Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten
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7 La Primera Grieta
Tres días.
Durante tres días no hubo atentados.
El palacio comenzó a recuperar la calma.
Los nobles volvieron a sonreír.
Los músicos regresaron a los jardines.
Incluso algunos consejeros empezaron a creer que el culpable había huido.
Solo tres personas no compartían esa tranquilidad.
Selene.
Cedric.
Y Astaroth.
—Es demasiado silencioso.
Astaroth lanzó una manzana al aire y volvió a atraparla.
Los tres caminaban por la muralla del palacio.
Cedric observaba el bosque que rodeaba la capital.
—Estoy de acuerdo.
Los asesinos no desaparecen de un día para otro.
Selene cruzó los brazos.
—Están esperando.
—¿Esperando qué? —preguntó Astaroth.
Ella respondió sin apartar la vista del horizonte.
—Que bajemos la guardia.
Él sonrió.
—Cada día me sorprendes más.
—¿Por qué?
—Piensas igual que yo.
Selene no respondió.
Ya empezaba a entender por qué Astaroth había detectado cada atentado antes que todos los demás.
Su actitud era despreocupada...
Pero su mente jamás descansaba.
Aquella tarde...
Los emperadores convocaron una reunión privada.
—La boda se celebrará dentro de veinte días.
El salón quedó en silencio.
Selene apretó ligeramente los dedos.
Era mucho antes de lo esperado.
El emperador demonio tomó la palabra.
—Si esperamos más tiempo, nuestros enemigos seguirán atacando.
Debemos consolidar la alianza cuanto antes.
Cedric asintió.
—Estoy de acuerdo.
Selene guardó silencio.
Astaroth fue el único que rompió la tensión.
—¿Puedo opinar?
Los dos emperadores suspiraron al mismo tiempo.
—Habla.
—¿También habrá pastel?
Selene cerró los ojos.
Cedric soltó una risa.
Los consejeros comenzaron a murmurar con resignación.
El emperador demonio negó con la cabeza.
—Hijo...
—¿Qué?
—Jamás cambiarás.
—Eso espero.
Esa misma noche...
Selene decidió despejar su mente.
Se dirigió sola a la biblioteca imperial.
Era el único lugar donde siempre encontraba paz.
Mientras recorría los enormes estantes, una voz conocida habló detrás de ella.
—Así que aquí te escondes.
Ella ni siquiera volteó.
—¿Me estás siguiendo?
—No.
Hice que un sirviente me dijera dónde estabas.
Eso cuenta como investigación.
Selene tomó un libro.
—Eso cuenta como acoso.
Astaroth caminó hasta sentarse sobre una mesa.
—Nunca entendí cómo puedes leer tanto.
—Porque los libros enseñan.
—También aburren.
Ella abrió el libro.
—Entonces no los leas.
Astaroth tomó otro al azar.
Leyó el título.
—"Tratados de estrategia militar."
Hizo una mueca.
—Confirmado.
Tienes gustos extraños.
Selene levantó apenas una comisura de los labios.
Muy poco.
Pero Astaroth lo vio.
—¡Otra vez!
Ella volvió inmediatamente a su expresión seria.
—¿Qué?
—Sonreíste.
—No.
—Sí.
—Estás imaginando cosas.
Astaroth sonrió con satisfacción.
—Cada vez te sale peor fingir.
Selene sintió un extraño calor en las mejillas.
Y eso la irritó más que cualquier provocación.
En ese instante...
Un estruendo sacudió toda la biblioteca.
¡BOOM!
Las ventanas explotaron.
Una lluvia de cristales cayó sobre los estantes.
—¡Al suelo! —gritó Astaroth.
Sujetó a Selene de la cintura y ambos cayeron detrás de una enorme estantería.
Tres figuras encapuchadas irrumpieron por las ventanas.
No dijeron una sola palabra.
Solo atacaron.
Uno de ellos lanzó varias dagas.
Otro invocó llamas negras.
El tercero avanzó directamente hacia Selene.
—¡Entréguenla!
Astaroth dejó de sonreír.
Sus ojos dorados brillaron con una intensidad aterradora.
Por primera vez...
Liberó una parte de su poder demoníaco.
Un aura oscura envolvió su cuerpo.
La presión fue tan grande que los libros comenzaron a caer de los estantes.
Los asesinos se detuvieron un instante.
Habían cometido un error.
Muy grave.
Astaroth apareció frente al primero antes de que pudiera reaccionar.
Un solo golpe.
El hombre salió despedido y atravesó una pared.
El segundo intentó escapar.
Astaroth lo sujetó por el cuello.
—¿Quién los envió?
El asesino sonrió.
Y mordió una pequeña cápsula escondida entre sus dientes.
Murió al instante.
—Maldición...
El tercero aprovechó la distracción.
Corrió hacia Selene con la espada en alto.
Ella desenvainó la suya.
El choque de acero resonó por toda la biblioteca.
Selene era una excelente espadachina.
Pero aquel hombre era un asesino entrenado.
Retrocedió un paso.
Luego otro.
La espada enemiga rozó su brazo.
Una fina línea de sangre apareció sobre su piel.
Los ojos de Astaroth se endurecieron.
En un abrir y cerrar de ojos apareció detrás del atacante.
Lo derribó con una patada y le arrebató el arma.
El asesino intentó levantarse.
No tuvo oportunidad.
La espada quedó apoyada en su garganta.
—Habla.
El hombre comenzó a reír.
—Ya es demasiado tarde...
Astaroth frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
El asesino levantó lentamente la vista.
—Mientras ustedes estaban aquí...
Nuestro verdadero objetivo...
Era el príncipe Cedric.
El corazón de Selene dio un vuelco.
—¡Cedric!
Astaroth comprendió al instante.
Aquel ataque...
Solo había sido una distracción.
Y, por primera vez desde que comenzó aquella conspiración, llegaron demasiado tarde.
muchas gracias, bendiciones...