Camila Naranjo estaba a tres meses de casarse con Diego Cárdenas, el hombre al que amó toda su vida. Pero Diego se enamoró de su secretaria y creyó que Camila aceptaría una boda sin amor con tal de conservar su lugar en la familia Cárdenas.
Se equivocó.
Después de una humillación pública y de descubrir que su propia familia siempre elegirá a otra mujer antes que a ella, Camila cancela la boda y toma una decisión que nadie vio venir: se casa con Sebastián Cárdenas, el tío de Diego y el hombre más poderoso de la familia.
Ahora Diego tendrá que verla en cada cena familiar como la esposa de su tío.
Lo que empezó como una venganza elegante se convierte en un matrimonio lleno de secretos, deseo y una protección que Camila nunca había conocido.
Esta vez, ella no va a rogar por amor.
Esta vez, todos tendrán que verla ganar.
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Capítulo 22
Capítulo 22
Misa Santos llegó a las diez y media.
Cuatro horas y media tarde.
Entró con Bruno Ortega, con Eva Cano, subdirectora de Win, y con su representante. Bruno miró primero a Dulce, se quedó detenido un segundo, y luego saludó a Camila.
-Supe que venían ustedes. Pasé a ver.
Camila bebió agua y sonrió.
-¿A ver qué? La cita era a las seis. Si venías a vernos trabajar, llegaste tarde. Si venías con Misa a burlarte, llegaste puntual.
Bruno frunció el ceño y miró a Misa.
-¿Seis? Me dijiste once.
Misa se quitó los lentes con una tranquilidad irritante.
-Anoche estaba contigo, dormí tarde. Pedí que lo cambiaran.
La frase cayó con intención.
Dulce bajó los ojos. Camila lo notó.
Eva Cano salió a cubrir a Misa y culpó a una asistente por no avisar. La asistente se inclinó a pedir perdón con la habilidad triste de quien ya estaba acostumbrada a cargar culpas ajenas.
Camila no la atacó.
Atacó donde dolía.
-Entonces vinieron temprano. Misa suele llegar cinco horas tarde para demostrar que es estrella, ¿no? No entiendo qué clase de cerebro paga por levantar una carrera así.
Bruno entendió que la piedra era para él.
Misa se encendió.
-Camila, no abuses.
-¿Yo abuso? Si no querías que te fotografiara, bastaba decirlo. No soy yo quien necesita una portada de regreso.
La representante de Misa no conocía a Camila y cometió el error de apuntarla con el dedo.
-¿Esta es la fotógrafa que contrataron? Qué falta de educación.
Camila empujó a Dulce detrás de ella y le lanzó la botella de agua a la mano.
-¿A quién señalas? ¿Quieres pelear?
El estudio se tensó.
Bruno se interpuso. Eva Cano quiso convertir el caos en culpa de Camila. Entonces Camila sacó el teléfono.
-Viejo Hector, alguien me está haciendo bullying.
Hector Naranjo estaba en junta. Oyó a su hija mencionar a una modelo, a un patrocinador sin criterio y a una mujer que llegaba tarde para humillar a una Naranjo, y no entendió del todo a quién estaban insultando. Solo entendió una cosa: Camila lo estaba usando para regañar a alguien más.
Y aun así no colgó.
Camila siguió, dulce como veneno:
-No vayas a ser tú algún día ese tipo que gasta dinero en una mujer de mal carácter. Hay que elegir bien a quién se sostiene.
Misa casi temblaba de rabia.
Hector, del otro lado, se quedó callado hasta que Camila cambió de tema sin avisar.
-Por cierto, mañana voy a tu oficina. Dijiste que mis acciones ya casi estaban listas. También quiero media caja de ese té carísimo que guardas. A Sebastián le gusta.
Hector maldijo entre dientes.
Camila colgó satisfecha.
En Grupo Naranjo, Hector salió de la sala para respirar. Ignacio lo siguió y preguntó qué había pasado. Hector no supo explicarlo. Solo ordenó a la secretaria esconder las cosas más valiosas de su oficina, aunque luego rectificó: había que dejar algunos objetos a la vista, porque necesitaba que Camila no se enojara demasiado.
Ignacio mencionó una pulsera de madera que Valeria seguramente apreciaría.
Hector pensó en Camila rompiendo la foto familiar y, por primera vez, no aceptó de inmediato.
-Valeria y tú se llevan bien. Habla con ella. Y dile que el hijo menor de Grupo Serrano es buena opción.
Ignacio cambió de cara.
-Dijiste que no la obligarías.
Hector solo le palmeó el hombro.
En el estudio, Camila se sintió mejor después de la llamada. Sacó a Bruno al pasillo.
-Dulce vino porque esto es trabajo, no porque quiera competir con Misa. ¿Tú de verdad no entiendes eso?
Bruno se defendió mal. Dijo que Dulce ya sabía que Misa era importante para él, que no debía meterse en algo que podía hacerle daño.
Camila lo miró como si fuera idiota.
-Aquí el trabajo de Dulce está en juego. También el de su cuñada. ¿Por qué tendría que retirarse para cuidar tu comodidad?
Dulce salió después. La conversación con Bruno fue peor.
Él preguntó si ella había venido para provocarlo. Dulce, agotada, le explicó con una calma que dolía que cada vez que él elegía a Misa, ella le descontaba un punto a una cuenta invisible. Alguna vez tuvo cien. Ahora quedaba casi nada.
-¿Y cuando llegue a cero? -preguntó Bruno.
-Nuestro final será ser extraños.
Bruno no supo qué hacer con esa frase.
Más tarde la siguió hasta una cafetería cercana. Dulce no tenía fuerzas para volver al set de inmediato. Pidió un americano helado y no lo bebió. Bruno pidió agua tibia y se quedó mirando sus ojos rojos como si acabara de descubrir que una herida podía tardar años en sangrar.
Ella le explicó que no era tan fuerte como Camila. Camila había usado un diario de cien puntos para ir arrancándose a Diego del corazón: cada herida, una línea escrita con pluma; cada línea, una espina menos. Dulce no podía soportar cien. Su cuenta era de diez.
-Todavía te amo -dijo, cubriéndose la cara para no verlo-. Pero también tengo dignidad. Mi familia me quiere. No puedo dejar que todos sufran conmigo.
Bruno quiso hablar.
-No -lo detuvo ella-. Solo escucha. Me queda un punto. Si vuelves al set y, delante de mí, defiendes a Misa como hace un rato, se termina. Yo misma iré con tus padres a resolver el compromiso. Tú y yo acabaremos como Camila y Diego: extraños.
Cuando Dulce se fue, el vaso de agua de Bruno ya estaba frío. Él siguió sentado, con la mano alrededor del vidrio, como si el frío le hubiera subido por los dedos hasta el pecho.
De vuelta en el set, Misa intentó imponer poses y ángulos. Camila la dejó hablar y luego preguntó si recordaba una portada de Sofia Rivas en el desierto, una sesión que había impulsado una película importante.
Misa se burló. Esa portada era famosa precisamente porque el fotógrafo nunca volvió a trabajar con Win.
Camila abrió un video viejo grabado por Dulce.
En la pantalla aparecía ella, más joven, de pie en medio del desierto, dando instrucciones a Sofia.
-La fotógrafa fui yo.
Misa perdió el orgullo por primera vez en la mañana.