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Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Los Gemelos Ocultos De Mi Esposo Mafioso

Status: En proceso
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Reencuentro
Popularitas:11.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Victoria no huyó por falta de amor, sino por instinto de supervivencia. Al descubrir que el hombre que amaba, Dante Moretti, era el heredero de un imperio manchado de sangre, decidió que sus hijos no nacerían en una jaula de oro rodeada de enemigos. Cinco años después, bajo una identidad falsa y en la humildad de un pueblo costero, Victoria cría a León y Cristo. Los gemelos son el vivo retrato de Dante: poseen su mirada gélida y un temperamento indomable que ella lucha por suavizar.
​Dante, consumido por la amargura y la creencia de que Victoria lo abandonó por traición, ha pasado media década buscándola. Cuando una filtración de seguridad en su organización revela el paradero de su "única debilidad", Dante llega dispuesto a cobrar venganza. Sin embargo, el impacto de ver a dos pequeños guerreros con sus propios ojos cambia las reglas del juego. Ahora, Victoria debe volver al mundo que odia para proteger a sus hijos, mientras Dante descubre que el mayor peligro para su familia no está

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capitulo 12

​El convoy de camionetas negras atravesó las puertas de hierro forjado de la propiedad en Westchester con una precisión coreográfica. La Mansión Moretti no era una casa; era una declaración de guerra arquitectónica. Piedra gris, ventanales a prueba de balas y hectáreas de jardines tan perfectos que parecían carecer de vida.

​Victoria pegó la frente al cristal frío, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.

Recordaba este lugar. Recordaba las gárgolas que custodiaban la entrada y el eco de sus propios pasos cuando huyó cinco años atrás. Para ella, esto era el epicentro del dolor; para Dante, era el regreso del rey con su botín.

​Cuando el vehículo principal se detuvo frente a la escalinata de mármol, el servicio y los guardias de seguridad ya estaban formados en dos hileras perfectas. El silencio era sepulcral, solo roto por el chasquido del metal caliente del motor enfriándose.

​Dante bajó primero. Su presencia irradiaba una electricidad que ponía a todos en estado de alerta. Rodeó el coche y abrió la puerta de Victoria. Ella bajó con las piernas temblorosas, sosteniendo las manos de León y Cristo con una fuerza casi dolorosa.

​El efecto fue inmediato. Un murmullo ahogado recorrió la fila de empleados. El mayordomo principal, un hombre que había servido a tres generaciones de Moretti, dejó caer ligeramente la barbilla. Sus ojos saltaron de la figura imponente de Dante a los dos pequeños que caminaban a su lado. No hacía falta una prueba de ADN; el linaje estaba escrito en la estructura ósea de los niños, en la forma en que León miraba a los guardias con desconfianza y en la curiosidad analítica de Cristo.

​—Don Dante... —susurró el mayordomo, recuperando la compostura con esfuerzo—. No sabíamos... no esperábamos...

​—Nadie esperaba nada, Giovanni —cortó Dante con una voz de acero—. Estos son mis hijos. León y Cristo Moretti. Asegúrate de que todo el personal entienda que su palabra es la mía.

​Victoria sintió una punzada de náuseas al escuchar el apellido unido a los nombres de sus hijos. Pero no tuvo tiempo de protestar, porque en lo alto de la escalinata, la puerta principal de roble se abrió de par en par.

​El encuentro con la Matriarca

​Una mujer de una elegancia gélida emergió de las sombras del vestíbulo. Era Donna Alessandra, la madre de Dante. Vestía de negro riguroso, con un collar de perlas que parecía una soga de lujo alrededor de su cuello. Su rostro era una máscara de porcelana fina, endurecida por décadas de tragedias dinásticas y secretos enterrados.

​Alessandra bajó los escalones con una lentitud real. Sus ojos, del mismo gris que los de Dante pero despojados de cualquier rastro de calor, se clavaron primero en Victoria. El desprecio que emanaba de ella era casi físico, una corriente de aire helado que hizo que Victoria enderezara la espalda por puro instinto de supervivencia.

​—Cinco años, Victoria —dijo Alessandra. Su voz era como el crujido del hielo sobre un lago—. Cinco años escondida como una rata mientras mi hijo se consumía en la sombra.

​—No me escondía, Alessandra. Me salvaba —replicó Victoria, su voz vibrando con una fuerza que sorprendió incluso a Dante.

​La anciana no respondió. Su mirada se desvió hacia abajo, hacia los gemelos. Por un segundo, la máscara de porcelana se agrietó. Sus ojos recorrieron el cabello oscuro de León y la mirada observadora de Cristo. La ambición brilló en sus pupilas: veía en ellos la continuación del imperio, la carne fresca para la maquinaria del clan.

​—Míralos... —murmuró Alessandra, extendiendo una mano pálida y llena de anillos hacia León—. La sangre ha vuelto a casa.

