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Un Latido En Dos Tiempos

Un Latido En Dos Tiempos

Status: En proceso
Genre:Juego de roles / Pareja destinada / Amor en la madurez
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Nuñez

In-Oh es una fotógrafa de veintidós años atrapada entre los fantasmas de su memoria y la comodidad de su rutina. Un viaje inesperado de regreso al pueblo costero de su infancia entrelaza violentamente su pasado y su presente. Tras diez años de dolorosa ausencia, reaparece Min-Woo, su primer amor platónico de la niñez, transformado ahora en un enigmático hombre. Al mismo tiempo, su incondicional mejor amigo de la secundaria, Seo-Jun, decide dar un paso al frente y confesarle un sentimiento guardado durante siete años. Atrapada entre el eco de una antigua promesa de verano y la calidez de un amor maduro que teme arruinar la amistad, In-Oh deberá enfrentar los traumas de su pasado para aprender a abrir su corazón al presente.

NovelToon tiene autorización de Paula Nuñez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La fragilidad de una confecion

Silencio que se instaló en la vereda era tan denso que casi se podía cortar. Seo-Jun cerró la puerta del taxi sin dejar de mirarnos, su mano apretando el asa de la maleta con una fuerza que hacía que sus nudillos se tornaran blancos. Min-Woo, a mi lado, se tensó de inmediato, dando medio paso al frente con ese instinto de protección que había despertado la noche anterior.

​—Vaya, qué pequeña es esta costa —soltó Seo-Jun, rompiendo el hielo con una sonrisa ladeada, cargada de una ironía mordaz—. In-Oh me dijo que estabas en el pueblo, pero no imaginé que hacías también de guía turístico de tiempo completo.

​—Seo-Jun, ¿qué haces acá? —atiné a decir, con la voz atrapada en la garganta, sintiendo cómo los nervios me traicionaban.

​Min-Woo dio un paso más, midiendo a Seo-Jun con la mirada, con los hombros rígidos y el rostro serio. Era la primera vez que se veían cara a cara, dos perfectos extraños analizando al rival en un segundo. Min-Woo estiró una mano con una cortesía tensa.

​—Soy Min-Woo —dijo, presentándose con voz firme.

​Seo-Jun miró la mano de Min-Woo por un segundo infinito antes de regresar sus ojos a los míos, ignorando el saludo por completo con un desplante helado.

La llegada de mi abuela a la puerta principal interrumpió el duelo de palabras antes de que pasara a mayores. Al ver a Seo-Jun en la entrada, su rostro se iluminó por completo.

—¡Ay, Seo-Jun, mi niño! —exclamó, bajando los escalones con los brazos abiertos. Mi abuelo salió justo detrás, su rostro molesto de la noche anterior desapareciendo al instante, reemplazado por una enorme sonrisa. Ellos lo adoraban; para mis abuelos, él era el muchacho ejemplar que siempre me había cuidado en la capital.

Seo-Jun cambió su faceta en un segundo, envolviendo a mis abuelos en un abrazo afectuoso mientras Min-Woo se despedía de mí con una última mirada intensa y frustrada antes de dar la vuelta y marcharse.

Ya adentro, sentados en el comedor con un té caliente, llegó el momento de las explicaciones.

—Es que el jefe me dio unos días libres imprevistos —explicó Seo-Jun, acomodándose el cabello con soltura, ocultando perfectamente sus verdaderos motivos—. Y como In-Oh me dijo que el ambiente por acá estaba algo... movido, pensé que no le vendría mal una compañía conocida para disfrutar de las vacaciones. No quería dejarla sola.

Nadie sospechó el torbellino de celos y preocupación que realmente lo había empujado a tomar ese taxi.

​—Ah, claro. El famoso Min-Woo —respondió Seo-Jun, arrastrando las palabras con un sarcasmo punzante—. El chico del campamento que sabía desaparecer tan bien. Es un verdadero milagro que después de diez años hayas aprendido a encontrar el camino de regreso. Lástima que la señal de internet te tardara una década en funcionar para avisar que seguías vivo.

