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A Los 42, Me Enamoré De Un Stripper

A Los 42, Me Enamoré De Un Stripper

Status: En proceso
Genre:Diferencia de edad / Amor en la madurez / Romance
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Darianrb

Claudia tiene 42 años, un matrimonio vacío y un bar de barrio que apenas sobrevive. El día que descubre que su marido la engaña, un joven se presenta por error a una entrevista de trabajo... para stripper, no para mozo. Lo que empieza como un malentendido incómodo termina convirtiéndose en la decisión que le cambia la vida: contratarlo para revivir su negocio.

NovelToon tiene autorización de Darianrb para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Torso desnudo y ojos nuevos

Habían pasado dos días desde el show improvisado, dos días en los que Claudia había repasado la escena en su cabeza más veces de las que estaba dispuesta a admitir, y en los que una idea se le había instalado con una terquedad molesta: Melina se había excedido.

No con el show en sí —eso, al fin y al cabo, había sido idea de las dos— sino con esa mano yéndose sola hacia el boxer, aún sin entrar en el, esa broma que cruzaba una línea que a Claudia, como dueña del lugar y en cierta forma responsable de lo que pasaba entre esas paredes, le tocaba trazar.

Pensando en eso llegó al bar un poco más tarde de lo habitual, cargando dos bolsas de supermercado que pesaban más de lo que su brazo estaba dispuesto a admitir.

Empujó la puerta con el hombro y se quedó parada en el umbral, procesando la escena que tenía enfrente: Eric, sin camisa, subido a una escalera, ajustando un cable de luces sobre la tarima improvisada, mientras Melina, abajo, le sostenía la base con una mano y con la otra se abanicaba exageradamente, como si el calor del bar hubiera subido diez grados de golpe. '¿Lo estará acosando?'

—Ah, llegaste —dijo Melina, sin mirarla, sin soltar la escalera—. Mirá, Eric se ofreció a ayudarme con todo esto. Nos ahorramos la plata del electricista.

—Qué generoso... —dijo Claudia, con una sonrisa que le costó bastante más de lo que hubiera querido admitir, dejando las bolsas con provisiones de golpe sobre la barra, con un ruido seco que ni Melina ni Eric parecieron registrar.

No era solo el torso desnudo, aunque eso tampoco ayudaba: era la familiaridad. Melina ahí abajo, sonriente, apoyando la mano en la base de la escalera como si fuera lo más natural del mundo, mientras Claudia había tardado varios días en animarse a pedirle a Eric que le alcanzara un vaso sin que le temblara la voz.

—Buen día, jefa —dijo Eric desde arriba, sin bajar, con una sonrisa que a Claudia, en ese momento, le pareció particularmente injusta.

—Buen día —contestó ella, seca, yendo directo hacia la cocina antes de que su cara terminara de traicionarla del todo.

Fue en ese trayecto corto, apenas unos pasos, donde la vio: Luz, la camarera más joven del bar, veintipocos años, siempre con el delantal mal atado y los ojos como platos, caminando con una bandeja de vasos limpios y la vista completamente fija en la escalera, en el torso de Eric, en cada movimiento de sus brazos al ajustar el cable.

Claudia alcanzó a pensar "cuidado, nena", pero no llegó a decirlo en voz alta. El pie de Luz se enganchó con la pata de una silla que alguien había dejado mal acomodada, y todo pasó en un segundo: la bandeja voló, los vasos rebotaron sin romperse de milagro sobre una mesa cercana, y ella, en su intento desesperado de no caerse, terminó yendo directo hacia adelante, justo en la dirección donde Eric acababa de bajar el último escalón.

El golpe fue contra su pecho. Luz quedó ahí, pegada, con las manos buscando algo de qué sostenerse en el impacto, y lo que encontraron, en la confusión del segundo, fue el borde del pantalón de Eric.

—¡Ay, perdón, perdón, perdón! —dijo, soltándolo como si quemara, completamente roja, dando un paso atrás tan rápido que casi se cae de nuevo, esta vez para el otro lado.

