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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:136.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

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Capitulo 3

El comedor pareció cobrar una vida que no había tenido en años. Christopher, con esa soltura tan propia de la realeza que sabe que nadie puede reprenderla, hizo una seña con la mano para que los sirvientes le trajeran una silla y un plato extra. En lugar de sentarse en un lugar apartado, arrastró el asiento y se ubicó justo al lado de Alissa, ganándose una mirada fulminante por parte de Cédric.

—A ver, Lady Alissa, cuénteme —comenzó el príncipe, apoyando los codos en la mesa de roble y sosteniendo su barbilla con una sonrisa curiosa—. En la capital todos están intrigados. El norte es una tierra dura, llena de tormentas de nieve y monstruos que cruzan la frontera del Templo cada vez que la barrera mágica flaquea. Cédric es... bueno, usted ya lo vio, tiene el carisma de una roca. ¿Qué le gusta hacer a una joven del sur en un lugar tan gris? Quiero saber qué le apasiona, qué detesta, sus pasatiempos. Exijo los detalles.

Alissa sintió que el calor subía de golpe a sus mejillas. Sintió la mirada intensa y azul del duque fija en ella desde el otro extremo de la mesa, y la atención silenciosa de Theo, que no perdía un solo movimiento. Se aclaró la garganta, tratando de dominar la timidez que siempre la asaltaba cuando se convertía en el centro de atención.

—Bueno... —empezó Alissa, jugando nerviosa con el dobladillo de su servilleta—. En el Condado Kalen los días son más largos y templados. Me gusta mucho pasar tiempo en el jardín, especialmente con las flores de luz, esas que abren sus pétalos cuando reciben una bendición. También disfruto de la repostería; mi padre siempre decía que mis galletas de mermelada de fresa eran capaces de curar cualquier dolor de cabeza.

—¿Repostería? —Christopher soltó una carcajada encantada—. Escuchaste eso, Cédric? Tu esposa cocina. Aquí la comida sabe a ración militar, así que eso ya es una ganancia divina. ¿Y qué es lo que no le gusta, mi lady?

—No me gusta el silencio prolongado —confesó ella, bajando un poco la voz y mirando de reojo las paredes de piedra gris—. Y... detesto el frío extremo, aunque supongo que tendré que acostumbrarme a las tormentas de este lugar. Tampoco me agradan las injusticias o cuando las personas se guardan sus sentimientos por orgullo.

Cédric soltó un imperceptible bufido y tomó un sorbo de su copa de vino. Las palabras de Alissa parecían una indirecta directa hacia su forma de ser, pero decidió ignorarlo.

Alissa, viendo que el príncipe había abierto una ventana para una conversación real, decidió que no iba a desperdiciar la oportunidad. Su verdadera misión no era complacer al príncipe, sino acercarse al pequeño niño que comía a su lado como si fuera un autómata. Miró a Theo, cuyos ojitos seguían fijos en su plato, aunque sus orejas se inclinaban hacia ella, escuchando con atención.

—¿Y a ti, mi pequeño mini duque? —le preguntó Alissa con un tono dulce y cantarín, usando el apodo que le había nacido del corazón al verlo tan impecable y serio—. ¿Qué te gusta a ti, Theo?

Cédric dejó caer el cubierto sobre el plato con un suspiro pesado, un sonido que denotaba una mezcla de cansancio y advertencia. Para el duque, someter a su hijo a un interrogatorio informal frente al futuro emperador era una falta a la estricta etiqueta militar que mantenía en su hogar.

Theo se tensó visiblemente ante el suspiro de su padre. Dejó el tenedor a un lado, se limpió la boca con la servilleta de seda con una precisión que rozaba lo obsesivo y miró a Alissa con esos ojos grandes que eran idénticos a los de Cédric, pero que aún conservaban la inocencia de la infancia oculta detrás de una máscara de frialdad.

—Los deberes, milady —respondió el niño con una voz infantil pero un tono alarmantemente monótono.

—¿Te gustan los deberes? —Alissa parpadeó, sorprendida, pero mantuvo la sonrisa—. Me refiero a qué cosas te hacen feliz. ¿Te gustan los dulces? ¿Las fresas?

—No —contestó Theo de inmediato, cortante.

—¿Te gustan los caballos? Sé que en el norte tienen los mejores sementales de guerra.

—Sí —dijo el niño, sin expandir la respuesta, limitándose a la afirmación más escueta posible.

Alissa no se desanimó. Apoyó sus manos sobre la mesa y se inclinó un poco hacia él, tratando de romper la distancia física que la enorme mesa imponía.

—¿Y jugar en la nieve? ¿Te gusta construir castillos o salir cuando el cielo está despejado?

—No —Theo volvió a clavar la vista en su plato, su pequeña espalda se puso aún más rígida.

Hacerle hablar era como intentar sacar agua de una roca. El niño estaba tan entrenado para no mostrar emociones, para ser el heredero perfecto que su padre esperaba, que cualquier pregunta fuera de la rutina lo hacía refugiarse en monosílabos. La conversación se estaba volviendo un campo de batalla donde Alissa chocaba una y otra vez contra un muro de piedra.

Christopher, observando la escena, contuvo una sonrisa divertida. Le fascinaba ver la persistencia de Alissa. Cualquier otra noble de la capital ya habría huido llorando ante la indiferencia de los Valerius, pero ella seguía allí, con los ojos brillando de determinación.

