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LA HEREDERA DEL SILENCIO

LA HEREDERA DEL SILENCIO

Status: En proceso
Genre:Aventura de una noche / Casarse por embarazo / Malentendidos
Popularitas:841
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis YEPES

Valentina Rivas es la heredera de un poderoso imperio empresarial. Tras desaparecer dos meses, regresa a casa marcada por un secreto que no puede revelar. Su matrimonio por contrato con Aniel, un hombre reservado y observador, se tensa cuando comienzan a llegar amenazas silenciosas: fotografías de su hija y mensajes que demuestran que alguien cercano conoce cada debilidad de su familia.
Mientras el tiempo del contrato se agota, Valentina debe decidir entre seguir callando para proteger a los suyos o enfrentar la verdad que podría destruirla. En un mundo donde el poder se hereda y el silencio tiene un precio, algunas herencias no se eligen.

NovelToon tiene autorización de Genesis YEPES para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PRIMER INTENTO II

Sus ojos se encontraron y en ese instante, toda la rabia que Aniel había acumulado durante el camino pareció mezclarse con el miedo que todavía llevaba dentro.

Cerró la puerta.

—Vamos a hablar, Valentina.

Ella bajó la mirada.

Una lágrima cayó sobre sus manos.

Aniel dio unos pasos hacia ella.

—Mírame.

Valentina no respondió.

—Valentina.

Ella levantó lentamente la cabeza.

—¿Por qué lo hiciste?

Silencio.

—Te estoy preguntando por qué lo hiciste.

Los labios de Valentina temblaron.

—No lo sé.

Aquella respuesta encendió algo dentro de él.

—¿No lo sabes?

Valentina negó con la cabeza.

—No.

Aniel soltó una risa amarga.

—¿No lo sabes?

—Aniel...

—¡No!

la interrumpió—No me digas mi nombre como si eso solucionara algo.

Valentina cerró los ojos.

Las lágrimas continuaron cayendo.

—Yo...

—¿Qué demonios te pasa, Valentina?

Ella se estremeció.

Aniel se pasó ambas manos por el rostro.

Estaba intentando contenerse.

Intentando no gritar.

Pero el miedo todavía estaba allí.

—¿Sabes lo que hiciste?

Valentina permaneció en silencio.

—¿Sabes lo que pude haber encontrado cuando entré a ese baño?

¿y si hubiera sido la niña que entrada valentina?

Ella apretó las manos.

—Lo siento.

—¡No me digas que lo sientes!

La voz de Aniel resonó en toda la habitación.

Valentina levantó la mirada asustada.

Él respiró profundamente.

—No me digas que lo sientes como si con eso bastara.

—No quería...

—¿No querías qué?

Valentina no pudo responder.

—¿No querías vivir?

La pregunta quedó suspendida entre ambos.

Valentina comenzó a llorar con más fuerza.

Aniel la miró y por un momento sintió ganas de acercarse y abrazarla.

Pero la rabia volvió a imponerse.

—Tenías una hija.

Valentina llevó una mano a su boca.

—Lo sé.

—¿Sabes lo que ella habría tenido que vivir si yo no te encontraba?

—Lo sé.

—No. No lo sabes.

Aniel señaló hacia la puerta.

—Ella estaba abajo preguntándome qué te pasaba.

Valentina lloró en silencio.

—Me preguntó si ibas a estar bien.

Aniel tragó saliva.

—Y yo tuve que mentirle.

Valentina cubrió su rostro con ambas manos.

—Perdóname.

—¿Y si no te hubiera encontrado?

Ella no respondió.

—¿Qué habría hecho nuestra hija?

Valentina comenzó a sollozar.

—¡Respóndeme!

—¡No lo sé!

Su grito hizo que Aniel se quedara inmóvil.

Valentina bajó las manos.

—No lo sé, Aniel.

Su voz se quebró.

—No pensé.

—Ese es precisamente el problema.

—Yo solo quería que todo terminara.

Aniel sintió que algo dentro de él se rompía.

—¿Qué querías que terminara?

Valentina lo miró.

—El dolor.

—Entonces debiste decirme que estabas sufriendo.

—¿Para qué?

—¡Porque alguien podía ayudarte!

—¿Quién?

—¡Yo!

Valentina soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—¿Tú?

Aniel quedó en silencio.

—¿Tú realmente crees que podía hablar contigo después de todo lo que pasó?

—Sí Valentina...

—Me miras como si yo fuera un problema que tienes que resolver.

Aniel no respondió.

—Como si quisieras estar en cualquier lugar menos aquí.

