Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.
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Capítulo 7. La Primera Espada
La espada era más pesada de lo que parecía.
Aria la sostuvo con ambas manos mientras observaba a Aldric frente a ella.
Durante semanas había estado esperando aquel momento.
Finalmente comenzaría el entrenamiento real.
O eso creía.
—Tu postura es horrible.
Las esperanzas desaparecieron inmediatamente.
—Ni siquiera he hecho nada.
—Exactamente.
Aldric señaló sus pies.
—Y ya estás cometiendo tres errores.
Aquel entrenamiento resultó mucho peor de lo imaginado.
Durante horas no le permitió atacar.
Ni una sola vez.
No practicaron técnicas.
No aprendieron movimientos espectaculares.
Solo postura.
Equilibrio.
Respiración.
Una y otra vez.
Una y otra vez.
Hasta que Aria comenzó a odiar la palabra “equilibrio”.
—¿Por qué es tan importante?
Aldric golpeó suavemente una de sus piernas con una vara de madera.
La joven perdió la estabilidad inmediatamente.
—Por eso.
Aria estuvo a punto de protestar.
Pero se contuvo.
Porque aquella sencilla demostración era irrefutable.
Los días siguientes fueron similares.
Aldric corregía cada movimiento.
Cada error.
Cada mala costumbre.
Parecía detectar problemas incluso antes de que ocurrieran.
—Demasiada fuerza.
—Muy lenta.
—Miras la espada.
—No mires la espada.
—Deja de pensar.
—Estás pensando demasiado.
Aria llegó a preguntarse si aquello era alguna forma extraña de venganza.
Sin embargo, una mañana ocurrió algo diferente.
Aldric lanzó un ataque inesperado.
Aria reaccionó por instinto.
Su espada se movió.
Bloqueó el golpe.
Y logró mantener la posición.
Por primera vez.
El silencio se instaló entre ambos.
Luego Aldric asintió.
Solo una vez.
Pero para ella fue suficiente.
Aquella noche, mientras cenaban junto al fuego, el maestro hizo una pregunta inesperada.
—¿Por qué sigues aquí?
Aria levantó la vista.
—¿Perdón?
—Podrías regresar a tu vida cómoda. Olvidar todo esto. La mayoría lo haría.
Las llamas iluminaron el rostro de la joven.
Y durante unos instantes recordó el futuro.
La hoguera.
Las cadenas.
La traición.
La muerte.
—Porque ya sé qué ocurre si no hago nada.
Las palabras escaparon antes de que pudiera detenerlas.
Aldric la observó cuidadosamente.
—Eso sonó extrañamente específico.
Aria sintió una punzada de alerta.
Había hablado demasiado.
Otra vez.
Pero el maestro no insistió.
Simplemente continuó observando el fuego.
Como si estuviera reuniendo pistas invisibles.
Los días se transformaron en semanas.
Y las semanas en meses.
Aria comenzó a cambiar.
Su cuerpo se volvió más fuerte.
Más rápido.
Más resistente.
Pero lo más importante era otra cosa.
Empezó a pensar de forma diferente.
Como una cazadora.
Como una estratega.
Como alguien capaz de sobrevivir.
Una tarde regresaban de una sesión de entrenamiento cuando Aldric se detuvo de repente.
Su expresión cambió.
Pasó de relajada a peligrosa en un instante.
—¿Qué ocurre?
—Silencio.
La voz del maestro fue apenas un susurro.
Aria obedeció.
Entonces lo escuchó.
Caballos.
Varios.
Acercándose.
Aldric llevó una mano a la empuñadura de su espada.
—Escóndete.
—¿Quiénes son?
—No lo sé.
Y eso era precisamente el problema.
Minutos después aparecieron entre los árboles.
Cinco hombres armados.
Vestidos como mercenarios.
Pero algo no encajaba.
No parecían estar viajando.
Parecían estar buscando.
A alguien.
Aria observó desde su escondite.
Uno de los hombres mostró un pergamino a los demás.
Aldric alcanzó a verlo.
Y su rostro se endureció.
Mucho.
Demasiado.
Cuando los desconocidos finalmente se alejaron, Aria salió de entre los arbustos.
—¿Qué ocurre?
Aldric permaneció en silencio.
—Aldric.
El hombre respiró profundamente.
—Nos encontraron.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Aria.
—¿Quiénes?
La respuesta tardó varios segundos en llegar.
—Los mismos enemigos que perseguían a Elara.
La joven quedó inmóvil.
Por primera vez, los misterios del diario habían dejado de ser historia antigua.
Ya no eran leyendas.
Ya no eran recuerdos olvidados.
Acababan de convertirse en una amenaza real.
Y esa amenaza se estaba acercando.
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷♀️🙎♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