Una historia de amor y realeza 👑
NovelToon tiene autorización de Sheyla.FF para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 12: Un despertar inesperado
El traqueteo suave del carruaje y el murmullo constante de las ruedas contra el camino terminaron por adormecer a Polet. Sin darse cuenta en qué momento exacto, su cabeza se inclinó ligeramente hacia un lado y sus manos, que antes estaban tensas sobre su regazo, se relajaron por completo. Su respiración se volvió más lenta y profunda, señal de que finalmente había cedido al cansancio.
Elliot lo notó casi de inmediato.
No dijo nada, pero su atención se desvió hacia ella con una naturalidad que no intentó ocultar. La observó en silencio, como si descubriera algo nuevo en cada pequeño gesto. Era curioso… incluso dormida, Polet no perdía esa expresión tan particular. En algunos momentos fruncía apenas el ceño, y en otros arrugaba ligeramente la nariz, como si reaccionara a algo dentro de su sueño.
Eso le causó cierta gracia.
No era una risa evidente, pero sí una ligera curvatura en sus labios, casi imperceptible. Nunca había visto a alguien dormir así, con gestos tan… sinceros. Sin máscaras, sin cuidado, sin pretensiones.
Era ella, completamente ella.
Y entonces—
—¡Ah!
El grito rompió el silencio de golpe.
Polet despertó de repente, incorporándose un poco con la respiración agitada, como si hubiera salido de un lugar demasiado real. Sus ojos se abrieron con sorpresa y desorientación, tardando unos segundos en reconocer dónde estaba.
Elliot se tensó por reflejo, preparado ante cualquier peligro, pero al ver que solo era ella, su expresión cambió rápidamente a sorpresa.
—¿Qué pasó? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia ella—. ¿Una pesadilla?
Polet lo miró, aún aturdida. Sus mejillas comenzaron a tomar un tono rosado al darse cuenta de lo que acababa de hacer.
—Perdón…
Evitó su mirada por un momento, acomodándose el cabello de forma torpe.
—¿Qué fue? —insistió Elliot, ahora con un tono más suave, pero claramente curioso.
—Este… algo así…
Polet movió las manos en un gesto nervioso, como intentando restarle importancia, pero Elliot no apartó la mirada. La observaba con atención, esperando una respuesta más clara.
Ese silencio la puso aún más nerviosa.
Bajó la mirada.
—Es que… —dudó un segundo, sintiendo la vergüenza subirle hasta el rostro— soñé que un jabalí me seguía… fue aterrador.
Hubo un pequeño silencio.
Elliot la miró, sorprendido.
Y entonces, sin poder evitarlo, dejó escapar una leve risa.
No fue una carcajada, pero sí una risa genuina, ligera, completamente fuera de lo habitual en él. La imagen que describía Polet, sumada a la expresión que aún tenía —una mezcla perfecta entre terror y vergüenza—, resultaba demasiado inesperada.
Polet lo miró de inmediato, aún más sonrojada.
—No es gracioso…
—Un poco —respondió Elliot, todavía con ese rastro de sonrisa—. No esperaba algo así.
—Pues para mí sí lo fue —murmuró ella, cruzándose ligeramente de brazos—, se veía muy real.
Elliot negó suavemente con la cabeza, pero su expresión no volvió del todo a la seriedad de antes.
—¿La alcanzaba?
Polet lo miró, confundida por la pregunta.
—¿Qué?
—El jabalí.
Ella dudó un segundo.
—No… pero estaba muy cerca.
Elliot asintió con cierta lógica, como si analizara la situación.
—Entonces no era tan grave.
Polet lo miró con incredulidad.
—¿Cómo que no era tan grave?
—No la alcanzó.
—¡Pero casi!
Elliot la observó unos segundos más, y por alguna razón, eso solo aumentó su propia diversión.
Polet, al notar su reacción, desvió la mirada con evidente vergüenza.
—Ya no le voy a contar nada…
—No tiene que hacerlo —respondió él con calma—, pero debería saber que eso fue bastante… peculiar.
Polet suspiró, aún apenada, pero poco a poco su expresión se relajó. El momento incómodo comenzó a desvanecerse, dejando en su lugar algo más ligero.
Más cercano.
El carruaje continuó su camino, retomando el ritmo constante de antes. Afuera, el paisaje seguía cambiando, pero dentro, el ambiente ya no era el mismo.
Polet se acomodó nuevamente en su asiento, esta vez más consciente, aunque todavía un poco avergonzada. Sin embargo, algo había cambiado. La reacción de Elliot no había sido fría ni distante.
Había sido… normal.
Y eso la sorprendía más que cualquier otra cosa.
Elliot, por su parte, volvió la mirada hacia la ventana, pero su mente no estaba en el camino. La imagen de Polet, despertando sobresaltada por un jabalí inexistente, seguía presente.
Y, contra toda lógica, le resultaba difícil dejar de pensar en ello.
Porque por un instante…
Todo había sido demasiado sencillo.
Demasiado real.