🐺 Sinopsis
En los bosques montañosos de Cali, la joven Valeria Andrade descubre que su destino está ligado a una antigua manada de hombres lobo. Cuando conoce a Adrián Blackwood, el alfa más poderoso del continente, una conexión irresistible los une. Pero una profecía anuncia que su amor podría salvar a todas las manadas… o destruirlas para siempre.
Traiciones, guerras entre clanes, secretos familiares y una pasión prohibida marcarán esta historia épica.
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Voces en la luna llena
La noche se asentó sobre el territorio Blackwood con una majestuosidad silenciosa. Desde la ventana de la habitación que le habían asignado en la casa principal, Valeria Andrade observaba cómo la luna llena se elevaba por encima de las montañas, bañando el valle con una luz plateada.
El lugar parecía salido de una leyenda.
Cabañas de madera dispersas entre los árboles, hogueras encendidas, lobos patrullando los límites del territorio y el murmullo constante del bosque. Todo tenía una belleza salvaje y, al mismo tiempo, profundamente inquietante.
Horas antes, había descubierto que Sebastián Blackwood, el enigmático tío de Adrián Blackwood, conocía secretos sobre su linaje que nadie parecía dispuesto a compartir por completo.
Y eso no era lo único que la perturbaba.
La marca plateada en su cuello ardía cada vez que Adrián estaba cerca.
Su poder aumentaba.
La profecía avanzaba.
Y el eclipse se acercaba inexorablemente.
Valeria se apartó de la ventana y tocó el colgante de luna sobre su pecho.
Desde que había llegado al territorio, una sensación extraña la acompañaba: como si múltiples voces susurraran en el límite de su conciencia, demasiado débiles para comprenderlas, pero imposibles de ignorar.
Al principio creyó que era cansancio.
Sin embargo, cuando la luna alcanzó el punto más alto del cielo, los murmullos se volvieron nítidos.
—Hija de la Luna…
Valeria se quedó inmóvil.
La voz no provenía de la habitación.
Resonaba directamente en su mente.
—Encuéntranos.
El colgante comenzó a brillar con intensidad.
La habitación se llenó de una luz plateada y el suelo pareció desvanecerse bajo sus pies.
En un instante, ya no estaba en la casa principal.
Se encontraba en un bosque diferente.
Los árboles eran más altos, antiguos y cubiertos por una neblina luminosa.
Frente a ella apareció una mujer de cabello oscuro y ojos plateados.
Su vestido parecía tejido con rayos de luna.
Valeria sintió que el corazón se detenía.
—¿Quién eres?
La mujer sonrió con infinita ternura.
—Soy Selene.
Valeria retrocedió un paso.
—La primera heredera.
—Y la primera en amar a un alfa.
Selene extendió la mano.
—Tu poder está despertando más rápido de lo esperado.
—No sé controlar nada de esto.
—Aprenderás.
Las voces comenzaron a multiplicarse alrededor de ellas.
Sombras plateadas surgieron entre los árboles.
Mujeres de distintas épocas observaban a Valeria con expresiones serenas.
—Son las guardianas de tu linaje —explicó Selene—. Todas protegieron el equilibrio entre la Luna y los lobos.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
—¿Mi madre está aquí?
Una figura avanzó entre las demás.
Lucía Andrade.
Tal como aparecía en la fotografía que Elena le había mostrado, con la misma sonrisa cálida y los mismos ojos color miel.
Las lágrimas llenaron los ojos de Valeria.
—Mamá.
Lucía la abrazó.
Aunque su cuerpo era solo luz, Valeria sintió una calidez real y reconfortante.
—Mi pequeña luna —susurró.
Valeria rompió a llorar.
—Pensé que me habías abandonado.
—Jamás.
Lucía sostuvo su rostro entre las manos.
—Todo lo que hice fue para protegerte.
Valeria quería hacer mil preguntas, pero las palabras se atoraron en su garganta.
—¿Dónde estás?
—En un lugar entre la memoria y la luna.
—¿Puedes regresar?
La tristeza en la mirada de Lucía respondió antes que sus labios.
—No.
Valeria cerró los ojos, intentando contener el dolor.
—Entonces dime cómo detener a Lucian.
Lucía intercambió una mirada con Selene.
—Debes llegar al Santuario Lunar antes del eclipse.
—¿Y después?
Selene dio un paso al frente.
—Allí descubrirás el verdadero significado del vínculo con Adrián.
Valeria bajó la mirada.
—Tengo miedo de lo que siento por él.
Lucía sonrió.
—El amor no es una debilidad, hija. Es la fuente de tu fuerza.
Las voces de las guardianas comenzaron a elevarse en un canto ancestral.
El bosque se estremeció.
Selene tomó la mano de Valeria.
—Escucha atentamente. Entre quienes te rodean hay alguien que oculta una verdad capaz de cambiarlo todo.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Pero antes de que Selene pudiera responder, un rugido ensordecedor atravesó la visión.
La neblina se desgarró.
La imagen de las guardianas comenzó a desvanecerse.
Lucía besó la frente de su hija.
—Confía en tu corazón.
Todo se volvió blanco.
Valeria despertó con un jadeo.
Estaba nuevamente en su habitación.
La puerta se abrió de golpe y Adrián entró con expresión alarmada.
—Sentí tu poder.
Valeria se incorporó temblando.
—Vi a mi madre.
Adrián se sentó junto a ella mientras ella le relataba la visión.
Cuando mencionó la advertencia de Selene, el alfa frunció el ceño.
—Alguien cercano nos oculta algo.
—¿Crees que se refería a Sebastián?
Adrián guardó silencio.
—No lo sé.
Valeria lo observó con atención.
—¿Confías en él?
El alfa tardó unos segundos en responder.
—Quiero hacerlo.
—Eso no es un sí.
Adrián desvió la mirada hacia la luna.
—Mi tío desapareció durante años después de la muerte de mi padre. Regresó justo cuando Lucian comenzó a fortalecerse.
Valeria sintió una inquietud creciente.
—Entonces también tienes dudas.
Adrián tomó su mano.
—Lo único de lo que estoy seguro es de ti.
La sinceridad en sus ojos desarmó las defensas de Valeria.
—Mi madre dijo que el amor será mi fuerza.
Adrián acarició su mejilla.
—Entonces deja que sea tu fuerza.
Valeria se inclinó y lo besó suavemente.
Esta vez no hubo miedo.
Solo una certeza cálida y profunda.
Cuando se separaron, el aullido de un lobo resonó en el exterior.
Mateo irrumpió en la habitación sin aliento.
—Tenemos problemas.
Adrián se puso de pie de inmediato.
—¿Qué ocurrió?
—Uno de nuestros centinelas encontró rastros de Lucian a menos de dos kilómetros del territorio.
Valeria sintió cómo la tensión regresaba de golpe.
Mateo continuó:
—Y no vienen solos.
Adrián endureció la mandíbula.
—¿Cuántos?
—Más de lo que podemos enfrentar si esperamos al amanecer.
El alfa miró a Valeria.
En sus ojos brillaba una decisión irrevocable.
—Partimos esta misma noche hacia el Santuario Lunar.
Valeria se levantó y tomó el colgante entre sus dedos.
La visión de su madre seguía viva en su corazón.
Ya no podía permitirse dudar.
El destino la llamaba.
Y bajo la luz de la luna llena, las voces de sus ancestros aún susurraban en su mente.
El viaje hacia la verdad acababa de comenzar.