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ENTRE COLMILLOS Y GARRAS

ENTRE COLMILLOS Y GARRAS

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Venganza
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

Durante siglos, los clanes de los vampiros y de los hombres lobo han vivido consumidos por el odio.
Todos creen que el antiguo rey de los vampiros @s3s1nø a la esposa del Alfa durante una Noche de Luna Roja. Como venganza, el Alfa m@tø a la reina vampira un día después del nacimiento de su hija, Aylin.
Lo que nadie sabe es que aquella mu3rt3 fue una mentira.
La esposa del Alfa fingió su fallecimiento para escapar con el lobo del que realmente estaba enamorada, dejando atrás a un cachorro recién nacido

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿DONDE ESTA MAMÁ?

Una semana había pasado desde la tragedia que sacudió al Reino Nocturno.

El majestuoso castillo de los vampiros permanecía en silencio.

Las enormes cortinas negras cubrían cada ventana para impedir el paso de la luz del sol.

Las velas iluminaban tenuemente los pasillos de mármol oscuro.

Los sirvientes caminaban despacio.

Los soldados hablaban en voz baja.

Nadie quería alterar la tranquilidad de la pequeña princesa.

Pero había algo que nadie podía ocultar.

La ausencia de la reina Seraphina.

 

En la habitación real...

La pequeña Aylin dormía plácidamente dentro de una elegante cuna de madera negra.

Su cabello plateado comenzaba a crecer.

Su piel seguía siendo tan blanca como la nieve.

Y, cuando abrió lentamente los ojos, el intenso color rojo de sus pupilas brilló bajo la luz de las velas.

La pequeña bostezó.

Movió sus diminutas manos.

Después miró alrededor.

—¿Aa...?

Su padre, el rey Draven, permanecía sentado junto a ella.

Durante toda la semana apenas había dormido.

Cada vez que cerraba los ojos recordaba el rostro de Seraphina.

Respiró profundamente.

Tomó a su hija con delicadeza entre sus brazos.

—Buenos días, mi pequeña.

Aylin sonrió.

Con una pequeña mano tocó el rostro de su padre.

Draven sintió que el corazón se le encogía.

—Eres idéntica a tu mamá...

La princesa soltó una pequeña risa.

Pero apenas unos segundos después...

Comenzó a mover la cabeza de un lado a otro.

Como si buscara a alguien.

Draven lo notó de inmediato.

—¿Qué sucede?

Aylin volvió a mirar toda la habitación.

La cama.

La ventana.

La puerta.

Después señaló hacia el enorme armario donde Seraphina acostumbraba guardar sus vestidos.

—M... má...

El rey sintió un nudo en la garganta.

Era la primera vez que escuchaba algo tan parecido a esa palabra.

Y también era la primera vez que comprendía lo que su hija estaba buscando.

A su madre.

 

Aquella habitación seguía conservando el delicado perfume de Seraphina.

No era un aroma tan intenso como el de los hombres lobo.

Los vampiros no dependían de las feromonas.

Pero Aylin había permanecido junto a su madre desde el momento en que nació.

Reconocía perfectamente su perfume.

El delicado aroma de las flores nocturnas que Seraphina utilizaba desde hacía años.

Draven caminó lentamente hasta el armario.

Abrió una de las puertas.

Dentro seguían colgados los vestidos de la reina.

Aylin estiró inmediatamente sus pequeños brazos.

El rey tomó una de las capas de Seraphina.

La acercó con cuidado.

La pequeña abrazó la tela con una inmensa sonrisa.

Cerró los ojos.

Respiró profundamente.

Y por un instante...

Pareció completamente tranquila.

Draven sintió que las lágrimas amenazaban con salir.

—Todavía puedes sentirla...

Susurró con tristeza.

 

Desde aquel día...

Aylin comenzó a buscar el aroma de su madre todos los días.

Gateaba por la habitación.

Se acercaba a la cama.

Abrazaba los vestidos de Seraphina.

Y muchas veces terminaba dormida sobre ellos.

Los sirvientes observaban la escena con tristeza.

—La princesa la extraña...

—Es demasiado pequeña para entender lo que pasó...

—Pobrecita...

 

Una noche...

La anciana cuidadora del castillo se acercó al rey.

—Majestad...

Draven levantó la mirada.

—¿Qué ocurre?

—La princesa necesita cuidados maternales.

El rey bajó la cabeza.

—Lo sé.

—Algunas damas de la corte desean ayudar a criarla.

Tal vez así deje de buscar a la reina.

Draven permaneció en silencio durante varios segundos.

Finalmente asintió.

—Está bien.

Que lo intenten.

Solo deseo que mi hija vuelva a sonreír.

 

Al día siguiente...

La primera dama entró en la habitación.

Era una vampira joven y muy amable.

Hizo una reverencia.

Después sonrió con dulzura.

—Hola, pequeña princesa.

Aylin levantó la cabeza.

Observó a la mujer durante unos segundos.

Ella extendió lentamente los brazos.

—¿Quieres venir conmigo?

La pequeña la miró fijamente.

Después inclinó un poco la cabeza.

Como si estuviera comparando algo.

Volvió la vista hacia el vestido de su madre.

Luego nuevamente hacia la mujer.

No...

Ese no era el perfume que conocía.

No era el abrazo que recordaba.

Aylin negó con su cabecita.

Retrocedió lentamente.

Y gateó hasta esconderse entre las telas del vestido de Seraphina.

La dama sonrió con tristeza.

—Lo siento...

No quiere acercarse.

 

Durante los días siguientes ocurrió exactamente lo mismo.

Otra dama.

Y otra.

Y otra más.

Todas intentaban jugar con ella.

Leerle cuentos.

Cargarla en brazos.

Pero Aylin siempre hacía lo mismo.

Las observaba.

Después buscaba con la mirada el vestido de su madre.

Y terminaba abrazándolo.

No lloraba.

No se enfadaba.

Simplemente...

Esperaba que, en cualquier momento, la verdadera dueña de aquel perfume entrara por la puerta.

 

Una tarde...

Draven encontró a su hija profundamente dormida.

Abrazaba uno de los antiguos chales de Seraphina.

Una pequeña sonrisa descansaba en su rostro.

El rey se sentó junto a ella.

Con mucho cuidado acomodó un mechón de su cabello plateado.

—La extrañas mucho...

¿Verdad?

Aylin no respondió.

Seguía dormida.

Draven tomó el chal entre sus manos.

Aún conservaba el delicado aroma de la reina.

Por un instante cerró los ojos.

También él la extrañaba.

Muchísimo.

—Perdóname...

Susurró mirando a su hija.

—No pude proteger a tu mamá.

Pero te juro...

Que jamás permitiré que alguien te haga daño.

La pequeña, todavía dormida, sujetó uno de los dedos de su padre.

Draven sonrió con tristeza.

La tomó cuidadosamente entre sus brazos.

Y la abrazó con fuerza.

Sin saber que, al otro lado de las montañas...

Otro padre hacía exactamente lo mismo.

Kael abrazaba al pequeño Lev mientras el cachorro buscaba el aroma de la madre que creía haber perdido.

Dos niños.

Dos herederos.

Los dos creciendo con el mismo vacío en el corazón.

Y los dos separados por un odio nacido de una mentira que ninguno de ellos conocía.

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Rosa Braulia González Eliseo
Excelente historia!!!!
Pau jurado(Alfa P D)💜❤️: me alegra que le guste
total 1 replies
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