—Déjalo, Lady Alissa —intervino Cédric, su voz cortando el aire como una espada—. Theo sabe que un futuro duque no debe perder el tiempo en trivialidades. Tiene clases de historia imperial, geografía de las fronteras y, en unos meses, comenzará su entrenamiento con la espada y la magia de hielo elemental. No tiene tiempo para pensar en qué le gusta o qué no.

Alissa sintió que una mezcla de indignación y tristeza le oprimía el pecho. Miró a Cédric directamente a los ojos, perdiendo por un segundo la timidez que la caracterizaba.

—Con el debido respeto, Excelencia —dijo Alissa, manteniendo la cortesía pero con una firmeza que sorprendió incluso al príncipe—, Theo tiene solo seis años. La disciplina es importante, pero un niño que no conoce la alegría difícilmente podrá gobernar con sabiduría en el futuro. La niñez no es una pérdida de tiempo, es la base del corazón.

El comedor se quedó en un silencio sepulcral. Los sirvientes que cambiaban los platos parecieron convertirse en estatuas. Nadie, absolutamente nadie, le hablaba al Gran Duque de Valerius con esa osadía, y mucho menos una joven recién llegada del pacífico sur.

Cédric sostuvo la mirada de Alissa. Sus ojos azules parecieron volverse aún más profundos, analizando a la mujer que tenía enfrente. Esperaba a una aristócrata sumisa que se limitara a firmar el contrato y a vivir de las rentas del ducado sin molestar. En cambio, se había encontrado con una fuerza de la naturaleza envuelta en seda rosa.

—Este ducado sobrevive gracias al orden, no a las sonrisas, mi lady —respondió Cédric en voz baja, una advertencia implícita en cada palabra.

—Entonces me alegra haber venido —replicó Alissa, suavizando su expresión pero sin apartar la mirada—. Porque parece que a este lugar le sobra orden, pero le hace mucha falta una sonrisa.

Christopher rompió el silencio con una carcajada limpia y sonora, aplaudiendo suavemente.

—¡Por los dioses, Cédric! Creo que por fin encontraste a alguien que no te teme —exclamó el príncipe, divirtiéndose como nunca—. Lady Alissa, le aseguro que mi visita valió la pena solo por ver la cara de este amargado. Si necesita ayuda para lidiar con estos dos cubos de hielo, recuerde que el Palacio Real siempre estará de su lado.

Theo, aprovechando la distracción de los adultos, levantó la cabeza y miró a Alissa. Por primera vez en toda la noche, una pequeña arruga de confusión apareció en su frentecita. No entendía por qué esta mujer nueva desafiaba a su padre, ni por qué lo llamaba "mini duque" con tanta dulzura, pero una pequeña chispa de algo desconocido comenzó a encenderse en su pecho. El hielo del norte era grueso, pero la luz del sur era persistente.

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Rosa PaveZ
la felicito 🤗 encantadora novela ,nada que criticar ,haga caso omiso de las estupideces,y concéntrese en las críticas constructivas ❤️ a leer el pricipe
Anya Forger
siiii y yo, quiero ser su elegida...💕😅🙈Bueno ya se que no se puede, pero que tenga un amor bonito, 😄
Anya Forger
A exigir? Bueno denle su audiencia el próximo año, va
Anya Forger
Ah caray, mi distinguida autora, desconozco porque le han dicho semejante insulto, sin embargo yo estoy tan emocionada con la trama de la lectura, que no he salido a mirar los v
comentarios, en este caso vamos, en lo que a mí respecta ignoraré, esas aportaciones inútiles 😄 usted ni se aflija, continuemos porque ha llegado Lady Elene, dejen le voy a dar su bienvenida jijijiji
Kenelma Pimentel: no tienes que sentarte mal, comparto con Anya estoy entretenida con la novela que ni cuenta me di, presente siempre atención a lo que te sume autora.
total 2 replies
Anya Forger
Ah super inteligentes, 💕además están consolidando su hogar
Anya Forger
bueno pues Zas! cáigase con el plan, pues
Anya Forger
Pos en primera, mi bien amado príncipe... Pa' que invitó a la duquesa a la dichosa, fiestecita del té ☕🫖, osea bueno son obligaciones, que tal que no invitaba a la ex incómoda o cásela por orden real, y a que se iba a otro reino, y que en las clausulas, se impide llevarse al Duquesito
Anya Forger
Que bonito
Anya Forger
Es lo que iba a preguntar, el niño, no tendrá frío, hambre y luego... Ay que bonito!
Anya Forger
Excelente, No te calles nada, duquesa, cierra fila y haz frente común con tu marido
Anya Forger
Ex... excuñada, no existe la esposa se acabó el parentesco... Pero rápido contéstale, sofoca su patético intento de humillarte
Anya Forger
uhhhh era contestar, no fulminarla... jijiji
Anya Forger
Se me hace que su palacio tendrá otro tipo de frío... Pero que igual puede congelar ❄️☃️
Anya Forger
Y lo estará, pero con cariño
Anya Forger
Que bonita escena, tan militar y familiar
Anya Forger
Siiiii así se hace Alissa, primero contacto visual, luego sus manitas y luego ya el juego
Anya Forger
Concuerdo contigo Alissa
Anya Forger
Uh yo que ella tomo la espada, y órale retas a tu esposo y le imprimes humor cuando te toca con la espada, haces que te ríes, te caes exagerando para reír y así de firma lúdica, se aprende muy fácil, mira el toque de la espada debe ser así sino no le atinas a oponente, etc
Anya Forger
¡Ayyyy, gritos, gritos! muero de amor💕 amo al niño
Anya Forger
¿Porqué se Abanicaban? 😳 pos luego que no estamos en el mero frío? ☃️❄️🌨️
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