Ella es la mayor de seis hermanos y siempre ha tenido una vida difícil.. Pero tiene la posibilidad de volver a vivir en un nuevo mundo y poder ser feliz ayudando a otros.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Luke Harrington 2
Rose había decidido dar un pequeño paseo por los jardines antes de regresar a sus habitaciones. Sin embargo, cuando llegó cerca de la entrada principal de la mansión, se encontró con una escena que la hizo detenerse.
El joven pelirrojo que había conocido bajo el árbol estaba reunido con los condes Harrington.
Luke era mucho más alto que sus padres. Desde lejos, parecía un soldado incluso cuando no llevaba el uniforme completo. Su postura era recta, sus hombros anchos y su expresión seria mientras conversaba con uno de los encargados de la mansión.
Rose observó cómo el joven escuchaba las novedades de la casa, hacía algunas preguntas y asentía con un aire tan solemne que cualquiera habría pensado que estaba dirigiendo una operación militar.
Pero entonces la condesa apareció.
—¡Mira quién ha decidido acordarse de su familia!
Luke apenas tuvo tiempo de abrir los brazos antes de que su madre lo abrazara.
—Madre, he regresado hace menos de una hora.
—¡Y ya has tenido tiempo de interrogar al encargado, revisar los establos y preguntar por las reparaciones del ala norte! ¿Acaso la academia militar te enseñó a descansar alguna vez?
—Me enseñaron a aprovechar el tiempo.
—¡Eso no es una respuesta!
El conde soltó una carcajada y se acercó para darle una palmada en el hombro a su hijo.
—Déjalo, querida. Si sigue así, mañana inspeccionará las cucharas del comedor para asegurarse de que estén alineadas correctamente.
—Ya lo hice
Hubo un breve silencio.
Después, los tres estallaron en carcajadas.
Rose se quedó quieta, observándolos desde la distancia.
Era una escena sencilla. No había grandes demostraciones ni discursos emotivos. Solo unos padres felices de volver a ver a su hijo y un joven que, a pesar de su expresión severa, parecía relajarse por completo cuando estaba con ellos.
El conde bromeaba con Luke, la condesa le acomodaba el cuello de la camisa como si todavía fuera un niño y el joven fingía protestar mientras permitía que su madre lo revisara de pies a cabeza.
Rose sonrió sin darse cuenta.
[Qué bonito].
Sintió una pequeña punzada en el pecho, pero no dejó que la tristeza se instalara demasiado tiempo.
Había aprendido que no todas las familias eran iguales. Algunas personas tenían la fortuna de crecer rodeadas de cariño, mientras que otras debían aprender a construir su propio hogar lejos de quienes deberían haberlas protegido.
Ella ya no quería pasar la vida preguntándose por qué su madre no había podido quererla de la misma manera.
Tenía trabajo, un salario, un futuro y personas que la trataban con genuino afecto.
Eso era suficiente.
Además, no iba a quedarse mirando una reunión familiar como una invitada accidental.
—Será mejor que me retire
Regresó a su habitación y se cambió el vestido por uno apropiado para salir al pueblo. Se recogió el cabello, guardó su pequeña bolsa y revisó cuánto dinero llevaba consigo.
Había estado pensando en buscar una casa propia.
Ahora que Luke había regresado, quizá era el momento adecuado para marcharse de la mansión Harrington. Los condes habían sido extraordinariamente generosos con ella, pero Rose no quería convertirse en una carga, mucho menos ahora que el heredero de la familia estaba en casa.
[He ocupado bastante espacio y he recibido muchísima ayuda. No quiero que parezca que pienso quedarme aquí para siempre].
Se miró en el espejo, satisfecha con su apariencia.
—Muy bien. Una pequeña búsqueda de casas, quizá algo de comida en el pueblo y, si encuentro una librería interesante, tal vez pueda comprar una novela.
Su plan era perfecto.
Tan perfecto que, por supuesto, estaba a punto de fracasar.
Rose apenas había llegado al salón de la entrada cuando escuchó una voz femenina.
—¡Rose! ¡Querida, espera!
La condesa Harrington apareció al final del pasillo, acompañada por su esposo y Luke.
Rose se detuvo de inmediato.
—¿Sí, condesa?
—¿Adónde vas tan hermosa? ¿Tienes algún compromiso?
—Oh, no. Solo iba a salir un momento al pueblo.
—¿Al pueblo? Pero si vamos a cenar juntos esta noche.
Rose parpadeó.
—¿Cómo?
—¡Por supuesto! Luke ha regresado y queremos cenar en familia.
La joven miró discretamente al conde y después a su hijo.
Luke la estaba observando.
No de una manera particularmente disimulada, tampoco. Sus ojos azules estaban fijos en ella con una atención que Rose interpretó inmediatamente como desconfianza.
—Le agradezco mucho la invitación, condesa, pero no quisiera importunar. Es el primer día de Lord Luke en casa después de tanto tiempo y seguramente desean conversar con tranquilidad.
El conde alzó las cejas.
—¿Importunar? Rose, tú jamás importunas.
—Así es, querida, Además, no eres una desconocida que se ha instalado aquí sin más. Eres la encargada de administrar la casa de ayuda y parte de los asuntos de esta propiedad. Tu trabajo es importante para nosotros.
Rose sintió que las mejillas se le calentaban.
—Lo sé, y estoy muy agradecida por todo lo que han hecho por mí. Precisamente por eso no quiero abusar de su amabilidad. He estado pensando que quizá podría buscar una casa pequeña en el pueblo. Así tendría mi propio espacio y ustedes podrían disfrutar de su hogar con su familia.
La sonrisa de la condesa desapareció lentamente.
—¿Una casa en el pueblo?
—Sí. No tiene que ser grande. Solo un lugar donde pueda vivir cómodamente. He conseguido ahorrar una buena cantidad gracias a que ustedes me permitieron quedarme aquí.
—Pero, Rose…
—De verdad, no quiero causar molestias. Puedo regresar más tarde, cuando hayan terminado de cenar.
El conde intercambió una mirada con su esposa.
Luke, mientras tanto, seguía observándola.
Había algo en la manera en que Rose hablaba que lo desconcertaba. No parecía enfadada ni resentida. Al contrario, estaba siendo tan cuidadosa con sus palabras que daba la impresión de estar intentando desaparecer sin que nadie pudiera reprochárselo.
¿Acaso de verdad creía que sobraba?
El joven frunció el ceño.
[No. Eso no puede ser].
me encanta muy divertida