Reencarna en una época antigua, en la cual es invisible para su familia y con un trágico final, pero decidida a cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Archer 2
Asi el conde Archer se levantó. Y se fue a la oficina.. pensando que ella vendría pronto..
Pasaron diez minutos.
Luego veinte.
Luego casi media hora.
El conde estaba en su oficina.
Esperando.
De pie.
Inmóvil.
Pero su paciencia…
No lo estaba.
Sus dedos golpearon suavemente la mesa.
Una vez.
Dos.
—Tarda demasiado…
Finalmente llamó a su asistente.
—¿Dónde está?
El hombre dudó un segundo.
—Mi señor…
—Habla.
—La señorita Eloise… Sigue en el comedor.
Silencio. Pesado.
—¿Haciendo qué?
—Probando postres… y conversando con el mayordomo.
El aire cambió.
De inmediato.
La poca paciencia que tenía…
Se terminó.
Completamente.
Un leve sonido seco escapó de él.
—Tráela.
No fue una sugerencia.
Fue una orden.
Fría.
Cortante.
Inmediata.
—Ahora.
El asistente asintió sin dudar.
Y salió casi corriendo.
En el comedor…
Eloise estaba riendo suavemente.
—¿Y ese también es de frutas?
—Sí, señorita.
—Quiero probarlo.
El ambiente era relajado.
Ligero.
Casi acogedor.
Hasta que..
Los pasos apresurados rompieron la calma.
—Señorita Eloise.
Ella giró.
—¿Sí?
—El conde la espera. Ahora.
El tono lo decía todo.
Eloise parpadeó.
Y entonces..
—Oh…
Miró la mesa.
Luego al mayordomo.
Luego al asistente.
—Creo que… me demoré.
Y aunque su voz era suave…
Sabía perfectamente…
Que lo que la esperaba…
No sería una conversación tranquila.
A pesar del apuro…
Eloise no pudo evitarlo.
Tomó un pequeño pastelito del plato antes de levantarse.
—Para el camino —dijo con naturalidad.
El mayordomo sonrió apenas, cómplice.
—Por supuesto, señorita.
Y así, con toda la calma del mundo.. o al menos aparentándola.. salió del comedor… comiendo.
Cuando la puerta de la oficina se abrió..
El conde Archer alzó la mirada.
Y la escena que encontró…
Terminó de agotar lo poco que quedaba de su paciencia.
Eloise.
Entrando.
Tranquila.
Con un pastel en la mano.
Y… comiendo.
El asistente sintió el cambio en el aire.
De inmediato.
—Retírate —ordenó el conde sin apartar los ojos de ella.
—Sí, mi señor.
La puerta se cerró.
Y quedaron solos.
Eloise, ajena al peligro inmediato, dio un par de pasos dentro de la oficina.
Miró alrededor mientras masticaba.
El lugar era exactamente como él.
Frío.
Sobrio.
Oscuro.
Sin nada innecesario.
[Este lugar es muy serio, parece una cárcel o algo fúnebre]
Terminó otro bocado.
Entonces..
—Lamento haber interrumpido su degustación de postres.
La voz del conde fue baja.
Cortante.
Cargada de un sarcasmo que no intentó ocultar.
Eloise lo miró.
Y respondió sin problema..
—Lo perdono esta vez. Es que estaban deliciosos.. su cocina es mucho mejor que la de la mansión Knapp..
El silencio que siguió fue… peligroso.
Muy peligroso..
El conde inhaló lentamente.
Sus ojos se fijaron en ella con intensidad.
Una mirada que habría hecho retroceder a cualquiera.
Pero no a Eloise.
Porque simplemente…
No lo notó del todo.
O no le dio la importancia que él esperaba.
Se sentó frente a él con naturalidad.
Terminando su pastel.
—¿Para qué me llamó?
Directa.
Simple.
Como si no hubiera nada extraño.
La paciencia del conde…
Se rompió.
—Para que me des detalles de los bandidos.
Su voz fue firme.
Más dura.
