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SOMBRAS QUE NO SEVAN

SOMBRAS QUE NO SEVAN

Status: En proceso
Genre:Escuela / Fantasía LGBT / Traiciones y engaños
Popularitas:287
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Después de perder a sus padres, Izack Vega cree que lo peor ya pasó… hasta que comienza a vivir bajo el mismo techo que su peor pesadilla.

Traicionado por su propia familia, termina en un orfanato donde conocerá a personas rotas como él… que poco a poco se convertirán en su verdadera familia.

Pero el pasado no lo dejará en paz. Secretos, acoso, mentiras y muertes lo rodean…

Y cuando la verdad salga a la luz, Izack tendrá que decidir:
¿seguir huyendo… o enfrentarse a la oscuridad?

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TEMPORADA 2 CAPÍTULO 4: LA TRAMPA SE CIERRA

El eco de la voz fría se apagó lentamente, dejando tras de sí un silencio espeso y aterrador. Izack corrió hacia la puerta y tiró del pomo con todas sus fuerzas, pero no se movió ni un milímetro: estaba bloqueada desde fuera, con cerrojos de acero que resonaron al encajarse.

—¡Estamos encerrados! —gritó Lucas, golpeando la madera con el puño.

La luz de las linternas empezó a parpadear, y de repente se apagaron todas al mismo tiempo. Quedaron sumidos en una oscuridad total, solo rota unos segundos después por unas luces tenues que se encendieron en el techo, iluminando la sala con un tono grisáceo y frío.

—No se separen —ordenó Axel de inmediato, buscando a Izack a tientas hasta encontrar su mano y apretarla con fuerza—. Si nos dividimos, nos ganan.

Caminaron juntos hacia la mesa central, con los sentidos alerta ante cualquier ruido. De pronto, una de las estanterías se movió con un chirrido largo, y una figura apareció en el hueco: no era un desconocido, no era Héctor… era la ex directora Elvira. Iba vestida de negro, con la mirada dura y sin rastro de la falsa amabilidad que usaba antes.

—Debieron quedarse con lo que tenían —dijo ella con voz cortante—. Podrían haber seguido viviendo tranquilos, pero quisieron remover lo que debía permanecer oculto.

—¿Por qué? —preguntó Izack, dando un paso al frente sin soltar la mano de Axel—. ¿Por qué traicionaste a todos los niños que estuvieron a tu cuidado? ¿Por qué ayudaste a matar a mis padres?

Elvira soltó una risa seca:

—Nadie mata a nadie. Solo quitamos lo que estorba. El orfanato, este pueblo, todo… vale mucho más que unas pocas vidas. Y el Consejo cumple lo que promete: riqueza y poder para quienes saben obedecer.

Axel se interpuso entre ella e Izack:

—No sabes nada de poder. Solo eres una pieza más, igual que lo fue Héctor. Y cuando no sirvas más, te desecharán igual que a él.

Ella frunció el ceño y apretó un botón en su muñeca. En ese instante, el suelo empezó a vibrar, y desde las paredes salieron barras de hierro que formaron una jaula alrededor de ellos, separándolos de ella.

—Tienen razón —dijo ella alejándose hacia el pasadizo—. Pero yo sé cuándo callar. Ustedes no. Quédense ahí hasta que decidamos qué hacer con ustedes.

El pasadizo se cerró detrás de ella, y quedaron solos, atrapados. La desesperación empezó a ganar terreno, pero Izack sintió cómo Axel lo atraía hacia sí, abrazándolo con fuerza, protegiéndolo con su propio cuerpo contra los barrotes fríos.

—No voy a permitir que nos pase nada —le susurró al oído, rozando su piel con los labios—. Te lo prometo.

Izack levantó la vista y se encontró con su mirada. En medio de la trampa, con el futuro incierto y el enemigo cerca, no pudo evitar acercarse más, buscando su calor, su seguridad. Sus labios se encontraron con una intensidad que le hizo olvidar por un momento dónde estaban: un beso profundo, ardiente, lleno de todo lo que se atrevían a sentir solo cuando estaban así, juntos. Axel lo apretó más contra sí, recorriendo su espalda con las manos, y respondió al beso con la misma desesperación y ternura, como si quisiera darle todo su aliento para que no tuviera miedo. Cuando se separaron, sus frentes seguían apoyadas, respirando agitadamente.

—Encontramos la salida —dijo Izack con voz firme—. Siempre lo hacemos. Juntos.

Miraron a su alrededor con calma, y fue Tomás quien señaló algo en el suelo, justo debajo de donde estaba la grabadora: una rejilla de ventilación, medio suelta, con una mancha de sangre seca en el borde. Héctor ya había estado ahí. Y tal vez… tal vez él también había buscado la forma de salir.

**FIN DEL CAPÍTULO 14**

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