NovelToon NovelToon
CORAZONES REBELDES

CORAZONES REBELDES

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor a primera vista / Triángulo amoroso / Colegial dulce amor / Melodrama / Chico Malo
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

Entre los secretos de un pasado enterrado que la marcó para siempre y las manipulaciones de una élite dispuesta a devorarla, Ángela deberá descubrir si es capaz de romper los hilos de su propia dinastía antes de que la obliguen a vender el resto de su vida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El club de arte

...CAPÍTULO 6...

...----------------...

...ANGELA SALLES ...

Mis dedos temblaban tanto que casi se me resbala el teléfono mientras escribía el mensaje. Aproveché que mi padre estaba en la planta baja, probablemente descargando su furia con un café cargado, para teclear a toda velocidad.

Ángela: No vengas. Por favor, Asher, no te acerques a la mansión. Mi padre descubrió todo lo de anoche y está histérico. Si te ve aquí, esto va a terminar en una tragedia.

La respuesta de Asher no tardó ni un minuto. Sentí un vuelco en el corazón al ver que su primera reacción no fue de miedo por mi papá, sino de preocupación por mí.

Asher: Está bien, Salles. No iré... por ahora. Pero dime, ¿tú estás bien? ¿Pasó algo?

Ángela: Sí, estoy bien. Solo hubo muchos gritos. Por favor, mantente lejos hoy.

Bloqueé la pantalla y escondí el celular bajo la almohada justo cuando escuché los pasos pesados de mi padre en el pasillo. La puerta se abrió sin llamar. Mi padre entró, pero ya no tenía esa furia explosiva de anoche; ahora cargaba con una seriedad gélida, una que daba casi más miedo. Se quedó de pie en el centro de mi habitación, con las manos en los bolsillos, observándome como si fuera un problema matemático que no lograba resolver.

—He hablado con Chloe —soltó de repente, y su voz sonó cansada—. He pensado bien las cosas durante la madrugada. No te irás con tu madre. No quiero que esto rompa nuestra convivencia ni tu educación, y sé que enviarte lejos solo nos alejaría más.

Solté un suspiro de alivio que me quemó la garganta, pero él levantó una mano, deteniéndome antes de que pudiera darle las gracias.

—Pero vamos a dejar las cosas muy claras, señorita —sentenció, dando un paso hacia mí—. Esto no es un perdón, es una oportunidad. A partir de hoy, las reglas son innegociables. Se acabaron las "pijamadas", se acabaron las salidas sin escolta y, sobre todo... —su mirada se volvió de acero— no puedes tener novios. Ni "amigos especiales", ni romances de instituto. Nada de eso. Te vas a dedicar a tus estudios y a tus clases. ¿Ha quedado claro?

Me quedé en silencio, sintiendo el peso de la camisa de Asher que aún estaba escondida en el fondo de mi cesto de ropa sucia. Quería gritarle que no podía prohibirme lo que sentía, pero vi el rastro de la decepción en su rostro y recordé sus lágrimas de la noche anterior.

—Sí, papá. Quedó claro —mentí, bajando la mirada.

—Bien. Marcus te llevará a la escuela en diez minutos. Y Ángela... —se detuvo en la puerta— si me entero de que te has acercado a un kilómetro de Asher, la maleta hacia el aeropuerto se hará sola. No me pongas a prueba.

Salió de la habitación cerrando la puerta con firmeza. Me quedé sentada en la cama, sintiendo que mi habitación se había convertido oficialmente en una celda de oro.

...----------------...

Caminar por los pasillos del instituto se sentía como desfilar por un campo minado. Cada murmullo que escuchaba a mis espaldas me hacía encoger los hombros, segura de que todos estaban viendo el video de mi caída en la piscina. Sarah caminaba a mi lado, inusualmente callada, hasta que me arrastró hacia un rincón cerca de la biblioteca.

—Ángela, me siento como la peor amiga del mundo —susurró, con los ojos empañados—. Si no te hubiera presionado para ir... nada de esto habría pasado. Tu papá casi me mata con la mirada anoche.

—No fue tu culpa, Sarah. Yo también quería ir —respondí, tratando de sonar firme aunque por dentro era un manojo de nervios.