—Así podré resolverlo rápido. Y podrás volver a tu casa.
Eloise dejó de moverse un segundo.
Luego lo miró.
Y negó suavemente.
—Le contaré todo.
Sin problema.
Sin evasivas.
—Pero no quiero volver todavía.
Eso sí lo hizo fruncir el ceño.
—Quiero quedarme aquí hasta fortalecer mi cuerpo.
Sus manos se apoyaron sobre la mesa.
—Y aprender a defenderme.
Lo miró con sinceridad.
—Por favor.
El conde no dudó.
—No.
Respuesta inmediata.
—No pasarás hambre en esta mansión.
Su tono era claro.
—Pero no te ayudaré más allá de eso.
Sus ojos se endurecieron.
—No me corresponde.
Eloise lo sostuvo un segundo.
Y entonces…
Comenzó.
—Por favor…
Un paso más cerca.
—Quiero aprender…
Otro.
—Solo un poco…
Su expresión cambió.
Labios levemente temblorosos.
Ojos grandes.
Tristes.
—No quiero morir otra vez…
Se inclinó un poco más.
—Por favor…
El conde no reaccionó.
Pero su ceño se marcó.
—No.
Otra vez.
Pero Eloise no se detuvo.
—Por favor…
Se acercó más.
Demasiado.
—Solo enséñeme lo básico…
Intentó sonar vulnerable.
Triste.
Incluso…
Dejó que su voz se quebrara un poco.
—No tengo a nadie más…
Silencio.
—No.
Pero esta vez…
Su respuesta fue más lenta.
Eloise cambió de estrategia.
Otra expresión.
Otra mirada.
Otra forma.
—Por favor…
Insistió.
Una y otra vez.
Acercándose.
Probando.
Exagerando incluso.
Todo lo que se le ocurría.
Sin técnica.
Sin elegancia.
Pero con una persistencia…
Agotadora.
Pasaron los minutos.
Y el conde Archer…
Se cansó.
Simplemente…
Se cansó.
No porque estuviera convencido.
No porque quisiera.
Sino porque…
[Esta mujer es verdaderamente insoportable]
Exhaló con fuerza.
—Bien.
La palabra cayó como una rendición.
—Haré que alguien te entrene.
Silencio.
—Pero no esperes más de mí.
Fue claro.
Frío.
Definitivo.
Eloise se quedó quieta un segundo.
Procesando.
Y luego..
Su rostro se iluminó.
—¡Gracias!
Sin pensar.. realmente sin medir consecuencias..
Se inclinó hacia él.
Y lo abrazó.
El conde se tensó de inmediato.
Un gruñido bajo escapó de él.
No la apartó bruscamente.
Pero tampoco correspondió.
—Mañana.
Su voz fue seca.
—Empiezas mañana.
Eloise se separó, sonriendo.
—¡Sí!
Se giró.
Y salió de la oficina…
Feliz.
Ligera.
Como si todo hubiera salido perfectamente.
La puerta se cerró.
El silencio volvió.
Y el conde Archer…
Se quedó inmóvil.
Mirando el espacio vacío frente a él.
Confundido.
Molesto.
Y, en cierta forma…
Desconcertado.
—¿Qué… fue eso?
No era una reacción normal.
No era una interacción normal.
Nada de eso…
Lo era.
Se pasó una mano por el rostro.
Exhaló lentamente.
—Problemática… y aun asi no me dijo nada útil..
Pero no en el sentido habitual.
No como un enemigo.
No como una amenaza clara.
Sino como algo…
Difícil de clasificar.
Se dejó caer en la silla.
—Esto será un problema…
Pero en el fondo…
Muy en el fondo…
Sabía algo.
Ya era tarde.
Demasiado tarde.
Porque Eloise Knapp…
Ya había empezado a alterar su rutina.
Su espacio.
Y peor aún…
Su paciencia.
Y eso…
Era algo que casi nadie lograba.
Pero falta un toque de celos para él, qué otro hombre se ponga a coquetear con Eloise /Awkward/