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Manjiro Sano (Mikey). "Solo Amigos"

Manjiro Sano (Mikey). "Solo Amigos"

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Tokyo Revengers / Romance oscuro
Popularitas:228
Nilai: 5
nombre de autor: alison

Manjiro y tú eran mejores amigos desde pequeños, por eso estuviste con él desde siempre y tienes sentimientos hacia él. Los fundadores también eran tus amigos, pero desde que una chica llamada Luna entró a Toman, te "robó" a tus amigos, también a Manjiro. Manjiro se volvió distante: no te contestaba, te excluía, te ignoraba... esto te afectó un poco. Tu mejor amigo y el chico que te gustaba te cambiaba un poco más cada minuto. Siempre que intentabas hablar de ello, decía que estabas siendo posesiva y que no tenías razón para actuar así... hasta que llegó ese día.

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4

El apartamento vacío parecía burlarse de su frustración. Manjiro caminó en círculos, pasando una mano por su cabello hasta dejarlo despeinado. Su mente trabajaba a toda velocidad, tratando de recordar cualquier detalle que pudiera darle una pista sobre adónde podría haber ido.

—¡Mierda! ¡Su madre! ¡Claro que sí! —exclamó en voz alta, deteniéndose en seco—. Siempre hablaba de lo mucho que quería a su madre. Seguramente está con ella.

Corrió hacia la puerta, casi tropezando con las cajas esparcidas por el suelo. Bajó las escaleras de dos en dos, ignorando las miradas curiosas de los vecinos que asomaban por sus puertas entreabiertas.

Fuera del edificio, montó su moto con movimientos bruscos y aceleró sin mirar si venían coches. Conocía la dirección de la madre de Saori.

El viaje en moto fue una carrera desesperada por las calles de la ciudad. Manjiro conducía con una agresividad peligrosa, zigzagueando entre el tráfico y saltándose semáforos en rojo. Su única obsesión era llegar a la casa de la madre de Saori antes de que fuera demasiado tarde.

Llegó a la calle donde vivía su familia y estacionó la moto de forma brusca frente al edificio residencial. Apenas había apagado el motor cuando ya estaba corriendo hacia la entrada principal.

Subió los tres pisos por las escaleras de dos en dos, su respiración pesada y sus botas resonando contra los escalones de mármol. Llamó al timbre con insistencia, su dedo presionando el botón sin descanso.

—¡Sé que está ahí arriba! ¡Abra la maldita puerta ahora mismo!

Ya no estaba nadie, yo y mi madre ya nos habíamos subido a un taxi para ir al aeropuerto, ya casi llegando también, Pero eso Manjiro jamás lo sabría.

El timbre continuó sonando sin respuesta durante varios minutos interminables. Manjiro golpeó la puerta con los puños, su frustración se convirtió en desesperación pura.

—¡Saori! ¡Sé que estás ahí dentro con tu madre! ¡No me ignores, carajo! —gritó, su voz resonando en el pasillo—. ¡Abre la puta puerta ahora mismo o voy a derribarla yo mismo!

Pasó las manos por su cara sudorosa, su respiración acelerada por la carrera y la adrenalina. El silencio detrás de la madera era la única respuesta que obtenía.

Finalmente, después de unos segundos más de golpes infructuosos, se detuvo y apoyó la frente contra la puerta fría. Su pecho subía y bajaba visiblemente mientras intentaba recuperar el aliento.

—Espero que estés disfrutando de tu pequeño escape —murmuró para sí mismo con amargura—.

La frustración de Manjiro era tan palpable que casi se podía tocar. Se apartó de la puerta, pasando una mano por su cabello desordenado mientras miraba alrededor del pasillo vacío.

—¡Mierda! ¡Mierda, mierda! —masculló entre dientes, caminando de un lado a otro—. ¡No puede ser que ya se haya ido! ¡No es posible que fuera tan rápida!

Sacó su teléfono con movimientos bruscos y marcó el número de la madre de Saori directamente. La llamada sonó varias veces antes de irse al buzón de voz.

—¡Señora Tanaka! ¡Soy Manjiro! ¡Necesito saber dónde está Saori urgentemente! —dejó un mensaje desesperado—. ¡Ella se fue de su apartamento y no contesta su teléfono! ¡Si sabe algo sobre su paradero, por favor, llámeme ahora mismo!

Yo y mi madre ya estabamos en el aeropuerto, subiendo a nuestro respectivo avión, yendonos hacia otro país, a seguir con nuestra vida, mientras Manjiro seguía afuera de la casa de mi madre, en eso una vecina sale y le dice a Manjiro 'joven, las personas que vivían aquí, ya se fueron, salieron hacia el aeropuerto hace unos 20 minutos, ya han de estar dentro del avión'

La noticia de la vecina golpeó a Manjiro como un puñetazo en el estómago. Su rostro pálido se desencajó mientras procesaba las palabras: *ya están dentro del avión*. Era demasiado tarde.

—¡¿Qué?! ¡No! ¡Imposible! —negó con la cabeza, dando un paso hacia atrás como si la información fuera físicamente repelente—. ¡No pueden haberse ido! ¡No pueden haberme hecho esto!

La vecina lo miró con lástima, cruzándose de brazos en el umbral de su puerta.

—Lo siento, joven. Vi cómo cargaban las maletas grandes en un taxi hace veinte minutos más o menos. Dijeron algo sobre un vuelo internacional.

Manjiro se dejó caer contra la pared del pasillo, su cuerpo entero temblando por la conmoción. La realidad lo golpeó con fuerza brutal: ella se había ido de verdad.

——————————Paso del tiempo—————————

Pasaron 10 años, ahora yo tenía 25 años, había regresado a Japón por unos asuntos con respecto a la venta de la casa de su madre, no pensé en ningún momento en Manjiro, solo pensaba en vender esa casa y regresar a francia.

Diez años habían transformado completamente la vida de Saori. Ahora era una mujer de 25 años, con el cabello recogido en un moño elegante y ropa de diseñador que contrastaba con la simpleza de su adolescencia. Había construido una vida exitosa en Francia, trabajando en marketing digital y viajando por Europa como si nunca hubiera conocido la ciudad bulliciosa de Japón.

Regresar a Tokyo era solo un trámite necesario: firmar papeles, mostrar documentos al notario, supervisar la limpieza de la vieja casa familiar. No había planeado quedarse más de una semana, justo el tiempo suficiente para poner todo en orden y volver a su confortable apartamento parisino.

Mientras esperaba en la oficina del notario, revisando correos electrónicos en su tableta, sintió una extraña nostalgia por aquellos días lejanos. Pero rápidamente la apartó; ese capítulo estaba cerrado permanentemente.

La reunión con el notario fue breve y eficiente. Firmó los documentos necesarios, recibió las llaves de la propiedad y salió al aire fresco de la tarde, sintiendo una mezcla de alivio y melancolía. La siguiente tarea era visitar la casa donde creció para asegurarse de que todo estuviera en orden antes de la venta.

Mientras conducía el taxi hacia el barrio familiar, los recuerdos comenzaron a surgir involuntariamente: la panadería de la esquina donde solía comprar dulces, el parque donde jugaba de niña, la escuela secundaria que odiaba pero que ahora veía con cierta ternura. Intentó mantener la mente enfocada en el asunto pendiente - vender la casa lo antes posible y regresar a París -, pero era difícil ignorar la sensación de regreso al pasado.

Al llegar a la calle conocida, pidió al taxista que la esperara.

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Anonymous
Me gusta como va la trama
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