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La exesposa de pueblo que todos subestimaron

La exesposa de pueblo que todos subestimaron

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Mujer poderosa / Equilibrio De Poder / Juego de roles / Amante arrepentido
Popularitas:547
Nilai: 5
nombre de autor: Monica Swenson

Durante tres años, Sofía Serrano intentó ser la esposa perfecta. Para Diego Ferrer, sin embargo, seguía siendo una muchacha de pueblo, sin un apellido importante ni nada que ofrecer.
Cuando regresa la mujer que él nunca pudo olvidar, Diego le exige el divorcio. Sofía firma y se marcha. Creía que aquel hombre le había salvado la vida, pero ya no piensa entregarle también su futuro.
Lo que Diego desconoce es que su esposa ocultaba mucho más que sus heridas: es una médica legendaria, una piloto extraordinaria y una experta capaz de descubrir los secretos mejor guardados.
Ahora, quienes se burlaban de ella empiezan a buscarla. Y Alejandro Montenegro, el magnate al que nadie se atreve a desafiar, parece decidido a ganarse un lugar a su lado.
Pero Alejandro sabe demasiado. Una mirada, una cicatriz y los recuerdos de un accidente hacen que Sofía cuestione todo lo que creía cierto.
¿Quién la salvó realmente? ¿Y por qué el hombre más poderoso de la ciudad parece conocerla desde mucho antes?
Cuando Diego comprende a quién dejó escapar, Sofía ya ha aprendido a elegir por sí misma.

NovelToon tiene autorización de Monica Swenson para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21. Cuida de ti

La habitación quedó en silencio cuando Rogelio y Bruno se fueron.

Sofía continuó junto a su madre. Le preguntó cómo se encontraba, escuchó las indicaciones de la enfermera y esperó hasta comprobar que Rosario estaba más tranquila.

Solo entonces dejó de mirar la puerta como si todavía fuera a entrar alguien a exigirle algo.

—Descansa, mamá. Vuelvo más tarde.

Le acomodó la manta.

Rosario asintió. Miró a su hija y después a Alejandro, que había esperado sin interrumpirlas. Parecía querer decir algo, pero al final se limitó a pedirles que tuvieran cuidado en el camino.

Habían enviado otro auto desde la casa de los Montenegro. Estaba estacionado cerca de la entrada.

Alejandro abrió la puerta para Sofía y luego se sentó al volante.

Durante el trayecto, ella miró por la ventanilla. Las luces de los comercios se encendían a medida que caía la tarde. Tenía las manos quietas sobre el bolso, pero todavía recordaba la voz de su padre hablando de dinero junto a la cama.

Alejandro no le pidió explicaciones. Tampoco intentó distraerla con una conversación que ella no quería mantener.

Condujo hasta Bahía Serena y estacionó frente a la casa.

Don Ernesto salió a recibirlos con algunos empleados. Al ver el rostro de Sofía, se contuvo y dejó las preguntas para después.

Ella bajó. El aire fresco le ayudó a despejarse un poco.

—Gracias por lo de hoy —le dijo a Alejandro—. Por llevarme al hospital y por…

No encontró cómo terminar.

—Por todo.

—Somos amigos. No tienes que darme las gracias cada vez.

Sofía bajó la vista y apartó una piedrita con la punta del zapato.

—Qué familia tan agradable me tocó presentarle.

Intentó sonreír, pero no le salió.

Alejandro no se rio. Esperó a que ella volviera a mirarlo.

—Mi padre siempre ha preferido a Bruno —continuó Sofía—. A mí me pide que lo ayude. A él le perdona todo. Mi hermano se acostumbró a pedir y no hacer nada. Y mamá acaba trabajando por los dos.

Miró un momento hacia la entrada antes de seguir.

—Para él, una hija acaba perteneciendo a otra familia. Pero sigue esperando que yo sostenga a su hijo. Mamá pasa la vida tratando de que todos estén bien y, cuando hay una pelea, termina pidiéndome que ceda.

Hizo una pausa.

—Después me dice que no discuta con ellos. Como si el problema fuera que yo conteste.

Era la primera vez que le hablaba así de su familia. Ni siquiera sabía por qué había empezado. Tal vez porque él no había intentado decidir por ella en el hospital.

Alejandro la escuchó sin interrumpir.

Decirlo había sido un alivio, aunque también la dejaba agotada. Eran cosas que casi nunca explicaba a nadie; prefería arreglarlas a solas para no exhibir a su familia.

Él no reaccionó con lástima ni con sorpresa. Solo siguió prestándole atención. Aquella distancia respetuosa le permitió terminar sin sentirse obligada a justificar a Rogelio o a Bruno.

—Cada familia tiene sus problemas —dijo al cabo de unos segundos—. Pero no tienes que cargar tú sola con todos.

Sofía levantó los ojos.

—No puedes cambiar lo que ellos han hecho. Sí puedes decidir qué vas a permitir a partir de ahora. Cuida de ti también.

Se quedó pensando en esa última frase.

En el hospital, había prometido cuidar a su madre. Eso no tenía por qué significar volver a resolverle la vida a Bruno.

Aflojó la mano con la que sujetaba el bolso.

—Gracias.

Esta vez no lo dijo por cortesía.

Alejandro asintió.

—Entra. Necesitas descansar.

Sofía lo vio marcharse antes de volver a la casa.

* * *

Después de una ducha y un cambio de ropa, se sentó frente a su computadora.

La pantalla iluminó su rostro. Abrió la red privada y entró con su identidad de hacker: Umbral.

Allí nadie la conocía como la esposa de Diego Ferrer ni como una mujer llegada de un pueblo de la sierra. Sus compañeros esperaban lo que siempre había sabido hacer: encontrar respuestas.

Empezó por Sombra.

El campeón dejaba pocos rastros y casi todos estaban protegidos o alterados. Sofía comparó las fechas de sus apariciones y revisó los indicios que todavía podían llevar a su verdadera identidad.

No esperaba resolverlo con una sola búsqueda. Sombra había cuidado las huellas de cada aparición. Ella volvió sobre los pocos datos disponibles, separando las coincidencias de aquello que todavía podía comprobarse, sin abandonar la búsqueda por lo difícil que fuera.

En otra ventana abrió la información del accidente de hacía tres años.

Necesitaba saber quién había estado allí. También qué había ocurrido antes de que Diego la llevara al hospital.

La fecha apareció en un registro. Después, el nombre de la carretera.

Sofía se acercó a la pantalla.

Ese mismo día y en ese mismo tramo se había producido una colisión en cadena muy grave.

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