NovelToon NovelToon
.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

.5 Soy Mitad Angel Y Demonio

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Demonios / Romance / Completas
Popularitas:530
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Antes de que todo ardiera…
hubo un amor que nunca debió existir.
Un ser dividido entre la luz y la oscuridad.
Un alma incapaz de elegir entre lo que era… y lo que sentía.
Y en medio de todo… Nyra.
Ella no pertenecía a ese mundo.
Pero fue el error que lo cambió todo.
Lo que comenzó como una conexión imposible…
se convirtió en obsesión.
En traición.
En una herida que nunca dejó de sangrar.
Porque cuando llegó el momento de elegir…
alguien lo perdió todo.
Y años después…
el pasado no volvió para sanar.
Volvió para destruir.
Esta no es una historia de amor.
Es el origen de una guerra.
Del enemigo que nació del dolor…
y de la única persona capaz de detenerlo.
O de terminar de romperlo todo.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

El silencio antes del caos…

era siempre el más cruel.

No porque todo estuviera en calma.

Sino porque, cuando el mundo finalmente se rompía…

ya nadie salía igual.

—Corre.

La voz de Federico seguía golpeando dentro de mi cabeza.

No como un recuerdo.

Como una advertencia.

Pero no era su voz lo que me estaba empujando hacia adelante.

Era lo que había visto en sus ojos.

Ese rojo imposible.

Esa oscuridad…

hambrienta.

—¡Gabriel!

Un tirón brusco me arrancó del trance.

Nyra.

Sus dedos estaban aferrados a mi brazo con tanta fuerza que casi dolía.

Su respiración era rápida.

Cortada.

Sus pupilas temblaban.

Y aun así…

seguía aquí.

—¿Qué está pasando?

La pregunta me atravesó.

Porque sí tenía una respuesta.

Solo que decirla…

lo cambiaría todo.

Escaneé el pasillo.

Demasiado ruido.

Demasiada gente.

Demasiadas posibilidades de que algo saliera mal.

Tomé aire.

—Tenemos que salir. Ahora.

Nyra frunció el ceño.

—¿Salir? Gabriel, hay gente herida—

—Y si nos quedamos…

seremos los siguientes.

Mi tono la hizo callar.

No porque levantara la voz.

Sino porque, por primera vez…

dejé de fingir que todo estaba bajo control.

Nyra no discutió.

Solo me sostuvo la mirada durante un segundo.

Uno largo.

Incómodo.

Como si estuviera intentando decidir si debía confiar en mí…

o salir corriendo.

Al final…

asintió.

Y eso me golpeó más de lo que esperaba.

Extendí la mano.

No pensé.

Solo actué.

En cuanto sus dedos tocaron los míos—

algo explotó dentro de mí.

Una descarga brutal me atravesó de pecho a espalda.

Mi respiración se cortó.

Mis músculos se tensaron.

Y durante un instante…

todo desapareció.

El ruido.

La gente.

El miedo.

Todo.

Solo quedamos ella…

y esa conexión imposible.

—Gabriel… —susurró, sobresaltada—. Otra vez…

Apreté su mano con más fuerza.

—Lo sé.

Pero esta vez no era como antes.

No era cálido.

No era confuso.

Era más grande.

Más salvaje.

Más difícil de contener.

Como si algo dentro de ambos…

estuviera despertando.

—No me sueltes —murmuré.

Nyra tragó saliva.

Y, aun temblando…

negó con la cabeza.

—No lo haré.

Salimos al pasillo.

Empujando.

Esquivando alumnos.

Cruzando entre gritos, pasos y miradas perdidas.

Pero mientras avanzábamos…

algo empezó a sentirse mal.

No afuera.

Atrás.

Una presión invisible cayó sobre mis hombros.

Pesada.

Helada.

Antinatural.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Me detuve en seco.

Nyra casi chocó conmigo.

—¿Qué pasa?

No aparté la vista del frente.

—No voltees.

—Gabriel—

—Confía en mí.

Silencio.

Podía sentir su miedo.

Podía escuchar cómo su respiración se aceleraba.

Pero no discutió.

Y eso…

solo empeoró la presión en mi pecho.

Dimos tres pasos más.

Solo tres.

Entonces el aire cambió.

Frío.

Denso.

Casi sólido.

Mis dedos se cerraron alrededor de la mano de Nyra.

—Se está acercando… —murmuré.

—¿Quién?

No alcancé a responder.

Un estruendo metálico rompió el pasillo.

Luego otro.

Después gritos.

Reales.

Descontrolados.

Instintivamente giré.

Y lo vi.

Federico.

De pie en medio del corredor.

Completamente inmóvil.

Rodeado de gente.

Pero absolutamente solo.

Nadie se acercaba.

Nadie podía.

Porque algo alrededor de él…

estaba empujando a todos hacia atrás.

Su respiración era irregular.

Sus hombros estaban tensos.

Sus manos…

cerradas hasta sangrar.

Y sus ojos—

brillaban de un rojo imposible.