—Eso no es cierto.

—¿No?

Ella se puso de pie lentamente, pero el mareo la obligó a apoyarse en la cama.

Aniel inmediatamente dio un paso hacia ella.

—Siéntate.

—Estoy bien.

—No estás bien.

—No quiero que me cuides por obligación.

Aniel la miró fijamente.

—¿Crees que hice todo esto por obligación?

—No lo sé.

—¡Te encontré inconsciente!

La voz se le quebró.

Valentina se quedó inmóvil.

Aniel respiró profundamente.

Por primera vez, ella pudo ver claramente el miedo detrás de su enojo.

—Pensé que te había perdido.

Las palabras salieron casi en un susurro.

Valentina lo miró.

—Cuando abrí esa puerta...

Aniel tragó saliva.

—pensé que llegaba demasiado tarde.

Valentina empezó a llorar otra vez.

—No sabía qué hacer.

—Tú eres médico.

—¡Precisamente!

La respuesta salió cargada de desesperación.

—Sé exactamente lo que puede pasar cuando alguien está en esa situación. Y aun así no podía pensar con claridad porque eras tú.

Valentina bajó la mirada.

Aniel se acercó lentamente.

—No sé qué está pasando dentro de tu cabeza.

—Yo tampoco.

—Entonces déjame ayudarte.

Ella negó.

—No sé si puedo.

—Sí puedes.

—Tengo miedo.

Aquellas dos palabras cambiaron el tono de la habitación.

Aniel dejó caer los hombros.

—¿De qué?

Valentina tardó unos segundos en responder.

—De todo.

—¿De mí?

Ella lo miró.

Aniel no dijo nada.

—De como reaccione

continuó ella—De lo que deje de ser. De despertar cada día y sentir que no tengo fuerzas para enfrentar otro día igual.

Aniel se sentó frente a ella.

—¿Por qué nunca me dijiste que estabas así?

—Porque pensé que no te importaba.

—Me importa.

—No parece.

Aniel cerró los ojos.

—Quizás no he sabido demostrártelo.

Valentina lo observó.

—Pero eso no significa que no me importes.

Ella apartó la mirada.

—No quiero que nuestra hija me vea así.

—Por eso tienes que aceptar ayuda.

Valentina no respondió.

—Necesitas hablar con alguien.

—No quiero que me encierren.

—Nadie está hablando de encerrarte.

—No quiero que me miren como si estuviera loca.

—No estás loca.

Valentina lo miró nuevamente.

—Estás enferma.

Ella frunció el ceño.

—No quiero estar enferma.

—Nadie quiere.

Aniel extendió una mano.

Después de unos segundos, Valentina permitió que él tomara la suya.

—Pero esto no puedes enfrentarlo sola.

Ella apretó ligeramente sus dedos.

—Tengo vergüenza.

—No tienes nada de qué avergonzarte.

—Intenté...

Se detuvo.

No pudo terminar.

Aniel apretó su mano.

—No vamos a hablar de eso ahora.

Valentina lo miró confundida.

—¿No estás enojado?

—Sí.

Ella bajó la mirada.

—Mucho.

Una lágrima cayó de sus ojos.

—Pero también tengo miedo.

Aniel respiró profundamente.

—Y estoy preocupado por ti.

Se quedó callado unos segundos.

—Y estoy furioso conmigo mismo.

Valentina levantó la cabeza.

—¿Por qué?

—Porque pensé que sabía lo que estaba pasando contigo.

—No fue tu culpa.

—No lo sé.

—Aniel...

—No.

Él negó con la cabeza.

—Anoche te dije cosas que no debí decir.

Valentina guardó silencio.

—Estaba cansado. Estaba frustrado. Pero no tenía derecho a hacerte sentir peor sin saber que esta pasando por tu cabeza.

Aniel se levantó.

—Lo que importa es que esto no puede volver a pasar.

Valentina lo miró.

—No quiero volver a sentirme así.

—Entonces vamos a buscar ayuda.

—¿Y si no funciona?

—Buscaremos otra forma.

—¿Y si sigo sintiéndome igual?

—Seguiremos buscando.

—¿Y si...

Aniel se inclinó frente a ella.

—No voy a dejarte sola con esto.

Valentina lo miró durante varios segundos.

—¿Por qué?

La pregunta lo tomó por sorpresa.

—¿Por qué qué?

—¿Por qué sigues aquí?

Aniel la miró profundamente.

No encontró una respuesta sencilla.

—Porque eres mi esposa.

Valentina bajó la mirada.

