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El Mercader De Los Recuerdos

El Mercader De Los Recuerdos

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Aventura
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Susiluu_

En un mundo donde los recuerdos pueden venderse, Kael Arden trabaja comprando aquellos que otros están dispuestos a olvidar para siempre. Pero cada vez que revive un recuerdo, también siente el amor, la alegría, el miedo o el dolor de quien lo vivió.

Todo cambia cuando adquiere un recuerdo imposible: el asesinato de un hombre... diez días antes de que ocurra.

Mientras intenta impedir ese futuro, Kael conocerá a Lyra, una joven incapaz de olvidar un solo instante de su vida. Juntos descubrirán que algunos recuerdos no pertenecen al pasado, sino al futuro, y que hay quienes están dispuestos a cambiar el destino a cualquier precio.

Porque hay recuerdos que pueden salvar una vida... y otros que pueden condenar al mundo.

NovelToon tiene autorización de Susiluu_ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Las cenizas de la Academia

«El fuego no destruye los recuerdos. Solo elimina los lugares donde aprendimos a encontrarlos.»

— Fragmento del Libro de los Mercaderes, Volumen X»

El estruendo aún resonaba entre los edificios cuando Kael echó a correr.

—¡Kael! —gritó Lyra.

Él se detuvo apenas un instante.

—¿Vienes?

Ella no respondió con palabras.

Simplemente comenzó a correr a su lado.

Las calles, hasta hacía unos minutos tranquilas, se llenaban de gente que caminaba en dirección contraria. Algunos señalaban la enorme columna de humo que oscurecía el cielo; otros buscaban a sus familiares entre el caos.

Las campanas de emergencia empezaron a sonar por toda la ciudad.

—¿De verdad estaba abandonada? —preguntó Lyra sin dejar de correr.

—Eso decía Elias.

—No has respondido.

Kael comprendió el matiz.

—No lo sé.

Llegaron a la plaza principal jadeando. Desde allí podía verse la antigua Academia de Mercaderes envuelta en llamas. Las ventanas explotaban una tras otra y los bomberos intentaban controlar el incendio sin demasiado éxito.

La construcción era imponente incluso mientras ardía. Columnas de piedra blanca, un reloj detenido en las seis y media y un enorme arco de entrada sobre el que todavía podía leerse una inscripción desgastada:

"Toda memoria merece un guardián."

Kael sintió un extraño vacío en el pecho.

Nunca había estado allí.

O eso creía.

---

Marcus apareció entre la multitud.

—¡Kael!

El guardia llevaba el uniforme cubierto de ceniza.

—¿Qué ha pasado?

—La explosión comenzó en el sótano.

Dicen que alguien entró hace menos de una hora.

Los bomberos creen que fue provocada.

Kael observó el edificio.

Demasiadas coincidencias.

La carta.

La amenaza.

Y ahora aquello.

Entonces vio llegar a Elias.

El anciano caminaba con dificultad, apoyándose más que nunca en su bastón. Sin embargo, su mirada no estaba fija en las llamas.

Miraba el ala este de la Academia.

Como si supiera exactamente qué había allí.

—No... —susurró.

Fue la primera vez que Kael escuchó miedo auténtico en su voz.

Elias dio dos pasos hacia delante.

Pero un bombero le cortó el paso.

—¡No puede acercarse!

¡El edificio va a colapsar!

El anciano no parecía escucharlo.

—El archivo...

El archivo subterráneo...

Kael lo miró sorprendido.

—¿Hay un archivo debajo?

Elias cerró los ojos.

Había comprendido algo.

Demasiado tarde.

—Nunca estuvo abandonada.

Solo dejamos de enseñar aquí.

Lo importante...

Nunca salió del edificio.

En ese momento, una parte del techo se derrumbó con un estruendo ensordecedor.

Una nube de polvo cubrió la plaza.

Cuando el aire volvió a despejarse, un joven bombero salió corriendo desde la entrada.

—¡Hay alguien dentro!

Todos giraron la cabeza.

—¿Quién?

—No lo sabemos.

Lo hemos visto a través de una ventana del segundo piso.

¡Está atrapado!

Kael sintió un impulso inmediato.

Dio un paso hacia el edificio.

Elias lo sujetó del brazo.

—No.

—¡Hay alguien ahí dentro!

—Y también una trampa.

Kael lo miró incrédulo.

—¿Cómo puede decir eso?

El anciano señaló las llamas.

—Si alguien quería destruir el archivo subterráneo, sabía que nosotros vendríamos.

Sabía que intentaríamos entrar.

Lyra permanecía en silencio, observando el edificio con una intensidad inusual.

De pronto habló.

—Hay otra entrada.

Los tres la miraron.

—¿Cómo lo sabes?

Ella entrecerró los ojos.

—Porque... la recuerdo.

Kael frunció el ceño.

—Nunca has estado aquí.

Lyra palideció.

—Eso pensaba.

Se llevó una mano a la cabeza.

Respiraba cada vez más deprisa.

Imágenes inconexas atravesaban su mente.

