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Entre Marea Y Silencio

Entre Marea Y Silencio

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencuentro / Completas
Popularitas:920
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

ella es bióloga marina volviendo a su pueblo costero para salvar el arrecife. el es el hijo del empresario que quiere construir el resort que lo destruiría. se odiaban en el colegio.diez años después la química no se fue

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el precio de volver

El amanecer en Isla Negra no avisó.

Un golpe en la puerta de madera los arrancó del sueño a los dos.

Mateo estaba de pie antes de que Marina abriera los ojos, con un machete viejo en la mano que debía llevar años colgado en la pared.

"Quédate atrás", susurró.

El golpe volvió. Más fuerte.

"¡Abren o derribo la puerta!" La voz era de Diego.

Marina soltó el aire que no sabía que estaba aguantando. Mateo bajó el machete y abrió de golpe.

Diego entró con la cara de quien no había dormido en 48 horas y una carpeta bajo el brazo. Traía a dos tipos de la PROFEPA detrás, armados pero sin sacar el arma.

"Tenemos un problema", dijo sin preámbulos. "Ricardo presentó una orden de restricción contra los dos. Dice que robaron documentos confidenciales de la constructora. Si los agarran en San Cristóbal, van presos".

Marina se puso la sudadera temblando.

"¿Robar? Las fotos son mías".

"Él dice que son propiedad intelectual de la obra". Diego dejó la carpeta sobre la mesa. "Y tiene un juez amigo que se lo firmó a las 5 AM".

Mateo se pasó una mano por el pelo.

"¿Y ahora?"

"Ahora se van de la isla". Diego la miró a ella. "Yo me quedo aquí y presento la denuncia federal con las fotos. Si Ricardo los agarra antes, se acaba todo".

Marina negó con la cabeza.

"No me voy. No sin ver a mi papá".

"Marina—"

"Mi papá no sabe nada de esto". Su voz salió firme. "Si lo meten en esto, Ricardo lo destruye. Voy a hablar con él. A decirle la verdad antes de que otro se la diga".

Mateo la miró un segundo largo. Luego asintió.

"Voy contigo".

"No". Diego se interpuso. "Si van juntos, los agarran a los dos. Tú te quedas aquí, Vargas. Tienes antecedentes de amenazas contra tu padre. Te van a culpar de todo".

Mateo apretó la mandíbula.

"Entonces ve tú sola".

Marina agarró la mochila.

"En 12 horas me entrego a la PROFEPA. Con abogado. Con prensa. Si no vuelvo, Diego, publicas todo. Incluso lo del permiso falsificado. Que se quemen todos".

Diego asintió despacio.

"Eres más terca que hace diez años".

"Gracias por notarlo".

---

El viaje de vuelta fue en silencio.

La lancha de Mateo la dejó en el embarcadero viejo a las 6:40 AM. San Cristóbal despertaba despacio, sin saber que en 3 horas todo iba a estallar.

Marina caminó hasta la casa de su padre con las piernas temblando. No por miedo. Por lo que iba a decir.

Su padre estaba en el patio, arreglando una red vieja. Tenía 58 años y la espalda encorvada de 30 años cargando cajas de pescado.

Cuando la vio, se levantó despacio.

"Hija".

Marina dejó la mochila en el suelo.

"Papa, necesito que me escuches sin interrumpir".

Él la miró. Y asintió.

Le contó todo. El arrecife, la tortuga, el permiso falsificado, Ricardo, Mateo, el rumor de la secundaria. No se saltó nada. Ni siquiera la parte donde había besado a Mateo en una cabaña a las 2 AM.

Cuando terminó, su padre se quedó en silencio un buen rato.

Luego se acercó y le tocó la cara con una mano callosa.

"Siempre fuiste terca como tu madre".

Marina se rió, con lágrimas en los ojos.

"¿Y no me vas a gritar?"

"¿Para qué?" Él se encogió de hombros. "Ya peleaste tu pelea. Y ganaste tiempo para el arrecife. Eso es más de lo que yo hice cuando me vendí por 200 mil pesos".

Marina se quedó helada.

"¿Tú sabías?"

"Supe que el dinero venía de Vargas". Él bajó la vista. "No pregunté de qué. Tenías 17 años, tu hermano necesitaba zapatos, y yo no tenía trabajo. Fui cobarde, Marina".

"No digas eso".

"Lo digo porque es verdad". La miró. "Pero tú no eres yo. Tú vas y peleas. Y si te meten presa, yo voy contigo".

Marina se abrazó a él con fuerza. Olía a sal y a red vieja. A casa.

"Quédate aquí", dijo él, separándose. "Yo voy a hablar con Vargas. Si me escucha, paramos esto sin que te metan presa. Si no me escucha..." Se encogió de hombros. "Pues ya sabes dónde está el mar".

---

A las 9:00 AM, Marina estaba frente a la fiscalía.

Diego la esperaba en la puerta con un abogado y dos periodistas de Mérida que habían llegado "por casualidad".

"¿Lista?" le preguntó él.

"No".

"Bueno". Le entregó una carpeta. "Aquí está el acuerdo de restauración. Si lo firmas, Ricardo tiene 72 horas para parar la obra y empezar la remediación. Si no, publicamos todo mañana a las 8 AM".

Marina tomó la carpeta. Sus manos no temblaban.

Antes de entrar, su teléfono vibró.

Mensaje de Mateo: _"No firmes nada sin mí. Estoy en la entrada. Me colé por el estacionamiento."_

Ella levantó la vista.

Ahí estaba él, con la camisa arrugada y un moretón en la ceja. Como si hubiera peleado para llegar.

"¿Qué haces aquí? Te iban a agarrar".

"Preferí que me agarraran contigo", dijo él, tomándola del brazo. "Vamos. Si vamos a quemarnos, que sea juntos".

Entraron a la fiscalía los dos.

Ricardo ya estaba ahí, con tres abogados y cara de guerra.

Cuando vio a Marina y a Mateo entrar juntos, se quedó quieto.

"Papá", dijo Mateo. "Firma el acuerdo. O mañana todo el país sabe lo que hiciste".

Ricardo miró a su hijo. Luego a Marina. Luego al abogado de ella.

Y por primera vez en 20 años, Ricardo Vargas bajó la vista.

"72 horas", dijo. "Para revisar el acuerdo".

"24 horas", respondió Diego. "O publicamos".

Ricardo asintió. Derrotado.

Marina sintió que las piernas le fallaban.

Se acabó.

No el proyecto. No la pelea. Pero la parte donde tenía que hacerlo sola, sí.

Mateo le apretó la mano.

Afuera, los periodistas empezaban a hacer preguntas.

Marina salió con la cabeza alta.

Por primera vez en diez años, no estaba huyendo.

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