A ella una tragedia que la obligó a huir.
Al el una silla de ruedas lo condeno al olvido y al dolor para siempre.
cuando sus vidas se encuentren, cada herida amenaza con romperlos, pero será la esperanza quien siempre insistirá en salvarlos.
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un mundo lejos de aqui
Adela caminó hacia el patio trasero del hospital, un pequeño rincón donde el ruido de las máquinas no llegaba. Sacó el celular, con la mano todavía algo temblorosa por la llamada anterior con Aldo. Marcó el número de su hermana.
—¿Hola? —la voz de Estefanía llegó clara, vibrante, con ese tono de quien vive en un lugar donde el aire es distinto.
—Hola, Stefi —dijo Adela, tratando de que su voz sonara normal.
—Adela, te escucho mal. Te escucho como si estuvieras apagada.
Adela suspiró, recostándose contra la pared fría.
— Siento que mi vida es un círculo. Respondió con un suspiro
—Por eso te llamo —dijo Estefanía, y hubo una pausa—. Adela, escuchame. Ya no aguanto escucharte así. Porque no te vienes conmigo a Alemania.
Adela parpadeó, sorprendida.
—¿Qué dices? ¿Alemania? Pero… ¿cómo? Si yo tengo mi trabajo, y al menos me consuela un poco ir a ver a Jorgue todos los dias,
—No te digo que vengas a trabajar, no te digo que te quedes para siempre —insistió Estefanía—. Te digo que vengas de vacaciones. Un mes. Solo un mes. Necesitás alejarte, ver que el mundo es más grande que tus problemas. Acá el aire es otro, Adela. Solo quiere que vengas para que respires un poco.
Adela sintió un nudo en el pecho. Alemania sonaba a otro planeta, a un lugar donde las tormentas no llegaban a tocarla.
—No puedo dejar todo así, Stefi. Estoy viendo lo de mi divorcio ¿Y Jorgue…?
_ Jorgue no querria verte asi una mamá que se está rompiendo en pedazos, y lo del divorcio tranquilamente lo puedes manejar desde aqui—la cortó Estefanía, con firmeza—. Piensalo. No me des una respuesta ahora. Solo… piensalo.
Adela colgó. El silencio del patio le devolvió la pregunta que su hermana le acababa de hacer. *¿Puedés?*
Adela volvió a entrar al hospital, perdida en sus pensamientos, cuando se cruzó con Marta en el pasillo.
—Tienés cara de haber visto un fantasma —dijo Marta, deteniéndose.
Adela dudó, pero terminó soltándolo:
—Mi hermana me llamó. Me ofreció irme un mes a Alemania. De vacaciones.
Marta abrió los ojos, sorprendida, y luego sonrió, una sonrisa genuina.
—¿Y? ¿Qué estás esperando para sacar el pasaje?
Adela se encogió de hombros, defensiva.
—No es tan simple. ¿Y Jorgue? ¿Y el trabajo? ¿Y si vuelvo y todo sigue igual?
Marta dio dos pasos hacia ella y la agarró de los hombros, obligándola a mirarla a los ojos.
—Adela, escuchame bien. Si te quedás, *nada* va a cambiar. Vas a seguir acá, cansada, lidiando con tus recuerdos, viviendo en las somras y si te vas un mes, quizás… solo quizás, vuelvas con más esperanzas con ganas de superar por todo lo que pasaste, yo sé que no es fácil por lo que estás pasando, perdiste a tu hijo eso, es algo por la que ninguna mamá debería de pasa, pero algunas veces suceden y Dios sabe porque hace las cosas, yo sé que dolor es inmenso y que tal vez nunca lo olvides, pero tienes que aprender a vivir con ellos y creo que la mejor manera será allá con tu hermana tu única familia.
—Tengo miedo —susurró Adela.
—Tener miedo es normal —replicó Marta—. Lo que no es normal es vivir con miedo. Alemania no es huir, es una pausa. Es el oxígeno que te falta para no ahogarte.
—¿Tu lo crees? —Adela buscaba una validación que no se atrevía a darse a sí misma.
—Digo que te lo merecés. Digo que si no lo hacés por tu, hazlo por Jorgue. Porque él querria ver a su mamá que sabe tomar decisiones por su propia paz. Un mes, Adela. Alemania no se va a mover, pero tu sí tienés que moverte de donde estás.
Adela miró el pasillo, donde el ritmo del hospital seguía igual que siempre. Pero por primera vez en años, imaginó un lugar donde el teléfono no sonaba con malas noticias, donde las apuestas no existían y donde ella podía ser, aunque fuera por treinta días, solo Adela.
—Un mes —dijo Adela, probando la palabra, como si fuera un medicamento nuevo.
—Un mes —afirmó Marta—. Y yo te cuido todo acá. Tu solo preocupate por conseguir el pasaporte.
Adela asintió lentamente. El peso de la decisión empezaba a sentirse, pero por primera vez, no era un peso de angustia, sino el peso de una posibilidad.
—Voy a llamarla —dijo Adela—. Le voy a decir que voy.
Marta le dio un abrazo rápido, fuerte.
—Esa es mi chica. Empiezá a mirar vuelos. El primer paso para cambiar tu vida a veces es simplemente irte a otro lugar para verla con claridad.
Te mereces una oportunidad de ser feliz al lado de Lukas no lo pienses y deja te querer y quiere tu también.
Lukas lo que hace el amor saliste de tu casa a respirar el mismo aire que Adela.