conferencias, con sus paredes de madera oscura y vista panorámica al Támesis, parecía más fría que nunca.
Christian Potter, de veintiocho años, presidía la larga mesa con la misma expresión gélida de siempre. Su traje negro hecho a medida no tenía ni una arruga. Sus ojos azul acero recorrían los presentes sin mostrar emoción alguna.
—…y con esto concluimos el balance del primer trimestre —dijo con voz grave y cortante—. Los números hablan por sí solos. Hemos crecido un dieciocho por ciento respecto al año anterior.
Un murmullo de aprobación recorrió la sala, aunque no todos parecían contentos.
En el extremo opuesto de la mesa, su tío Robert Potter cruzó los brazos y sonrió con fingida modestia.
—Impresionante, sobrino. Realmente impresionante. Tu padre estaría orgulloso… si viviera para verlo.
Liam Potter, su primo, no se molestó en disimular su desdén.
—Claro, siempre y cuando no haya ningún “pequeño detalle” que se nos escape —comentó con sorna—. Las apariencias engañan, Christian. Sobre todo cuando se maneja tanto poder tan joven.
Christian ni siquiera parpadeó. Se limitó a cerrar la carpeta frente a él con un golpe seco.
—La reunión ha terminado. Gracias por su tiempo.
Uno a uno, los directivos fueron abandonando la sala. Solo quedaron Robert, Liam y Joseph, el hermano menor de Christian.
Cuando la puerta se cerró, Joseph se acercó a su hermano con el rostro serio.
—Christian, necesito hablar contigo. Ahora. En privado.
Christian asintió ligeramente y se levantó. Sin decir una palabra más, ambos salieron hacia su oficina personal, ubicada en el último piso de la torre. Era un espacio minimalista, casi austero: grandes ventanales, un escritorio de roble negro y nada más que lo necesario.
Una vez dentro y con la puerta cerrada, Joseph soltó el aire que había estado conteniendo.
—Hay una fuga de dinero, Christian. Y no es pequeña.
Christian se acercó al ventanal, dándole la espalda a su hermano. Sus manos se metieron en los bolsillos del pantalón.
—¿Cuánto? —preguntó sin girarse.
—Mucho. Demasiado. Hasta ahora he logrado tapar los números, pero si alguien pide una auditoría externa… estamos jodidos.
Christian permaneció en silencio unos segundos. Cuando por fin habló, su voz sonó más fría que el acero.
—¿Quién?
—No lo sé con certeza todavía —respondió Joseph, pasándose una mano por el cabello rubio oscuro—. Pero los movimientos son muy específicos. Solo alguien con acceso alto podría haberlo hecho. Alguien que conozca los protocolos de transferencia y los tiempos muertos entre cuentas.
Christian se dio la vuelta lentamente. Sus ojos brillaban con una mezcla de ira contenida y cálculo.
—Robert y Liam —afirmó, no preguntó.
Joseph suspiró.
—Es mi sospecha también. Tío Robert nunca ha aceptado que padre te dejara todo a ti. Y Liam… ese idiota siempre ha creído que el puesto le corresponde por derecho de sangre. Llevan años esperando que cometas un error.
Christian se acercó al escritorio y apoyó las manos sobre la superficie pulida.
—Entonces los encontraremos. Y cuando lo hagamos, no habrá piedad.
—Christian… —Joseph dudó un momento—. Si hacemos esto mal, podría explotarnos en la cara. Una auditoría ahora mismo nos hundiría. Necesitamos ser discretos.
Christian soltó una risa corta y amarga.
—¿Discretos? Ellos no están siendo discretos, Joseph. Están robando descaradamente de la empresa que mi padre construyó. De la empresa que yo he llevado al lugar más alto de Europa.
Se enderezó y miró a su hermano directamente a los ojos.
—Quiero nombres. Quiero pruebas. Y las quiero antes de que termine esta semana. Usa todos los recursos que necesites. Contrata a quien haga falta fuera de la empresa. Pero que nadie sepa lo que estamos buscando.
Joseph asintió, aunque su expresión seguía preocupada.
—¿Y si es más grande de lo que pensamos? ¿Y si no son solo ellos dos?
—Entonces quemaremos a quien sea necesario —respondió Christian con frialdad—. Nadie roba a los Potter y sale impune.
Joseph se quedó mirando a su hermano mayor unos segundos. A veces se preguntaba si el joven que había heredado la empresa a los veinte años seguía existiendo bajo esa capa de hielo.
—Hermano… —dijo con voz más suave—. No todo tiene que ser guerra. Todavía puedes…
—No —lo interrumpió Christian—. La última vez que fui blando, padre murió y casi perdemos todo. No volveré a cometer ese error.
Se giró nuevamente hacia el ventanal, observando la ciudad a sus pies como si fuera un reino que debía proteger a toda costa.
—Encuentra al responsable, Joseph. Y cuando lo hagas… avísame. Yo mismo me encargaré de recordarle por qué nadie desafía a Christian Potter.
Joseph suspiró, sabiendo que no lograría hacerlo cambiar de opinión.
—Está bien. Me pongo en ello hoy mismo.
Cuando su hermano salió de la oficina, Christian se quedó solo. Sus dedos se cerraron con fuerza sobre el borde del escritorio hasta que los nudillos se pusieron blancos.
—Que empiece el juego —murmuró para sí mismo—. Veremos quién hereda realmente el poder.