Espero que les guste esta novela tanto como a mi...
NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
22
Capítulo 22: El aroma de la pareja
Parte 1
La tarde transcurría tranquilamente en la mansión.
Richel y Clara estaban en la sala cuando escucharon el timbre.
—¿Esperas a alguien? —preguntó Clara.
Richel negó.
—No.
Akemi apareció desde el pasillo.
—Yo tampoco.
La puerta se abrió.
Una joven entró con una sonrisa.
—¡Por fin!
Richel abrió los ojos.
—¡Maya!
La joven corrió hacia ella.
—¡Pensé que nunca volvería a verte!
Richel la abrazó.
—¿Qué haces aquí?
—Clara me dio tu dirección.
Clara levantó las manos.
—Yo solo quería que se conocieran.
Maya soltó una carcajada.
—Además, necesitaba ver si era verdad todo lo que contabas.
Richel frunció el ceño.
—¿Qué contaba?
Maya miró alrededor.
—Que vives en una mansión enorme con un zorro posesivo.
Richel se puso roja.
—¡Clara!
Clara comenzó a reír.
—No fui yo.
Desde el otro lado de la sala...
Ren levantó la mirada.
—¿Zorro posesivo?
Richel se giró.
—¡Cállate, Ren!
Él arqueó una ceja.
—Yo no dije nada.
—Pero estabas escuchando.
—Porque hablabas de mí.
Maya soltó una carcajada.
—Ahora entiendo.
Ren la observó.
—¿Y tú eres...?
—Maya. Compañera de Richel y Clara.
Ren asintió.
—Encantado.
Maya sonrió.
—Igualmente.
---
Damián apareció en el salón.
—¿Qué ocurre?
Ren señaló a las jóvenes.
—Maya está visitando a Richel y Clara.
Damián apenas prestó atención.
—Hola.
Maya se giró.
—Hola.
Sus miradas se cruzaron.
Por un segundo...
Nada ocurrió.
Damián continuó caminando.
Pero entonces se detuvo.
Su nariz se movió ligeramente.
Richel lo observó.
—¿Qué haces?
Damián frunció el ceño.
—Nada.
Volvió a mirar a Maya.
Ella estaba hablando con Clara.
Damián intentó ignorarlo.
Pero entonces...
Su expresión cambió.
—Espera.
Ren lo miró.
—¿Qué pasa?
Damián no respondió.
Maya se acercó a la mesa.
—¿Alguien quiere algo de comer?
Damián respiró profundamente.
Y de repente...
—¡Shhh!
Todos se quedaron callados.
Richel parpadeó.
—¿Qué?
Damián levantó una mano.
—Cállate.
Ren frunció el ceño.
—¿Qué te ocurre?
Damián miró hacia Maya.
Su cola estaba completamente erizada.
Ren abrió los ojos.
—No puede ser.
Damián volvió a respirar.
Sus orejas se movieron.
—Huelo algo...
Richel miró a Clara.
—¿Algo?
Damián tragó saliva.
—Algo delicioso.
Maya frunció el ceño.
—¿Qué?
Damián dio un paso hacia ella.
Después otro.
Ren lo observaba cuidadosamente.
—Damián.
No respondió.
—Damián.
El zorro se detuvo.
Su expresión había cambiado completamente.
Ya no parecía el libertino despreocupado de días atrás.
Parecía un animal que acababa de encontrar aquello que llevaba toda su vida buscando.
—No...
Ren se acercó.
—¿Qué pasa?
Damián retrocedió.
—No puede ser.
—¿Qué?
—Ella.
Ren miró a Maya.
Después a su hermano.
Y finalmente comprendió.
—Tu pareja.
Damián abrió los ojos.
—No.
Richel sonrió.
—¿Qué ocurre?
Damián retrocedió otro paso.
—Es humana.
Ren soltó una pequeña risa.
—¿Y?
—Es mi pareja.
Maya se quedó completamente quieta.
—¿Tu qué?
Damián la miró.
—Mi pareja.
Silencio.
Clara abrió la boca.
—¿Damián?