Eric, con reflejos que probablemente venían de años de escenarios, la sostuvo del brazo antes de que terminara en el piso, sin perder ni por un segundo la sonrisa tranquila. Y por supuesto, Luz quedó colgando de él, totalmente hipnotizada.

—Tranquila, no pasó nada —dijo, con esa voz calma que usaba para todo, aunque Luz ya estaba pérdida en sus ojos.

'Puta madre, este chico también es dulce....es inalcanzable' pensó Claudia, un poco en forma egoísta.

—Me... me fijo si quedó algún vaso roto —tartamudeó Luz, agachándose para juntar los que habían caído, con las manos temblando lo suficiente como para que uno se le resbalara de nuevo.

Claudia, desde la puerta de la cocina, observó la escena con una mezcla de cosas que tardó un segundo en poder ordenar. Son jóvenes los dos, podrían verse atraídos y sería perfectamente normal. En cambio, 'yo tengo cuarenta y dos años, ya estoy vieja' pensó, pero yo sé cosas que ella todavía ni siquiera imagina.

Se permitió, por un segundo, imaginárselo: la piel de Eric contra la suya, sin la torpeza nerviosa de una chica que no sabía ni dónde poner las manos, sino con la calma de alguien que ya conoce su propio cuerpo y no necesita disculparse por él.

La idea le duró apenas un instante, lo suficiente para sentir un calor repentino subiéndole por el cuello, antes de que el ruido de un vaso rompiéndose contra el piso —Luz, otra vez, esta vez sí sin suerte— la devolviera de golpe al bar, a la cocina, a los cuarenta y dos años y a la separación a medio resolver.

—¡Eric! —dijo, con una voz que le volvió a salir brusca—, ¿me ayudás un segundo con unas cajas en el depósito? Pesan bastante y Melina está con lo de las luces.

—Claro —dijo él, soltando el cable que tenía en la mano, sin hacer ninguna pregunta.

Melina, todavía sosteniendo la base de la escalera, levantó una ceja hacia Claudia con una expresión que decía mucho más de lo que decían sus palabras, pero no dijo nada. Claudia prefirió no darle tiempo a que lo hiciera y ya estaba caminando hacia el depósito.

El lugar era chico, apenas un pasillo entre estantes con cajas de bebidas y manteles de repuesto, iluminado por una sola lámpara que colgaba del techo y que titilaba cada tanto sin razón aparente. Claudia señaló una torre de cajas contra la pared del fondo.

—Esas, si podés bajarlas al piso de abajo del todo —dijo, aunque en realidad no había ninguna necesidad urgente de mover esas cajas, y una parte de ella lo sabía perfectamente.

Eric empezó a levantar la primera sin preguntar nada, los brazos tensándose con el peso, y por un rato el único sonido fue el roce del cartón y algún gruñido de esfuerzo. Fue Claudia la que rompió el silencio, apoyada contra el marco de la puerta, cruzada de brazos.

—¿Siempre generás ese efecto en la gente? —preguntó, tratando de que sonara más gracioso que lo que en realidad se sentía.

Eric se rió, bajando otra caja, sin mirarla todavía.

—No sé si "siempre" —dijo—. Pero digamos que ya me acostumbré a las caídas, a los tropiezos, a los mensajes raros. Es parte del trabajo.

—Debe ser raro. Que la gente te mire así todo el tiempo.

Él se quedó un segundo pensando, con las manos apoyadas sobre la última caja, sin levantarla todavía.

—A veces sí —dijo, más serio de lo que Claudia esperaba—. Porque nadie te mira a vos. Miran... esto. —Se señaló el propio pecho, sin ninguna vanidad en el gesto, casi con cansancio—. Y uno termina sin saber muy bien quién sos vos si le sacan eso de encima.

Claudia no dijo nada, esperando, y algo en su silencio pareció invitarlo a seguir.

—Mi vieja murió cuando yo tenía ocho años —dijo Eric, de repente, con una naturalidad que a Claudia le resultó casi más fuerte que si lo hubiera dicho llorando—. Y mi viejo... no fue lo que se dice un tipo fácil. Le gustaba mucho el vino, y cuando tomaba de más, la mano se le iba sola. Un día me fui de esa casa y no volví más. Tenía dieciséis años.