Más intenso.

Más oscuro.

Más hambriento.

Nyra inhaló con fuerza.

—Dios mío…

Y yo entendí algo que me heló la sangre.

Federico no estaba perdiendo el control.

No.

Lo estaba disfrutando.

—No… —murmuré.

Nyra me miró sin entender.

—¿Qué le pasa?

No aparté la vista de él.

Ni un segundo.

—Está dejando de contenerse.

Federico levantó la cabeza.

Despacio.

Como si acabara de escuchar algo a kilómetros de distancia.

Sus ojos recorrieron el pasillo.

Uno por uno.

Alumno por alumno.

Hasta detenerse…

en nosotros.

Una presión brutal me golpeó el pecho.

Nyra dio medio paso atrás.

—Gabriel…

No respondió el miedo.

Respondió algo peor.

Instinto.

Mi cuerpo se movió antes que mi mente.

Me coloqué frente a ella.

Cubriéndola.

Bloqueándolo.

Federico sonrió.

Lento.

Torcido.

Incorrecto.

—Así que era ella…

Su voz vibró en el aire.

No sonaba humana.

Sonaba… antigua.

Apreté la mandíbula.

—No des un paso más.

Sus ojos brillaron con más intensidad.

—¿O qué?

Dio un paso.

Los casilleros vibraron.

Las ventanas crujieron.

Varios alumnos gritaron.

Nyra apretó mi camisa desde atrás.

Podía sentir cómo temblaba.

Y eso…

casi me hizo perder el control.

—Gabriel… —susurró.

Federico ladeó la cabeza.

Analizándome.

Entendiéndolo.

—Ya empezó…

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

—Cállate.

Su sonrisa creció.

—Así que tú también lo sientes.

—Te dije que te detuvieras.

—No.

Dio otro paso.

Más lento.

Más seguro.

Más peligroso.

—Quiero verlo.

Mis manos comenzaron a temblar.

No por miedo.

Por contención.

Algo dentro de mí estaba despertando.

Algo que llevaba demasiado tiempo encerrado.

Oscuro.

Violento.

Hambriento.

Federico lo vio.

Claro que lo vio.

Sus ojos brillaron con fascinación.

—Ahí está…

Mi respiración se volvió irregular.

Pesada.

Cortada.

La temperatura a nuestro alrededor comenzó a descender.

Las luces del pasillo parpadearon.

Una.

Dos veces.

Luego otra.

Nyra soltó un jadeo.

—Gabriel… ¿qué está pasando?

No pude responder.

Porque en ese instante…

Federico me lanzó la pregunta que más temía.

—Dime…

¿La vas a proteger?

Su sonrisa desapareció.

Sus ojos se hundieron en los míos.

Y su voz se volvió más oscura.

Más real.

Más peligrosa.

—¿O vas a destruirla igual que todo lo demás?

Eso…

golpeó directo.

Más fuerte que cualquier ataque.

Más profundo que cualquier herida.

Y dentro de mí…

algo finalmente cedió.

Algo se rompió dentro de mí.

No un hueso.

No un pensamiento.

Algo mucho más profundo.

Algo que había permanecido dormido…

esperando.

Mi respiración se detuvo.

Un segundo.

Tal vez dos.

Y después…

el mundo cambió.

El sonido se distorsionó.

Los gritos se volvieron ecos.

Las luces del pasillo comenzaron a temblar.

Mi pulso golpeó con tanta fuerza que podía escucharlo dentro de mis oídos.

Uno.

Dos.

Tres.

Y entonces…

dejé de contenerlo.

La energía explotó.

Una onda invisible salió despedida desde mi cuerpo.

Brutal.

Salvaje.

Imparable.

Los casilleros se sacudieron con violencia.

Los vidrios vibraron.

El suelo tembló bajo nuestros pies.

Varios alumnos cayeron al suelo.

Los profesores, al fondo del corredor, se quedaron congelados.

Federico retrocedió.

Un paso.

Solo uno.

Pero fue suficiente.

Porque por primera vez…

lo vi dudar.

Sus ojos rojos se abrieron apenas.

No por miedo.

Por reconocimiento.

—Por fin… —murmuró.

Mi pecho subía y bajaba con violencia.

Cada respiración quemaba.

Cada latido empujaba más poder hacia afuera.

Y apenas estaba empezando.

Nyra soltó mi camisa.

No porque quisiera.

Porque la presión la obligó.

—Gabriel…

Su voz tembló.

No de confusión.

De miedo.

Ese miedo…

me atravesó peor que cualquier herida.

Giré apenas el rostro.

Y cuando la vi—

sentí cómo todo dentro de mí se tambaleaba.

Sus ojos estaban abiertos de par en par.

Su respiración, cortada.

Su cuerpo, inmóvil.

Como si por primera vez…

estuviera entendiendo que yo también podía ser peligroso.

Eso casi me rompe.

—Nyra… —mi voz salió más grave.

Más pesada.

Casi irreconocible.

