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Derritiendo El Ducado

Derritiendo El Ducado

Status: Terminada
Genre:Padre soltero / Mundo de fantasía / Época / Completas
Popularitas:28k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3

El comedor pareció cobrar una vida que no había tenido en años. Christopher, con esa soltura tan propia de la realeza que sabe que nadie puede reprenderla, hizo una seña con la mano para que los sirvientes le trajeran una silla y un plato extra. En lugar de sentarse en un lugar apartado, arrastró el asiento y se ubicó justo al lado de Alissa, ganándose una mirada fulminante por parte de Cédric.

—A ver, Lady Alissa, cuénteme —comenzó el príncipe, apoyando los codos en la mesa de roble y sosteniendo su barbilla con una sonrisa curiosa—. En la capital todos están intrigados. El norte es una tierra dura, llena de tormentas de nieve y monstruos que cruzan la frontera del Templo cada vez que la barrera mágica flaquea. Cédric es... bueno, usted ya lo vio, tiene el carisma de una roca. ¿Qué le gusta hacer a una joven del sur en un lugar tan gris? Quiero saber qué le apasiona, qué detesta, sus pasatiempos. Exijo los detalles.

Alissa sintió que el calor subía de golpe a sus mejillas. Sintió la mirada intensa y azul del duque fija en ella desde el otro extremo de la mesa, y la atención silenciosa de Theo, que no perdía un solo movimiento. Se aclaró la garganta, tratando de dominar la timidez que siempre la asaltaba cuando se convertía en el centro de atención.

—Bueno... —empezó Alissa, jugando nerviosa con el dobladillo de su servilleta—. En el Condado Kalen los días son más largos y templados. Me gusta mucho pasar tiempo en el jardín, especialmente con las flores de luz, esas que abren sus pétalos cuando reciben una bendición. También disfruto de la repostería; mi padre siempre decía que mis galletas de mermelada de fresa eran capaces de curar cualquier dolor de cabeza.

—¿Repostería? —Christopher soltó una carcajada encantada—. Escuchaste eso, Cédric? Tu esposa cocina. Aquí la comida sabe a ración militar, así que eso ya es una ganancia divina. ¿Y qué es lo que no le gusta, mi lady?

—No me gusta el silencio prolongado —confesó ella, bajando un poco la voz y mirando de reojo las paredes de piedra gris—. Y... detesto el frío extremo, aunque supongo que tendré que acostumbrarme a las tormentas de este lugar. Tampoco me agradan las injusticias o cuando las personas se guardan sus sentimientos por orgullo.

Cédric soltó un imperceptible bufido y tomó un sorbo de su copa de vino. Las palabras de Alissa parecían una indirecta directa hacia su forma de ser, pero decidió ignorarlo.

Alissa, viendo que el príncipe había abierto una ventana para una conversación real, decidió que no iba a desperdiciar la oportunidad. Su verdadera misión no era complacer al príncipe, sino acercarse al pequeño niño que comía a su lado como si fuera un autómata. Miró a Theo, cuyos ojitos seguían fijos en su plato, aunque sus orejas se inclinaban hacia ella, escuchando con atención.

—¿Y a ti, mi pequeño mini duque? —le preguntó Alissa con un tono dulce y cantarín, usando el apodo que le había nacido del corazón al verlo tan impecable y serio—. ¿Qué te gusta a ti, Theo?

Cédric dejó caer el cubierto sobre el plato con un suspiro pesado, un sonido que denotaba una mezcla de cansancio y advertencia. Para el duque, someter a su hijo a un interrogatorio informal frente al futuro emperador era una falta a la estricta etiqueta militar que mantenía en su hogar.

Theo se tensó visiblemente ante el suspiro de su padre. Dejó el tenedor a un lado, se limpió la boca con la servilleta de seda con una precisión que rozaba lo obsesivo y miró a Alissa con esos ojos grandes que eran idénticos a los de Cédric, pero que aún conservaban la inocencia de la infancia oculta detrás de una máscara de frialdad.

—Los deberes, milady —respondió el niño con una voz infantil pero un tono alarmantemente monótono.

—¿Te gustan los deberes? —Alissa parpadeó, sorprendida, pero mantuvo la sonrisa—. Me refiero a qué cosas te hacen feliz. ¿Te gustan los dulces? ¿Las fresas?

—No —contestó Theo de inmediato, cortante.

—¿Te gustan los caballos? Sé que en el norte tienen los mejores sementales de guerra.

—Sí —dijo el niño, sin expandir la respuesta, limitándose a la afirmación más escueta posible.

Alissa no se desanimó. Apoyó sus manos sobre la mesa y se inclinó un poco hacia él, tratando de romper la distancia física que la enorme mesa imponía.

—¿Y jugar en la nieve? ¿Te gusta construir castillos o salir cuando el cielo está despejado?

—No —Theo volvió a clavar la vista en su plato, su pequeña espalda se puso aún más rígida.