Un pasillo.

Escaleras de piedra.

Un niño llorando.

Una puerta metálica.

Y el mismo símbolo del ojo grabado sobre ella.

Retrocedió un paso.

—No...

No puede ser...

Kael se acercó.

—¿Qué ocurre?

Ella levantó lentamente la vista.

Había auténtico miedo en sus ojos.

—He estado aquí.

Estoy completamente segura.

Pero...

No recuerdo cuándo.

Ni por qué.

Elias la observó fijamente.

Como si acabara de confirmar una sospecha.

—¿Qué has visto?

Lyra cerró los ojos.

Las imágenes aparecían cada vez con más claridad.

—Había niños.

Muchos niños.

Todos llevaban una pulsera plateada.

Y...

Su voz comenzó a temblar.

—Uno de ellos eras tú.

Kael sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—Eso es imposible.

Yo nunca estudié aquí.

Elias no dijo nada.

Y ese silencio respondió más que cualquier palabra.

Kael giró lentamente hacia él.

—¿Maestro...?

El anciano bajó la mirada.

—No era el momento de contártelo.

—¿Contarme qué?

Elias respiró profundamente.

—Sí estuviste aquí.

Antes de llegar al Archivo.

Tenías ocho años.

El mundo pareció detenerse.

Kael retrocedió un paso.

—No...

Yo recuerdo...

Se quedó en silencio.

Porque no recordaba nada.

No había un solo recuerdo anterior a los doce años que pudiera describir con claridad.

Solo fragmentos.

Sueños.

Sensaciones.

Nunca le había parecido extraño.

Hasta ahora.

—¿Qué pasó cuando tenía ocho años?

preguntó con la voz quebrada.

Elias tardó varios segundos en responder.

Pero antes de que pudiera hacerlo, un nuevo estruendo sacudió la Academia.

Una parte del suelo cedió.

Entre el humo y las llamas se abrió un enorme agujero que dejaba al descubierto el nivel subterráneo.

Y, durante apenas un segundo...

Kael distinguió algo brillando entre los escombros.

No era fuego.

No era metal.

Era una hilera de cientos de cápsulas de recuerdos perfectamente alineadas.

Alguien no había intentado destruir el archivo.

Había intentado abrirlo.

Y quienquiera que hubiera entrado primero...

seguía ahí abajo.

El humo ascendía en espirales oscuras mientras los bomberos retrocedían unos metros.

—¡Todos atrás! —gritó uno de ellos—. ¡El suelo sigue cediendo!

Pero Kael apenas escuchó la advertencia.

Su mirada permanecía fija en el enorme hueco abierto bajo la Academia.

Las cápsulas.

Había cientos.

Quizá miles.

Brillaban con una tenue luz azulada entre el polvo y los cascotes, como un cielo lleno de estrellas enterrado bajo toneladas de piedra.

—¿Qué clase de archivo es ese...? —susurró.

Elias no respondió enseguida.

Sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y culpa que Kael jamás le había visto.

—El primero.

—¿El primero?

—Antes de construir el Archivo Central... todos los recuerdos importantes se conservaban aquí.

Kael volvió a mirar el agujero.

—Entonces esas cápsulas...

—Son anteriores a casi todo lo que conoces.

Lyra dio un paso hacia el borde del derrumbe.

Observaba el subsuelo con una intensidad inquietante.

—No...

No están todas.

Kael giró la cabeza.

—¿Qué quieres decir?

Ella señaló varias estanterías derrumbadas.

—Mira los huecos.

No explotaron.

Están vacíos.

Alguien retiró esas cápsulas antes del incendio.

Kael siguió la dirección de su dedo.

Tenía razón.

Entre cientos de compartimentos cubiertos de polvo había varios espacios completamente limpios.

Como si las cápsulas hubieran sido retiradas apenas unas horas antes.

No era un robo improvisado.

Había sido planificado.

Entonces...

Un sonido metálico llegó desde las profundidades.

Clinc.

Los cuatro levantaron la vista al mismo tiempo.

No provenía de las llamas.

Venía del archivo subterráneo.

Marcus desenfundó la linterna que llevaba al cinturón.

—¿Hay alguien ahí abajo?

Nadie respondió.

Solo el crepitar del fuego.

Y, unos segundos después...

Otro sonido.

Esta vez mucho más claro.

Pasos.

Lentos.

Pesados.

Kael sintió cómo la piel se le erizaba.

Entre el humo apareció una figura.

Subía lentamente por las escaleras derrumbadas.

Vestía un largo abrigo negro cubierto de polvo.

Su cabello era completamente blanco.

Y caminaba apoyándose en un bastón de madera.

Cuando alcanzó la superficie, los bomberos quedaron inmóviles.

El hombre parecía tener cerca de ochenta años.

Respiraba con dificultad.

Pero sus ojos conservaban una extraña firmeza.

Lo primero que hizo fue mirar a Elias.

—Sigues vivo...

Elias dejó escapar el aire lentamente.

—Pensé que habías muerto.

