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CAPITANES: Fuera De Juego

CAPITANES: Fuera De Juego

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Completas
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: GMRZ

Mateo Rivera es el capitán del equipo de fútbol: impulsivo, extrovertido y el centro de atención donde sea que va.

Izan Vogel es el capitán del equipo de natación: metódico, reservado y obsesionado con el control perfecto de su vida.

Para ellos, el instituto siempre ha sido un terreno de juego dividido en dos mundos que nunca deberían cruzarse. Pero cuando un recorte de presupuesto los obliga a compartir instalaciones y organizar juntos la Gala del colegio, la rivalidad entre ambos explota.

Lo que empieza como una tregua forzada a regañadientes se convierte rápidamente en una tensión difícil de ignorar. Entre vestidores vacíos, competencias decisivas y miradas que dicen más de lo que admiten, descubrirán que la distancia más peligrosa no está en el marcador, sino entre los dos.

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CAP 7: La resaca de las sombras

Perspectiva de Izan

El lunes por la mañana, el instituto parecía un lugar completamente distinto, envuelto en una especie de calma cansada tras el frenesí del fin de semana. Los pasillos principales aún conservaban restos de la noche anterior: serpentinas doradas colgando de las lámparas superiores, la huella del serpentín en el suelo de madera y el eco constante de los estudiantes comentando lo increíble que había sido la Gala Anual. El rumor general era de alivio absoluto; la junta escolar había confirmado temprano que ambos equipos conservaban el cien por ciento de sus presupuestos para las competencias regionales. Sin embargo, mientras todos celebraban el éxito colectivo, mi mente estaba atrapada a kilómetros de distancia, estancada en la penumbra del escenario secundario, en el olor a madera barnizada y en el recuerdo imborrable del calor de la mano de Mateo sobre mi mejilla.

No pude concentrarme en ninguna de las primeras tres clases. Cada vez que el profesor de cálculo trazaba una ecuación en la pizarra, mis ojos se desviaban de forma casi involuntaria hacia la ventana del aula o hacia la puerta entreabierta del pasillo, esperando ver pasar esa silueta desordenada y ruidosa que solía descolocar mi rutina. Habíamos pasado meses enteros definiéndonos a través de una rivalidad cómoda, utilizando los gritos, los portazos en los casilleros y el sarcasmo como un escudo protector para no mirar más allá. Pero ahora que ese escudo se había roto en mil pedazos tras aquel beso en las sombras, me sentía completamente desarmado. No tenía la menor idea de cómo actuar, qué decir o qué expresión poner cuando volviera a tenerlo enfrente.

A la hora del almuerzo, buscando desesperadamente un poco de espacio para pensar, me fui directo al complejo acuático. El olor penetrante a cloro y el vapor que subía de la piscina normalmente me devolvían el equilibrio, pero esa tarde todo se sentía insípido y ajeno. Me senté en el borde del vaso de agua, me quité los zapatos y dejé que mis pies se sumergieran en el agua fría, observando cómo las pequeñas ondas se expandían hacia el centro de la piscina.

—Sabía que te encontraría en tu hábitat natural —dijo una voz a mis espaldas, rompiendo el eco del recinto.

El corazón me dio un vuelco violento contra las costillas. Me giré despacio y vi a Mateo apoyado contra el marco de la puerta de madera de los vestidores. No llevaba el uniforme de entrenamiento; vestía una sudadera gris holgada y unos jeans oscuros. Tenía las manos metidas en los bolsillos frontales y una expresión extraña en el rostro, una mezcla de cautela y vulnerabilidad que rara vez se permitía mostrar en público. La arrogancia habitual había desaparecido por completo.

—Rivera —murmuré, sintiendo que la boca se me quedaba completamente seca en un segundo.

Mateo caminó a paso lento sobre la baldosa blanca, produciendo un sonido sordo con sus zapatillas hasta detenerse a la orilla. Se dejó caer a mi lado con la misma agilidad de siempre, imitando mi postura con las piernas colgando hacia el agua, pero manteniendo un margen de un par de cuartas de distancia entre los dos. El silencio que siguió se sintió eterno, denso y cargado de todas las preguntas que ninguno de los dos se atrevía a formular en voz alta.

—Así que... ¿vamos a hacer como si lo del sábado por la noche fuera producto de la imaginación o finalmente vamos a hablar de eso? —preguntó directamente, girando el rostro para mirarme de frente.

Sus ojos oscuros no mostraban un solo rastro de arrepentimiento, solo una curiosidad sincera que me dejó sin aire por un segundo.

—No tengo la menor idea de qué decir, Mateo —admití, bajando la mirada hacia el agua donde mis pies seguían trazando círculos lentos—. Pasamos de no podernos ver ni en pintura a romper todas las reglas en cuestión de tres semanas. Odio no tener el control de lo que me pasa.

Mateo dejó escapar una risa suave y baja, un sonido cálido que pareció aflojar la rigidez de mis hombros de inmediato. Estiró la mano y, con una lentitud calculada para no asustarme, rozó los nudillos contra mi antebrazo descubierto.

—Yo tampoco tengo el control de esto, Vogel —confesó en un susurro cargado de honestidad—. Pero, por primera vez en toda mi vida, no me importa en absoluto.

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Brisa Romero
/Doge/
Dalia Lara
quiero ver celos 😂😂
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