—No me mires así.

Ella tragó saliva.

Sus dedos temblaban.

Pero no retrocedió.

Y eso…

me destruyó más.

Federico soltó una risa baja.

Oscura.

Satisfecha.

—Ahí estás.

Apreté los puños.

La energía volvió a subir.

Más intensa.

Más inestable.

Más difícil de controlar.

—Cierra la boca.

Federico ladeó la cabeza.

Como si estuviera observando algo raro.

Algo valioso.

Algo peligroso.

—No…

Su sonrisa creció.

—Ahora sí estamos conociendo al verdadero Gabriel.

—¡¿Qué está pasando aquí?!

La voz atravesó el pasillo como un disparo.

Fuerte.

Autoritaria.

Humana.

El momento se rompió.

Pasos.

Más voces.

Profesores acercándose.

Alumnos reaccionando.

El mundo… volviendo a parecer normal.

O fingiendo serlo.

La presión alrededor de Federico desapareció primero.

Sus ojos dejaron de brillar.

El rojo se extinguió.

Su respiración se estabilizó.

Su postura cambió.

Control absoluto.

Máscara perfecta.

Como si nada hubiera pasado.

Como si nunca hubiera estado a punto de perderse.

Me sostuvo la mirada durante un segundo.

Uno largo.

Frío.

Calculador.

—Esto no termina aquí —murmuró.

Apreté la mandíbula.

—Lo sé.

Federico sonrió apenas.

Después se giró.

Y desapareció entre la multitud…

como si jamás hubiera estado ahí.

Pero el daño…

ya estaba hecho.

Sentí la mirada de Nyra antes de verla.

Temblorosa.

Confundida.

Herida.

Me giré hacia ella.

Y supe que ya no había forma de retroceder.

—Gabriel…

Su voz salió apenas en un susurro.

—Necesito que me expliques.

Exhalé lento.

Pesado.

Derrotado.

—No aquí.

Nyra observó a su alrededor.

Luego volvió a verme.

Más firme.

Más decidida.

—Entonces llévame a un lugar donde no puedas esconderte.

Eso…

dolió más de lo que esperaba.

Pero tenía razón.

Sin decir una palabra…

extendí la mano.

Despacio.

Dándole la oportunidad de irse.

De correr.

De olvidarse de todo.

Nyra miró mi mano.

Después mis ojos.

Y la tomó.

Sin dudar.

Salimos del edificio.

Sin mirar atrás.

Sin hablar.

Sin soltarnos.

Hasta que el ruido desapareció.

Hasta que solo quedaron árboles.

Viento.

Y nosotros.

Me detuve.

Mi respiración seguía irregular.

No por el poder.

Por ella.

Nyra me soltó despacio.

Sus ojos no tenían miedo.

No del todo.

Pero tampoco inocencia.

—Empieza.

Tragué saliva.

Por primera vez en mucho tiempo…

no sabía cómo hacerlo.

—Lo que viste hoy…

no fue un accidente.

Nyra no apartó la mirada.

—Lo imaginé.

Eso me hizo fruncir el ceño.

—¿Desde cuándo?

Una pequeña sonrisa cruzó sus labios.

—Desde que Federico reaccionó…

y tú no pareciste sorprendido.

Pese a todo…

casi sonreí.

—Eres demasiado observadora.

Ella cruzó los brazos.

—Y tú demasiado malo mintiendo.

El silencio entre ambos…

esta vez no dolió.

Solo pesó.

Tomé aire.

Profundo.

Sin más máscaras.

Sin más excusas.

—Nyra…

Lo que voy a decir…

va a cambiarlo todo.

No respondió.

Solo asintió.

Esperando.

Confiando.

Y eso hizo que fuera todavía más difícil.

La miré directo.

Sin huir.

Sin bajar la vista.

—No soy humano.

El viento atravesó el espacio entre nosotros.

Pero Nyra…

no se movió.

Ni un paso.

Ni un centímetro.

Solo me sostuvo la mirada.

Como si ya lo supiera.

Como si hubiera estado esperando escucharlo.

—¿Entonces qué eres?

Cerré los puños.

Y, por primera vez…

dejé de esconderme.

—Soy mitad ángel…

Mi voz tembló apenas.

—Y mitad demonio.

Silencio.

Profundo.

Eterno.

Nyra parpadeó.

Una vez.

Dos.

Y luego…

sonrió apenas.

No por felicidad.

Por comprensión.

—Eso…

explica muchas cosas.

La miré sin entender.

—¿No tienes miedo?

Ella dio un paso hacia mí.

Solo uno.

Pero fue suficiente para detener mi respiración.

—Claro que tengo miedo.

Sus ojos se clavaron en los míos.

Honestos.

Firmes.

Reales.

—La diferencia…

es que no es de ti.

Y en ese instante…

entendí algo mucho más peligroso que Federico.

Ya no estaba luchando solo por sobrevivir.

Ahora…

tenía algo que perder.

Muy de verdad.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play