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El Amor Eterno Del Rey Vampiro

El Amor Eterno Del Rey Vampiro

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Amor en la guerra / Fantasía épica / Salvando al mundo
Popularitas:10.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gloria Escober

**Una promesa sellada con sangre y eternidad.**

Tras la traición de su prometido, Cecil intenta concentrarse en lo único que siempre le ha dado sentido a su vida: la medicina. Como parte de una comisión médica de Oxford, viaja al reino de Kratos, sin imaginar que aquel viaje cambiará su destino para siempre.

Desde su llegada, extraños sueños y recuerdos que no le pertenecen comienzan a atormentarla. Al mismo tiempo, se siente inexplicablemente atraída por el rey Azharel, un hombre tan poderoso como enigmático, cuyos ojos parecen guardar el dolor de siglos enteros.

Lo que Cecil ignora es que su historia con Azharel comenzó mil años atrás, cuando él era un príncipe vampiro que renunció a todo por amor. Separados por la tragedia y la muerte, una promesa sellada con sangre y eternidad los mantuvo unidos a través del tiempo.

Ahora, mientras los secretos del pasado resurgen y antiguos peligros vuelven a despertar, Cecil deberá descubrir quién fue realmente y por qué el rey vampiro la mira como si hubiera esperado mil años para volver a verla.

Una apasionante historia de amor, destino y reencarnación, donde ni siquiera la muerte puede romper los lazos de un amor eterno.

NovelToon tiene autorización de Gloria Escober para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tú vendrás conmigo.

La noche comenzaba a caer.

Eso asustó todavía más a los aldeanos.

El bosque era seguro durante el día, pero cuando oscurecía todo cambiaba.

Las sombras se volvían más largas y los sonidos parecían multiplicarse entre los árboles.

El líder de la aldea observó el cielo con preocupación.

—Va a anochecer.

Su voz transmitía nerviosismo.

—Si no encontramos a Aria pronto, será muy peligroso.

Merida miró a los presentes.

—Debemos separarnos.

Los aldeanos la observaron.

—Si todos vamos por el mismo camino, tardaremos demasiado.

El líder asintió.

—Tiene razón.

Señaló distintos senderos del bosque.

—Nos dividiremos en grupos.

Varios hombres dieron un paso al frente.

—Nosotros iremos por el lado norte.

—Nosotros por el río.

—Y nosotros por el sendero de las rocas.

El líder miró a Merida.

—Tú vendrás conmigo.

Ella asintió.

—Bien.

Todos comenzaron a internarse en distintas direcciones.

Y pronto, el bosque se llenó de voces.

—¡Aria!

—¡Aria!

—¡Aria!

Merida también comenzó a llamarla.

—¡Aria!

—¡Aria!

Avanzó junto al líder de la aldea.

Las hojas crujían bajo sus pies.

El viento comenzaba a soplar con más fuerza.

El líder la miró.

—Espero que no se haya alejado demasiado.

Merida intentó mantener la calma.

—La encontraremos.

De pronto…

Un pequeño grito resonó a la distancia.

Merida se detuvo inmediatamente.

Abrió los ojos.

—¡Es ella!

Miró al líder.

—¡Es Aria!

Los dos salieron corriendo.

Los árboles pasaban rápidamente a su alrededor.

Y entonces la vieron.

La pequeña corría entre los árboles.

—¡Aria! —gritó Merida.

La niña, al verla, corrió directamente hacia ella.

Merida la abrazó de inmediato.

—Aria… ¿estás bien?

La pequeña asintió mientras lloraba.

—Sí.

—Me perdí.

Merida le acarició el cabello.

—Ya pasó.

Luego la separó un poco y comenzó a revisarla.

Observó sus brazos.

Sus piernas.

Su rostro.

No tenía ninguna herida.

Merida miró al líder.

—Está sana.

El hombre soltó un suspiro de alivio.

—Gracias a los dioses.

Luego se agachó frente a la niña.

—No debiste hacer eso.

Aria bajó la cabeza.

—Lo siento.

Merida sonrió.

—Ya estás aquí.

La niña levantó la mirada.

—Quería ver un dragón.

Merida soltó una pequeña risa.

—Pero no puedes ir sola.

Aria asintió.

Entonces habló de nuevo.

—Había un señor.

Merida frunció ligeramente el ceño.

—¿Un señor?

La niña asintió.

—Sí.

—Me gritó.

El líder se acercó.

—¿Te hizo daño?

La niña negó.

—No.

—Pero me dijo que me fuera.

Merida se agachó a su altura.

—¿Por qué?

—Porque estaba herido.

La niña señaló su hombro.

—Tenía una flecha.

Merida abrió los ojos.

—¿Dónde está?

Aria señaló hacia el interior del bosque.

—Por allá.

