En el pueblo costero de Mar Azul, una antigua maldición ha permanecido oculta durante siglos: cada luna llena, una sirena de belleza deslumbrante pero esencia demoníaca emerge de las aguas, trayendo consigo desgracia, locura y muerte. Nadie se atreve a hablar de ella, pero sus susurros llegan a los oídos de quienes tienen el destino marcado. Cuando Lyssa, una joven con la capacidad de escuchar voces del más allá, llega al pueblo para investigar la desaparición de su madre, se cruza con Christhian, un hombre atormentado por un pasado oscuro y un vínculo inevitable con la criatura marina. Entre ellos nace una atracción peligrosa, mezcla de amor y odio, pasión y recelo. Pero la sirena no está dispuesta a compartir lo que considera suyo: es posesiva, cruel y ha tejido una red de hechizos que atrapa a quienes se acercan a lo que ella reclama. Lo que empieza como una investigación se convierte en una lucha por la supervivencia y el alma. La maldición no es solo una leyenda.
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Capítulo 24: La mujer herida.
—Me dice que me ama… —susurró—. Pero su amor es el amor de quien cree que solo puede retener lo que ama si lo encadena. Porque ella aprendió que si dejas libre a quien quieres, se va. Entonces, ella no deja ir a nadie. Me retuvo a mí, retuvo a tu madre, retiene a todo el pueblo… porque en el fondo, aterrada, cree que, si les da libertad, todos la abandonarán igual que él lo hizo.
Lyssa miraba las palabras escritas, viendo la historia completa. La mujer herida, la amiga que quiso ayudar y creó una pesadilla, la transformación dolorosa, siglos de soledad y amargura. Y entendió también algo más: la relación de su madre con ella, la forma en que hablaban, la deuda, el pacto.
—Mi madre lo sabía —dijo ella suavemente—. Por eso me decía que no era solo maldad. Por eso me hablaba de dolor y de errores. Ella sabía que Serena no es solo un monstruo… es una herida abierta que nunca ha dejado de sangrar. Y cada vez que se alimenta de nuestras emociones, cada vez que nos hace sufrir, cada vez que nos quiere retener… solo está intentando llenar un vacío que se le hizo hace siglos, y que nada, ni nadie, ha podido llenar.
Levantó la vista hacia Christhian, y en sus ojos ya no había solo determinación de luchar, sino también una comprensión que lo cambiaba todo.
—Lo que tenemos nosotros… lo que sentimos, lo que hemos construido, esta alianza, esta verdad, este amor libre… es lo que más le duele, ¿verdad? Porque ella cree que amar es poseer. Cree que querer es encadenar. Y al vernos a nosotros, queriéndonos, estando juntos, eligiéndonos libremente, sin cadenas, sin obligaciones… le estamos demostrando que estaba equivocada. Que el amor no es posesión. Que el amor no daña ni retiene. Que el amor verdadero… es libertad. Y eso… eso es lo que ella no puede soportar ver.
Christhian se acercó a la ventana, mirando hacia la oscuridad del mar, hacia donde habitaba esa criatura terrible y triste a la que había servido toda su vida.
—Se convirtió en monstruo para no volver a sufrir —dijo él con voz grave—. Pero lo que consiguió fue sufrir para siempre. Porque ahora tiene todo lo que quiere, todo lo que reclama, todo lo que marca como suyo… pero no tiene amor real. Nadie la elige. Nadie la quiere por lo que es. Todos están con ella por miedo, por obligación, por magia. Y en el fondo… lo sabe. Sabe que lo que tiene no es amor. Y eso la llena de más rabia, de más celos, de más dolor. Un círculo vicioso que ha durado siglos.
Se giró hacia Lyssa, y ahora sabían no solo cómo vencerla, sino también por qué todo era así. Sabían que su poder venía del dolor, del rencor, de la herida que nunca cerró. Y sabían también cuál era su verdadera debilidad: no la fuerza, ni las armas, ni la magia… sino la verdad sobre el amor.
—Ella nos odia —dijo Lyssa con firmeza—, nos odia porque somos lo que ella nunca pudo ser: libres y amados. Nos odia porque lo que tenemos es lo que ella buscó toda su vida y que su propia amargura le impidió encontrar. Su origen es el dolor, sí. Su historia es trágica, sí. Pero eso no justifica todo el daño que ha hecho. Pero… nos da la clave definitiva.
Cerró el libro, guardando la historia real en su memoria, sabiendo que ahora tenían el arma más poderosa de todas: entender al enemigo, saber de dónde viene su mal, y saber exactamente qué es lo que puede destruirlo.
—Ella se convirtió en monstruo porque eligió el odio sobre el dolor —dijo Christhian, tomando la mano de ella, apretándola con fuerza—. Nosotros… nosotros elegimos el amor sobre el miedo. Y esa es la diferencia. Esa es la única cosa que, siglos atrás, ella olvidó que existía. Y esa es la única cosa que puede romper todo lo que construyó.
Fuera, el mar seguía rugiendo, pero ahora ellos escuchaban en ese sonido no solo furia, sino también un llanto antiguo, eterno, de una mujer que se perdió a sí misma en el intento de no ser traicionada nunca más. Conocían el origen del mal. Y ahora, sabían que, para vencerlo, no necesitaban destruir solo a la criatura… sino que necesitaban sanar la herida que la había creado. Aunque eso, como todo lo demás, fuera también un riesgo mortal.