—Escucha, tengo un plan —dijo ella, recuperando un poco de su chispa—. El club de arte se reúne los martes y jueves por la tarde. Tu padre creera que es "educativo" y "seguro". Si finges que te inscribes, puede ser la fachada perfecta para que te veas con él sin que sospechen.

—Podría funcionar... —murmuré, pero mis pensamientos fueron interrumpidos por una sombra que se proyectó sobre nosotras.

Christian.

Tenía el rostro cargado de una preocupación que, por primera vez, me pareció ensayada. Se acercó a mí ignorando a Sarah, intentando tomarme de las manos.

—Ángela, por favor, hablemos —dijo con voz suave—. Siento muchísimo lo del beso, me dejé llevar por el momento... y lo de la piscina, juro que no vi a Sabrina acercarse. No quería que pasaras por eso. ¿Podemos empezar de cero?

Lo miré, pero no sentí nada. Ni rabia, ni emoción, ni siquiera el rastro de esa "normalidad" que tanto buscaba en él el. Mientras él hablaba y trataba de recuperar terreno, mis ojos buscaban desesperadamente una chaqueta de cuero o una melena desordenada entre la multitud de estudiantes.

—Ahora no, Christian —le corté, soltándome de su agarre sin siquiera mirarlo a los ojos—. Tengo clase.

Lo dejé con la palabra en la boca, ignorando el brillo de frustración en su mirada. Seguí caminando hacia los casilleros con Sarah pisándome los talones, hasta que una mano firme se apoyó en el metal de mi casillero, bloqueándome el paso.

Asher.

No dijo nada al principio. Me recorrió con la mirada, asegurándose de que estaba entera, de que seguía siendo la misma chica de anoche. Y entonces, rompiendo todas sus reglas de "no quiero problemas con Nathan" y ante la mirada atónita de Sarah, se inclinó y me dio un beso corto pero intenso justo ahí, en medio del pasillo.

Sarah soltó un jadeo ahogado, cubriéndose la boca con las manos, completamente anonada. A Asher no le importó quién estuviera mirando. Se separó apenas unos centímetros, manteniendo sus manos a ambos lados de mi cabeza contra el casillero.

—Dime de una vez —soltó con su voz ronca, yendo directo al grano— ¿Qué decidió el "Gran Nathan Salles"? ¿Tengo que empezar a planear un rescate o todavía podemos vernos sin que me peguen un tiro?

Sentí un nudo en la garganta al ver cómo la expresión de suficiencia de Asher se desmoronaba en cuanto mencioné la sentencia de mi padre. El pasillo del instituto seguía bullendo a nuestro alrededor, pero para nosotros el aire se había vuelto denso.

—No quiere que tenga novios, Asher —le solté en un susurro, mirando de reojo al pasillo—. Nada de citas, nada de "amigos especiales". Si me ve contigo a menos de un kilómetro, me manda con mi madre de inmediato.

Le conté rápidamente el plan de Sarah sobre el Club de Arte, esperando que viera en ello una salida brillante, pero su reacción me tomó por sorpresa. Asher no sonrió, ni se burló del ingenio de Sarah. En cambio, se alejó unos centímetros, apoyando la espalda contra los casilleros con una cara de preocupación que nunca le había visto. Se pasó una mano por el cabello, frustrado.

—No me gusta esto, Salles —dijo con voz ronca—No me convence ni un poco lo de escondernos como si estuviéramos cometiendo un crimen. Es... es irresponsable.

—¡Es la única forma! —insistí, agarrándolo de la chaqueta.

—No lo entiendes —me interrumpió, clavando sus ojos verdes en los míos—. Si algo sale mal, si Nathan te descubre, el que va a asumir las consecuencias soy yo, pero la que va a sufrir el encierro vas a ser tú. Y la verdad... —hizo una pausa, suavizando la mirada— yo quería tener algo lindo contigo. Algo real. No una serie de encuentros robados.

Me quedé sin palabras. Sarah, que seguía a unos metros de distancia, nos miraba con el corazón en un hilo. Asher suspiró y dio un paso más hacia mí, bajando la voz al mínimo.

