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La Princesa de la Mafia

La Princesa de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Escuela / Mafia / Autosuperación / Venganza de la protagonista / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:0
Nilai: 5
nombre de autor: Queenvyy27

Aurelia era una chica común y corriente, obsesionada con las novelas. Una noche, tras llorar por el trágico destino de su personaje favorito, despierta dentro de la historia y descubre que ahora habita el cuerpo de Aurelia Cassano: la antagonista consentida, hija del jefe de la mafia más temida del país.

El problema es que conoce el final: en la novela original, Aurelia Cassano muere asesinada a los veinticuatro años. Y el causante indirecto de su muerte es nada menos que Arsa Wirayuda, el protagonista masculino: frío, despiadado, irresistible... y el hombre del que la Aurelia original estaba perdidamente enamorada.

Para sobrevivir, Aurelia traza un plan: alejarse de Arsa, evitar los conflictos con la protagonista original y reescribir su destino. Pero la vida dentro de una novela de mafia no es tan sencilla. Entre conspiraciones familiares, enemigos que la quieren muerta, pandillas rivales y secretos oscuros que ni la novela revelaba, Aurelia descubre que cambiar la trama es mucho más difícil de lo que imaginaba.

Y lo peor de todo: Arsa, el hombre al que debería evitar a toda costa, no deja de acercarse. Con sus ojos negros como la noche, su actitud posesiva y esos momentos inesperados de ternura que derrumban todas sus defensas, Aurelia se enfrenta a la pregunta más peligrosa de todas: ¿puede reescribir una historia de amor sin caer en ella?

Entre peleas callejeras, intrigas corporativas, venganzas implacables y un romance que arde lento pero con la fuerza de un incendio, Aurelia demuestra que ser la villana nunca fue su destino. Tal vez siempre fue la heroína que esta historia necesitaba.

NovelToon tiene autorización de Queenvyy27 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8 — Los cinco príncipes cambian de colegio

Aurelia trató de pensar si había olvidado algún detalle.

Llevaba apenas tres días dentro del cuerpo de Aurelia. Todavía intentaba adaptarse a su nueva vida... ¿y ya tenía que cruzarse con Dante?

—Ojalá no tenga que volver a meterme con Dante en esta vida —murmuró con un escalofrío.

Y si de todos modos acababa encontrándoselo, debía guardar las distancias y, sobre todo, no enamorarse de él como la Aurelia original de la novela. Esa fue su determinación.

—¿Qué encontraste sobre la chica? —preguntó Dante a Mateo.

—Se llama Aurelia Cassano. Hija de un empresario riquísimo, Valentín Cassano. Tiene un hermano mayor, Alejandro Cassano. Estudia en la Preparatoria Altamira, último año. Cumplió diecisiete hace tres días —recitó Mateo sin pausa.

—¿Eso es todo? —preguntó Dante, frunciendo el ceño.

—Sí, nada del otro mundo, pero... —Mateo hizo una pausa—. Por los datos que vi, parece que hay algo oculto. Me costó bastante meterme —añadió.

Dante asintió, comprendiendo.

—Esta chica no parece de las comunes. Mira cómo conduce... Buah, qué crack —Samuel chasqueó la lengua, admirado de las imágenes de las cámaras de la calle que Mateo había pirateado.

No solo Samuel: Iván, Mateo y Bruno opinaban lo mismo.

Incluso Dante lo reconoció.

—Además es astuta. Y sabe leer una situación —comentó Iván.

—Cierto. De no ser así, no habría llevado a Dante a una clínica de las afueras —apuntó Bruno, y todo el círculo interno de la Orchi asintió.

Había pasado más de un mes desde que Aurelia entrara en el mundo de la novela. Durante todo ese tiempo se había esforzado por esquivar al trío de las gansas, que no dejaba de molestarla. Recurría a mil excusas y artimañas para mantenerlas a raya.

Como ahora: había elegido almorzar al final del recreo, a propósito, para librarse de aquel fastidioso trío.

Pero parecía que las gansas la seguían a posta, porque ahí estaban, plantadas frente a ella.

—Aure, ¿por qué nos has estado evitando todo el mes? —preguntó Elena, recibiendo como respuesta una mirada glacial.

—¿Hicimos algo malo? —insistió.

¿Que si hicieron algo malo? Tienen una lista larguísima, le habría gustado gritarle a la cara a Elena y compañía, pero se contuvo. No le convenía armar un escándalo justo ahora.

—No hicieron nada. No las estoy evitando. Serán imaginaciones suyas —respondió con pereza.