—Eric...

—Está bien —dijo él, levantando una mano, como para frenar cualquier intento de lástima—. No te cuento esto para que me tengas pena, ¿eh? Solo... no sé, me preguntaste sobre otra cosa, y me trajo otros recuerdos.

—¿Y cómo hiciste? A los dieciséis, sin nadie.

—Trabajé de lo que pude. Changas, mudanzas, un tiempo hasta repartí volantes en la esquina de un supermercado —dijo, con una media sonrisa que ya volvía a ser la de siempre, la que usaba para no quedarse mucho rato en un lugar demasiado hondo—. Y en el medio descubrí que la gente pagaba bien por mirar. Así que bueno. Acá estamos.

Claudia sintió que algo se le acomodaba distinto en el pecho, un poco de vergüenza por los celos de hacía diez minutos, un poco de ganas de abrazarlo que tampoco tenía muy claro de dónde venían. Y por último, culpa por haberlo codificado, como tantas otras mujeres.

—Gracias por contarme —dijo, en cambio, con la voz más baja.

—Gracias por la charla, siempre es bueno hablar—contestó él, levantando por fin la última caja, dándole vuelta la conversación de nuevo hacia lo liviano, como quien cierra una puerta con cuidado—. Ahora decime la verdad: ¿esto de las cajas era realmente necesario, o me sacaste del bar porque Luz casi me deja sin pantalón?

Claudia se rió, sorprendida, sintiendo que la cara se le calentaba.

—Un poco las dos cosas. Ja, ja —admitió.

—Me lo imaginaba —dijo Eric, pasando por su lado camino a la puerta, con una sonrisa que a ella, otra vez, le pareció completamente injusta. Porque en el fondo, era inalcanzable.

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Gaby❤️
manda esa carta, si lo entiende bien y sino también, la vida sigue!!
Betty Saavedra Alvarado
Clau deja que Erick te busque ya vendrá un nuevo amor
Ro
🤣se pasa de tonta
Betty Saavedra Alvarado
Bueno que estos superen a Erick en su baile
Gaby❤️
Epa, que buena propuesta 👏🏻👏🏻👏🏻
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆
por eso no es bueno mezclar trabajo con placer, porque nada sale bien
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆
ya cayó Claudia, que se aliste para otro sufrimiento
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆
Claudia hay no es... Erick no es para tí
Gaby❤️
A vivir Claudia!! todo sigue, vos también!!. me encantó este capítulo ❤️
Betty Saavedra Alvarado
Hay que continuar la vida no se detiene fuerza Claudia Meli volvió no será fácil ella también la engaño Fabián
Claudia Marcela Casas
gran error para construir no hay que mentir
Betty Saavedra Alvarado
Clau cometiste un error ya es tarde ahora a dejar que vel tiempo pase el sana heridas Si Erick vuelve entonces te ama
Gaby❤️
necesitan tiempo los dos, si en verdad se aman, hablarán.
Gaby❤️
Muy buena novela!! La recomiendo!!
Gaby❤️
que mala no me podes dejar esperando así😱😱😱😱
Gaby❤️: gracias por esta novela, estoy súper enganchada❤️
total 2 replies
Gaby❤️
Que feo sonó eso, creo que te vas arrepentir, que desepcion 🥺
Gaby❤️
Disfrútalo hasta que se vaya, deja los mejores recuerdos ❤️
Betty Saavedra Alvarado
Claudia error tenías que haber entregado el sobre Erick está molesto contigo es su futuro no debes ser egoísta
Betty Saavedra Alvarado
Clau te estás quedando sola se fue Melina Luz pronto se irá Erik es su. trabajo y sueño no le puedes cortar las alas estás enamorada déjalo que vuele
Veronica Albarracin
Me encanta tu novela autora pero claudia no puede r eric se quede es el sueño de el irse. Pobre claudia q irá hcer😭👏👏👏👏👏🇺🇾🌺
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