Melanie conoció a Brandon. Un hombre brillante, intenso, imposible de ignorar, se enamoró de él sin medir consecuencias. Él la miraba, la deseaba, la tenía… pero nunca la eligió. le daba un amor a cuotas largas
Porque hay amores que no se olvidan.
Y secretos que tarde o temprano tocan la puerta.
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capitulo 7
Melanie
Se quedó paralizado al lado de la puerta abierta, mirándome como si se le hubiera metido un extraterrestre al carro. Yo mantuve la vista al frente, con los brazos cruzados y el corazón latiéndome a mil por hora
— No puedes subirte así al auto de un desconocido
— No eres un desconocido. Eres Brandon. El tipo que le compré un baile y me ignora siempre que puede
— Melanie…
— Me vas a llevar o voy a tener que caminar sola por esta calle a estas horas?
Silencio. Un silencio denso. Hasta que soltó un suspiro resignado, rodeó el auto y se subió
— A dónde vas?
preguntó, cerrando la puerta
Le di una dirección. Pero no la de mi departamento habitual. Le di la dirección de la casa afueras de la ciudad. Una propiedad que casi nadie frecuenta y que queda retirada de todo
No sé bien por qué se la di. O quizás sí, quería sacarlo de su zona de confort. Quería llevarlo a un lugar donde no pudiera refugiarse detrás de sus amigos, ni de los mozos del club, ni de sus horarios de oficina. Donde solo estuviéramos él y yo
El trayecto fue en absoluto silencio. Él mirando por la ventana con la mandíbula tensa, yo con la vista fija en la carretera. Las luces de la ciudad se iban apagando a medida que nos alejábamos
Al cabo de un rato largo, empecé a moverme en el asiento, haciéndome la pesada, apoyando la cabeza contra el vidrio y llevándome una mano a la sien
— Estás bien?
preguntó él mientras manejaba, mirándome de reojo
— Sí… solo que… creo que se me subieron las copas
— Estás mareada?
— Un poco
Me dejé caer un poco más contra el respaldo, cerrando los ojos. Él no dijo nada, pero noté cómo el auto aumentaba un poco la velocidad
Cuando llegamos a la entrada de la casa, me bajé del auto haciendo cierto teatro, apoyándome en la puerta como si me fallaran las piernas
— No puede ser…
escuché que murmuraba él, bajándose de inmediato
— Estás muy mal
— Estoy bien… solo… ayúdame a entrar, por favor
Rodeó mi cintura con su brazo para sostenerme. Sentí la firmeza de su agarre y ese aroma a madera y cítricos que usaba. Me dejé guiar. Obviamente no estaba ebria, apenas había tomado unos tragos en toda la noche y tenía buena resistencia, pero él no tenía forma de saberlo
Entramos a la casa. La puerta no tenía el cerrojo pasado, teniamos personas que venian a limpiar dos veces a la semana. El interior estaba en penumbras, pero me conocía el lugar de memoria
— El cuarto está arriba
murmuré con voz débil
— Me acompañas?
Lo sentí dudar un segundo. Pero no le quedó otra que asentir y ayudarme a subir los escalones uno a uno, despacio
Llegamos a la habitación principal. Me acomodó en el borde de la cama y se quedó de pie, manteniendo la distancia
— Necesitas algo, un vaso de agua?
— No… solo… quédate un segundo. No me dejes sola
— Melanie, deberías acostarte a dormir
— Un segundo nada más. Por favor
Cedió. Se sentó en el borde del colchón, a mi lado. Yo mantenía los ojos entrecerrados, pero por dentro estaba en alerta máxima. Sentía la tensión en sus hombros, su respiración acelerada y el calor que emanaba estando tan cerca
Y ahí, sin pensarlo más, estiré el brazo y le pasé la mano por la nuca
Se congeló. Su respiración se detuvo en seco
— Melanie…
— Shh, callate feote
Acerqué mi rostro al suyo. Muy despacio. Dándole todo el margen del mundo para que se echara para atrás, para que me frenara, para que me dijera que no
No se movió
Y lo besé
Fue un roce suave al principio, casi tanteando el terreno. Pero en cuanto él respondió, la distancia se desintegró por completo. El beso se volvió profundo, urgente, cargado de todo lo que nos habíamos estado guardando. Toda esa fachada de tipo duro y distante se le vino abajo en un segundo.
Sus manos terminaron en mi cintura, pegándome a él, mientras las mías se le enredaban en el cabello. Nos dejamos llevar sobre la cama, sin romper el contacto, sin dejar de buscarnos. Sentí su peso, su respiración entrecortada y la calidez de su boca bajando por mi cuello.
— Melanie…
alcanzó a decir con la voz completamente ronca
— No digas nada...
— Esto no está bien…
— solo callate y besame
Y lo hizo
Perdí la noción del tiempo. El universo entero quedó reducido a esa habitación a oscuras, al calor de su piel, a la fuerza de sus manos y al sonido de su voz diciendo mi nombre en penumbras
— Tengo que irme
dijo sin previo aviso
Se incorporó en la cama acomodando su ropa elegante
Y yo, que no pensaba dejar que se fuera así como si nada, jugué mi última carta
Dejé caer la cabeza contra la almohada, cerré los ojos y aflojé el cuerpo por completo, fingiendo un desmayo impecable
— Melanie?
No me moví
— Melanie, despierta
Sentí la palma de su mano apoyándose con cuidado en mi frente y luego en mi mejilla
— No me jodas…
murmuró con frustración
— Se desmayó
Lo sentí quedarse inmóvil un momento y luego volver a sentarse en la cama, dejando caer su peso a mi lado
— Lo que me haces mujer
suspiró para sí mismo, derrotado
— No me puedo ir y dejarte asi
Y yo, con el rostro pegado a la almohada y los ojos bien cerrados, no pude evitar sonreír en la oscuridad, lo tenía ahí, y no sabía lo que le esperaba.