Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20 – El rostro en las sombras
La figura encapuchada llevó lentamente las manos hasta la capucha negra.
Nadie respiraba.
Los guardias mantenían sus armas apuntando, mientras Adrián permanecía delante de Valeria, dispuesto a protegerla.
Con un movimiento lento, la capucha cayó hacia atrás.
Un murmullo de sorpresa recorrió la sala.
Era un hombre de unos cincuenta años, de cabello entrecano y mirada fría. Una cicatriz atravesaba su ceja izquierda y sus ojos reflejaban una calma inquietante.
Valeria estaba segura de no haberlo visto nunca.
Pero Víctor dio un paso hacia atrás.
Su rostro perdió el color.
—No... es imposible...
El hombre sonrió con ironía.
—Tanto tiempo, Víctor.
Gabriel abrió los ojos con incredulidad.
—Pensé que habías muerto.
—Eso era precisamente lo que necesitaba que todos creyeran.
El desconocido bajó lentamente el arma, aunque seguía sujetándola con firmeza.
—Mi nombre es Esteban Montenegro.
Durante años fui el hombre de confianza de las dos familias.
Un silencio absoluto invadió la sala.
Ese apellido no pertenecía ni a los Moretti ni a los Rivieri.
Coincidía con lo que habían descubierto: el verdadero traidor no era miembro de ninguna de las dos familias.
—¿Fuiste vos? —preguntó Adrián con la mandíbula tensa—. ¿Vos provocaste todo?
Esteban soltó una breve carcajada.
—No subestimes una historia de más de veinte años.
Las guerras no empiezan con una sola persona.
Empiezan con una mentira... y después el orgullo hace el resto.
Valeria dio un paso al frente.
—¿Qué querés de mí?
Esteban la observó durante unos segundos.
Su expresión cambió apenas.
Como si verla le despertara un recuerdo.
—Mucho más de lo que imaginás.
—Entonces decilo.
—Todavía no.
Gabriel negó con la cabeza.
—¡Dejá de jugar con ella!
Esteban volvió a sonreír.
—¿Jugar?
Ustedes fueron quienes la hicieron crecer sin conocer su verdadera historia.
Yo solo observé.
Aquellas palabras hicieron que Valeria mirara a Gabriel y luego a Víctor.
Otra vez aparecía la sensación de que todos escondían algo.
Mientras discutían, Alessandro se movió discretamente hacia un costado.
Notó que Esteban estaba concentrado en Valeria.
Era la oportunidad perfecta para acercarse al Libro del Origen.
Extendió lentamente la mano...
Pero Esteban reaccionó de inmediato.
—¡No!
Levantó el arma.
Antes de que pudiera disparar, Adrián se lanzó sobre Alessandro y ambos cayeron al suelo.
El disparo impactó contra una de las estanterías.
El libro cayó al piso.
Las hojas comenzaron a abrirse por el golpe.
Una antigua fotografía se deslizó lentamente entre sus páginas.
Fue Valeria quien la vio primero.
La recogió antes que nadie.
Su respiración se detuvo.
La imagen mostraba a dos parejas jóvenes.
Una era Víctor e Isabella.
La otra era Esperanza junto al hombre cuyo rostro siempre aparecía destruido en las fotografías.
Pero esta vez...
Su rostro estaba completo.
Y Valeria sintió un vuelco en el corazón.
No porque lo conociera.
Sino porque aquel hombre tenía los mismos ojos grises... y la misma sonrisa que Adrián.
El parecido era imposible de ignorar.
Adrián tomó la fotografía.
La observó en silencio.
Luego levantó lentamente la vista hacia su padre.
—Papá...
¿Quién era realmente ese hombre?
Víctor cerró los ojos.
Sabía que ya no podía seguir ocultándolo.
—Era el hermano mayor de mi mejor amigo...
Y también...
El verdadero padre de la niña que todos intentaron proteger.
Antes de que pudiera decir una palabra más, un fuerte estruendo sacudió la sala.
La puerta de piedra comenzó a cerrarse lentamente.
Y Esteban sonrió.
—Llegaron demasiado lejos...
Ahora ninguno de ustedes saldrá de aquí tan fácilmente.