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Mil Almas En Un Solo Corazón

Mil Almas En Un Solo Corazón

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Época / Traiciones y engaños
Popularitas:334
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

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Murió mil veces y volvió a nacer otras mil, siempre sacrificándose por los demás y perdiendo todo lo que amaba. Esta vez, Elif renació con dieciséis años, cabello blanco con puntas doradas y ojos morados profundos, viviendo tranquila en un pueblo humilde, con el único deseo de ser feliz al fin. Pero la desgracia la arrastra hasta el Gran Palacio, donde gobierna el joven y ardiente Sultán Murad de diecisiete años. Allí, deberá sobrevivir a intrigas, envidias y reglas crueles usando todo lo que aprendió como doctora, espadachín, ingeniera, botánica y mucho más, demostrando que quien lleva siglos viviendo, nadie podrá vencerlo jamás.

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Capítulo 17 — Las velas que cruzan el horizonte

El sol apenas empezaba a teñir de dorado la superficie del mar cuando el vigía del faro más alto de la costa sur alzó su trompeta y soltó un grito que se escuchó hasta el pueblo de abajo:

—¡Velas! ¡Una flota entera viene del más allá del mar desconocido! Son doce barcos, todos con la media luna de plata sobre fondo azul.

La noticia viajó veloz por caminos y pasillos, y llegó al palacio cuando el sol ya estaba en lo más alto. Nadie en memoria viva había visto navegar bandera igual: venían del reino lejano de Qamar, del que solo se sabían leyendas de marineros.

En los aposentos reales todo era calma. Zeynep terminaba de acomodar la manta suave alrededor de los gemelos que dormían en su cuna de madera de olivo: Azat con su cabello oscuro igual al de Selim, y Hürrem con su pelo blanco y mechones dorados, idéntica a ella misma. Su propio cabello caía suelto y brillante sobre sus hombros, y aunque se notaba el cansancio de las noches despiertas, sus ojos claros permanecían atentos y serenos.

Selim entró despacio para no despertar a los pequeños y tomó su mano sentándose a su lado:

—Vienen con bandera blanca y señales de paz. Dicen traer regalos, conocimientos y propuestas de alianza. Pero nadie sabe realmente qué los trae hasta aquí después de tres meses de navegación.

—Nadie cruza mares peligrosos solo por regalar cosas —respondió ella suavemente, acariciando la mejilla de Hürrem—. Les abriremos las puertas, los recibiremos con honor… pero mantendremos los ojos bien abiertos y las llaves bien guardadas hasta saber de verdad quiénes son.

En ese momento entró corriendo Ayşe, pero frenó de golpe al ver que sus hermanos descansaban. Ya tenía siete años, caminaba erguida y miraba todo con mucha atención:

—¿Son amigos o extraños que quieren llevarnos cosas? —susurró acercándose despacio al borde de la cuna.

—Eso es lo que vamos a descubrir juntos —le dijo Selim con una sonrisa, acariciando su cabeza—. Y tú, como hermana mayor, nos ayudarás a ver lo que quizás otros no noten.

Tres días después se celebró la recepción oficial en la explanada frente al muelle principal. Alfombras tejidas a mano cubrían el suelo, y en las mesas había lo mejor de las cosechas de todo el imperio. Cuando la pasarela del barco real bajó, primero descendieron guardias con armaduras plateadas y mantos azules, luego el Gran Embajador Jalil, y tras él la Princesa Layla, heredera del trono de Qamar: caminaba con elegancia y una sonrisa educada que parecía nunca llegarle del todo a los ojos.

Al llegar frente a Selim y Zeynep se inclinaron con respeto, pero sin arrodillarse como hacían los demás visitantes.

—Hemos recorrido rutas que pocos se atreven a trazar —habló la Princesa con voz dulce pero firme—. Traemos sedas que cambian de tono con la luz, especias que sanan y saborean, mapas de tierras que nadie ha visto. Venimos a ofreceros comercio eterno y amistad.

Selim asintió devolviendo la cortesía:

—Nuestras puertas están abiertas a la amistad. Pero nada se da ni se recibe sin saber claramente cuáles son las reglas y qué buscáis realmente a cambio.

Zeynep la miró directamente a los ojos:

—Decidme ahora mismo, Princesa: ¿qué es lo que queréis obtener de nuestras tierras y de nuestros puertos? Porque no creo que hayáis venido tan lejos solo para obsequiarnos cosas preciosas.

La Princesa no se inmutó, sonrió un poco más amplia:

—Queremos usar vuestros puertos como escala segura en nuestros viajes, queremos aprender cómo habéis logrado tanta paz y unión, y deseamos conocer la sabiduría de la que tanto se habla de vuestra parte, Sultana Zeynep. Todo lo demás se irá construyendo con el tiempo y la confianza.

Selim extendió el brazo invitándolos hacia el palacio:

—Entonces empezaremos a construir esa confianza desde hoy. Seréis nuestros huéspedes con todos los honores, pero no tendréis acceso a zonas ni documentos reservados hasta que quede claro que vuestra intención es solo la que decís.

Esa noche, cuando todos se retiraron, quedaron solos mirando las luces de los barcos desde lo alto del balcón.

—Algo ocultan —dijo Selim mirando el mar—. Hay demasiada perfección en lo que dicen, y demasiadas preguntas sobre nuestras rutas y puertos.

—Lo sé —asintió Zeynep recostando su cabeza en su hombro—. Pero si tienen un plan, tarde o temprano ellos mismos se equivocarán y lo mostrarán. Nosotros solo debemos estar preparados.

Y abajo, en el campamento de los huéspedes, la Princesa Layla miraba hacia el palacio con una sonrisa que ya no tenía nada de dulce: el primer paso estaba dado, y ahora solo quedaba esperar el momento justo para pedir lo que realmente habían venido a tomar.

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**FIN DEL CAPÍTULO 17**

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