Isabella, una escritora huye a Italia a buscar algo que la inspiré para una historia de amor. Su novio la engaño con su mejor amiga y su jefa le dijo que no sirve para escribir.
No imagino que en aquel pueblo de Italia encontrará el amor, disfrazado de una coraza celosa, posición y amor.
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Los LaBeouf.
El productor de Roma se llamaba *Renzo LaBeouf*. 52 años. Dueño de tres viñedos en Lazio y de una importadora de vino en Milán.
Lo metieron preso en Grosseto esa misma noche del 2 de abril. Por intento de agresión y por disparo con arma ilegal. El juez de Siena, amigo de Franco Valero desde 1980, le dio prisión preventiva. 2 años mínimo, dijo.
Pero Renzo tenía familia.
Tenía un hijo.
*Dante LaBeouf.* 28 años. Igual de alto que Pietro, igual de guapo pero con la cara más dura. Con fama en Roma de ser más peligroso que su padre. De no perdonar.
Dante llegó a Montalcino el 8 de abril, cuatro días después de que Pietro salió del hospital con el hombro vendado.
No llegó solo. Llegó con dos primos. Con una camioneta negra de Roma. Se pararon frente a la enoteca de Montalcino a preguntar por Valero.
—Busco a Pietro Valero — dijo Dante, con voz de Roma —. Quiero hablar con él. Hombre a hombre. Su padre metió a mi padre preso por culpa de su mujer que estuvo de ofrecida.
La dueña de la enoteca, que ahora quería mucho a Isabella, se asustó y llamó a Franco.
Franco llamó a Pietro.
Ese día, Pietro estaba en la villa, con el brazo todavía colgado, con Isabella curándole la herida con una gasa, con cuidado, con amor.
—Pietro — dijo Franco por teléfono —. Está acá el hijo de LaBeouf. Dante. Está en el pueblo preguntando por ti. Dice que quiere venganza. No vengas al pueblo hoy. Quédate en la villa con Isabella. Yo me encargo.
Pietro colgó. Miró a Isabella. Ella había escuchado todo.
—¿Quién es Dante? — preguntó, con miedo.
—El hijo del hombre que te tocó en la fiesta — dijo Pietro —. Y ahora quiere vengarse de mí por haber defendido a mi mujer.
Pietro se levantó. Con el hombro vendado, con dolor todavía, pero con esa mirada inquietante que le salía cuando se ponía posesivo y peligroso.
—Pero me tiene miedo — dijo Pietro —. Me tienen miedo todos los LaBeouf. ¿Sabes por qué?
—¿Por qué?
—Porque mi abuelo en 1944 no solo defendió a mi abuela de los alemanes. Mató a dos alemanes con una escopeta en este mismo viñedo. Porque mi padre en 1989 rompió la pierna a un hombre que quiso robar uvas en nuestra bodega. Porque yo en 2019 metí preso a un hombre que quiso quemar nuestra villa por envidia. Los Valero no perdonamos. Y en Montalcino todos lo saben. Hasta los de Roma.
Esa tarde, Dante LaBeouf subió con su camioneta negra hasta el camino de la villa de Valero. Se bajó. Vio la villa de piedra de 4 pisos. Vio el viñedo de 10 hectáreas. Vio a Pietro parado en la puerta, con el hombro vendado, pero parado recto, sin miedo, con Isabella detrás, agarrada de su brazo bueno.
Dante se acercó. Tenía las manos en los bolsillos. Los primos se quedaron atrás, en la camioneta.
—Tú eres Valero — dijo.
—Yo soy Valero — dijo Pietro —. Y ella es mi mujer. La que tu padre tocó. Así que si quieres venganza, acá estoy. Pero te advierto una cosa, romano. Estás en Montalcino. No en Roma. Acá no hay policía que te salve. Acá hay 300 personas que me vieron sangrar por ella y que te van a sacar a patadas del pueblo si das un paso más.
Dante miró a Isabella. La miró con rencor. Pero también con miedo. Porque detrás de Pietro, en el camino, ya habían llegado Franco, Marco, Carlo, y 10 hombres más de Montalcino con palas y con botellas. Todos parados detrás de Pietro.
—Yo no tengo problema contigo, Valero — dijo Dante al fin —. Tengo problema con que mi padre está preso.
—Tu padre está preso porque tocó a mi mujer y me disparó — dijo Pietro —. Y si sale, y vuelve a tocar a cualquier mujer en Montalcino, lo vuelvo a meter preso yo mismo. Con bala o sin bala. ¿Entendiste?
Dante se quedó callado. Miró a los hombres de Montalcino. Miró a Pietro con el hombro vendado pero con la mirada más peligrosa que nunca.
Entendió.
—Nos vamos — dijo a sus primos.
Se subió a la camioneta negra y se fue. Por el camino de cipreses, dejando polvo.
Isabella abrazó a Pietro por la espalda, temblando.
—¿Se va a vengar? — preguntó.
Pietro se dio vuelta con su brazo bueno y la abrazó fuerte, posesivo, contra su pecho.
—No — dijo —. Porque temen a los Valero. Y ahora, después de esa bala, temen más. Porque ahora saben que por ti, yo dejo que me disparen. Y un hombre que deja que le disparen por su mujer, es un hombre que mata por su mujer. Y eso en Roma también se entiende.
Esa noche, Pietro durmió con la escopeta de su abuelo al lado de la cama grande. No por miedo. Por precaución.
E Isabella durmió encima de su pecho bueno, con su novela terminada al lado, entendiendo que amar a un Valero no era solo amar a un hombre guapo que hace vino.
Era amar a un apellido que todo Montalcino respeta y teme.
Declaró tomar Vino es más peligroso que tomar Ron puro.
Atrapa
afloja
y habré lo que se debe mantener cerrado.
y acá va a:
calentar.
subir la temperatura y abrir lo que estaba cerrado pero entrando en calor y poniendo más aguado que gelatina fuera del enfriador. ( nevera o heladera)
ahora lo culpan😭