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Eternos

Eternos

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Pareja destinada / Reencarnación
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

La primera vez que se encontraron, murieron.

La segunda vez, también.

Y aun así volvieron a buscarse.

A lo largo de tres vidas, tres épocas y tres historias distintas, dos almas destinadas a amarse desafiarán al tiempo, a la muerte y al destino para volver a encontrarse.

No recuerdan quiénes fueron.

No recuerdan cómo se perdieron.

Pero sus corazones sí.

Porque algunas conexiones son más fuertes que el olvido.

Más fuertes que la distancia.

Más fuertes incluso que la muerte.

ETERNOS es una historia sobre almas gemelas, segundas oportunidades y un amor capaz de atravesar siglos enteros.

Porque hay amores que terminan.

Y hay otros que duran para siempre.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Trampa

Abigail

—Te está siguiendo otra vez.

Levanto la vista del mortero donde estoy triturando lavanda.

—¿Quién?

Jud resopla.

—El muchacho.

Agatha deja escapar una carcajada.

—Mira cómo sonríe.

—No estoy sonriendo —replico.

—Sí lo estás haciendo.

Intento borrar la sonrisa inmediatamente.

Las dos se ríen.

—Oh, esto es maravilloso —declara Agatha—. Nuestra Abigail tiene un admirador.

—No es un admirador.

—Entonces explícanos por qué un hombre pasa semanas escondiéndose detrás de árboles para verte recoger flores.

—Quizá le gustan las flores.

Jud estalla en carcajadas.

—Sí, claro. Estoy segura de que es por las flores.

Les arrojo un puñado de lavanda. Las dos esquivan el ataque.

—Deberías tener cuidado —dice Jud finalmente—. No me gusta.

—A mí tampoco —dice Agatha.

—Ni a mí —concuerdo.

Las tres guardamos silencio. Porque sabemos lo que significa un hombre observando a una mujer. Conocemos demasiadas historias.

Algunas propias.

Otras ajenas.

—No parece peligroso —digo al fin.

—Eso dijiste del soldado. —Agatha sonríe—. Y resultó bastante peligroso.

Siento calor en las mejillas.

—Fue un romance de verano.

—Claro.

—Muy romántico —defiendo.

—Bastante romántico —interfiere Jud.

Pongo los ojos en blanco.

—Fue hace un año.

—Exactamente —dice Jud—. Hace un año.

Las dos intercambian una mirada. Y entonces comprendo hacia dónde va esto.

—Oh, no —digo.

—Oh, sí —dicen al mismo tiempo.

—No.

—¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que compartiste cama con un hombre?

Me atraganto con mi propio aire.

Agatha se ríe tan fuerte que casi cae de la silla.

—¡Agatha! —regaño.

—Es una pregunta legítima.

—No lo es.

—Lo es.

Pienso unos segundos. Demasiados. Y eso solo empeora las cosas.

—El verano pasado.

Las dos sonríen como lobas.

Suspiro cuando recuerdo al soldado. Su sonrisa fácil. Sus historias de lugares lejanos. Las noches junto al fuego.

Y la tristeza de despedirnos cuando continuó su viaje.

—Eso me hace sonar como una libertina —murmuro.

—No —dicen ellas indignadas.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Abi, han sido dos hombres en toda tu vida —dice Jud.

—Dos hombres son más que ninguno —replico.

—Y menos que Jud.

—¡Agatha!

Ahora es Jud quien le lanza una cuchara.

Las tres terminamos riendo.

—Además —dice Agatha cuando logra recuperar el aliento—, el muchacho del bosque parece demasiado tímido para causarte problemas.

Sonrío sin querer. Otra vez. Y, por supuesto, las dos lo notan.

—Ahí está —señala Jud altivamente.

—La sonrisa.

—¿Qué sonrisa? —pregunto.

—Esa sonrisa —insiste Aghata.

—La sonrisa del muchacho —aclara Jud.

—No existe ninguna sonrisa del muchacho —defiendo.

—Existe.

—Definitivamente existe —insiste Agatha.

—Y creo que a Abigail le gusta —dice Jud.

—No me gusta.

—Todavía —devuelven al mismo tiempo.

Explotan en una risa mientras me doy cuenta de que no me molesta que tengan razón.

—Es diferente a los otros hombres… solo tengo curiosidad.

—La última vez que tuviste curiosidad terminaste en la cama con ese soldado —señala Jud.

Suspiro al recordar el calor de su cuerpo y cómo me hicieron sentir sus caricias.

—Ey, Abi, aquí, en este plano —me llama Agatha.

—Los recuerdos son…—empieza Jud.

—Lo sé —la corto.

—Pero en serio, ten cuidado —dice Agatha seria—. Si ese chico está buscando evidencia de, ya sabes, pronto vendrán con sus antorchas y tendremos que preparar algo para asustarlos y que no vuelvan a nuestras tierras. Brujas —espeta—. Ya me gustaría poder ser una bruja y transformarlos a todos en unos asquerosos sapos.

Golpeo su hombro. —Oye, los sapos son criaturas hermosas.

—Gusanos —rectifica.

—Los gusanos mejoran la calidad de nuestra tierra para los cultivos.

—Y también se comen nuestras plantas —nos interrumpe Jud, quien está mirando al chico que ya ni siquiera intenta ocultarse.

Agatha mira en la dirección de Caleb y sonríe.