—¿En serio, Aure? ¿No estás enojada? —preguntó Andrea, con los ojos brillantes. Aurelia soltó un soplido. Aquella chica la desconcertaba. ¿Qué hacer con ella? En la novela era buena con Aurelia, pero al mismo tiempo solo le acarreaba problemas, por esa ingenuidad que la volvía tan fácil de manipular. ¿Debería cambiarle el destino?, se preguntó.

Aurelia clavó la vista en las otras dos, Elena y Desi. Recordó haber leído un episodio en que ambas le tendían una trampa a Aurelia en un club nocturno: le mezclaban somníferos en la bebida y planeaban venderla a unos viejos viciosos. Por suerte, Andrea frustraba el plan sin que Elena ni Desi lo supieran.

—Bueno, Aure, si de verdad estás bien y no hay problema entre nosotras, esta tarde, al salir, vamos al centro comercial —decidió Elena por su cuenta. Aurelia puso los ojos en blanco.

—De acuerdo, ya extrañaba ir de compras —se sumó Desi, entusiasmada. Compras gratis otra vez, y por supuesto pagará Aurelia, pensó.

Está bien, esta vez les seguiré el juego. No saben que tengo un plan para ustedes.

—¿Podemos sentarnos aquí, Aure? Tenemos hambre —dijo Elena, ocupando el sitio frente a Aurelia, seguida de Desi, que se acomodó pegada a su derecha, mientras Andrea se sentaba a la izquierda. Aurelia, al ver al trío instalarse a sus anchas, no hizo más que poner los ojos en blanco.

¡Tris, tris, tris!

Una notificación sonó al unísono en todos los celulares. Automáticamente, los estudiantes de Altamira sacaron sus teléfonos: el aviso venía del grupo de chismes del colegio.

Tras leer el mensaje, un revuelo de cuchicheos recorrió todos los rincones. Aurelia intentó ignorarlo y siguió concentrada en la sopa que tenía delante.

—¡Eh, miren sus celulares, chicas! —gritó Desi, alborotada, después de ver el mensaje. Andrea y Elena revisaron sus teléfonos de inmediato. Aurelia, en cambio, seguía a lo suyo, disfrutando de su sopa.

—¡¿Qué?! ¿En serio? —chilló Elena, no menos exaltada, mientras Andrea se tapaba la boca, incrédula.

—Aure, Aure, mira. —Andrea le acercó su celular.

—¿Qué pasa? Qué escándalo —dijo Aurelia con desgana, sin tomar el teléfono que Andrea le tendía.

—Tú míralo —insistió Andrea, acercándoselo otra vez. Sin más remedio, Aurelia lo aceptó.

¡Fffff!

Aurelia escupió de golpe la bebida que tenía en la boca, justo en dirección a Elena, que estaba frente a ella.

—¡Aurelia! —chilló Elena, empapada y furiosa. No podía creer que la hubiera rociado en plena cara.

Te lo merecías, pensó Aurelia.

—Perdón. —Esbozó una mueca de falsa culpa, mientras Andrea y Desi soltaban una carcajada al ver a Elena chorreando.

Aurelia tomó un pañuelo y se lo ofreció. Elena lo arrebató, furiosa, y se limpió la cara, salpicada de jugo de naranja. Con el ceño fruncido, se marchó al baño.

Recuperada del sobresalto tras la partida de Elena, Aurelia volvió a mirar el celular de Andrea. En el grupo de chismes había un mensaje con una imagen: la lista de los nuevos alumnos trasladados, encabezada por el titular «Los cinco príncipes del Valle se cambian a Altamira».

Aurelia tragó saliva con dificultad al repasar los nombres:

Samuel Aguilar

Bruno Vega

Mateo Ortega

Iván Cortés

Dante Moretti

A diferencia de Aurelia, las estudiantes estaban eufóricas e histéricas, encantadas de que sus «príncipes» fueran a compartir colegio con ellas.

En la cuenta de chismes del colegio se acumulaban los comentarios:

«¡Wow, qué está pasando!»

«Pellízquenme.»

«Ay, amo a mis príncipes.»

«¡Wow, todos mis maridos se cambiaron aquí!»

«Te amo, Dante.»

«Mi Bruno, que nadie me lo quite.»

«Samuel es mío, no se me escapa.»

Aurelia se masajeó las sienes, que empezaban a punzarle. Aquello la mareaba. ¿Por qué tenían que cambiarse de colegio? Por más que hacía memoria, no recordaba ningún dato en la novela sobre que la banda Orchi se trasladara o coincidiera con ella en el mismo colegio.

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