Merida se puso de pie inmediatamente.

Miró al líder.

—Llévenla de regreso.

El hombre la miró sorprendido.

—¿Qué?

—Voy a ayudar a ese hombre.

El líder negó con la cabeza.

—Es peligroso.

Ella lo miró con decisión.

—No se preocupe.

Tomó su bolso de medicinas.

—Lleven a Aria con los demás.

—Y que alguien la acompañe hasta la aldea.

El hombre suspiró.

—Merida…

Pero ella ya estaba caminando.

—Luego volverán por mí.

El líder sabía que era imposible hacerla cambiar de opinión.

Miró a la niña.

El cielo estaba oscureciendo demasiado rápido.

Había que sacarla de allí.

—Vamos.

Tomó a Aria de la mano.

—Primero te llevaremos a la aldea.

Luego iremos a buscar a Merida.

Mientras tanto, Merida avanzaba sola.

Cada vez más rápido.

El viento agitaba las ramas.

La noche comenzaba a cubrir todo el bosque.

Entonces se detuvo.

Había algo en el suelo.

Se agachó.

Sangre.

Un rastro de sangre.

Su corazón comenzó a acelerarse.

Se puso de pie.

Y comenzó a seguirlo.

Cada pocos pasos aparecían nuevas gotas.

El hombre había pasado por allí.

Pero la oscuridad era cada vez más profunda.

Los árboles parecían gigantes observándola.

Y el bosque comenzaba a quedarse en silencio.

Demasiado silencio.

Merida apretó el bolso de medicinas.

Por otro lado, Azharel seguía avanzando por el bosque.

Cada paso le costaba más que el anterior.

La flecha seguía hundiéndose lentamente en su hombro, robándole las fuerzas.

Su respiración era pesada.

La vista comenzaba a nublársele.

Pero lo peor no era el dolor.

Era la sed.

Una sed feroz.

Incontrolable.

Su garganta ardía como si estuviera siendo consumida por el fuego.

Necesitaba sangre.

Su cuerpo la reclamaba.

Sus instintos vampíricos comenzaban a imponerse sobre la razón.

Azharel apretó los dientes.

—No…

Continuó caminando.

Pero sus piernas comenzaron a fallar.

Entonces, los árboles comenzaron a abrirse ante él.

Y llegó a un claro.

La luna brillaba en lo alto del cielo.

Su luz plateada iluminaba un pequeño lago de aguas cristalinas.

La superficie del agua se movía suavemente con el viento.

Azharel se acercó de inmediato.

Cayó de rodillas.

Y comenzó a beber desesperadamente.

Tomaba agua con ambas manos.

Una y otra vez.

Como si aquello pudiera apagar el fuego que consumía su interior.

Pero no funcionaba.

La sed seguía aumentando.

Su respiración se aceleró.

Apretó los puños.

Sus ojos comenzaron a adquirir un tono rojizo.

Podía escuchar su propio corazón latiendo con fuerza.

—Maldita sea…

Volvió a tomar agua.

Pero era inútil.

El agua calmaba su garganta.

No su sed de sangre.

Entonces cerró los ojos.

Intentando recuperar el control.

Pero cada segundo era peor.

Su mente comenzaba a llenarse de imágenes.

La niña.

Su cuello.

Sus venas.

Su sangre.

Inmediatamente abrió los ojos.

Y negó con fuerza.

—No.

Se puso de pie.

Retrocedió unos pasos.

Apoyó una mano sobre un árbol.

Su respiración era cada vez más agitada.

—Contrólate, Azharel.

Miró la luna.

Pero ni siquiera eso lograba tranquilizarlo.

La flecha seguía envenenando su cuerpo.

Y estaba perdiendo la batalla contra sus propios instintos.

Entonces escuchó algo.

Pasos.

Muy suaves.

Alguien avanzaba por el bosque.

Azharel levantó la cabeza.

Su oído vampírico distinguió una respiración tranquila.

Un corazón latiendo.

Y un aroma.

Un aroma dulce.

Humano.

Su cuerpo se tensó inmediatamente.

Sus colmillos comenzaron a aparecer.

La sed aumentó todavía más.

Azharel levantó la vista.

Todo estaba borroso.

La luna brillaba sobre el lago.

Y entonces la vio.

Era una joven de cabello castaño largo que caía en suaves ondas sobre sus hombros.

Su piel era clara.

Y sus ojos verdes parecían reflejar la misma luz de la luna.

Por un instante, el tiempo pareció detenerse.

Ella avanzaba despacio.

Su respiración era tranquila.

Y el calor de su cuerpo llegaba hasta él.

Entonces la sintió.

Su sangre.

Fresca.

Dulce.

Tibia.

Corriendo por sus venas.

Pero había algo más.