​León no esperó a que ella lo tocara. Dio un paso atrás, colocándose medio cuerpo por delante de Victoria. Su mirada se volvió gélida, una réplica exacta de la de Dante cuando está a punto de dar una orden de ejecución. Cristo, a su lado, entrecerró los ojos, analizando a la mujer frente a ellos con una sospecha que no pertenecía a un niño de cinco años.

​Los gemelos se miraron por un segundo. Fue una comunicación silenciosa, un código que solo ellos compartían. En ese cruce de miradas, ambos llegaron a la misma conclusión: esa mujer de negro era el peligro. Ella era la que hacía que el hombro de su madre se tensara y que su respiración se volviera errática.

​—No la toques —dijo León. No fue una petición; fue un comando.

​El servicio contuvo el aliento. Nadie le hablaba así a Donna Alessandra.

​Dante dio un paso al frente, colocando una mano en el hombro de su hijo.

​—León, es tu abuela —dijo Dante, aunque había una chispa de orgullo secreto en sus ojos al ver el carácter del niño.

​—Ella no es buena con mamá —replicó Cristo, su voz clara y lógica—. Sus ojos son como los de las serpientes que vimos en el bosque. Mamá tiene miedo de ella.

​Victoria sintió un nudo en la garganta. Sus hijos, sus pequeños niños criados entre cuentos y huertos, estaban leyendo la política de poder de la mafia con una precisión aterradora. Estaban aprendiendo a protegerla en el lenguaje de los Moretti.

​Alessandra retiró la mano, soltando una risa corta y seca.

​—Tienen fuego, Dante. Eso es peligroso si no se domestica pronto —dijo la matriarca, volviendo a clavar su mirada en Victoria—. Veo que les has enseñado a odiarnos antes de conocernos. Qué desperdicio de tiempo.

​—Les he enseñado a amar lo que es real, Alessandra —respondió Victoria, apretando las manos de sus hijos—. Algo que en esta casa nunca entenderán.

​—Entren —ordenó Dante, cortando la tensión antes de que estallara en la escalinata—. Giovanni, lleva las maletas a la suite principal.

Madre, hablaremos en el despacho más tarde.

​Victoria entró en la mansión sintiéndose como una prisionera de guerra desfilando por el capitolio enemigo. El vestíbulo, con sus techos abovedados y frescos renacentistas, se sentía como una catedral dedicada al ego de los Moretti. Los niños caminaban pegados a ella, sus ojos escaneando cada rincón, cada guardia armado apostado en las esquinas.

​Mientras subían la gran escalera, León se inclinó hacia Cristo y le susurró algo al oído. Cristo asintió, con la mirada fija en la espalda de su abuela, que caminaba unos pasos más adelante.

​Dante, que caminaba detrás de ellos, captó el gesto. Comprendió que la batalla no sería solo contra Victoria. Sus hijos habían formado un frente unido, una unidad de élite emocional que solo respondía a su madre. Por primera vez en su vida, Dante se sintió como un extraño en su propia casa, observando cómo sus herederos se preparaban para defender el único mundo que conocían —el de Victoria— contra el imperio que él les estaba ofreciendo.

​ con la puerta de la suite cerrándose tras ellos. Victoria se dejó caer contra la madera, mientras los niños empezaban a inspeccionar la habitación, no por el lujo de las sábanas de seda, sino buscando las salidas de emergencia. La "sangre Moretti" no solo les daba la mirada de Dante; les daba el instinto de saber que, en esa casa, el amor era la debilidad y la desconfianza era la única forma de sobrevivir.

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Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también leerlos
Lobelia ❣️
👍❤️😘
Sofia Chavez Gutierrez
está de infarto!
casi me termino las uñas 😂
Jos Qui
porfavor sigue subiendo más capítulos porfavor ahorita también
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Estela Alfonzo
la historia es muy atrapante y me encanta los hijos como son unos genios y a la vez tan protectores. espero con ansias los capitulos
Jos Qui
hola excelente capítulos porfavor suba más capítulos ahorita
Jos Qui
para ver que más va pasar con ellos
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también
Estela Alfonzo
me tiene atrapada la historia 🥰
Celina Espinoza
🥰🥰
Celina Espinoza
me gusta los niños son muy protectores con su madre 🥰
María Serafina Abzueta Salazar
encantada con esta historia,su ingenio y creatividad mostrada en los personajes,sin repetir las aburridas víctimas, con personajes más audaces y
Maria de los Angeles Vega
Ya por favor , los dos son sufriendo bastante , es justo que triunfe el amor.
Y están los niños sus hijos..
Ella se equivocó el también.
Su amor está ahí , a pesar de todo .
El que perdona , es el que más ama..
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita también leerlos 👏👏👏
María Serafina Abzueta Salazar
que niños ☺️🥰👏👏 ése padre no la tiene fácil, parece que son reyes viejos en cuerpo infantil 🤭☺️.. encantadores...
Celina Espinoza
me parece interesante me gusta 🥰
Celina Espinoza
me gusta mucho 😘🥰los niño son muy inteligentes y protectores
Anacelimar Franco
me gusta tu historia
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