—¿De verdad si no voy y hablo con tu padre las cosas no cambiarían? —preguntó, casi como una súplica—. Si me presento, si le demuestro que mis intenciones no son las que él cree... ¿no hay oportunidad?

—Asher, él te odia —respondí con una sinceridad dolorosa—. Básicamente eres la representación de todo lo que él teme para mí. Soy su única hija, al menos por ahora, y tiene sus motivos para ser sobreprotector, aunque sean exagerados. Si vas a la mansión hoy, solo vas a confirmar que soy una rebelde y que tú eres la mala influencia. Lo vas a empeorar.

Asher apretó la mandíbula, mirando hacia el techo del pasillo como si buscara paciencia. Se notaba que le quemaba por dentro tener que aceptar mis condiciones, pero también se notaba que me quería lo suficiente como para no arriesgarse a perderme del todo.

—Está bien —cedió finalmente, aunque su tono era amargo—. Haremos eso por ahora. Pero que sepas que esto no me gusta nada, Angela. No quiero más problemas.

...----------------...

El martes llegó con pavor y una excitación que me hacía cosquillear los dedos. El plan de Sarah era, sobre el papel, una obra maestra del engaño. Mi padre estaba encantado con la idea de que su hija canalizara su "energía rebelde" en lienzos y óleos, así que firmó la autorización sin parpadear.

Lo que él no sabía era que, mientras Sarah se quedaba en el taller manchándose las manos de pintura para justificar nuestra estancia allí, yo me escabulliría por la puerta trasera del gimnasio hacia el Jeep de Asher.

Esa tarde, el sol de Malibú brillaba con una intensidad especial. En cuanto subí al auto, sentí que el nudo de ansiedad que llevaba en el pecho desde la noche de la fiesta se aflojaba. Estaba siendo terriblemente irresponsable; faltar a clases, mentirle a mi padre y arriesgarme a un castigo eterno... pero al mirar a Asher, supe que cada falta valía la pena.

Llegamos a su "refugio", una zona de la playa mucho más retirada y salvaje, donde las olas rompían con una fuerza impresionante. Asher estacionó el Jeep frente a la arena dorada. Antes de bajar las tablas, se giró hacia el asiento trasero y sacó una pequeña hielera portátil.

—Salles, antes de que te sientas culpable por ser una "mala estudiante" —dijo con esa sonrisa ladeada que me volvía loca—, pensé que necesitarías algo de azúcar para procesar tanta adrenalina.

Abrió la tapa y me entregó un envase de helado de menta con chispas de chocolate, mi favorito absoluto. Estaba perfectamente frío, justo como me gustaba.

—¿Cómo sabías...? —balbuceé, sintiendo cómo se me derretía el corazón antes que el helado.

—Tengo mis métodos, Ángela. Además, te vi mirarlo con deseo el otro día en la cafetería —respondió, acercándose para darme un beso rápido y dulce en la frente—. Si vamos a ser fugitivos, al menos que lo seamos con el estómago feliz.

Me quedé allí, sentada en el borde del asiento del Jeep, saboreando el helado mientras lo veía quitarse la camiseta para prepararse para surfear. Sus tatuajes brillaban bajo el sol y la forma en que me miraba, con esa ternura, me hacía olvidar por completo que Nathan Salles probablemente me enviaría a un internado en Suiza si nos encontraba.

—Eres un romántico empedernido bajo esa fachada de chico rudo, Collins —le dije, dándole otra cucharada al helado.

—No se lo digas a nadie, arruinarías mi reputación —bromeó, guiñándome un ojo antes de cargar su tabla—. ¿Vienes? El agua está perfecta y prometo que hoy la pasarás de maravilla.

Bajé del auto, dejando el helado a un lado y sintiendo la arena tibia entre mis dedos.

El mar de Malibú siempre me había parecido imponente, pero estar allí, con el agua por la cintura y la mano de Asher entrelazada con la mía, lo hacía sentir como un patio de juegos privado.

—¡No voy a poder, Asher! —grité entre risas cuando una ola pequeña me derribó por tercera vez—. ¡El equilibrio no es lo mío fuera del dojo!