Hacerle hablar era como intentar sacar agua de una roca. El niño estaba tan entrenado para no mostrar emociones, para ser el heredero perfecto que su padre esperaba, que cualquier pregunta fuera de la rutina lo hacía refugiarse en monosílabos. La conversación se estaba volviendo un campo de batalla donde Alissa chocaba una y otra vez contra un muro de piedra.

Christopher, observando la escena, contuvo una sonrisa divertida. Le fascinaba ver la persistencia de Alissa. Cualquier otra noble de la capital ya habría huido llorando ante la indiferencia de los Valerius, pero ella seguía allí, con los ojos brillando de determinación.

—Déjalo, Lady Alissa —intervino Cédric, su voz cortando el aire como una espada—. Theo sabe que un futuro duque no debe perder el tiempo en trivialidades. Tiene clases de historia imperial, geografía de las fronteras y, en unos meses, comenzará su entrenamiento con la espada y la magia de hielo elemental. No tiene tiempo para pensar en qué le gusta o qué no.

Alissa sintió que una mezcla de indignación y tristeza le oprimía el pecho. Miró a Cédric directamente a los ojos, perdiendo por un segundo la timidez que la caracterizaba.

—Con el debido respeto, Excelencia —dijo Alissa, manteniendo la cortesía pero con una firmeza que sorprendió incluso al príncipe—, Theo tiene solo seis años. La disciplina es importante, pero un niño que no conoce la alegría difícilmente podrá gobernar con sabiduría en el futuro. La niñez no es una pérdida de tiempo, es la base del corazón.

El comedor se quedó en un silencio sepulcral. Los sirvientes que cambiaban los platos parecieron convertirse en estatuas. Nadie, absolutamente nadie, le hablaba al Gran Duque de Valerius con esa osadía, y mucho menos una joven recién llegada del pacífico sur.

Cédric sostuvo la mirada de Alissa. Sus ojos azules parecieron volverse aún más profundos, analizando a la mujer que tenía enfrente. Esperaba a una aristócrata sumisa que se limitara a firmar el contrato y a vivir de las rentas del ducado sin molestar. En cambio, se había encontrado con una fuerza de la naturaleza envuelta en seda rosa.

—Este ducado sobrevive gracias al orden, no a las sonrisas, mi lady —respondió Cédric en voz baja, una advertencia implícita en cada palabra.

—Entonces me alegra haber venido —replicó Alissa, suavizando su expresión pero sin apartar la mirada—. Porque parece que a este lugar le sobra orden, pero le hace mucha falta una sonrisa.

Christopher rompió el silencio con una carcajada limpia y sonora, aplaudiendo suavemente.

—¡Por los dioses, Cédric! Creo que por fin encontraste a alguien que no te teme —exclamó el príncipe, divirtiéndose como nunca—. Lady Alissa, le aseguro que mi visita valió la pena solo por ver la cara de este amargado. Si necesita ayuda para lidiar con estos dos cubos de hielo, recuerde que el Palacio Real siempre estará de su lado.

Theo, aprovechando la distracción de los adultos, levantó la cabeza y miró a Alissa. Por primera vez en toda la noche, una pequeña arruga de confusión apareció en su frentecita. No entendía por qué esta mujer nueva desafiaba a su padre, ni por qué lo llamaba "mini duque" con tanta dulzura, pero una pequeña chispa de algo desconocido comenzó a encenderse en su pecho. El hielo del norte era grueso, pero la luz del sur era persistente.

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Alexandra Hurtado Armero
Me encantó esta historia, y sin temor a equivocarme es lamprima que leo de esta autora y estubo muy buena, el diálogo, la trama, todo el contenido en si estuvo excelente. Entonces felicidades por tu entrega y dedicación 🥰🥰🥰
Ericka L GONZALEZ
excelente
Marisel Rio
💕💕💕💕💕 excelente historia como todas tus novelas un placer leerlas
Ali
muy bonita tu novela felicidades
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
👏
Sabri Nahir Zapata Zini
Hermosa historia!!
Marisel Rio
💕💕💕💕💕💕💕
Marisel Rio
💕💕💕 Que bello capítulo 💖💖💖
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Amor en el aire
Marisel Rio
💕💕💕💕Guauu que comienzo ya me atrapó 🤦🤦😅😅😅😅💕💕💕
ERICA ESTRADA PEREZ
Que paso con el padre de Ella ni una carta nada de nada
Yolanda Fernandez
Que bella historia, mil felicidades autora 👏🏻
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
excelente novela
Luisa Esperanza Bautista Angarita
pobre niña con ese padrino
Luisa Esperanza Bautista Angarita
si con alguien que lo ponga a sudar
Gloria Rodríguez
También me quedó la incertidumbre del papá, que pasó con el, no se vio en este cuadro de felicidad
Judy
Magníficamente hermosa!!!!
Judy
Que historia tan pero tan bella!!! Me cautivó totalmente!!! Bien narrada, creativa en su género, no todo lo que se necesita para crear una obra literaria magnífica! Felicitaciones estimada autora! Quedo ansiosa por seguir con la próxima!
ERICA ESTRADA PEREZ
La bueno de tener una amiga puedas decir eso con confianza
Maria Garrido
el papá de ella no se supo nunca de él.
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