Ella es la hija de un General, es capaz, es inteligente, Pero todos ven que ser mujer es su única debilidad.
Pero ella demostrará lo contrario.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Emma Viceroy 2
—No puedes estar hablando en serio.
Emma tenía diecisiete años cuando pronunció aquellas palabras por primera vez frente a su padre.
Lord Viceroy estaba sentado detrás de su escritorio, revisando una serie de documentos militares. Ni siquiera levantó la mirada.
—¿Sobre qué asunto?
—Sobre mi inscripción en la academia militar.
Su padre dejó la pluma sobre el escritorio.
—Emma, ya hemos hablado de esto.
—Y todavía no he recibido una explicación razonable.
—La academia no está preparada para mujeres en puestos importantes.
—Entonces tendrá que prepararse.
Lord Viceroy cerró los ojos durante un instante.
Conocía aquella expresión de su hija. Era la misma que ponía cuando descubría un error en una formación táctica, cuando un instructor intentaba darle una orden absurda o cuando Eric le aseguraba que una estrategia era demasiado complicada para que ella la comprendiera.
Era una expresión peligrosa.
—La vida militar es dura.. No se trata únicamente de aprender a manejar una espada. Tendrás que soportar marchas de varios días, entrenamientos bajo la lluvia, heridas, privaciones y hombres que no siempre estarán dispuestos a obedecerte.
—Lo sé.
—No, Emma. No lo sabes. Has entrenado en nuestra propiedad, bajo la supervisión de hombres que conocen tu apellido y tienen órdenes de tu padre. El ejército es diferente.
—Entonces permíteme descubrir cuánto.
Su padre la observó en silencio.
—Eres una mujer noble. Podrías casarte bien, administrar una casa, participar en las obras de caridad de la familia y llevar una vida cómoda.
Emma parpadeó.
Una vez.
Dos veces.
[¿Me está ofreciendo una vida cómoda como si fuera una recompensa? ¿Acaso alguien le ha explicado que una vida cómoda no es necesariamente una vida feliz?]
—Padre, con todo el respeto que te tengo, si vuelves a mencionar las obras de caridad como alternativa a mi carrera militar, empezaré a sospechar que deseas castigarme por algo que todavía no he hecho.
Lord Viceroy levantó la cabeza.
—¡Emma!
—¿Qué? Es una posibilidad perfectamente razonable.
El general se llevó una mano al rostro.
En algún momento de su vida había conseguido negociar con oficiales arrogantes, nobles temperamentales y reyes que creían que las guerras podían ganarse únicamente mediante discursos inspiradores.
Sin embargo, discutir con su hija resultaba considerablemente más difícil.
—No quiero verte sufrir.
Por primera vez, Emma suavizó su expresión.
—Lo sé.
Y lo sabía de verdad.
Su padre no era un hombre cruel. La amaba y deseaba protegerla. Pero, precisamente por eso, no conseguía comprender que protegerla de las dificultades también significaba privarla de la oportunidad de demostrar de qué era capaz.
—Pero sufriré de todos modos si paso el resto de mi vida preguntándome qué habría ocurrido si me hubieras permitido intentarlo..
Lord Viceroy no respondió inmediatamente.
Finalmente, suspiró.
—Hablaré con el comandante de la academia.
Emma sonrió.
—Gracias, padre.
—No he dicho que vayas a ser admitida.
—Por supuesto que no.
—Y no pienso intervenir para conseguirte privilegios.
—Jamás te lo pediría.
—Emma.
—¿Sí?
—Deja de sonreír de esa manera. Me estás preocupando.
La joven salió del despacho con una expresión radiante.
Lord Viceroy volvió a tomar su pluma.
[Que los dioses tengan piedad del comandante.]