Jade desafía el poder de Derek y se niega a ceder ante su arrogancia, mientras una atracción peligrosa amenaza sus límites.
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CAPÍTULO 2
Jade entró a Essence como si estuviera huyendo de una guerra.
Abrió la puerta de la agencia con más fuerza de la necesaria y dejó caer su bolso sobre el escritorio de recepción.
Varias personas levantaron la mirada.
Nadie se atrevió a preguntar nada.
Todos conocían aquella expresión.
Cuando Jade Castillo estaba furiosa, era mejor dejarla respirar.
Ivette salió de su oficina al escuchar el ruido.
—¿Qué te sucede?
Jade siguió caminando sin detenerse.
—Es un idiota.
Ivette la siguió.
—Respira. Cálmate, porque no te entiendo nada.
Jade entró a su oficina y se dejó caer en la silla.
—El director de Moncada Marine.
Ivette cerró la puerta.
—¿Qué pasó?
—Me hizo perder el tiempo.
—¿No le gustó nuestra propuesta?
Jade soltó una risa incrédula.
—Ni siquiera se tomó el tiempo de verla como debía.
Ivette se sentó frente a ella.
—Cuéntame.
Jade respiró profundamente y comenzó a explicarle lo ocurrido desde que había entrado al despacho de Derek.
Le contó cómo había evaluado la agencia por su tamaño, cómo había insinuado que otras empresas matarían por conseguir aquel contrato y, finalmente, cómo ella había decidido marcharse.
Ivette la escuchó hasta el final.
—¿Y tú qué le dijiste?
Jade la miró.
—Que no necesitaba su contrato.
Ivette abrió los ojos.
—Jade...
—No iba a quedarme allí mientras ese hombre trataba mi trabajo como si fuera una limosna.
—Lo entiendo.
Ivette bajó la mirada durante unos segundos.
—Pero tenemos un problema.
Jade dejó de sonreír.
—¿Cuál?
—Nuestro cliente más importante se fue con otra agencia.
El silencio cayó entre ambas.
Jade sabía perfectamente a qué se refería.
Ese cliente representaba una parte considerable de los ingresos de Essence.
—Lo sé.
—Si no conseguimos otro contrato importante pronto, vamos a tener problemas para mantener la agencia.
Jade apretó los labios.
—Ya lo sé.
—¿Qué vamos a hacer?
Jade se levantó y comenzó a caminar por la oficina.
—No lo sé todavía.
Ivette la observó.
—Necesitamos ese contrato.
Jade se detuvo.
—Lo sé.
—O tendremos que cerrar la agencia.
Aquellas palabras golpearon con fuerza.
Jade giró lentamente hacia ella.
—No vamos a cerrar.
—Entonces necesitamos dinero.
Jade guardó silencio.
Ivette la miró directamente.
—¿Por qué no usas el dinero?
Jade negó inmediatamente con la cabeza.
—No.
—Jade...
—No. No empecemos con eso.
—Ese dinero está ahí.
—Y no es mío.
Ivette suspiró.
—Tu benefactor lo puso allí para ti.
—No sabemos quién es.
—Pero alguien se aseguró de que nunca te faltara nada.
—Eso no significa que pueda tocar ese dinero.
Ivette se levantó.
—Podría salvar Essence.
Jade apartó la mirada.
—No.
—¿Y si no aparece otro cliente?
—Encontraremos uno.
—¿Y si no?
Jade volvió a mirarla.
—No tocare ese dinero, cuando sepa quién es, se lo devolveré.
Ivette negó con la cabeza.
—Tal vez nunca descubras quién fue.
—Entonces seguiré sin tocarlo.
—Eres demasiado orgullosa.
—No es orgullo.
Jade tomó aire.
—Es lo único que tengo que me pertenece de verdad.
Ivette guardó silencio.
Jade regresó a su escritorio y tomó una de las carpetas que tenía sobre la mesa.
—Ya veremos qué hacemos.
—¿Y Moncada Marine?
Jade frunció el ceño al escuchar el nombre.
—Ese contrato está perdido.
Ivette la observó durante unos segundos.
—¿Estás segura?
Jade abrió la carpeta.
—Completamente.
Sin embargo, ninguna de las dos podía imaginar que, en ese mismo momento, Derek Moncada acababa de cancelar las reuniones con todas las demás agencias.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Lejos de allí...
La oficina permanecía en silencio.
Frente al enorme ventanal, un hombre observaba la ciudad mientras sostenía una copa de agua entre los dedos. No había apartado la mirada de las calles desde que había recibido el último informe.
Su abogado permanecía sentado frente al escritorio, revisando algunos documentos.
—¿Sigue sin tocar el dinero?
—Ni un solo centavo, desde que salió del internado.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro del hombre.
—La señorita Castillo ha construido prácticamente todo por su cuenta.
—Ya lo sé.
—Entonces ¿por qué continúa manteniendo ese dinero disponible?
El hombre dejó la copa sobre una mesa.
—Porque quiero que siempre esté disponible.
—Aunque ella nunca lo utilice.
—Aunque nunca lo utilice.
El abogado guardó silencio.
Había trabajado con aquel hombre durante muchos años y todavía había cosas que no conseguía comprender.
—Podría acercarse a ella —dijo finalmente—. Podría decirle quién es.
El hombre negó lentamente con la cabeza.
—No.
—¿Por qué?
No respondió inmediatamente.
Sus ojos se dirigieron hacia una fotografía que descansaba sobre una mesa cercana.
Una fotografía tomada desde lejos.
Jade.
No sabía que alguien la observaba.
No sabía que alguien había estado pendiente de sus pasos durante años.
No sabía quién había pagado su educación.
No sabía quién había mantenido aquel fondo a su nombre.
Y, sobre todo, no sabía que alguien había estado detrás de cada una de esas oportunidades sin reclamar jamás reconocimiento.
—No puedo tenerla cerca —dijo finalmente.
—Pero usted forma parte de esa vida, aunque ella no lo sepa.
—No.
Su voz fue firme.
—Yo no formo parte de su vida.
El abogado lo miró.
—Entonces ¿qué quiere?
El hombre contempló nuevamente la fotografía.
—Quiero que lo tenga todo.
Hizo una breve pausa.
—Pero sin tenerme a mí.
Aquella había sido su decisión desde el principio.
Estar lo suficientemente cerca para protegerla.
Lo suficientemente lejos para que ella jamás descubriera su existencia.
Había observado cómo crecía.
Cómo estudiaba.
Cómo comenzaba a construir su propio camino.
Y ahora, a sus veinticinco años, Jade había conseguido algo que él jamás había esperado.
Ya no necesitaba nada de aquel dinero.
Había levantado su propia empresa.
Había construido su propio nombre.
Había demostrado que podía hacerlo sin ayuda.
El abogado tomó nuevamente los documentos.
—¿Quiere que continúe vigilando a la chica?
—Sí.
—¿Y si algún día descubre quién es usted?
El hombre tardó unos segundos en responder.
—Ese día decidiré qué hacer.
Volvió a mirar la fotografía.
Una vez más, había elegido permanecer lejos.
Como siempre.
Porque podía darle dinero.
Podía pagar su educación.
Podía abrirle puertas.
Podía asegurarse de que jamás le faltara nada.
Pero había algo que no se permitía darle.
Su presencia.
Y, mientras Jade luchaba por mantener a flote Essence, una fortuna esperaba por ella, el hombre que había financiado silenciosamente gran parte de su vida continuaba observándola desde la distancia.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Ivette Reyes
oria parece muy interesante espero con ansia los próximos capitulos