El anciano sonrió con cansancio.

—Lo intentaron.

Pero aún no era mi momento.

Kael observó a uno y otro.

Era evidente que se conocían.

—¿Quién es?

preguntó.

El hombre dirigió la mirada hacia él.

Sus ojos se humedecieron de inmediato.

—Así que tú eres...

La voz se quebró.

—Has crecido.

Kael frunció el ceño.

—¿Nos conocemos?

El anciano dio un paso.

—Mucho más de lo que imaginas.

Antes de que pudiera acercarse más, comenzó a toser violentamente.

Pequeñas gotas de sangre mancharon el suelo.

Lyra reaccionó enseguida.

—Está herido.

Marcus se acercó para ayudarlo, pero el desconocido levantó la mano.

—No...

Escuchadme primero.

No queda tiempo.

Kael se arrodilló frente a él.

—¿Quién es usted?

El hombre sonrió con tristeza.

—Mi nombre es Gabriel Llorente.

Fui el primer maestro de Elias.

El silencio cayó sobre todos.

Kael miró sorprendido al director del Archivo.

Nunca le había oído mencionar a aquel hombre.

Elias bajó la cabeza.

—Creí que habías muerto durante el incendio.

—Eso era lo que convenía que pensaras.

Gabriel respiró con dificultad.

Cada palabra parecía costarle un enorme esfuerzo.

—Escuchad con atención.

No provocaron este incendio para destruir documentos.

Lo hicieron para encontrar algo.

Kael sintió un vuelco.

—¿Qué buscaban?

Gabriel levantó lentamente la vista hacia él.

—Tu recuerdo.

El mundo pareció detenerse.

—¿Mi... recuerdo?

—El verdadero.

El que te arrebataron cuando eras niño.

Kael permaneció completamente inmóvil.

Notó que las manos comenzaban a temblarle.

Toda su infancia.

Todos los vacíos.

Toda aquella sensación de que faltaba una parte de sí mismo...

¿Habían sido provocados?

—¿Quién me lo quitó?

Gabriel abrió la boca para responder.

Pero un fuerte silbido atravesó el aire.

Kael apenas tuvo tiempo de reaccionar.

Una pequeña flecha metálica se clavó en el pecho del anciano.

El impacto lo lanzó hacia atrás.

—¡Gabriel! —gritó Elias.

Marcus levantó inmediatamente la vista hacia los tejados.

—¡Francotirador!

El caos estalló.

Los bomberos comenzaron a evacuar la plaza.

La gente corría en todas direcciones.

Kael sujetó a Gabriel antes de que cayera al suelo.

La flecha no era grande.

Pero un líquido oscuro comenzaba a extenderse por su ropa.

Veneno.

Gabriel respiraba cada vez con más dificultad.

Con un esfuerzo inmenso, agarró la muñeca de Kael.

—Escúchame...

No busques...

el recuerdo...

Busca...

la llave...

Kael acercó el oído.

—¿Qué llave?

Gabriel sonrió débilmente.

Con las pocas fuerzas que le quedaban, deslizó algo dentro del bolsillo del abrigo de Kael.

Era pequeño.

Frío.

Metálico.

Después levantó la vista hacia Elias.

—Lo... siento...

No pude...

protegerlos...

Su mano cayó lentamente.

Sus ojos dejaron de moverse.

El silencio volvió a apoderarse de la plaza.

Kael permaneció inmóvil junto al cuerpo del anciano.

No lo conocía.

Y, sin embargo, sentía que acababa de perder a alguien importante.

Elias cerró los ojos.

Durante unos segundos no fue el director del Archivo.

Solo fue un hombre que acababa de despedirse de su maestro.

Entonces Lyra tocó suavemente el brazo de Kael.

—Mira tu bolsillo.

Él introdujo la mano lentamente.

Sacó el objeto que Gabriel había escondido.

Era una pequeña llave de plata.

Muy antigua.

En uno de sus lados estaba grabado el mismo símbolo del ojo.

Pero, al darle la vuelta...

Kael sintió que el corazón dejaba de latir durante un instante.

Porque en el reverso había una inscripción diminuta.

Sala 27. Archivo Central. Acceso exclusivo para K. Arden.

Kael levantó la vista hacia Elias.

El anciano estaba tan sorprendido como él.

Porque ambos sabían una cosa.

En el Archivo Central...

no existía ninguna Sala 27.

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Cliente anónimo
No esperaba un primer capítulo que fuese de novela ni un comienzo que rompiese tanto como la venta del recuerdo de su hijo volviendo a caminar. Tiene muchísimo calibre
Mimiko
Sin duda es de las obras más intrigantes y elaboradas que se puedan encontrar
Cliente anónimo
dejo mi comentario aqui para volver. me ha interesado mucho el prologo jeje
Neery!
esta me la apunto para leerla detenidamente, pinta para largo 🤯
Seku: Cómo de larga? Sería un desperdicio que se quedase corta. Podría ser hasta de trilogía! Me encanta el título, es súper original.
total 2 replies
NovelToon
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