—Cállate, Salles, que tienes más fuerza en las piernas que medio equipo de fútbol —bromeó él, sujetando la tabla con firmeza para que yo pudiera subir—. Solo confía en mí. Pon las manos aquí... eso es.

Me ayudó a posicionarme, y en ese proceso, la cercanía física se volvió inevitable. Sus brazos rodeaban los míos para corregir mi postura, y sentía el calor de su pecho contra mi espalda a pesar del agua fría. En un momento, tras una caída especialmente estrepitosa en la que terminé prácticamente encima de él, ambos emergimos del agua riendo a carcajadas. Asher me sujetó por la cintura, pegándome a él mientras el agua nos cubría los hombros.

Bajo la luz dorada de la tarde, el tiempo se detuvo. Él me apartó un mechón de pelo mojado de la cara y me miró con una ternura que me desarmó por completo.

—Lo estás haciendo bien, Ángela —susurró, y esta vez no era una broma—. Estás aprendiendo a soltar el control. Eso es lo más difícil.

Me dio un beso lento. Pasamos dos horas que parecieron minutos, entre olas, risas y confesiones susurradas en la arena, hasta que el sol empezó a bajar peligrosamente.

El regreso en el Jeep fue rápido. Asher me dejó en la entrada trasera del instituto, despidiéndose con un beso que me dejó con ganas de no bajarme nunca. Entré corriendo al salón del Club de Arte; la clase ya había terminado y el olor a aguarrás y pintura fresca llenaba el ambiente .

Sarah estaba allí, sentada sobre un escritorio con una sonrisa de oreja a oreja. En cuanto me vio, sus ojos se abrieron de par en par al notar mi piel brillante por el salitre y mi cabello, que era un desastre de nudos húmedos.

—Vaya, vaya... la "artista" viene con aroma a océano —se burló, saltando del escritorio y sacando una secadora de pelo portátil de su mochila—. Menos mal que te conozco, Salles. Sabía que esto iba a pasar en cuanto me dijiste que irían a la playa. Si Marcus te ve así, nos mandan a las dos a un convento.

Me senté en un taburete mientras ella conectaba la secadora en un rincón del salón. El aire caliente empezó a recorrer mi nuca mientras yo, con una sonrisa que no podía borrar, le contaba cada detalle: el helado de menta, las caídas en la tabla y lo que sentía cuando Asher me miraba.

—Es un romántico, Sarah. De verdad lo es —suspiré, cerrando los ojos.

—Treinta minutos, Ángela. Eso es lo que nos queda antes de que el "monumento al silencio" —refiriéndose a Marcus— estacione la SUV afuera.

Pasamos esa media hora transformándome de "chica surfista" a "estudiante de arte dedicada". Sarah incluso me manchó un poco la mano con pintura azul para darle realismo a la escena.

Cuando el mensaje de Marcus llegó a mi teléfono avisando que estaba afuera, mi cabello ya estaba seco y mi piel tenía ese brillo bronceado que intentamos disimular con un poco de polvo translúcido.

Salimos del edificio con nuestras carpetas de dibujo bajo el brazo. Marcus estaba allí, impecable, abriendo la puerta trasera de la camioneta negra.

—Buenas tardes, señorita Ángela. Señorita Sarah —dijo con su tono monótono de siempre.

—Hola, Marcus. El club de arte fue... agotador —mentí, subiendo al vehículo y sintiendo todavía el sabor de la sal en mis labios.

Mientras la SUV avanzaba hacia la mansión, miré por la ventana. Sabía que estaba viviendo una doble vida peligrosa, pero mientras tuviera el calor de Asher en mi memoria y el apoyo de Sarah, estaba dispuesta a seguir pintando esta mentira el tiempo que fuera necesario.

El trayecto en la SUV fue silencioso, pero en cuanto cruzamos el umbral de la mansión, la paz se hizo añicos. En el gran vestíbulo, junto a la escalera de mármol, no solo estaba mi padre. A su lado, con un traje de seda impecable y una sonrisa que raramente veía fuera de las videollamadas, estaba ella.