—Eso no parece suficiente.

—Porque eres la madre de mi hija.

Ella cerró los ojos.

—Eso tampoco.

Aniel respiró lentamente.

—Porque te quiero.

Valentina abrió los ojos.

Él no apartó la mirada.

—Aunque ahora mismo esté furioso contigo. Aunque esté confundido. Aunque no sepa qué hacer con todo esto. Te quiero valentina, no te e olvidado y esto años te lo e querido decir.

Las lágrimas de Valentina volvieron a aparecer.

—No sé si me quiere o solo siente empatia por mi.

—No tienes que resolver eso hoy.

—Entonces...

—Hoy solo tienes que quedarte.

Valentina lo miró.

—¿Quedarme?

—Sí.

Aniel tomó aire.

—Mañana veremos qué hacemos. Después veremos el día siguiente. Pero hoy te quedas.

Valentina asintió lentamente.

—Está bien.

Aniel se sentó a su lado.

Durante varios minutos ninguno habló.

Solo permanecieron allí.

Ella llorando.

Él intentando mantenerse firme.

Hasta que Valentina apoyó lentamente la cabeza sobre su hombro.

Aniel se quedó rígido al principio.

Después relajó los hombros y pasó un brazo alrededor de ella.

No era una reconciliación.

No solucionaba nada.

No borraba las palabras que se habían dicho.

No desaparecía el dolor.

Un pequeño comienzo.

Mientras permanecían abrazados, el teléfono de Aniel vibró.

Era Raúl.

"Ya llegamos. La niña está con mamá."

Aniel leyó el mensaje y respondió rápidamente.

"Gracias."

Guardó el teléfono.

Valentina levantó la cabeza.

—¿Era Raúl?

—Sí.

—¿La niña está bien?

—Está con tu mi madre.

Valentina respiró aliviada.

—Quiero verla.

—La verás.

—¿Cuándo?

—Cuando estés mejor.

—Quiero decirle que la quiero.

—Ella lo sabe.

Valentina volvió a llorar.

—No quiero que piense que no la quiero.

Aniel la abrazó un poco más fuerte.

—Jamás va a pensar eso.

—¿Cómo puedes estar seguro?

—Porque se lo demostraremos.

Valentina permaneció callada.

Aniel se apartó ligeramente.

—Ahora tienes que descansar.

—No quiero dormir.

—No tienes que dormir.

—¿Te vas a ir?

La pregunta fue casi inaudible.

Aniel la miró.

—No.

—¿Te vas a quedar?

—Sí.

Valentina asintió.

Aniel se levantó y acomodó las almohadas.

—Acuéstate.

Ella obedeció lentamente.

Aniel la ayudó a recostarse.

—¿Puedo quedarme aquí?

—Sí.

Se sentó en una silla junto a la cama.

Valentina lo observó.

—No tienes que vigilarme.

—Lo sé.

—Entonces ¿por qué lo haces?

Aniel miró hacia la ventana.

El sol de la mañana comenzaba a entrar en la habitación.

—Porque necesito saber que estás aquí.

Valentina cerró los ojos.

Una lágrima silenciosa recorrió su mejilla.

Aniel permaneció a su lado.

Por primera vez en mucho tiempo, ninguno de los dos intentó fingir que todo estaba bien.

Porque no lo estaba.

Había heridas demasiado profundas.

Preguntas sin responder.

Dolor acumulado durante demasiado tiempo.

Y un matrimonio que llevaba años desmoronándose en silencio.

Pero aquella mañana había ocurrido algo que ninguno de los dos podía ignorar.

Aniel miró a Valentina mientras ella mantenía los ojos cerrados.

Todavía estaba débil.

Todavía estaba herida.

Pero estaba allí.

Respirando.

Viva.

Y por ahora, eso era suficiente.

Su teléfono volvió a vibrar.

Esta vez era un mensaje de Raúl.

"Cuando puedas, tenemos que hablar."

Aniel miró la pantalla.

Sabía que su hermano no tardaría en preguntarle qué había ocurrido.

Y, por primera vez, Aniel entendió que ya no podía esconderlo todo.

Necesitaba ayuda también.

No solo para Valentina.

Para él.

Para su hija.

Para todos.

Porque aquella noche había cambiado algo dentro de aquella familia.

Y aunque nadie todavía sabía qué ocurriría después, una cosa era segura:

Pero la oscuridad todavía no se había ido.

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karencitha
no entiendo porque se queda cayada porque no le cuenta lo que le paso 😡
rey marisol
oh Dios
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