💕 Descripción
Esta historia comienza con dos jóvenes que jamás imaginaron que llegarían a cambiar sus vidas. Ella es una chica de buen corazón, alegre y soñadora, pero sus compañeros constantemente se burlan de ella por su cuerpo y la hacen sentir insegura. Cada comentario termina afectando su autoestima, hasta que aparece él, un joven que comienza a enamorarse sinceramente de ella. Para él, su apariencia no define su valor. Siempre busca recordarle lo bonita, especial y valiosa que es, animándola a creer más en sí misma. Poco a poco, ella descubrirá que merece ser querida, respetada y feliz, mientras ambos construyen una hermosa historia de amor.
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Capítulo 7: La primera conversación
Damián
Iba caminando por el pasillo del instituto rumbo a mi casillero. Todavía me estaba acostumbrando a estudiar en Barranquilla. En Manizales yo estaba acostumbrado al clima fresco, a las montañas y a ese frío que uno extraña cuando se va lejos.
Aquí era otra historia.
—Ave María, pues, qué calor tan berraco —murmuré mientras caminaba.
Llegué a mi casillero, saqué la llave y comencé a buscar uno de mis cuadernos.
Fue entonces cuando la vi.
Valentina.
La había visto varias veces desde que llegué, pero nunca había tenido una conversación con ella.
Esta vez estaba justo a unos metros de mí.
Me quedé mirándola por un instante.
Era una muchacha bonita y tenía una presencia que llamaba la atención. Pero, sobre todo, fueron sus ojos los que me dejaron pensando. Tenía una mirada muy expresiva, como si detrás de ella hubiera un montón de cosas que todavía no conocía.
—Ufff... —murmuré para mí.
Sacudí la cabeza.
—Bueno, Damián, ¿y usted qué está esperando?
Cerré el casillero y me acerqué.
Ella estaba acomodando unos cuadernos.
Respiré profundo.
—Hola, bonita. Soy Damián.
Valentina levantó la mirada y pareció sorprenderse.
—Hola. Soy Valentina.
Sonreí.
—Mucho gusto.
—Mucho gusto.
Por unos segundos ninguno dijo nada.
Yo no sabía por qué estaba tan nervioso. Había hablado con muchísimas personas antes, pero acercarme a ella se sentía diferente.
—¿Qué edad tienes? —pregunté.
Ella respondió tranquilamente:
—Dieciocho. ¿Y usted?
Sonreí al escuchar el "usted".
—Pues tengo veinte.
—Ah, bueno.
Ella volvió a acomodar sus cosas.
Yo quería seguir conversando, pero no sabía cómo.
Entonces decidí preguntarle directamente.
—¿Te puedo pedir algo?
Valentina me miró.
—¿Qué?
—¿Me regalas tu número?
Ella abrió un poquito los ojos.
—¿Mi número?
—Sí. Si no te molesta, claro.
Valentina se quedó pensando unos segundos.
—Bueno.
Saqué mi celular.
—Gracias.
Ella comenzó a dictarme los números y los fui guardando.
—Listo —dije.
—¿Ya?
—Sí, pues. No me iba a poner a hacer un formulario.
Valentina soltó una risita.
Yo también me reí.
—Es que uno nunca sabe —le dije—. De pronto después se arrepiente y me toca volver a pedirlo.
—Ay, no sea bobo.
Me sorprendió verla reír.
Parecía mucho más relajada que cuando estaba rodeada de otros compañeros.
—Bueno, Valentina, nos vemos después.
—Chao, Damián.
—Chao, bonita.
Me alejé por el pasillo, pero después de unos pasos miré hacia atrás.
Ella todavía estaba junto a su casillero.
No sé por qué sonreí.
Quizás porque aquel pequeño encuentro había sido mucho mejor de lo que esperaba.
Llegué al salón y me senté.
Saqué el celular y miré nuevamente el contacto que acababa de guardar.
Valentina Villanueva.
Me quedé pensando en ella.
Yo todavía tenía novia.
Adriana.
Y eso era algo que no podía ignorar.
Pero también sabía que mi relación con Adriana llevaba tiempo haciéndome cuestionar muchas cosas, especialmente la forma en que trataba a los demás.
No me gustaba verla burlándose de Valentina.
Mucho menos después de haber hablado con ella.
Porque Valentina no era el apodo que otros habían decidido ponerle.
Era una muchacha de dieciocho años con sus propios sueños, inseguridades, alegrías y problemas.
Y yo quería conocerla.
Pero antes de pensar en cualquier relación, sabía que tendría que ordenar mi propia vida.
No quería jugar con los sentimientos de nadie.