Un aroma diferente.

Un aroma delicado que no sabía explicar.

Algo que jamás había percibido en otro ser humano.

Merida se acercó con cautela.

Primero miró sus ojos negros.

Luego la sangre que corría por su hombro.

Y finalmente la flecha.

—Oh, señor… está herido.

La joven levantó una mano.

—Tranquilo, voy a ayudarlo.

Azharel la observó.

Ella llevaba una mano dentro de su bolso y la otra oculta detrás de su espalda.

El príncipe pensó por un instante.

No está tan mal…

Al menos no es una niña.

Se incorporó lentamente.

Su cuerpo tembló.

—Mi lady… creo que estoy muriendo.

Merida lo miró.

—No diga eso.

—Lo ayudaré.

Azharel comenzó a acercarse.

Cada paso aumentaba la sed.

Agachó ligeramente la cabeza.

Sus colmillos comenzaron a aparecer.

La sangre de Merida estaba demasiado cerca.

Demasiado.

Cuando estuvo a un paso de ella, levantó la cabeza.

Y en el instante en que iba a lanzarse…

¡PUM!

Un fuerte golpe impactó contra su boca.

Azharel cayó sentado sobre el suelo.

Se llevó una mano a los labios.

Estaba sangrando.

El dolor fue tan intenso que lo dejó inmóvil unos segundos.

Merida sostenía una piedra en la mano.

Lo miraba con enojo.

—¡Si hubiera sabido que era un vampiro, ni siquiera me habría acercado!

Dio un paso hacia atrás.

—¡Muérase!

Y se dio la vuelta para correr.

Pero Azharel alcanzó a sujetar la falda de su vestido.

Merida perdió el equilibrio.

—¡Ah!

Cayó de espaldas.

En un instante, Azharel quedó encima de ella, sujetándole ambas manos.

Todavía sangraba por la boca.

La miró sorprendido.

Y dijo:

—Una humana atacando a un vampiro…

Soltó una pequeña risa.

—Qué curioso.

Merida lo miró con rabia.

—¡Adelante!

—¡Acabe conmigo de una vez, maldito!

Azharel la observó.

Ella continuó.

—¡Vamos!

—¿Qué espera?

—¡Cobarde!

—Después de todo, ustedes los chupasangre solo atacan mujeres, niños y ancianos.

Sus ojos ardían de furia.

—No atacan a los lobos ni a las brujas.

—Son unas cobardes sanguijuelas.

Azharel se quedó inmóvil.

Y, por primera vez desde que la había visto…

La sed se detuvo.

Seguía débil.

Pero algo había cambiado.

Miró detenidamente su rostro.

Luego habló.

—No soy un cobarde.

Merida frunció el ceño.

Él continuó.

—No tomo sangre de niños.

—Ni de mujeres.

—Mucho menos de ancianos.

—No hacemos eso.

Ella lo miró con ironía.

—Qué extraña forma de demostrarlo.

Azharel suspiró.

Entonces la soltó.

Se apartó de ella.

Y se sentó nuevamente.

—Lárguese de aquí.

Merida se puso de pie.

Sacudió su vestido.

Y comenzó a caminar.

Azharel murmuró:

—Lo que me faltaba.

Negó con la cabeza.

—Primero una niña y ahora una loca.

Merida se detuvo.

Entonces recordó algo.

No la había atacado.

Había podido hacerlo.

Y no lo hizo.

Lo observó mejor.

La ropa que llevaba era sencilla.

Nada lujosa.

Nada que recordara a un noble.

Entonces una idea cruzó por su mente.

Quizá era un vampiro recién convertido.

Un campesino.

Alguien que había sido transformado contra su voluntad.

Y ahora estaba sufriendo.

Merida suspiró.

Y regresó.

Azharel la miró sorprendido.

—¿Qué hace?

Ella se agachó.

—Lo ayudaré.

Él abrió los ojos.

—¿Qué?

—¿Acaso quiere que la mate?

Merida lo miró.

—Cállese y quédese quieto.

Tomó su bolso.

—Déjeme revisar su herida.

Intentó tocarlo.

Pero Azharel se apartó.

Ella suspiró.

—Si se quiere morir, muérase.

—Pero puedo ayudarlo.

Él la observó.

—¿Por qué lo haría?

Ella respondió inmediatamente.

—Porque le perdonó la vida a la niña.

Azharel la miró.

—¿Es su hija?

Merida abrió los ojos.

—¿Qué?

Él volvió a preguntar.

—¿Está casada?

Ella soltó una pequeña risa.

—Claro que no.

—¿Cómo tendría una hija?

Luego señaló su hombro.

—Ahora quédese quieto.

Y, sin avisarle, apartó la tela de su camisa.

Azharel hizo una pequeña mueca de dolor.

