Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capítulo 7
...SCARLETT:...
Entré en la mansión de los Robles Di Bianco con la cabeza en alto y una sonrisa que era mitad cortesía, mitad veneno puro.
Sabía que el vestido verde esmeralda me sentaba de muerte, pero lo que realmente me daba confianza era la carta que tenía bajo la manga.
Una mujer precavida, vale por dos, solía decir mi abuela.
Ver a Rodrigo allí de pie, con su traje impecable y esa expresión de haber tragado un limón, era el mejor postre que podía pedir, y ni siquiera habíamos empezado a cenar.
— ¡Ah, pero si es mi ahijada favorita! — la voz de Alberto, el padre de Rodrigo, retumbó en el salón mientras caminaba hacia mí con los brazos abiertos.
Sí, el gran bloque de hielo que tenía por rival no solo era el hijo del mejor amigo de mi padre, sino que Alberto era mi padrino.
El destino tiene un sentido del humor bastante retorcido, y yo pensaba exprimirlo al máximo.
— ¡Padrino! — exclamé con un entusiasmo ligeramente exagerado, dejando que me diera un beso en cada mejilla.
Ignoré deliberadamente la mirada asesina de Rodrigo.
— Estás más joven cada vez que te veo — dije con dulzura —. No sé cómo lo haces teniendo que lidiar con tantos... problemas técnicos en la familia.
Lancé una mirada rápida a Rodrigo, quien apretó tanto su copa de vino que temí que el cristal estallara.
— Scarlett, querida, siempre tan encantadora — respondió Alberto, riendo y tomándome del brazo para escoltarme hacia el comedor —. Rodrigo me decía que hoy pasaste por su oficina. Me alegra mucho ver que por fin están dejando de lado esas tontas rivalidades de cuando eran niños.
— ¿Niños? — murmuró Rodrigo a mi espalda, lo suficientemente alto para que yo lo oyera —. Hace dos meses me lanzó una copa de champán a la cara y armó un escándalo en una gala en Milán.
Me giré apenas lo suficiente para dedicarle una sonrisa angelical.
— Yo me disculpé, Rodrigo, y acepté la responsabilidad.
Su padre le lanzó una mirada de desaprobación.
— Es cierto, hijo. Ella se disculpó, aunque tú no lo hiciste, porque realmente fue tu culpa — respondió con firmeza. — No debiste tratarla de esa manera; Scarlett solo estaba defendiendo su posición.
Rodrigo, visiblemente incrédulo ante la acusación, se quedó sin palabras, y no pude evitar contener la risa.
— Papá, eso no sucedió así, ella…
— No quiero escuchar más sobre esto. Es hora de la cena — interrumpió Alberto con tranquilidad. — Lo que ocurrió ya es parte del pasado, y no actúes como un dramático.
Rodrigo cerró los puños con fuerza, mostrando su frustración.
— No soy una persona dramática, pero ella siempre monta un espectáculo. Hoy entró en mi oficina de manera desenfrenada y me llenó de insultos — exclamó, dejando escapar la rabia acumulada.
Yo no pude evitar negar con la cabeza, haciendo una actuación de inocencia.
— Eso no es cierto — respondí intentando sonar convincente —. Solo fui a buscarte porque pasaste todo el día ignorando mis solicitudes para que organizáramos una reunión.
Mi padrino, al escuchar mis palabras, le lanzó una mirada penetrante que parecía atravesarlo.
— ¿Realmente hiciste eso? — preguntó, su tono de voz era grave y serio.
Rodrigo me devolvió la mirada, sus ojos ardían de ira.
— Estuve ocupado — dijo con desdén, como si eso justificara su actitud.
— Yo igual, pero no es excusa — le solté antes de dirigirme a Alberto —. Es una pena que tu hijo sea tan difícil de localizar, padrino. Tuve que prácticamente derribar la puerta de su despacho porque sus secretarias parecen haber sido entrenadas por la CIA para proteger un búnker.
Al escuchar mis palabras, él no pudo contenerse y estalló en una ruidosa carcajada.
Mi padre también comenzó a reír, y, en ese momento, el ambiente se relajó por completo, disipando la tensión que había estado presente.
— Así se hace, mi niña. A este chico le hace falta que alguien le ponga los pies en la tierra — Alberto le dio una palmadita en la espalda a su hijo que casi lo hace tambalear —. Rodrigo, deja esa cara de funeral. Es una cena familiar. Siéntate al lado de Scarlett, y traten de hablar como seres humanos civilizados.
Nos sentamos a la mesa.
El mantel de hilo, la platería brillante y las velas creaban un ambiente romántico que me daba ganas de estallar en carcajadas por lo inapropiado de la situación.
Rodrigo se sentó a mi lado, tan rígido que parecía que llevaba una barra de metal en lugar de columna vertebral.
— Si vuelves a decir "padrino" con ese tono de voz una vez más, o a usar alguna de tus artimañas, voy a sacarte a la fuerza de aquí sin importar nada — masculló, inclinándose hacia mí bajo el ruido de la conversación de nuestros padres.
— No seas así, Rodriguito — le susurré, acercándome a su oído con un brillo de malicia en los ojos —. Deberías estar agradecido. Gracias a que soy la consentida de tu padre, puede que no te despida por intentar sabotear la mejor alianza que tu empresa verá en décadas. Por cierto, pásame la sal, ¿quieres?
La cena acababa de empezar, y entre el vino tinto y las anécdotas embarazosas que mi padrino estaba a punto de contar sobre la infancia de Rodrigo, sabía que esta sería una noche inolvidable.
El ratón creía que tenía el control, pero la gata jugaba de local en su propia casa.
Pues quien se ceee este 🤭