Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
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**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Habilidades 1
Catarina esperó hasta que Enzo volvió a mirarla.
—Duque, creo que debería mandar a revisar la habitación de la duquesa.
Mary giró hacia ella con una expresión de auténtico odio.
—¡Tú!
—Yo, sí. Catarina Parisi, para servirle.
—¡Cállate!
Mary intentó apartarse de Enzo para llegar hasta ella, pero él volvió a interponerse.
—¡Mary, basta!
—¡Ella está intentando destruir nuestro matrimonio!
Catarina levantó ambas manos.
—Duquesa, con todo respeto, yo solo vine a conversar. Usted fue quien decidió convertir esta visita en una pelea, una confesión y una exhibición de habilidades físicas.
Hizo una pausa.
—Aunque admito que la parte de las habilidades físicas fue bastante impresionante.
—¡Te odio!
—Lo comprendo. Mi encanto puede resultar abrumador.
[¡Catarina, cállate antes de que te arranquen el otro lado del cabello!].
Enzo se pasó una mano por el rostro.
Parecía necesitar unos minutos de silencio, una botella de vino y, posiblemente, una nueva vida.
—Enviaré a mis hombres a revisar la habitación. Hasta entonces, nadie tocará nada.
Mary comenzó a negar con la cabeza.
—No puede hacer eso. ¡Soy su esposa!
—Precisamente por eso necesito saber la verdad.
La duquesa retrocedió, con los labios temblorosos.
Catarina observó la escena y sintió una extraña mezcla de satisfacción y tristeza.
Había querido salvar la vida de Enzo, no destruirlo emocionalmente.
Pero no podía permitir que siguiera viviendo junto a una mujer que, según las visiones que ella había presenciado, acabaría matándolo.
[Lo siento, guapo. Sé que esto no es lo que esperabas descubrir hoy. Pero prefiero que me odies por meterme donde no me llaman a que termines muerto mientras yo me quedo de brazos cruzados].
Catarina se llevó una mano a la cabeza.
Le dolía.
Le dolía muchísimo.
De hecho, comenzaba a sospechar que Mary había intentado arrancarle algunos recuerdos junto con el cabello.
—Duque, creo que me retiraré.
Enzo se volvió hacia ella.
—¿Retirarse? Pero todavía tenemos que hablar.
—Lo sé. Y hablaremos. Se lo prometo.
—Señorita Parisi, necesito preguntarle cómo sabía lo del veneno.
Catarina sintió que se le encogía el estómago.
Ahí estaba la pregunta que había estado esperando desde que pronunciara aquellas palabras.
¿Cómo podía explicar que había visto el futuro de Enzo en una especie de visión sobrenatural después de morir en otro mundo?
[«Hola, duque. Soy una mujer reencarnada que vio unas imagenes de su futuro mientras estaba muerta». Sí, claro. Seguro que después de eso me envía directamente a un sanatorio].
No podía contárselo.
Al menos, no todavía.
—Duque, comprendo que tenga muchas preguntas.. Pero creo que lo más importante ahora es asegurarse de que está a salvo.
—¿Cómo sabe que existe un veneno?
Catarina sostuvo su mirada.
—Por favor, confíe en mí cuando le digo que no he venido aquí para hacerle daño.
Enzo guardó silencio.
No era una respuesta.
Pero tampoco parecía una mentira.
—Necesito tiempo para ordenar mis ideas.. Y usted necesita descubrir qué está ocurriendo en su propia casa.
Miró de reojo a Mary, que seguía al otro lado del salón, temblando de rabia y miedo.
—Le aconsejo que no espere demasiado para revisar esa habitación.
—Lo haré.
Catarina asintió.
—Entonces, duque, por hoy he cumplido mi parte. Usted ya sabe que algo no está bien. Lo demás tendremos que hablarlo con más calma.
Enzo parecía querer detenerla.
Tenía demasiadas preguntas.
¿Por qué había provocado a Mary de aquella manera? ¿Cómo había sabido que no estaba enferma? ¿Cómo podía estar tan segura de que había un veneno?
Y, sobre todo, ¿por qué lo había besado?
Esa última pregunta apareció en su mente con una inoportuna claridad.
[¡Ni se te ocurra preguntármelo ahora, guapo! ¡Tengo el cuero cabelludo en huelga y la espalda presentando una denuncia formal!].
—¿Va a su casa?
—No, no, voy a una posada del pueblo.
Enzo frunció el ceño.
—¿No regresará a la residencia Parisi?
—Preferiría no hacerlo así. Vivo sola, pero mis sirvientes me verán llegar en este estado y, antes de que pueda explicarles nada, ya habrán enviado un mensaje a mi familia.
Catarina hizo una mueca.
—Mis primos son personas maravillosas, pero algunos tienen un concepto bastante particular de la protección familiar. Si Gian Carlo descubre que alguien me ha tirado del cabello, probablemente organice una expedición militar.. Afortunadamente, Antony no esta en el reino, es una explicación menos.
Enzo no pudo evitar imaginar al temible primo de Catarina apareciendo en su residencia con una docena de soldados.
No era una imagen agradable.
—Comprendo.
—Mañana, cuando haya descansado, me pondré en contacto con usted.
Enzo asintió lentamente.
—De acuerdo. Enviaré un carruaje para que pueda regresar cuando lo desee.
—Muchas gracias, duque.
Catarina hizo una reverencia, intentando conservar la dignidad pese a su aspecto desastroso.
Luego se dirigió hacia la puerta.
Justo antes de salir, escuchó la voz de Mary.
—¡Enzo!
Catarina se detuvo.
—¡Nunca me has mirado como la miras a ella!
El silencio que siguió fue tan profundo que Catarina pudo escuchar sus propios latidos.
Mary estaba llorando, pero su expresión no tenía nada de frágil.
—¡A ella la escuchas! ¡A ella la proteges! ¡A ella la miras como si fuera importante! ¡Yo soy tu esposa! ¡Yo debería ser la única mujer que te importe!
Catarina no se volvió.
No necesitaba ver la cara del duque para imaginarla.
Mary continuó, cada vez más desesperada.
—¡Yo hice todo esto por ti! ¡Todo! ¡Y aun así nunca me has mirado como la miras a ella!
Catarina bajó la mirada.
Una sonrisa pequeña apareció en sus labios.
[No, querida. Enzo no me mira así porque yo sea más hermosa, más rica o más encantadora que tú. Me mira así porque, al menos hasta ahora, no he intentado engañarlo ni matarlo].
La sonrisa se desvaneció ligeramente.
[Pero ojalá no hubiera tenido que descubrir todo esto de esta manera].
Abrió la puerta y salió sin mirar atrás.
Solo Catarina al natural