​—Seo-Jun, basta —lo interrumpí, horrorizada por la tensión que escalaba entre ambos.

​—No te preocupes, In-Oh —intervino Min-Woo, con la voz ronca y los ojos encendidos, devolviéndole la mirada con la misma intensidad—. Hay cosas que la gente de la ciudad simplemente no entiende sobre los tiempos de este lugar.

La madrugada llegó arrastrando el frío característico del sur. Incapaz de pegar un ojo por el caos de mis propios sentimientos, salí de mi habitación descalza, buscando un vaso de agua en la cocina. La casa estaba en penumbras, apenas iluminada por el reflejo de la luna que entraba por el ventanal del living.

​Al llegar al pasillo, una silueta alta me bloqueó el paso. Era Seo-Jun. Se había quitado la polera para dormir y solo llevaba unos pantalones cómodos. Al verlo así, bajo la luz tenue, no pude evitar notar lo mucho que había cambiado el chico con el que compartía mi día a día: su espalda era ancha, sus brazos firmes y marcados, exudando una masculinidad que nunca antes me había permitido observar tan de cerca. Mis 22 años de inocencia parecieron protestar en mi pecho, acelerando mis latidos.

​—¿Tampoco puedes dormir? —susurró, con una voz ronca que me erizó la piel.

​—No... la cabeza no me para —admití, dando un paso atrás, de pronto intimidada por su cercanía.

​Pero Seo-Jun no me dejó tomar distancia. Avanzó con rapidez, acorralándome suavemente contra la pared de madera, justo al inicio de la escalera. El calor que desprendía su torso desnudo me envolvió por completo, pero en lugar de atacarme con brusquedad, dejó caer pesadamente su cabeza sobre mi hombro, escondiendo el rostro en mi cuello en un gesto de pura vulnerabilidad que me desarmó.

​—Me dolió, In-Oh... —confesó en un susurro ahogado, y su respiración tibia me quemó la piel—. Me dolió tanto verte con él en la playa. No quiero perderte, de verdad no quiero perderte.

​Mientras hablaba, una de sus manos se deslizó con lentitud por debajo de mi polera de dormir, buscando el contacto directo. Su palma, firme y cálida, se posó sobre mi cintura al desnudo, apretándola con una urgencia contenida que me hizo soltar un suspiro tembloroso.

​El corazón me dio un vuelco salvaje. Enormemente conmovida por su confesión, acomodé mi cabeza a un lado de la suya, apoyándome en él, mientras subía una de mis manos para entrelazar mis dedos con su mano desocupada, buscando darle el consuelo que pedía a gritos.

​—Seo-Jun... —le susurré al oído, con la voz rota por la emoción.

​Él reaccionó al instante. Separó la cabeza de mi hombro con lentitud, obligándome a mirarlo. En la penumbra, nuestros rostros quedaron suspendidos a escasos centímetros de distancia, compartiendo el mismo aire pegajoso, con los ojos fijos en los labios del otro en una invitación silenciosa que amenazaba con cruzar una línea sin retorno...

​¡Cof, cof!

​Un carraspeo fuerte y deliberado retumbó desde lo alto de la escalera.

​Nos separamos de golpe, soltando nuestras manos y rompiendo el contacto como si nos hubiéramos quemado. Con el corazón desbocado en la boca, levanté la vista: la silueta de mi abuelo se recortaba de pie, observándonos con los brazos cruzados y una expresión indescifrable que helaba la sangre.

​—Seo-Jun, creo que tu habitación está en el otro piso —dijo mi abuelo con una voz fría y calmada—. E In-Oh, ya es hora de que entres a tu pieza.

​Seo-Jun dio un paso atrás, asimilando la frustración con la respiración agitada, mientras yo corría a encerrarme en mi dormitorio. Me deslicé detrás de la puerta, dejándome caer en el suelo en medio de la oscuridad, con mis sentimientos completamente acelerados, caóticos y confundidos. ¿Qué era lo que realmente sentía por Seo-Jun? ¿Y qué significaba lo que me pasaba con Min-Woo? La tormenta interna recién estaba comenzando.

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