Jud golpea el brazo de Agatha antes de reírse de esa forma que eriza los vellos de todo mi cuerpo, mirando hacia los árboles.

La risa de las brujas.

Caleb sale corriendo y Agatha se descojona de la risa.

La miro enojada.

—¿Qué? —pregunta—. Si hay que asustarlo, bien podemos empezar ahora.

Suspiro. —Guarden todo. Se avecina una tormenta —digo mirando el cielo y la forma en que el viento mueve las hojas de los árboles—. Si ese chico viene de la iglesia, acabas de darle lo que necesitan. Iré a ver si puedo hacer algo —agrego molesta.

Ellas saben lo que les han hecho a las mujeres que han sido acusadas de brujas.

Tiemblo mientras camino hacia el bosque.

Sigo sus huellas y lo encuentro sentado frente a la laguna.

Me siento a su lado.

—Estaban bromeando —empiezo, pero me detengo cuando su mano toma la mía—. ¿No es hermoso? —pregunta.

Sonrío cuando veo a un ciervo tomando agua.

—¿Cómo alguien puede dañar a una criatura tan hermosa? —pregunta.

—¿Qué…? —empiezo a preguntar, pero me detengo cuando veo una soga en la pata trasera del pequeño ciervo.

Me acerco despacio y mi pecho duele cuando veo la soga casi llegando al hueso.

Tarareo una canción y me acerco lentamente. El ciervo repara en mí y se prepara para correr.

—No temas —susurro y tarareo la canción que sé, los relaja.

Saco la pasta de milenrama y miel de uno de los bolsillos de mi vestido.

—Quiero ayudarte —le digo cuando estoy en su espacio.

Acaricio la suavidad de su lomo.

—Shh, todo estará bien, lo prometo —le digo mientras me arrodillo a su lado y desato el lazo—. Lo sé, lo sé.

Hace un ruido de su garganta y sé que está sufriendo en este momento.

Miro la herida, una vez que la soga no está enterrada en su pata, y maldigo.

—Shh, pronto dejará de doler —digo y comienzo a tararear una canción mientras voy cubriendo su pata con la pasta verde.

Cubro todo. No durará mucho, pero espero que ayude.

Me levanto cuando termino y acaricio la cabeza del ciervo.

—¿Mejor?

El ciervo mueve su cabeza y prueba mover su pata.

Sonrío cuando hace un adorable ruido y golpea mi mano con su cabeza.

—Ve, amigo, y no te acerques a las trampas.

Le doy una palmada en su trasero antes de volver hacia Caleb, quien está de pie, mirando todo con sus enormes ojos azules, como el cielo al anochecer.

—¿Qué le pusiste?

—Milenrama y miel… lo ayudará con el dolor y pronto podrá recuperar su piel.

—¿Cómo sabes todo eso?

Sonrío. —Tuve una buena tutora.

—¿De brujería?

Me rio.

—No es brujería. El hombre le tiene miedo al conocimiento.

—Lo sé —susurra y sé que está pensando en algo desagradable por la forma en que su ceño se frunce—. El conocimiento no es un pecado.

—Claro que no. Es una lástima que la fe los mantenga en la ignorancia.

—Son más fácil de manipular… supongo —dice y vuelve a arrugar su ceño—. Es impresionante… lo que hiciste. Usar tus conocimientos para ayudar a otro ser vivo —dice sin mirarme.

Lo observo unos segundos.

La mayoría de los hombres que conozco habrían preguntado cuánto tardaría en sanar la herida. O si el animal servirá para comer. O si puede venderse.

Pero Caleb solo parece preocupado por el dolor del ciervo.

Qué extraño.

Qué curioso.

Qué diferente.

Y quizá por eso sonrío.

Creo que lo juzgué demasiado rápido.

—Tengo calor —digo mirando su rostro rojo—. Necesito un chapuzón.

—¿Ah?

—Soy Abigail, por cierto.

Sonrío y me quito los zapatos. Sus ojos siguen mis movimientos.

Este chico es demasiado divertido.

—¿Vas a nadar… desnuda? —pregunta con la piel teñida de un rojo muy poco favorecedor.

—Claro. No esperarás que entre al agua con ropa —digo—. Nos vemos —digo antes de correr hacia la laguna mientras me quito el vestido.

Lo arrojo a la orilla antes de saltar al agua.

Suspiro cuando el agua helada refresca mi piel.

Esto es vida. Quedo flotando de espalda mientras una parte de mí se pregunta si Caleb vendrá a hacerme compañía.

Supongo que pronto lo descubriré.

1
Erika Badel
excelente
patry
estoy 😭😭😭😭
patry
ese bastardo tiene que morir 😡
patry
hay noooo 😭😭😭
patry
que bueno que le cuente
Erika Badel
super interesante
patry
gracias querida autora me encantó como va la historia
patry
se quiere comer 🤣🤣🙈
patry
gracias por este increíble capítulo
patry
bien sabe quien manda 🤣
patry
hay que porquería de basura
patry
eso es cierto
patry
que asco de padre
patry
no quedará saberlo
Esther Grace
que maldito desgraciado 🤬🤬🤬
patry
hay me encanta esta futura parejita
Elcy Milena ❤️
😭😭que sufrimiento para alguien tan indefenso.
Patricia Spaltro
ya te cautivó mi rey
Patricia Spaltro
ya lo creo que es así
Patricia Spaltro
si que es atrapante me encanta
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛
total 1 replies
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