Richel no pudo contener la sonrisa.
—Esto es increíble.
Damián parecía completamente perdido.
—Yo...
Maya dio un paso hacia él.
Damián retrocedió.
—No te acerques.
Maya frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no sé qué voy a hacer.
Ren soltó una carcajada.
—¿Tú?
Damián lo fulminó con la mirada.
—¡Cállate!
Ren comenzó a reír.
—Hace dos días eras el gran libertino de la familia.
Damián señaló a Maya.
—¡Esto es diferente!
—Claro.
—¡Es mi pareja!
—Precisamente.
Damián respiró profundamente.
Y entonces hizo algo que ninguno de ellos esperaba.
Se dio la vuelta...
Y salió corriendo.
Richel abrió los ojos.
—¿Huyó?
Clara comenzó a reír.
—¡Huyó!
Ren se quedó mirando la puerta.
Su hermano había desaparecido por el pasillo.
—No puedo creerlo.
Maya estaba completamente confundida.
—¿Siempre es así?
Richel sonrió.
—No.
Hizo una pausa.
—Bueno...
A veces.
---
Ren encontró a Damián escondido en el jardín.
Estaba sentado detrás de un árbol.
Ren cruzó los brazos.
—¿Qué haces?
—Nada.
—Te escondiste.
—No.
—Te vi correr.
Damián suspiró.
—No sé qué hacer.
Ren sonrió.
—Bienvenido al club.
Damián lo miró.
—¿Te estás burlando de mí?
—Un poco.
—Ella es humana.
—Richel también.
Damián guardó silencio.
Ren se sentó junto a él.
—No tienes que huir.
—¿Y si no puedo controlarlo?
—Entonces aprenderás.
Damián miró hacia la mansión.
Maya estaba en la ventana.
Sus ojos se encontraron.
Damián volvió a esconderse.
—No estoy preparado.
Ren soltó una carcajada.
—Definitivamente te sacaste la lotería.
Damián lo miró.
—No vuelvas a decir eso.
—¿Por qué?
—Porque ahora entiendo exactamente lo que sentiste.
Ren sonrió.
—Ahora sí sabes de qué hablaba.
Damián respiró profundamente.
—Mi vida se acabó.
Ren negó.
—No.
—¿Entonces?
—Acaba de comenzar.
Damián miró nuevamente hacia la ventana.
Maya seguía allí.
Y por primera vez en su vida...
El famoso libertino de la familia no quería conquistar a una mujer.
Quería esconderse de ella.
Y Ren no podía dejar de reír.
Damián había pasado casi una hora escondido en el jardín.
No quería regresar.
No quería enfrentarse a Maya.
Y, sobre todo, no quería admitir que le tenía miedo.
Ren finalmente perdió la paciencia.
—Damián.
—No.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Sé lo que vas a decir.
—¿Y qué voy a decir?
Damián suspiró.
—Que deje de esconderme.
Ren sonrió.
—Porque tienes razón.
—No pienso volver.
—Es tu pareja.
—Precisamente por eso.
Ren negó con la cabeza.
—Eres increíble.
---
Cuando finalmente regresaron a la mansión, Maya estaba en la sala con Richel y Clara.
—Ahí estás —dijo Maya.
Damián se detuvo.
—Sí.
—Ven.
Damián miró a Ren.
Ren se cruzó de brazos.
—Ve.
Damián avanzó lentamente.
Maya lo observó.
—¿Por qué huiste?
—Yo...
—No me gusta que alguien se vaya corriendo mientras estoy hablando.
Damián tragó saliva.
—Lo siento.
Richel y Clara se miraron.
Aquello era nuevo.
Damián, el famoso libertino...
Pidiendo disculpas.
Maya sonrió.
—Bien.
Después tomó su mano.
Damián se quedó completamente quieto.
Su cola comenzó a moverse.
Maya lo miró.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás temblando.
—No estoy temblando.
Richel soltó una pequeña carcajada.
—Sí estás temblando.
Damián la miró.
—Tú cállate.
Maya levantó una ceja.