—¡Sorpresa, hija! —exclamó Sofía, mi madre, abriendo los brazos con esa elegancia natural que siempre me hacía sentir como una niña desordenada.

Mi corazón dio un vuelco violento. El shock me dejó clavada en el sitio. ¿Qué hacía ella aquí? Se suponía que estaba en París por negocios hasta el próximo mes. Sofía dio un paso hacia mí, con la intención clara de envolverme en uno de sus abrazos perfumados, pero el pánico me recorrió la columna. Si se acercaba lo suficiente, olería el salitre que mis poros aún supuraban; si me tocaba la piel, sentiría el calor residual del sol de Malibú y la arena que, a pesar de los esfuerzos de Sarah, todavía se escondía en los pliegues de mi ropa.

—¡Mamá! ¡No! —exclamé, dando un paso atrás con una mano levantada, fingiendo una mueca de dolor—. ¡No me toques, por favor!

—¿Ángela? ¿Qué pasa? —preguntó Nathan, frunciendo el ceño, su buen humor tambaleándose.

—Es el Club de Arte... —solté, forzando un tono de drama total— ¡Usamos unos solventes químicos para limpiar los pinceles y me ha dado una reacción alérgica horrible! Siento que me pica todo el cuerpo y huelo a aguarrás. Tengo que bañarme ya mismo con jabón neutro o me va a dar un ataque. ¡Lo siento, mamá, te amo, pero no puedo!

Sin esperar respuesta, subí las escaleras de dos en dos, ignorando los llamados de Sofía. Me encerré en mi baño, abriendo la ducha de inmediato para que el ruido del agua camuflara cualquier sospecha. Mientras me restregaba la piel para quitar el rastro de Asher y la playa, sentía que estaba caminando sobre una cuerda floja que se volvía más delgada cada segundo.

Una hora después, bajé al comedor. Llevaba un vestido de lino cerrado y el cabello perfectamente peinado.

—Estás radiante, Ángela —dijo mi madre, observándome con ojos analíticos desde el otro extremo de la mesa—. Nathan me ha contado que por fin has encontrado una pasión en el Club de Arte. Me alegra que dejes atrás esas... rabietas de hace unos días.

Tragué saliva, sintiendo que el solomillo se me quedaba atascado en la garganta. Mi padre asintió, sirviéndose una copa de vino con una sonrisa de oreja a oreja.

—De hecho —dijo mi padre, dejando los cubiertos a un lado con entusiasmo—, tengo mucha curiosidad. Sarah me dijo que estuviste muy concentrada hoy. Ángela, ¿por qué no nos traes la carpeta? Me encantaría ver los bocetos de tu primera clase. Quiero ver qué ha inspirado a mi artista favorita esta tarde.

El silencio que siguió fue sepulcral. Sarah no estaba aquí para salvarme, y mi carpeta de dibujos solo contenía un par de hojas en blanco y un garabato de una ola que hice mientras esperaba a Asher en el Jeep.

—Yo... —empecé, mirando desesperadamente hacia la puerta— es que la profesora los guardó para ponerles el fijador, papá. Dijo que si los sacábamos del taller antes de que secaran, se arruinarían.

El alivio me recorrió el cuerpo cuando vi que mi padre bajaba la guardia ante mi excusa sobre los materiales y el fijador. Nathan siempre había sido un hombre del arte, y la idea de que un "proceso artístico" requiriera tiempo era algo que su mente estructurada podía aceptar.

—Es una lástima —comentó mi mamá, dejando su copa de vino sobre el mantel de lino con una elegancia que me recordaba por qué siempre me sentía bajo un microscopio—. Tenía curiosidad por ver si habías heredado el ojo de tu tía para las proporciones. Pero supongo lo veré en otro momento.

Nathan asintió, su buen humor volviendo a la superficie ahora que la "emergencia alérgica" parecía controlada.

—Ya habrá tiempo de sobra este verano, Sofía. Si Ángela sigue así, pronto tendremos que colgar algo suyo en el despacho —dijo él, dedicándome una mirada que, aunque era de orgullo, me hizo sentir como una impostora total.