—Cada vez que intento sacarla, se hunde más.

Merida observó la flecha.

Su expresión cambió.

Frunció el ceño.

Conocía esas flechas.

Las había visto antes.

Las brujas las utilizaban para cazar animales.

Eran flechas hechizadas.

Una vez que atravesaban la carne, seguían avanzando lentamente hasta alcanzar el corazón.

Era una forma rápida y eficaz de derribar presas grandes.

Merida tragó saliva.

—Debemos sacarla.

Él la observó.

—¿Por qué?

Ella levantó la mirada.

—Porque cuando termine de hundirse…

Señaló la flecha.

—Buscará su corazón.

Azharel la miró sorprendido.

—¿Cómo lo sabe?

Ella respondió mientras revisaba la herida.

—He visto animales morir así.

—Cuando salgo a cazar, a veces los encontramos.

—Nunca he visto quién las dispara.

—Solo el resultado.

Azharel asintió lentamente.

—¿Cómo se detiene?

Merida buscó entre sus frascos.

—Con la savia del árbol del que está hecha la flecha.

Sacó un pequeño recipiente.

—Por suerte llevo un poco.

Sonrió ligeramente.

—También sirve para controlar los vómitos.

Abrió el frasco.

Y comenzó a colocar la sustancia alrededor de la herida.

—Necesito que vaya tirando poco a poco.

Azharel obedeció.

Ella siguió colocando la savia.

—Eso es.

—No se desespere.

—Hágalo lentamente.

Azharel respiró profundamente.

Y comenzó a jalar.

Poco a poco.

Muy despacio.

Sintió cómo la flecha empezaba a retroceder.

El dolor era intenso.

Pero la presión disminuía.

Merida continuó ayudándolo.

—Ya casi sale.

—Un poco más.

Finalmente…

La flecha abandonó por completo su hombro.

Los dos soltaron el aire al mismo tiempo.

Y, por primera vez desde que había comenzado aquella noche, Azharel volvió a sentirse verdaderamente vivo.

Sin saberlo, acababan de dar el primer paso hacia una historia que llevaba mil años esperando comenzar.

1
Doris Angelica Pinzón Avila
osea que My Lord en realidad es la mascota de Mérida n su primera vida, y cuando ellos se casan Mérida se lleva al León con ellos, por eso My Lord vive con el rey Azharel y viene a rescatar a Cecil
Doris Angelica Pinzón Avila
su primer encuentro no fue muy bueno que digamos pues Azharel la quería atacar para tomar su sangre y ella descubrió que era un vampiro y no lo iba a ayudar
Elizabeth Delvicier
Tranquila escritora se comprende el entusiasmo
Elizabeth Delvicier
tengo una duda el 👑 vampiro y su 👑Aurora solo tenían un hijo y en entonces quien es la madre de Morgana
jessica jh
mas capitulos👏
Elizabeth Delvicier
y todo comenzó x una niña perdida buscando un 🐉 y un príncipe que buscaba una alianza sin saber que la 🧹 y los 🐺 tenían el mismo plan matar al 👑🦇 y esté en el 🌳🌳🌲 nunca pensó que encontraría el ❤️
Elizabeth Delvicier
no sé podía confiar en nadie esas brujas cochinas prepararon la flecha
Limaesfra🍾🥂🌟
mi lord que traidor 🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
no te preocupes la historia esta impactante💞💞💞
Adriana Trejo
esta melisandre maneja al rey a su antojo 😡
y el no cae en cuenta como es manipulado por ella , ciego por no querer ser menos en un mundo donde las bestias tienen poder y eso le va a jugar en contra 🤔
Alexandra Ortiz Posada
De verdad que los humanos se estaban llevando la peor parte
Nata Mazó
🤣🤣🤣🤣🤣 el dirá es tu problema no el mío yo siempre protesto y griii y nada 🤣🤣🤣 ahora arregleselas 🫣🫣
Limaesfra🍾🥂🌟
todo un minino heroico grrrr😋😋
Limaesfra🍾🥂🌟
cuida a Merida 🦁x el 🦇quiere comer a la nena🤣🤣🤣🤣
Cecilia castro zeledon
asi como se relata la historia entiendo al rey completamente la verdad lo apoyo ya que los otros se pasan de salvaje pero desafortunadamente no salio como se espero
Edith Leyva
así es, fue pura manipulación de la bruja para obtener el hijo del rey😡😡😡
Kim Nava
seguro ella es cimpable
y el rey segado por el dolor tomando malas decisiones😡😡
Nata Mazó
😂😂😂😂 a penas se viene acordar de mi Lord
Limaesfra🍾🥂🌟
Gracias por escribir tan buenas historias
Viviana Mosquera
Muy buena,.espectacular ¡a la espera de más capitulos¡
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