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Cautiva

Cautiva

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Venganza / Romance
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Esther

El silencio en la Catedral no era de devoción, sino de asfixia. Frente al altar, dos herederos de familias rivales se miraban, no con amor, sino con el frío reconocimiento de quienes han sido convertidos en peones. Mientras el sacerdote iniciaba los votos, el peso del deber familiar sellaba un destino que ninguno de los dos eligió, transformando el día de su boda en el inicio de su mutuo cautiverio.

NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tengo que conservar la calma

Natasha veía las luces sin ver, se veían disparejas a través del cristal de la ventanilla. Tenía mucho calor a pesar del clima. Sentía que su vestido rojo le pesaba, a pesar de lo liviano que era, algo así como una armadura de plomo.

A su lado, Damián permanecía rígido, con la mandíbula apretada y la mirada perdida en el frente.

Ya no quedaba rastro del novio atento que había fingido ante los invitados, ni siquiera ante sus propios padres.

¿Vas a decir algo o vas a seguir actuando como si te hubiera secuestrado?, soltó él de repente, con una voz profunda que ella apenas reconoció.

Natasha giró la cabeza lentamente, mirándolo con una mezcla de indignación y orgullo. ¿Tú me estás hablando así?, prácticamente te han comprado para mí. Además, no eres el hombre sumiso que fingiste ser. ¿Qué es lo que realmente quieres de nosotros?

Damián esbozó una sonrisa torcida, fría, que le erizó la piel. Se acomodó en el asiento y se inclinó ligeramente hacia ella, reduciendo la distancia entre ambos hasta que ella pudo sentir el calor de su aliento, en contraste con la gélida atmósfera que los rodeaba.

¿Comprarme?, repitió él con una risa baja y ronca que carecía de cualquier rastro de diversión. Tus padres tienen el ego tan grande como sus cuentas bancarias, pero la miopía les impide ver la realidad. Nadie me compra, Natasha. Si estoy sentado en este auto vistiendo este traje, es porque a mí me conviene.

Ella contuvo la respiración, negándose a mostrar el miedo que empezaba a ramificarse en su pecho. Enderezó la espalda, el vestido rojo ajustado al cuerpo, le molestaba sobremanera.

¿Y qué es exactamente lo que te conviene?, desafió ella, sosteniéndole la mirada. Si no es el dinero de mi familia, ¿qué buscas?, ¿poder?, ¿venganza?

Damián no respondió de inmediato. Se limitó a mirarla fijamente, recorriendo sus facciones con una intensidad calculadora, como un ajedrecista que estudia el tablero antes de dar el jaque mate.

El auto se detuvo ante un semáforo en rojo, y las luces rojas de la ciudad tiñeron la mitad de su rostro, acentuando las líneas duras de su mandíbula.

Busco lo que me pertenece por derecho, sentenció él con una calma que resultaba muy aterradora que cualquier grito, y tus padres me van a entregar hasta el último centavo que me arrebataron hace años. Tú solo eres la llave que abre esa puerta.

El semáforo cambió a verde. El chofer avanzó en silencio, ajeno o acostumbrado a la hostilidad del asiento trasero. Natasha sintió que el auto no la llevaba a una nueva vida, sino hacia una jaula de oro donde el enemigo dormía en su misma cama.

¿Y si me niego a ser tu llave?, dijo ella, con el orgullo herido, pero la voz firme.

Damián se reincorporó en su asiento, clavando la vista al frente una vez más, mientras recuperaba su máscara de indiferencia.

Ya es tarde para eso, concluyó él, mientras el vehículo se adentraba en el oscuro camino de la mansión. Ya firmaste el contrato. Bienvenida a tu nuevo hogar, esposa mía.

Natasha sintió revolverse el estómago, no tenía la menor idea de lo que hablaba Damián.

No entendía por qué sus padres la habían obligado a casarse con ese hombre tan despreciable.

Y en medio de su confusión, recordó a Aldair.

"¿Qué habrá pasado con él?", se dijo. Una lágrima rodó por su mejilla.

Damián lo notó, de manera que ahora estás llorando, ¿por qué?

Déjame en paz, dijo ella.

¿Lloras de emoción, o lloras porque no puedes esperar a ser mi mujer?, sentenció Damián.

¡No me toques!, dijo ella cuando Damián se le acercó.

¿Por qué no?, eres mi esposa, ¿o no?

¡Suéltame!, ella se defendió como pudo, pero Damián la superaba en fuerza y la sometió.

Y, sin importarle su estado la tomó por la fuerza.

Yo no me casé con un mueble, así que no te resistas, tienes que cumplir con todas las facetas de nuestro matrimonio, dijo Damián, dejándola maltrecha.

Natasha lo miró con odio en silencio, solo se escuchaban los sollozos, se sentía sucia por haber sido mancillada.

Damián la dejó ahí, y se fue a dormir a otra habitación de la gran mansión.

Al día siguiente, tocaron a su puerta...

Adelante, dijo ella.

Buen día, señora, soy Vianey; desde hoy seré su dama de compañía. Lo que necesite no dude en pedírmelo.

¿Mi dama de compañía?, repitió ella. ¿Por qué o para qué necesito una dama de compañía?

Para que la estancia en este lugar sea más amena.

¿Más amena?

Vianey se encogió de hombros.

No lo sé, señora, pero aquí estoy para lo que necesite. Mientras, en lo que usted se da un baño y se arregla, yo voy a hacer su cama.

Resignada, Natasha se metió al baño a darse una ducha, pero cambió de idea al ver el jacuzzi.

"Ah, no me vendría mal", pensó y salió nuevamente envuelta en una toalla.

¿Podrías prepararme el jacuzzi?

Claro que sí, señora.

Natasha aprovechó para vestirse, pensaba salir de la habitación, pero al abrir la puerta, dos guardias le cerraron el paso.

¿Qué pasa?, ¿acaso estoy en una prisión?, dijo ella a punto de perder los estribos.

Tenemos órdenes de no dejarla salir de aquí, por eso tiene a la chica. Ella hará todo lo que le indique.

Natasha regresó sobre sus pasos. Esperó pacientemente a que Vianey terminara con el jacuzzi.

Listo, señora.

Gracias, Vianey.

Aquí le dejo esto, para cualquier cosa que necesite.

Vianey le entregó una especie de monitor, como esos que les ponen a los bebés para escucharlos cuando lloran.

Solo hábleme y yo vendré, terminó diciendo y salió del cuarto.

Más tarde, Vianey le llevó el desayuno.

Vianey, ¿Dónde está mi esposo?, susurró ella, con las manos entrelazadas.

Creo que fue a atender los asuntos de su padre.

¿Mi padre?, dijo ella.

El padre de él, corrigió Vianey.

¿Entonces, no podré salir de aquí?

Lo siento, señora, son órdenes del patrón. Y ahora, la dejo sola para que pueda comer.

Natasha puso a trabajar su mente. Algo tenía que hacer para salir de ese lugar, pero tenía que planearlo bien.

Por lo pronto, decidió comer, el desayuno se veía bastante bien.

"Tengo que conservar la calma, y en cuanto piensen que me han sometido, es ahí donde pondré mi plan en marcha".

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Martha Divas Delgado
🤭 jajaja jajaja por lo menos una calentadita ese Damián
Esther
gracias
Sandra Maritza Mesa
porque CC a estar preocupada por sus padres si ellos fueron la que la metieron en las manos de ese desgraciado y no han hecho nada por verla
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