—No le hables así.
Damián inmediatamente cambió de expresión.
—Está bien.
Ren tuvo que darse la vuelta para ocultar una sonrisa.
---
Más tarde...
Richel y Clara decidieron organizar una noche de chicas.
Maya aceptó inmediatamente.
—Perfecto.
Richel sonrió.
—Entonces iremos a mi habitación.
Clara levantó una bolsa.
—Traje pijamas.
Maya sonrió.
—Entonces tenemos todo.
Damián apareció por el pasillo.
—¿Qué hacen?
Las tres mujeres respondieron al mismo tiempo:
—¡Noche de chicas!
Damián se quedó mirando.
—¿Puedo entrar?
Tres miradas se clavaron en él.
—No.
—Pero...
Maya señaló el pasillo.
—Fuera.
Damián parpadeó.
—¿Así de fácil?
—Sí.
—¿Y si soy tu pareja?
Maya sonrió dulcemente.
—Precisamente por eso.
Damián se quedó callado.
Richel comenzó a reír.
—Damián, será mejor que te vayas.
Clara cerró la puerta.
—¡Noche de chicas!
La puerta se cerró.
Damián se quedó en el pasillo.
—¿En serio?
Desde dentro se escuchó la voz de Maya.
—¡Y no escuches detrás de la puerta!
Damián retrocedió inmediatamente.
Ren apareció detrás de él.
—¿Qué haces?
—Me expulsaron.
Ren sonrió.
—¿Y?
—Me dio miedo.
Ren soltó una carcajada.
—¿Miedo?
Damián lo miró seriamente.
—Mucho.
---
Dentro de la habitación...
Las tres jóvenes se pusieron cómodas.
Richel miró a Maya.
—Eres bastante mandona.
Maya sonrió.
—Lo sé.
Clara soltó una carcajada.
—¿Siempre eres así?
—Solo cuando hace falta.
Richel se rio.
—¿Y Damián?
Maya suspiró.
—Es un desastre.
—¿No te gusta?
—Sí me gusta.
Maya sonrió.
—Mucho.
—Entonces...
Maya se acomodó sobre la cama.
—Pero tendrá que aprender.
Clara levantó una ceja.
—¿Aprender qué?
—Que no todo funciona con una sonrisa.
Richel sonrió.
—Eso le dolerá.
—Probablemente.
Las tres comenzaron a reír.
---
Al otro lado de la puerta...
Damián estaba sentado en el suelo.
Ren pasó junto a él.
—¿Sigues aquí?
—No quiero irme.
—¿Por qué?
—No sé qué están hablando.
Ren negó con la cabeza.
—Es una noche de chicas.
—Precisamente.
—Damián.
—¿Sí?
—Déjalas tranquilas.
Damián suspiró.
—Está bien.
Se levantó.
Antes de irse, escuchó la voz de Maya desde el interior.
—¡Damián!
Él se quedó congelado.
—¿Sí?
—Mañana entrenamos.
Damián tragó saliva.
—¿Entrenamos?
—Sí.
—¿A qué hora?
—A las seis.
Damián miró a Ren con terror.
—¿Escuchaste?
Ren sonrió.
—Sí.
—¿Crees que sobreviviré?
—No lo sé.
Maya volvió a hablar.
—¡Y no llegues tarde!
—¡No!
Damián se marchó rápidamente.
Ren caminó detrás de él.
—Nunca te había visto tan obediente.
Damián suspiró.
—Yo tampoco.
Ren sonrió.
—Bienvenido a estar enamorado.
Damián miró hacia atrás.
La puerta seguía cerrada.
Por primera vez, su expresión dejó de ser divertida.
—Creo que estoy perdido.
Ren le dio una palmada en el hombro.
—Completamente.
Y Damián sonrió.
Porque, aunque tenía miedo de aquella mujer mandona, amable y exigente...
No quería alejarse de ella.
Ahora entendía perfectamente lo que significaba encontrar a tu pareja.
No era una cadena.
Era encontrar a alguien de quien, incluso teniendo miedo...
No querías separarte.