Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
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**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Investigación 1
Durante los primeros meses, comenzó a recopilar información sobre la familia Rossi.
Averiguó quiénes eran sus aliados, qué propiedades poseían, qué médicos atendían al duque y con qué frecuencia asistía a los acontecimientos de la nobleza.
También descubrió algo importante.. Enzo era un hombre respetado.
No solo por su título.
Era conocido por su sentido del deber, su responsabilidad con los trabajadores de sus tierras y su dedicación a la administración de sus propiedades.
Catarina no pudo evitar sentir cierta admiración.
[Claro que sí. Tenía que ser un buen hombre. Porque aparentemente el universo no estaba satisfecho con darme una segunda vida.. también necesitaba ponerme a prueba con un duque atractivo, decente y condenado a morir].
La investigación continuó.
Y cuanto más descubría, más se enfadaba.
La verdad sobre el matrimonio de Enzo y Mary comenzó a revelarse durante una conversación aparentemente inocente.
Catarina estaba visitando a una de sus primas cuando una dama mencionó la boda de los Rossi.
—Fue una unión muy triste.. Aunque, naturalmente, era lo que correspondía.
Catarina levantó la vista.
—¿Por qué dice eso?
La dama suspiró.
—El contrato matrimonial había sido acordado cuando ambos eran niños. Las familias Rossi y la familia de lady Mary llevaban muchos años esperando aquella unión. Cuando el duque Enzo intentó terminar el compromiso, la familia de la joven se opuso rotundamente.
—¿Y por qué no quería casarse con ella?
—No lo sé con certeza. Se dice que consideraba que el matrimonio no era conveniente para ninguno de los dos. Pero la situación cambió cuando lady Mary enfermó.
Catarina dejó de mover la cucharilla.
—¿Enfermó?
—Sí. Su estado parecía tan delicado que su familia aseguró que su último deseo era convertirse en duquesa Rossi. Imagínese la presión que debió sentir el pobre duque Enzo.
La dama negó con la cabeza.
—Finalmente, accedió a casarse con ella por honor. No quería que la joven muriera sin haber cumplido su último deseo.
Catarina sintió que la sangre le hervía.
[¡NO ME LO PUEDO CREER!].
Mantuvo la expresión serena.
—Qué situación tan... complicada.
—Muchísimo. Por supuesto, todos esperamos que lady Mary se recupere pronto. Sería terrible que el duque perdiera a su esposa después de tantos sacrificios.
Catarina apretó la cucharilla entre los dedos.
[¡RECUPERARSE DE QUÉ!].
Porque ella conocía la verdad.
Había visto a Mary frente al espejo.
Había visto cómo escondía el frasco.
Había visto la sonrisa que aparecía en su rostro cuando nadie la observaba.
Mary no estaba enferma.
Nunca lo había estado.
Había fingido una enfermedad para presionar al duque Enzo, para conseguir que cumpliera el contrato matrimonial y para asegurarse de que nadie pudiera reprocharle haber forzado aquella unión.
Y lo peor era que había funcionado.
Enzo se había casado con ella.
La había convertido en duquesa.
Le había entregado su confianza.
Y ahora tenía la oportunidad perfecta para matarlo.
Catarina dejó la cucharilla sobre el platillo con una delicadeza extraordinaria.
—Espero que el duque se encuentre bien..
—Oh, estoy segura de que sí. Al menos, por ahora.
Por ahora.
Aquellas dos palabras se quedaron flotando en la mente de Catarina durante el resto de la tarde.
Cuando regresó a su habitación, cerró la puerta y caminó directamente hasta el espejo.
—Maldita Mary Rossi.
Pronunció cada palabra con una calma aterradora.
—Maldita seas.
Se cruzó de brazos.
—¡Si querías ser rica, podías haber buscado una forma legal de conseguirlo!
Comenzó a caminar de un lado a otro.
—¡Podías pedir una separación! ¡Podías negociar con tu familia! ¡Podías incluso haberte casado con otro hombre que estuviera encantado de tenerte como esposa!
Se detuvo.
—¡Pero no! ¡Tenías que fingir una enfermedad, obligar a un hombre a casarse contigo y después envenenarlo!
Catarina se llevó una mano a la frente.
[¿Qué clase de persona hace algo así?].
La respuesta, por desgracia, era bastante sencilla.
Una persona que valoraba el título de duquesa más que la vida de un ser humano.
Mary no quería solamente dinero.
Quería el reconocimiento social, la autoridad y el prestigio que acompañaban a su posición.
Quería que la llamaran duquesa.
Quería ocupar el lugar de la esposa legítima del hombre más importante de la familia Rossi.
Y estaba dispuesta a matar para conservarlo.
Catarina sintió un escalofrío.
La situación era mucho más grave de lo que había imaginado.
No bastaría con acercarse al duque.
No bastaría con advertirle que tuviera cuidado.
Tampoco podía acusar a Mary sin pruebas. La mujer era una noble, tenía una familia que la respaldaba y había conseguido que todos creyeran en su enfermedad.
Si Catarina cometía un error, podría destruir su propia reputación y alertar a Mary antes de encontrar una forma de proteger a Enzo.
Necesitaba pruebas.
Necesitaba conocer los movimientos de la duquesa, identificar los medicamentos que utilizaba y averiguar si alguien más sospechaba lo que estaba ocurriendo.
Y, sobre todo, necesitaba acercarse a Enzo sin que pareciera que estaba intentando seducir a un hombre recién casado.
Catarina se quedó pensativa.
Después se llevó una mano a la barbilla.
—Muy bien.
Su reflejo le devolvió una mirada decidida.
—Si no puedo acercarme al duque como una mujer interesada en él, tendré que hacerlo de otra manera.
Sonrió lentamente.
[Una visita familiar... No. Una reunión benéfica... Quizá. Un acontecimiento social donde su presencia sea necesaria... ¡Eso podría funcionar!].
Sus ojos brillaron.
[¡Necesito un plan!].
Tomó una hoja de papel y un lápiz.
Se sentó frente al escritorio.
Y comenzó a escribir.
Operación.. salvar al duque Rossi.
Catarina contempló la lista.
Parecía razonable.
Era un buen comienzo.
Entonces, como si acabara de recordar algo fundamental, añadió un séptimo punto.
-No enamorarse del duque.
Lo observó durante unos segundos.
Luego escribió debajo, con letras más pequeñas..
Este punto es negociable si el duque resulta ser extraordinariamente atractivo.
Catarina soltó una carcajada.
—¡MUHAHAHAHA!
Su risa malvada resonó una vez más en la habitación.
Afuera, una criada que pasaba por el corredor se detuvo y miró la puerta con preocupación.
—Pobre señorita. Parece que todavía no se ha recuperado del todo.
Dentro de la habitación, Catarina Parisi continuaba riendo mientras trazaba planes para alterar el destino de un duque.
No sabía cuánto tiempo le quedaba a Enzo.
No sabía si conseguiría descubrir la verdad a tiempo.
Y tampoco sabía que, al intervenir en aquella historia, estaba a punto de convertirse en la mayor complicación que Mary Rossi jamás había tenido.
Porque la duquesa creía haber ganado.
Tenía el título, la residencia, el apellido y un esposo que todavía confiaba en ella.
Pero había cometido un error.
Un error terrible.
Había dejado viva a la única mujer de Vagur que conocía su secreto.
Y esa mujer acababa de decidir que su nueva afición favorita sería arruinarle la vida.
Solo Catarina al natural