Mi madre desvió su atención hacia el resto de la mesa, recorriendo los lugares vacíos con esa mirada analítica que parecía notar cada mota de polvo.

—Por cierto —preguntó ella, cambiando de tema con una naturalidad casi gélida—, ¿dónde está Chloe? Me sorprende que no esté aquí para la cena, considerando lo mucho que disfruta de estas reuniones familiares.

Nathan soltó un suspiro corto y miró su reloj de pulsera antes de responder.

—Está en la academia. Al parecer, hubo un problema con las inscripciones del próximo semestre y tuvo que quedarse para organizar unos documentos de última hora. Me llamó hace poco; dijo que regresaría en media hora, más o menos.

—Vaya, siempre tan dedicada —respondió mi madre con un tono que no supe si era un cumplido o una crítica velada—. Es admirable cómo se ha tomado tan en serio su rol en la institución.

El ambiente se volvió extrañamente tenso de nuevo. Yo aproveché ese momento para bajar la mirada hacia mi plato, sintiendo cómo el calor de la playa todavía vibraba bajo mi piel.

1
Maria Elena Martinez Lazaro
Por favor Yazz , que la historia de Sofía y Nathan no se repita en ellos porfis
Maria Elena Martinez Lazaro
Vuelvo y digo ya esto no me está gustando Angela se encuentra a Mark hasta en la sopa, mientras que Asher se está alejando que será lo que irá a pasar entre ellas
Maria Elena Martinez Lazaro
Ya esto no me está gustando, le va a llegar competencia a Asher. Será que Angela le va pasar lo mismo que Sofía ella también se tropezó con Alari en la universidad . ojalá que no se repita la historia
Maria Elena Martinez Lazaro
excelente que buena está la historia , gracias querida Dios te bendiga
Maria Elena Martinez Lazaro
Pero como cambia la plata a las personas si Sofía también era una muerta de hambre que trabajaba con el cuñado si no fue porque conoció a. Alarith no hubiera conseguido lo que tiene ahora y eso que no digo de lo soberbia y altiva que es porque eso siempre lo ha sido creyéndose más que otros y que Nathan
Yausmira Alvarez Herrera
sofia que triste ver en lo que te convertiste mas con tu hija y ese hombre que tanto te amado solo por apariencias
😜 Betsy 🇻🇪
Q le pasa a Sofía ps' no puedes llegar con esa soberbia no joda así se habla Ángela un peo con los errores del pasado 😡
😜 Betsy 🇻🇪
Jajajaja Sarat tu y tus locuras 😜 menos mal q es una novela 😉 porq mi mamá me decía q si me tragaba el chiche se me quedaba pegado del culo 🤣😂🤣😂🤣😂
😜 Betsy 🇻🇪
No joda se te tenía que decir y se dijo 👏👏 así se habla Alaric
😜 Betsy 🇻🇪
Entiendo tus miedos Sofía pero asfixia a Ángela todos cometemos errores pero cada quien como sus propios errores eso es inevitable
😜 Betsy 🇻🇪
Hay Sofía tu cómo siempre 😵‍💫😵‍💫 cuando te enteres q serás abuela te va a dar un soponsio y q vas hacer un coño 😡
😜 Betsy 🇻🇪
A bueno ahora falta Sofía 🫣🫣
😜 Betsy 🇻🇪
Así es mi Nathan 🥰 jajajaja como q raro vas hacer un excelente abuelito 😜 al caracolito no le faltará amor ❤️❤️
😜 Betsy 🇻🇪
Excelente palabras Chloe 👏👏👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Bueno no va hacer facil lo q les esperan pero pa' Lante es paya 💪💪
😜 Betsy 🇻🇪
Hay q bellos 🥰 y con su futuro caracolito 🥰
😜 Betsy 🇻🇪
Muy bien dicho Ángela 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
Me encanta Nathan siempre un padre comprensivo 😜
😜 Betsy 🇻🇪
No joda así se habla carajo 👏👏👏👏 ahora sí tienes los pantalones bien puesto 👏👏👏
😜 Betsy 🇻🇪
No joda Ángela te tardaste en hablar y ya se te adelantaron 😬😬
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play