Para salvar a su familia de la quiebra, Elena Moretti firma un contrato matrimonial de doce meses con Alessandro Rossi, el CEO más frío y despiadado de Milán.
Él es poder, oscuridad y venganza hecha hombre.
Ella solo es una pieza en un juego que comenzó hace cinco años.
Obligada a vivir bajo el mismo techo del hombre que odia, Elena descubrirá pronto que detrás de esos ojos grises se esconde un secreto devastador: Alessandro no la eligió por casualidad. Lo ha planeado todo para hacerle pagar.
Entre noches ardientes, malentendidos que rompen el alma y verdades que pueden destruirlo todo, el odio se convierte en una pasión peligrosa.
Pero cuando la venganza se mezcla con el deseo… ¿quién de los dos perderá el control primero?
Un matrimonio de conveniencia.
Un amor prohibido.
Una verdad que podría aniquilarlos a ambos.
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Capítulo 7 – La traición más cercana
El silencio que siguió a la videollamada fue ensordecedor. Alessandro seguía sosteniendo el teléfono, con la pantalla ya negra, pero su mirada estaba clavada en Elena. La duda que vio en sus ojos le dolió más que cualquier insulto.
—¿En quién puedo confiar? —repitió él con voz ronca.
Elena no soltó su rostro. Sus manos temblaban ligeramente contra las mejillas ásperas de él.
—En mí —insistió—. Alessandro, mírame. Yo no tengo nada que ganar traicionándote. Mi familia está destruida, mi padre está en una cama de hospital y yo firmé un contrato con el diablo para salvarlos. ¿Qué más podría querer?
Él cerró los ojos un segundo, como si estuviera luchando contra sí mismo. Luego la soltó y se alejó unos pasos, pasándose las manos por el cabello con frustración.
—Marco dijo que la traidora está en mi propia casa. Alguien muy cercano.
—¿Y automáticamente piensas que soy yo?
—No —admitió él—. Pero ya no sé en quién creer. Sofia, tu padre, Marco… todos tienen motivos para mentir.
Elena se sentó en la cama, sintiéndose de repente muy cansada.
—Entonces investiguemos juntos. Sin secretos. Sin desconfianza.
Alessandro la miró durante un largo rato. Finalmente asintió.
—Está bien. Pero si descubro que me estás mintiendo…
—No lo haré —lo interrumpió ella—. Te lo juro.
Esa noche durmieron juntos, pero no hubo más besos ni caricias. Solo un abrazo tenso, lleno de preguntas sin respuesta. Elena tardó horas en conciliar el sueño, escuchando la respiración irregular de Alessandro.
A la mañana siguiente, él ya no estaba en la cama. Sobre la mesita de noche había una nota:
«Reunión urgente en la oficina.
No salgas. Te enviaré un auto a las 3 pm para que visites a tu padre.
Confío en ti.
A.»
Elena sonrió ligeramente. Era un pequeño paso, pero un paso al fin.
Pasó la mañana revisando documentos que Alessandro había dejado en el despacho. Encontró correos antiguos, transacciones sospechosas y una carpeta marcada como “Incendio Villa 2021”. Dentro había fotos, informes policiales y un nombre subrayado varias veces: Luca Rossi.
¿Un familiar de Alessandro?
A las tres de la tarde, tal como prometió, un auto la llevó al hospital. Su padre estaba más estable. Cuando se quedaron solos, Elena le preguntó directamente:
—Papá… ¿qué pasó realmente la noche del incendio?
Don Matteo palideció.
—Elena… no deberías saber nada de eso.
—Necesito la verdad. Mi vida depende de ella.
Su padre suspiró y miró hacia la ventana.
—Hace cinco años, yo estaba metido en negocios sucios. Lavado de dinero con la familia Bianchi. Sofia era la intermediaria. Alessandro empezó a investigar y amenazó con destruirlo todo. Quise silenciarlo… pero nunca quise que alguien muriera. El incendio se salió de control. Yo no sabía que tú estabas allí esa noche. Alguien te llevó. Alguien quería que pareciera que tú estabas involucrada.
—¿Quién?
—No lo sé. Pero esa persona sigue cerca. Muy cerca.
Elena sintió un escalofrío.
Cuando regresó a la mansión, Alessandro ya estaba allí. La esperaba en el salón principal con una copa de whisky en la mano.
—¿Cómo está tu padre? —preguntó.
—Más estable. Pero me contó algo importante.
Le repitió toda la conversación. Alessandro escuchó sin interrumpir. Cuando terminó, dejó la copa con fuerza sobre la mesa.
—Luca —murmuró—. Mi primo. Desapareció después del incendio. Siempre pensé que había muerto… pero si está vivo…
En ese momento, uno de los guardias entró corriendo.
—Señor, hay un intruso en la propiedad. Lo atrapamos cerca de la biblioteca.
Alessandro y Elena corrieron hacia allá. El hombre que tenían inmovilizado en el suelo era Marco, el del club. Estaba golpeado y sangrando.
—¡Habla! —ordenó Alessandro.
Marco escupió sangre y sonrió con dificultad.
—Luca te traicionó desde el principio. Él planeó el incendio para quedarse con tu imperio. Sofia era su amante. Y Elena… Elena solo fue el daño colateral perfecto.
—¿Por qué me ayudas ahora? —preguntó Alessandro.
—Porque Luca me traicionó también. Y quiero venganza.
De repente, las luces de la mansión se apagaron. Se escucharon disparos afuera. El caos estalló.
Alessandro agarró a Elena y la llevó corriendo hacia una habitación segura en el sótano. La empujó dentro y cerró la puerta con llave desde afuera.
—¡Quédate aquí! —gritó.
—¡Alessandro, no!
Pero él ya se había ido.
Elena golpeó la puerta, desesperada. Pasaron minutos que parecieron horas. Escuchaba gritos, más disparos, vidrios rompiéndose.
Finalmente, la puerta se abrió. Era Alessandro, con la camisa rasgada y sangre en el brazo.
—Estás herido —dijo ella, corriendo hacia él.
—No es nada. Luca escapó… pero sabemos quién es ahora.
La abrazó con fuerza. Esta vez el abrazo fue diferente. Era de alivio, de miedo por haber estado a punto de perderla.
—Elena… casi te pierdo esta noche.
Ella levantó la cabeza y lo besó. Fue un beso desesperado, lleno de todo lo que habían reprimido. Alessandro la levantó en brazos y la llevó hasta la cama de la habitación segura. Esta vez no se detuvieron.
Sus manos recorrieron el cuerpo del otro con urgencia. La ropa cayó al suelo. La piel contra piel. Susurros, gemidos, promesas mudas. Cruzaron la línea que habían estado evitando desde el primer día.
Después, tumbados entre las sábanas revueltas, Alessandro acariciaba el cabello de Elena.
—Esto ya no es solo un contrato —murmuró.
—Lo sé —respondió ella, acurrucándose contra su pecho—. Pero todavía hay muchas mentiras entre nosotros.
—Lo resolveremos. Juntos.
Sin embargo, mientras se quedaban dormidos, ninguno de los dos vio el mensaje que había llegado al teléfono de Elena:
«Disfruta esta noche.
Será la última en la que confíes en él.
Luca no es el único traidor en esta casa.»
La verdadera guerra apenas comenzaba.