Ella era una científica que renace en un nuevo mundo. Ahora tiene magia y puede dedicarse a cumplir sus sueños.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Bruyne 2
Al día siguiente, el conde se aseguro de que en la mansión Bruyne ella comiera bien antes de ir a la cabaña.
Asi que una hora después, Megara y Thomas llegaron nuevamente a la cabaña, encontraron algo que ninguno de los dos esperaba.
Había una docena de niños esperando afuera.
Algunos estaban sentados.
Otros permanecían de pie junto a sus madres.
Y algunos simplemente miraban la puerta con curiosidad.
En cuanto Megara los vio, su expresión cambió.
Sonrió.
—Buenos días.
Los niños la reconocieron inmediatamente.
—¡La maga!
Uno de ellos sonrió.
Megara se acercó.
—¿Cómo están?
—Mejor.
—Yo también.
—A mí ya no me duele la garganta.
Megara sonrió ampliamente.
[Qué bien].
Thomas observó la escena.
Había notado algo curioso.
El día anterior, Megara se había sentido incómoda al pensar estar rodeada de personas.
Pero con los niños...
Era diferente.
Parecía completamente relajada.
Thomas se acercó a ella.
—Entonces...
Megara lo miró.
—¿Sí?
—Al parecer, el problema no son todas las personas.
Megara frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quiere decir?
Thomas señaló discretamente hacia los niños.
—A ellos no parece molestarte tenerlos cerca.
Megara miró al grupo.
Después volvió a mirarlo.
Pensó unos segundos.
—Creo que...
Hizo una pausa.
—Sí.
Thomas sonrió.
—¿Sí?
Megara asintió.
—Creo que me molestan más los adultos juntos.
Thomas soltó una carcajada.
—Eso explica muchas cosas.
Megara sonrió.
—Los niños son diferentes.
—¿Por qué?
Megara miró a uno de ellos.
—No esperan que converse con ellos sobre cosas que no me interesan.
Thomas volvió a reír.
—Entiendo.
—Además...
Megara se encogió de hombros.
—Son sinceros.
Thomas la observó.
—Tú también.
Megara lo miró.
—¿Eso es algo bueno?
—Muchísimo.
Ella sonrió.
—Entonces entremos.
La jornada comenzó.
Los niños fueron pasando uno por uno.
Megara revisó a quienes todavía tenían síntomas.
Comparó los resultados del día anterior.
Ajustó algunas dosis.
Anotó nuevos datos.
Y descubrió algo importante.
La recuperación de los niños estaba siendo más rápida de lo que había esperado.
Eso significaba que las pociones estaban funcionando.
Pero también había algo que no podía solucionar solamente con medicina.
La desnutrición.
Algunos niños necesitaban recuperar fuerza poco a poco.
Sus cuerpos estaban demasiado débiles.
Megara tomó varias notas.
[Una poción fortalecedora específica].
[Una fórmula que no sea demasiado agresiva].
[Que ayude al cuerpo a recuperar energía].
[Que pueda utilizarse en niños].
El trabajo continuó durante toda la mañana.
Y, para sorpresa de Megara...
Ese día terminaron mucho antes.
Cuando el último niño salió de la cabaña, Megara dejó el lápiz sobre la mesa.
—Terminamos.
Thomas sonrió.
—Sí.
Megara miró por la ventana.
—Es temprano.
Thomas asintió.
Y entonces pensó en una idea.
Podía llevarla a conocer el pueblo.
Quizás mostrarle los jardines.
Había un lugar hermoso cerca de la mansión.
Podrían caminar.
Hablar.
Pasar un rato juntos.
Thomas abrió la boca.
—Lady Megara, podríamos...
Pero ella habló primero.
—Volveré a la mansión.
Thomas se detuvo.
—¿Ah?
Megara comenzó a guardar sus cosas.
—Tengo que preparar más pociones.
Thomas asintió lentamente.
—Claro.
—Y quiero comenzar a trabajar en una nueva fórmula.
—¿Una nueva fórmula?
Megara tomó su cuaderno.
—Una poción fortalecedora para niños con desnutrición.
Thomas la miró con atención.
—¿Ya tienes una idea?
—Algunas.
Megara sonrió.
—Pero necesito probarlas.
Thomas pensó que probablemente pasaría las próximas horas encerrada en algun salón que debia habilitar como laboratorio.
Y, extrañamente, la idea no le desagradó.
—Entonces te acompañaré.
Megara levantó la mirada.
—¿A la mansión?
—Sí.
Ella sonrió.
—Por supuesto.
Thomas sintió que algo se acomodaba dentro de su pecho.
Aquella sonrisa.
Otra vez.
Era increíble cuánto podía alegrarlo.
Caminaron juntos hacia el carruaje.
Megara hablaba de la nueva poción.
—No puedo usar una fórmula demasiado fuerte.
—¿Por qué?
—Porque sus cuerpos están debilitados.
—Entonces debe ser suave.
—Exactamente.
—Pero efectiva.
Megara lo miró.
—Exactamente.
Thomas sonrió.
—Parece complicado.
—Lo es.
—¿Y aun así quieres hacerlo?
Megara lo miró como si la pregunta fuera extraña.
—Por supuesto.
Thomas observó su rostro.
Aquella determinación.
Aquella pasión.
La manera en que podía pasar horas estudiando algo sin aburrirse.
La forma en que sus ojos brillaban cuando encontraba una solución.
Estaba completamente fascinado.
Y comenzaba a comprender que no era solamente porque Megara fuera hermosa.
Era todo lo demás.
Su inteligencia.
Su sinceridad.
Su carácter.
Su forma particular de ver el mundo.
Y aquella extraña combinación entre una mujer extraordinariamente talentosa...
Y alguien capaz de declarar con absoluta seriedad que su sueño era vivir en una cueva con una tinaja, comida y pociones.
Thomas sonrió.
[Definitivamente me gusta].
Megara subió al carruaje.
Thomas la siguió.
Ella abrió su cuaderno inmediatamente.
—Estaba pensando en utilizar raíz de lunaria...
Thomas la escuchó.
Y mientras el carruaje comenzaba a avanzar hacia la mansión, él tuvo una certeza.
No importaba si aquel día no había podido llevarla a conocer el pueblo.
Ni los jardines.
Ni ningún lugar especial.
Estar sentado junto a ella mientras hablaba apasionadamente de pociones...
Ya le parecía suficiente.
Porque, para Thomas...
Cada vez era más evidente que la mujer de cabello blanco que había llegado a sus tierras para investigar a unas familias refugiadas...
Se había convertido en alguien que quería tener cerca.